Jane Austen es una de las grandes novelistas en lengua inglesa. También fue una voraz lectora: entre sus lecturas figuraban muchas novelas góticas, tan en boga durante su infancia. Al cumplirse los 250 años de su nacimiento, nos atrevemos a hacer un breve repaso por algunos de los elementos góticos que encontramos en sus libros, especialmente en Mansfield Park y La abadía de Northanger
—Se ha formado usted una idea muy favorable de la abadía —repuso Henry sonriendo.
—¡Desde luego! ¿No es un precioso edificio como los que aparecen en los libros?
—¿Y está usted preparada para afrontar los horrores de un edificio «como los que aparecen en los libros»? ¿Tiene un espíritu valeroso? ¿Soportarán sus nervios los paneles y los tapices que se mueven?
La abadía de Northanger
Me encuentro impulsado a dedicarle unas letras, con toda humildad, al gran genio de la literatura inglesa Jane Austen (Steventon, Reino Unido, 1775- Winchester, Reino Unido, 1817), cuyo nacimiento se produjo hace exactamente 250 años. Tal vez lo que diré estará de más para grandes sabedores de la vida y obra de esta gran escritora, gloria de las letras inglesas, pero es que en Fabulantes nos gusta adentramos en los misterios plasmados en las páginas y vidas de sus autores. Y eso es lo que, con una vela encendida en la palmatoria, y, cuidando de que un repentino soplo gélido, colándose por el marco de la ventana, no apague la llama, pretendo hacer ahora.
Jane Austen fue una ávida lectora, y entre sus lecturas no faltaron esas laberínticas novelas góticas, que estuvieron en pleno apogeo por su época juvenil y también en franca decadencia al final de sus días —decadencia que se notaba en las repetidas fórmulas, una y otra vez, en uno y otro título que aparecía en las librerías—. No obstante, a la futura escritora le sirvieron en más de una ocasión, y no simplemente como diversión en sus viajes de veraneo: también los personajes de sus historias podían verse cautivados por la lectura, allá adonde fueran. Y leían no únicamente libros de los prosistas o poetas más renombrados y laureados entre los románticos, sino también de los que gustaban de adentrarse en húmedas mazmorras y en habitaciones cerradas de paneles de madera oscura, por las que ululaba el viento al colarse por las rendijas de altos ventanales góticos y que lograban, incluso, apagar las velas de los nocturnos succionadores de tinta, espolvoreada en forma de letras en esas novelas encuadernadas en cuero, con papel marmolado, cantos dorados y editadas en tomos, generalmente tres para cada obra —la idea de comercialización y ganancia de libros en sagas no es propiamente patrimonio de este época en la que nos ha tocado leer—. Porque la emoción que producía la imaginación de lo que contaban esos libros había que hacerla durar lo más posible; además, la adquisición de estos libros resultaba una aventura de por sí ya emocionante, ya que no estaban al alcance de todos los monederos. Parte del riesgo de embarcarse en estas aficiones incluía el préstamo de obras que, seguramente, serían censuradas por padres o tutores más conservadores, o menospreciadas por los altisonantes y supuestos literatos. En ese caso, ¿qué mejor medio que esconder algún que otro de esos volúmenes debajo del asiento del carruaje, o entre los cojines del sillón?
Catherine Morland leyendo una novela gótica (¿quizás Los misterios de Udolfo?). Ilustración de 1832 de Robert William Buss (1804-1875)El humor de Jane Austen
Y ¿qué decir del humor de Jane Austen? Podía ser muy expresivo, ingenioso y chispeante, con una pizca de ironía, también en relación con temas más macabros. Con relación a éstos atrevámonos precisamente a inmiscuirnos en ciertos pasajes de su correspondencia que nos lo dejan entrever:
Salimos bajo un sol bastante cálido, ella sin parasol ni visera en el sombrero, sin detenernos antes nada, y cruzamos el cementerio de Weston tan rápido como si tuviéramos miedo de ser enterradas vivas. (Carta 371 Todos los extractos de las cartas de Jane Austen están tomados del libro Cartas. Jane Austen, Editorial dÉpoca, 1ª edición, 2012)
Hemos tomado el té y he leído sin parar el tercer volumen de “The Heroine”. No creo que decaiga. Es una parodia deliciosa, especialmente al estilo de Radcliffe. (Carta 97)
El tío Henry escribe sermones sublimes. Tendremos que ver el modo de conseguir uno o dos e introducirlos en nuestras novelas; sería una hermosa ayuda para un libro; y podríamos hacer que lo leyera en voz alta nuestra heroína una tarde de domingo, igual que Isabella Wardour en el Antiquary leía la historia del demonio de Hartz entre las ruinas de St. Ruth, aunque, pensándolo bien, creo que el lector era Lovel. (Carta 146)
Podemos imaginar a Jane Austen en sus visitas a los balnearios o a las ciudades del interior de la Inglaterra de guantes, muselinas, cintas y sombrillas para asistir a algún baile, o para acompañar simplemente a su hermana o a su madre, deteniéndose en los escaparates de las librerías. Paseando su mirada escrutadora por títulos atractivos y analizando si comprar o no tal o cual libro, y la clara conveniencia de gastar esos peniques en ese libro que no puede resistirse a leer en sus días de tiempo libre. ¿No es fantástico leer alguna novela de aventuras, de misterio, de terror cuando nos vemos atrapados en la vorágine de la sociedad con sus etiquetas y convenciones?
