Cita con Rama es una novela mayúscula, referencia y tótem de todo un género literario. Es ambiciosa y arriesgada tanto en lo creativo como en lo científico, al buscar transcender los caminos trillados para ir más allá. Su naturaleza de clásico está fundamentada en la creatividad y la imaginación precisa, el valor y la osadía tremebunda en intentar lo que pocos habían logrado -desde luego nadie a este nivel antes que Arthur C. Clarke-, y que, más de cincuenta años después, sigue siendo una cota prácticamente imposible de alcanzar, de lectura fresca e innovadora, a la que el tiempo parece no afectar.

La historia de la literatura universal tiene un hueco reservado, de manera más que merecida, para Arthur C. Clarke (Reino Unido, 1917 – Sri Lanka, 2008). Todo el género de la ciencia-ficción le debe, tanto a su personal esfuerzo divulgador como a la magnitud y la calidad de su obra, mucha de su capacidad para popularizarse y universalizarse hasta un nivel impensable en su origen -allá por la década de 1920-. De hecho, no podemos pensar en este género sin que nos vengan a la cabeza títulos como Las arenas de Marte (1951), El fin de la infancia (1953), 2001: una odisea espacial (1968) o el clásico que os traemos hoy, Cita con Rama (1972; Edhasa Pocket, 2015).

Cuando se publicó por primera vez el impacto fue total. Hasta ese momento, pocos autores y ejemplos, y ninguno tan sesudo, concienzudo y valiente, habían intentado ahondar tan multidimensional y heterogéneamente, en el tema del encuentro extraterrestre. Con esta novela, Clarke buscaba no sólo volver sobre los surcos trillados del encuentro sorpresivo, la hostilidad y la conquista bélicas, y la osada batalla humana por la supervivencia. En su ambición estaba el hablar también de sistemas de vigilancia espacial, de debates sobre la actitud humana ante este encuentro y sus lógicas, ante las muchas maneras en las que este encuentro pudiera producirse, o incluso las formas en las que esta ‘vida’ extraterrestre pudiera tomar forma más allá del hombrecillo verde.

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Esta inmensa ambición le llevó a adoptar un estilo y un tono tan diferentes respecto a lo mayoritario que, una vez publicada, convirtió a la novela en un clásico inmediato. Sobre ella recae el honor, de hecho, de ser una de las pocas novelas merecedoras de la ‘triple corona’ del género en cuanto a premios se refiere: Nébula en1973 y el Hugo y el John W. Campell Memorial en 1974. Tal fue su influencia que, casi dos décadas después, ayudado por Gentry Lee, esta historia conocería tres secuelas de bastante menor calidad -de hecho, el texto era de Gentry Lee mientras que Clarke solo aportaba inspiraciones e ideas-: Rama II (1989), El jardín de Rama (1991) y Rama relevada (1993).

Incluso, aunque de forma nunca confirmada, siempre hubo rumores de que conoceríamos una versión cinematográfica de la novela principal. En 2000 existió el runrún de un posible guión, en el cajón de la Morgan Freeman Relevations Entertainment; la noticia no pasó del ámbito de la especulación. Dos décadas después, en 2021, los rumores apuntaban a que sería el siguiente proyecto de Denis Villeneuve tras Dune, pero el éxito de la saga sobre la Casa Atreides y la necesidad de rodar una segunda parte, y después de ésta a lo mejor una o dos secuelas más, dejaron el proyecto aparcado sine die. Porque sobre la adaptación cinematográfica de Cita con Rama circulan, desde hace más de medio siglo, toda clase de rumores y ninguna certeza; y es así debido a la enorme complejidad para trasladarla a un formato distinto del original 1 Aunque en 1984, en la prehistoria de os videojuegos, se acometió una adaptación al medio, en forma de densa aventura conversacional (el antecedente de las aventuras gráficas y de las lo que sean ahora mismo experiencias narrativas, como Life is Strange o Dispatch) .

