Author: Joaquín Torán

El hombre sin nombre, Laird Barron: La existencia es un desperdicio insensato

El hombre sin nombre, recientemente publicada en el catálogo de La Biblioteca de Carfax (colección Démeter), afianza a Laird Barron en España como un autor que desprecia la Realidad. En su obra pululan las criaturas que se ocultan en los pliegues de lo que lo que percibimos, dispuestas a devorarnos en cuanto alcancemos la iluminación del conocimiento de la verdad que subyace tras esta Gran Mentira que nos muestran nuestros sentidos. Y que nosotros, como humanidad conformista y cobarde, hemos decidido aceptar.

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The Legend of Zelda: A Link to the Past, Shōtarō Ishinomori: Más allá de la Trifuerza

Hablar de la leyenda de Zelda es remitirse a una saga de videojuegos legendaria, que se ha ido superando a sí misma en cada nueva edición, y que ha marcado la pauta de la industria. Hablar de Shōtarō Ishinomori es referirse a uno de los mayores autores de mangas de la historia. Los caminos de ambos convergirían, por encargo de una revista estadounidense, en 1992. The Legend of Zelda: A Link to the Past adaptaría la versión SNES de la leyenda, se mantendría lejos del canon, pero quedaría como una de las más singulares adaptaciones jamás hechas sobre una obra ajena.

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Una temporada en Carcosa, Joseph S. Pulver (Editor), Varios autores: Endeble tributo al reino de la locura

Una temporada en Carcosa, antología a cargo del escritor Joseph S. Pulver, intenta ofrecer diversas versiones del mito del Rey Amarillo. La creación de Robert Chambers queda muy manoseada en este volumen, un compendio fallido, repetitivo, en el que brillan aquellos relatos que saben tomar lo que les conviene sin abusar de sus elementos más significativos. Funcionan, por tanto, aquellos que reelaboran Carcosa, no los que practican un seguidismo carente de imaginación.

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La estación de la calle Perdido, China Miéville: Las sombras alumbran una obra de culto

La estación de la calle Perdido comienza la trilogía de Bas-Lag, y supuso la consagración literaria de China Miéville. Es una obra de culto irreprochable en su fondo, sobre todo atmosférico pero también narrativo: se aprecia el compromiso político de Miéville en el tratamiento de personajes y temas. No obstante, la forma complica su lectura: el estilo de Miéville es plúmbeo, sus metáforas desconcertantes, la narración es extensísima y satura. Sumémosle a estos defectos la horrorosa traducción al castellano, concebida por el más cruel arquitecto del dolor, y obtendremos el cuadro completo.

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