Autor: Miguel Iturbe

Un mundo feliz, Aldous Huxley: Sexo, drogas y Shakespeare

Entre todas las distopías jamás escritas, sólo dos han entrado en nuestro imaginario colectivo: 1984, de George Orwell, y Un mundo feliz, de Aldous Huxley. Ambas presentan versiones oscuras, aunque muy distintas, de un futuro retorcido que amenaza con convertirse en presente. La obra más conocida de Huxley nació temerosa del auge nacionalista y del avance científico en una sociedad de entretenimiento masivo que se asomaba a la Segunda Guerra Mundial. Si hoy hablamos de propaganda, vigilancia, desinformación, y revisionismo histórico como Orwellianos, quizá debiéramos aceptar el hedonismo, la pasividad, el egoísmo, y la irrelevancia cultural como Huxleístas. Y reflexionar que, en nuestro presente, el soma y la hipnopedia son tan poderosas como el Gran Hermano.

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Mandrágora, Hanns Heinz Ewers: Soy hija de la tierra, el pecado es mi padre y todo me está permitido

Celebramos nuestros 500 artículos con la recuperación de Mandrágora, la obra magna del “maldito” H. H. Ewers, digna de figurar en los anaqueles del género de terror, a pesar del olvido intencionado hacia su autor. Este libro inquietante es capaz de provocar, al tiempo, la náusea y la fascinación en sus lectores, la repulsa ética a la par que la borrachera de los sentidos de quien accede a sus páginas.

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Estoy en Puertomarte sin Hilda, Isaac Asimov: Un Asimov menor que conjuga ciencia y misterio

Isaac Asimov fue un apasionado de la literatura policíaca, como demuestra en Estoy en Puertomarte sin Hilda y otros cuentos, donde conjuga misterio sin perder las esencias de sus preocupaciones científicas ni de sus tan reconocibles marcas de estilo, que se acentúan, en lo bueno y en lo malo, en los once relatos de este volumen

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La máquina del tiempo, H. G. Wells: ¿Hito de la ciencia-ficción o profecía social?

La máquina del tiempo, de H. G. Wells, no es sólo un libro de aventuras y fantasía, sino un notable ejemplo de crítica social y una advertencia sobre el destino aciago al que parecía encaminarse la sociedad de su época. Wells nos muestra una distopía que, como toda distopía, esconde el horror bajo sus delicados pétalos externos.

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