Interstellar SeedShip 2×05 (basada en Cita con Rama). Ilustración digital de LowThunders

Una novela monumental y un desafío literario

Cita con Rama (1972) es una novela retadora para el lector porque la intención del autor de afrontar muchos subtemas tras el encuentro extraterrestre cristaliza en un tono objetivo, descriptivo, austero en sus florituras dialécticas pero profuso en sus detalles científico-técnicos, especialmente volcado en los detalles, que nos aleja relativamente de la acción. Por el contrario, sí nos obliga a ejercer una altísima capacidad de abstracción respecto a espacios, atmósferas, movimientos y seres alejados de lo común y, en ciertos momentos, también de la física estándar. No en vano, se la cataloga con razón como una de las principales historias de la ciencia especulativa hard o dura.

Precisamente por esta razón se la acusa recurrentemente de ser una novela con personajes estáticos o estereotipados. No estoy de acuerdo con esta crítica. Primero, la trama misma de la obra nos sitúa ante un contexto altamente especializado que requiere, por coherencia, personajes que sean capaces de responder a este perfil. Segundo, las situaciones presentadas exigen, para resolverse, la puesta en práctica de ese conocimiento, y la novela lo que hace es presentarnos personajes capaces, para cada necesidad, de resolver las distintas crisis que van apareciendo. Y tercero, para que una novela como ésta sea posible, estos personajes tienen que estar, tienen que ser como son y, posiblemente, tienen que hacer lo que hacen. No podemos entender lo uno sin lo otro. Y por ello estas críticas son, en realidad, una enmienda sin sentido a la novela misma.

Entonces, ¿de qué va la novela? ¿Qué historia es esa que hace tan imprescindible la aparición de directores científicos, astrofísicos, exobiólogos, ingenieros y demás perfiles…? ¿En verdad es tal trama que convierte todo esto en imprescindible y necesario? Te la cuento y opinas.

Esta historia nos sitúa en el siglo XXII. Han pasado ya unas décadas desde que, a mediados del siglo XXI, el impacto de un asteroide contra la Tierra devastase las ciudades italianas de Pádova y Verona. Desde entonces, la autoridad planetaria ha desarrollado un sistema de vigilancia espacial para evitar, o por lo menos anticipar, que algo así pudiese volver a pasar. Décadas después, justamente este sistema detecta un extraño objeto artificial, de forma cilíndrica y aparente estructura metálica, entrando a gran velocidad en nuestro sistema solar, con una ruta que implica siglos de viaje y, por tanto, siglos también desde su diseño y construcción. Su naturaleza exige la existencia de una inteligencia extraterrestre que, por su trayectoria (pasará próxima al Sol y se alejará a continuación), hace pensar que no trae maléficas intenciones, pero, aún así, la humanidad desconfía. Por eso, desde la Tierra se pone en marcha una misión de (re)conocimiento y contacto con este objeto al que, aplicando un sistema de denominación que usa el panteón de dioses hindú, se le ha bautizado como Rama 2 Avatar de Visnú entre los humanos para luchar contra el mal y librar a la India del yugo del demonio Rávana .

A partir de este punto inicial, Cita con Rama desarrolla la historia de la misión de la Endeavour, nombre homónimo conscientemente elegido para la emulación de las hazañas exploratorias del cartógrafo británico James Cook, por llegar, conocer y averiguar las intenciones de los ramanos con su nave y su visita a nuestro sistema planetario. La novela se desarrolla en dos puntos fundamentalmente. El punto principal es la propia Rama, esa nave u objeto extraordinario que, sin un sistema de propulsión aparente (la novela insinúa una propulsión gravitatoria), y potenciado por la energía de las estrellas que visita, sobrevive y avanza por el universo. El segundo es el “Comité Rama”, una autoridad científica designada por el cuartel general de los Planetas Unidos, situado en La Luna, emulación bastante clara de nuestra ONU contemporánea, elegido con el objetivo de tomar las decisiones científicas y estratégicas que regirán los destinos de la misión.

En cada vértice científico, el Comité cuenta con un personaje emblemático. La misión la encabeza Bill Norton, un experimentado astronauta con un enorme conocimiento de la misión y de las tripulaciones, que elegirá al puñado de personas que, junto a él, y todas desprovistas casi de medios y sin otro plan que la improvisación, irán hacia Rama y, por tanto, hacia lo desconocido. En el Comité Rama, de entre todos los científicos presentes destaca, como luz en la oscuridad, el considerado excéntrico, y relativamente mal visto por el resto, Carlisle Perera, brillante exobiólogo que, con su trabajo en la misión, demuestra además ser un brillante ingeniero, físico y matemático.

