Categoría: Terror

La habitación de la torre, E. F. Benson: Horrores peores que las sombras

Esperamos asustaros esta Noche de Difuntos de 2017 con uno de los cuentos más aterradores jamás escritos: La habitación de la torre, del gran E. F. Benson, un cuento con una sobrecogedora fuerza expresiva y con una capacidad de alteración del ánimo que perdurará durante infinidad de noches y nos hará desconfiar hasta de las luces diurnas.

Invasiones, Ismael Martínez Biurrun: Lo que aflora de nuestro interior al ser invadidos

Invasiones es un compendio de tres novelas cortas del escritor navarro Ismael Martínez Biurrun, especializado en Terror, cortados por un mismo nexo común -tres invasiones de distinta índole, tanto físicas como psíquicas- y protagonizados por personajes débiles y cobardes, pero lúcidos en la magnitud de la tragedia. Tres estampas, en suma, para representar el Apocalipsis.

El ladrón de cadáveres, Robert Louis Stevenson: La oscura y mórbida tradición de los profanadores de tumbas

Robert Louis Stevenson reconstruyó en el relato El ladrón de cadáveres una de las realidades más sórdidas del siglo XIX: la práctica del resurreccionismo, de los salteadores de tumbas que aprovisionaban a doctores para sus experimentos anatómicos. Basado en siniestros hechos reales, Stevenson imprime a su cuento un viraje terrorífico.

El libro de las brujas, Casos de brujería en Inglaterra y en las colonias norteamericanas (1582-1813), Katherine Howe: “A la hechicera no dejarás que viva”

Se entiende por caza de brujas” cualquier persecución y condena de un grupo social como culpables de todos los problemas que desequilibran la forma de vida de un pueblo. Katherine Howe, heredera de tres acusadas en Salem, analiza en un ensayo sobre brujería los riesgos del fanatismo.

Siempre hemos vivido en el castillo, Shirley Jackson: El terror doméstico

Siempre hemos vivido en el castillo es una novela de terror íntimo que nos deja con el sabor amargo de lo que rodea una verdad velada. La información nunca se nos desvela, hasta que, por fin, acabamos por descubrir que algo perverso se esconde tras el relato. Shirley Jackson añade una cucharadita de arsénico a la almibarada vida familiar mostrándose a sí misma a través de sus personajes.

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