Negro tal vez es una gran noticia para los amantes del terror literario. Su autor, el húngaro Attila Veres, demuestra talento e imaginación en unos relatos originales y, en algunos casos, francamente soberbios. Sexto Piso inventa una antología de doce cuentos, basados en dos volúmenes de 2018 y 2022, e introduce a un escritor llamado, quizás, a ser uno de los grandes nombres del género
Hoy vamos a hablar de milagros: de vida (terrorífica) más allá de lo anglosajón. Abrumados y sobreestimulados por el poderoso mercado editorial en lengua inglesa, lleno de autoridades, farsantes y maniqueísmos, que copa y secuestra estanterías y subtemáticas, resulta difícil encontrar propuestas que se salgan del imperialismo impuesto. El miedo es una sensación universal, tan antigua como la propia conciencia humana; y sin embargo, celebramos que nos recuerden, como un acontecimiento, que el Terror no entiende de lenguas y fronteras cuando se publican libros como Negro tal vez (Sexto Piso, 2024).
Bajo ese título, Sexto Piso aglutina doce cuentos del escritor húngaro Attila Veres (Nyíregyháza, Hungría, 1985) ya aparecidos en dos antologías anteriores de 2018 (Escuelas de medianoche) y 2022 (La restauración de la realidad). Veres es un autor muy celebrado en su Hungría natal, y también en aquellos países que hacen linaje dentro del género: finalista de los Bram Stoker, Veres mantiene en sus escritos el hábito de una patria que, en lo literario, se inclina claramente hacia los claroscuros. Hungría es la cuna de fenómenos como Béla Tarr (1955-2026) o su escudero László Krasznahorkai, reciente premio Nobel de Literatura (2025) gracias a obras como Tango satánico (Acantilado, 2017), que relata un delirante descenso a los infiernos, dos personalidades artísticas periféricas, antes que extremas, que sólo pueden madurar en un caldo de cultivo en la que la esperanza no es negociable. En Negro tal vez existen residuos de esa tradición lúgubre. Attila Veres condensa en su interior tanto sus pasiones cinematográficas (fue estudiante de cine) como sus pulsiones literarias. Pero este volumen no sólo revela a un escritor interesante, con papeletas para perdurar, sino al espléndido lector de género. Esta antología demuestra bien a las claras cómo tiene interiorizados y asimilados los mejores tropos terroríficos. Por esa misma razón, su editorial española ha decidido emparejarlo con Mariana Enríquez.
La argentina firma un prólogo soberbio, que es toda una declaración de amor hacia el género y hacia un escritor que conoció -y con el que tuvo un flechazo- por vía de su editor estadounidense. En Negro tal vez su prefacio tiene sentido: Enríquez se crece cuando escribe de lo que sabe y le gusta. Como prologuista es insuperable, y su texto es imprescindible para todo aquel que quiera acercarse al terror escrito. Acierta al definir a Veres de “atrevido”, y también cuando afirma que es un escritor capaz de producir ternura, de hacer reír, de contagiarte la pasión por la escritura. Más adelante lo tachará de autor de weird fiction, de ficción extraña, etiqueta que los teóricos anglosajones se han inventado para aludir aquello que es difícil de catalogar en pocas palabras. Veres puede hacerte sentir muy incómodo, agobiarte con sus relatos y a la vez generarte adicción por sus callejones de pesadilla literarios. Tiene razón Mariana Enríquez en su tesis principal: Veres es una de las mejores noticias que le ha pasado al lector de Terror.
Negro tal vez, con su lograda mezcla de terror urbano y sus dosis de folk horror centroeuropeo, es una gozada. Sus relatos menores son retortijones en el estómago, pero los más conseguidos son dignos de figurar en las más excelsas antologías del género. Entre estos últimos, destaco «Ciudad de la niebla» y «Multiplicado por cero». En ambos se aprecia la alargada sombra de H. P. Lovecraft, pero ninguno nace con afán seguidista, ni se sirve de los cacareados recursos con los que el solitario de Providence y su plétora de seguidores avivaron el terror en el siglo XX. «Ciudad de la niebla» toma elementos de «El ceremonial», pero para usarlos como tramoya de una historia sobre heavy metal y la rica cultura musical underground húngara. Su estructura es casi la de un reportaje, con presuntas entrevistas transcritas que siguen la pista de un grupo misterioso, una aparición repentina de los escenarios, que altera la percepción y la vida de quienes lo escuchan. Es un cuento magnífico, muy bien construido, que podría figurar en los anales del vampirismo heterodoxo. «Multiplicado por cero», por su parte, parte de una idea fabulosa: explota la fértil geografía espeluznante de las alucinaciones lovecraftianas y la convierte en una experiencia. Una agencia de viajes ofrece itinerarios, sólo de ida por supuesto, a lugares donde la cordura se pone a prueba y en donde los seres humanos acaban reducidos a piltrafas de terribles entidades exteriores. Son cuentos sin medias tintas, en la que lo malvado se infiltra sin ambages hasta pudrirlo todo, como la carcoma o las metástasis. Son los más destacados ejemplos de cómo lo moral y la moralidad resultan ser actos de fe en Negro tal vez.
Los demás relatos mantienen la tendencia de corromper lo establecido. Hay cuentos, como «Morder a un perro» o «No es mamífero», que sacralizan el atavismo y subvierten la normalidad en las relaciones de pareja. Otros, como «La máquina de color sangre», que presentan a implacables y voraces inteligencias artificiales, decididas a reconstruir la realidad a costa del género humano. «El tiempo que le queda» es un perturbador cuento de hadas sobre la muerte, que también da un giro a las historias sobre objetos inanimados y amigos imaginarios. «Escuela de medianoche» es una sórdida historia de muerte y resurrección, mientras que «Dormiremos en la nieve» es un relato del que directamente quieres huir: en él subsiste una sensación permanente y muy plástica de que todo va mal. El que da título al libro -«Negro tal vez»- es una notable incursión en la Fantasía y (por seguir mencionado alguno de los más destacados) «El cielo lleno de cuervos, y luego nada en absoluto» narra un pacto demoníaco con muchas dosis de humor negro.… La impresión general es que Veres parece estar elaborando un oscuro ritual a lo largo de todo el libro, como dan a entender el reciclaje de varios personajes malditos en diversos cuentos, bien como comparsas o secundarios, así como la constante alusión a los Señores sin Rostro, o Durmientes, las terribles deidades a cuyos designios se pliegan los pobres desdichados que ejercen de protagonistas.
Negro tal vez no es que no te deje indiferente, es que te persigue como una presencia maligna. Es posible que muchas de sus escenas irrumpan en tus sueños. Su publicación es, por lo tanto, parada obligada para quienes, desde los márgenes, desean encontrar nuevos argumentos con los que alimentar su culto a lo perverso. En 2027 Sexto Piso publicará nuevo libro con algunos de los relatos descartados de las antologías de 2018 y 2022, y otros “inéditos”. Será una nueva ocasión para disfrutar de un escritor que juega en la misma división que Grady Hendrix o Thomas Ligotti, como mesías que ilumina un nuevo camino: el de esos sueños perturbadores y, sin embargo, tan reconocibles, que nacen del roce continuo con una realidad a punto de quebrarse.