Norton y Perera son los personajes básicos que nos ofrecen una clave de lectura esencial: la novela está científicamente asentada sobre solidísimas bases que exigen, claro, personajes a la altura. Y si estos dos son básicos por su perfil, los secundarios que los acompañan no podían ser menos. No vamos a detenernos en ninguno en concreto, pero tampoco podemos dejar de mencionar que la novela tiene sentido precisamente por la propia naturaleza de estos secundarios.

Otra imagen de Cita con Rama (y enésimo monolito clarkiano): Rama and the Monolith (2012), ilustración de raqsonu

Adentrémonos ahora en Rama y, con ello, loemos como se merece la verdadera joya de imaginación y orfebrería física que es esta novela. Pues no sólo el objeto es extraño respecto a la tradición anterior en cuanto a su forma, sus materiales, sus ocupantes o sus presuntos objetivos evidentes. Rama resulta también extraño en cuanto a sus lógicas biofísicas internas: sus materiales, sus comportamientos, la construcción de sus elementos y sus personajes, la disposición de la vida dentro de la nave/objeto… Todo resulta retador para quien decida adentrarse en estas páginas.

Con los biots 3 La traductora de la edición de Edhasa, Aurora C. Merlo, relaciona el neologismo únicamente con biota (página 345), término que, según la RAE, define el conjunto de la fauna y flora de una región; personalmente me parece más adecuada la síntesis del prefijo bio- y la terminación robot , tripulantes de la Rama, crea un tipo de personaje muy original donde lo natural y lo artificial, lo vivo y lo artificial, se dan la mano. Lo hacen en una síntesis de obligada mención que da cuenta del nivel de detalle del que gozamos aquí. Sobre ellos se realiza una imprescindible disertación sobre la vida, sus formas y sus límites, y sobre la actitud del ser humano (mayoritariamente hostil) frente a esta inexplorada y posible inmensa variedad.

El ser humano tiene también una actitud hostil ante el encuentro extraterrestre. Aunque todas las señales dan muestra de que tras Rama sólo hay una inteligencia superior sin mayores intenciones que el mero tránsito, cierta inseguridad y cierto egocentrismo antropocéntrico disparan las alarmas, no sólo en la autoridad de los planetas sino, en particular, en las autoridades mercurianas, desconfiadas por lo que supone la proximidad de una nave/objeto desconocido. La novela proyecta sobre Mercurio, claro, la actitud de los terrícolas mismos, bastante ignorados aquí en apariencia, aunque el planeta más cercano al Sol sirva de trasunto para mostrar nuestras propias actitudes ante lo desconocido.

A Cita con Rama no podía faltarle tampoco el enfoque religioso o ético-moral, tan común en Clarke. Es verdad que aquí es un mero apunte anecdótico (dos únicas veces aparece de forma significativa) 4 Será especialmente relevante en la secuela Rama revelada (1993) pero no por ello debemos olvidarnos de que es síntoma de la enorme ambición temática de la obra, al crear, aun de refilón, un cristianismo cósmico que busca explicación teológica a las leyes del universo y sus distintos fenómenos. Respecto a la fe predominante en su época (1972), Clarke desarrollaba aquí un intento claro por poner en contacto la ciencia y la fe que sólo el tiempo, pasadas las décadas, acabaría materializando.

En el global, por tanto, se ve cómo Cita con Rama es una novela ambiciosa, arriesgada tanto en lo creativo como en lo científico, que busca transcender los caminos trillados para ir más allá, y ofrecer un espectáculo delicatessen al lector que realmente quiera explorar a fondo la naturaleza poliédrica del encuentro extraterrestre. Su naturaleza de clásico está fundamentada en la creatividad y la imaginación precisa, el valor y la osadía tremebunda en intentar lo que pocos habían logrado -desde luego nadie a este nivel antes que él-, y que, más de cincuenta años después, sigue siendo una cota prácticamente imposible de alcanzar, de lectura fresca e innovadora, a la que el tiempo parece no afectar.

En definitiva, estamos ante una novela mayúscula, una referencia y un tótem de todo un género literario. No es para todos los gustos, es verdad, pero más allá de las impresiones personales, es de justicia reconocer que estamos ante un autor y una obra que han contribuido a construir un género literario y, con ello, han conseguido hacer literatura con mayúsculas.