Sin embargo, Jane Austen no sólo buscaba esas lecturas como mera distracción, sino que también las utilizaba en sus escritos, algunos incluso poniéndolos de relieve para destacarlos de forma sarcástica, mostrando así otra faceta de la que era capaz de llevar a cabo con su propia pluma.
Los gustos góticos de miss Austen
Jane Austen fue una gran lectora. De sus cartas percibimos el agradable aroma de que tenía todo el tiempo, al menos, un libro en la mano. Desde libros del género objeto de nuestro artículo como también ensayos, sermones, etcétera.
Pero ¿qué novelas, relatos o poesía del género gótico fueron leídas por Jane Austen? A tenor de su correspondencia, sabemos que leyó seguramente:
Los misterios de Udolfo (1794; publicado por Valdemar, última edición de 2012) de Ann Radcliffe (1764-1823). Seguramente no fue el único libro de esta autora, una auténtica superventas en su época y una de las mayores exponentes del género gótico, que leyó Jane Austen.
The Heroine; Or Adventures of a Fair Romance Reader (1813) del poeta satírico irlandés Eaton Stannard Barrett (1786-1820).
El anticuario (1816; publicado en castellano por Alba Editorial en 2015) de sir Walter Scott (1771-1832)2 La novela fue publicada en el año 1816, cuando Austen escribe esta carta, y a sólo siete meses de su muerte. En esta novela de Scott, se cuenta que en las montañas de Brockenberg, Alemania, hay lugares solitarios ideales para relatos de brujas, demonios y fantasmas
El Corsario (1814) de Lord Byron (1788-1824).
Camilla. A Picture of Youth (1796) de Frances Burney (1752-1840), novela que incluía algunos elementos góticos.
The Midnight Bell (1798), de Francis Lathom (1774-1832), prolífico escritor de novelas góticas.
Austen convirtió su exquisito -y escalofriante- ocio en materia para sus novelas, que también supieron adaptarse al género. Nosotros, lectores apasionados del misterio, y que entramos en sociedad con la joven Catherine Morland, aunque de igual modo se burlen de nuestras aficiones, no podemos dejar de tener en nuestra mesilla de noche el libro La abadía de Northanger, junto a Mansfield Park, que también tiene su tono oscurillo. Escrito en un papel que me han deslizado bajo la puerta descubro los siguientes elementos góticos, que con más relieve emergen de estas obras de Jane Austen:
En Mansfield Park su heroína Fanny Price vive en la aislada mansión de Mansfield Park. Fanny, de familia pobre, que va a vivir junto a sus tíos Sir Thomas y Lady Bertram, quienes cuidan de ella, es hasta cierto punto un personaje desvalido, que deambula en una mansión campestre. Que se siente rodeada por agentes extraños a ella y con un amor romántico que ve desde lejos.
Aunque tenemos otros elementos góticos todavía más marcados en la novela La Abadía de Northanger, escrita en clave de parodia del género: una antigua abadía de piedras y pasadizos, convertida en residencia particular. Su dueño es un hombre endeudado que nos hace imaginar hasta cierto punto un ambiente decadente que lo rodea, tanto en la sociedad en la que se mueve como en su propia casa y familia. La protagonista, Catherine Morland, cree ver y oír cosas que la misma naturaleza le hace imaginar. Hay además un clima frío y tormentoso, siempre latente en las noches. Una muerte que cree un cruel asesinato perpetrado por el villano dueño de la abadía. Una dama en apuros, con un amor secreto, ayudada por su doncella. Ocultos compartimientos en un mueble que esconde cartas escritas en código.
Es costumbre también encontrar en las obras de Jane Austen a personajes con un pasado misterioso, ambientes de lluvia y niebla, soldados apasionados o misteriosas damas. Los prototipos de personajes que desfilan por las novelas góticas a las que fuera tan aficionada.
Además, la excelencia de su pluma ha atraído a diversos autores que se han visto cautivados por los grilletes que fabricó entre aquellas páginas de sus obras. Así, ¿quién no se ha enterado de lo que sus personajes de Orgullo y Prejuicio tuvieron que sufrir a manos o, mejor dicho, en las mandíbulas de zombis 3 Nos referimos al pastiche Orgullo, prejuicio y zombis, de Seth-Grahame Smith (edición española a cargo de Umbriel, 2009)? ¿O haberse convertido inesperadamente en el escenario de un asesinato al más puro estilo británico4 Para más información detectivesca dirigirse a la novela de la eminente P. D. James La muerte llega a Pemberley. La que también cuenta con una miniserie del año 2013, BBC One? Me pregunto si Jane Austen lo habría encontrado de mal gusto o, simplemente, se hubiera divertido contándole a su hermana Cassandra en una carta (o email, o mensaje de texto con algunos emoticones pertinentes) que había visto una de sus novelas más leídas convertida en una obra de terror, de asesinato, de misterio y hasta nada menos que en formato cómics5 La mismísima Marvel se ha concentrado en adaptar al formato cómic las novelas de Jane Austen Orgullo y prejuicio (2009), Sentido y sensibilidad (2010), Emma (2011) o La abadía de Northanger (2012). Acaban de ser publicados al castellano, en volumen ómnibus, por Panini Comics
Mis pacientes lectores, llegado a este punto, es momento de invitarlos a alzar sus tazas de té, rellenas de sus preferencias, y brindar por Jane Austen, cuyo encantador misterio personal continúa fascinando, e inspirando, a generaciones y generaciones de lectores, y, también, ramificando su influencia en los géneros más diversos de la literatura y de las obras de arte en general. Pues entonces, ¡a su salud! ¡Y que por siempre viva en nuestras estanterías y corazones!

