Donantes de sueño, novela breve de Karen Russell, originalmente publicada en e-book y convertida en libro de culto tras haber sido impresa en papel, ofrece una lección magistral sobre cómo construir personajes y situaciones. A partir de una premisa aparentemente sencilla, Russell construye una distopía sobre la empatía y el compromiso social, que tiene por escenario unos Estados Unidos aquejados por una carestía de sueño.
Donantes de sueño (Sexto Piso, 2023), novela corta de Karen Russell (Miami, Estados Unidos, 1981) deja bien claro que el territorio breve es por donde mejor se mueve la autora. En muy pocas páginas y palabras (de)muestra una notable habilidad para construir historias a partir de personajes bien definidos y con personalidades complejas. La historia descrita, su premisa y sus subtemas, es interesante; la trama parece sencilla, pero de ella pueden extraerse numerosas aristas. A modo de mosaico, e inadvertidamente con el paso de las páginas, se van añadiendo claves de evolución y de interpretación que justifican, con plena lógica y máximo interés, cada uno de los giros que se dan en la novela. La elaboración es tan satisfactoria que el final logra estar a la altura de lo narrado, no le falta nada y, cuando acabas el libro, te quedas con una sensación de plenitud, de saciedad, cada vez menos habitual en estos tiempos literarios extraños que nos ha tocado vivir.
De tal habilidad estábamos previamente advertidos por la historia personal de Russell. Es posible que no nos resulte bastante conocida por estos lares, pero posee una trayectoria que la avala y confirma: con tres libros de relatos y dos novelas a su espalda, acumula numerosos reconocimientos. En su haber tiene haber sido finalista del Premio Pulitzer, ganadora del National Book Foundation, aspirante al Orange Prize, o el señalamiento por parte del New York Times como una de las autoras más destacadas del momento.
Donantes de sueño corresponde a una de sus etapas creativas más intensas y editorialmente más productivas. Originalmente escrita en 2014, su publicación inicial en formato e-book en una editorial pequeñísima hoy extinta (Atavist Books), no le permitió tener ni una larga vida ni una gran repercusión. Sin embargo, con el ya reconocimiento consolidado de su autora y la pandemia como impulsores, el 2020 le trajo una nueva oportunidad. De la mano del sello Vintage Books, hoy perteneciente al coloso editorial Penguin Random House, conoció una nueva vida ya en papel y, con ella, el éxito nacional e internacional. De forma que, de todas las obras traducidas de Russell a lo largo de los años, posiblemente haya sido esta la que haya obtenido más elogios de la crítica y reconocimiento del público.
El principio de la novela nos sitúa en un mundo alternativo donde ha estallado, por circunstancias desconocidas, aunque se especula con la contaminación lumínica, una profunda crisis de sueño en los Estados Unidos. Cada vez más personas son incapaces de conciliarlo y, por ello, se ven expuestas a un proceso de degradación progresiva, física y psicológica, que les conduce a un insomnio enloquecedor y, en última instancia, mortal. El miedo termina por apoderarse del país; a corto plazo no se atisban soluciones ni respuestas al origen de esta pandemia. El clima social es perfecto para la desesperación.
Con el comienzo de esta crisis ha surgido una organización, las Brigadas Duermevela que, supuestamente de forma altruista, desarrolla un método paliativo: las donaciones de sueño desde las personas sanas a las personas enfermas. Gracias a éste, aquellos que tengan un mejor sueño podrán permitirles descansar a aquellas insomnes e, incluso, en cierto porcentaje, podrán devolverlas a su estado de descanso anterior y “curarlas”. A esta organización pertenece nuestra protagonista, Trish Edgewater, hermana de una de las primeras insomnes fallecidas, Dori. Precisamente, gracias a su trágico trasfondo, también una de las mejores captadoras de donantes de la organización.
Tal es su habilidad y su orgullo captando, aunque utilice en el proceso el drama de su hermana como herramienta de manipulación, que se ha convertido en una imprescindible para sus jefes. Nadie mejor que Trish para ponerse al teléfono con los casos más importantes o para llamar a los timbres de las casas de los donantes más reticentes. Por eso sus superiores, los gemelos Jim y Rudy Storch, intrigantes y sibilinos en sus intenciones, han volcado en ella todas sus esperanzas cuando ha aparecido en el horizonte una aparente donante universal, capaz de resolver con su sueño el mal de cualquier persona insomne. Pero hay un problema no menor: se trata de un bebé de unos pocos meses de edad. Cuando el Furgón del Sueño se planta en el 3300 de Cedar Ridge Parkaway, hogar del matrimonio Harkonnen (en homenaje, quizás, a una de las Casas de Dune) y de su hija recién nacida, las espadas están por todo lo alto. Trish llega preparada con el lacrimógeno discurso de captación de su hermana Dori, mientras que los Harkonnen defienden el derecho de su hija a tener una infancia feliz alejada de traumas y de dependencias respecto de las expectativas y necesidades de los demás. Pero es tanto lo que su hija puede aportar, tan decisiva su contribución a algo que afecta a tantísimas personas de forma tan decisiva para sus vidas, que los Harkonnen acaban cediendo.
Pero la relación con los Harkonnen y con la, desde entonces, conocida como “Bebé A”, cambiará totalmente tanto al mundo, a las personas que la rodean y, especialmente, a la propia Trish. Esta relación irá evolucionando con el paso de las páginas y los acontecimientos, poniendo decisivamente a prueba la coraza de aparente insensibilidad y autoconvencimiento de Trish, hasta llevarla a poner en duda todo lo que define su forma de ver, de estar y de vivir en el mundo. En este proceso, irá percibiendo más claramente los matices que diferencian la actitud del matrimonio Harkonnen de la de los hermanos Storch; comprobando que lo que podría ser el simple reflejo de los extremos de la cadena de la oferta y la demanda es, en realidad, mucho más de lo que aparenta. Ambos lados no son iguales y, por ello, la historia también irá dotando de progresiva definición y protagonismo tanto a los Harkonnen como a los Storch.
El dominio del ritmo narrativo en el avance de esta relación y el desarrollo de cada personajes son las evidencias más claras de la enorme habilidad de Karen Russell y, en nuestra opinión, uno de los aspectos más sobresalientes de la novela. A partir de algo tan aparentemente sencillo, pero tan complicado de conseguir, se despliega una inmensa y rica serie de temas y subtemas liderados por la empatía personal y el compromiso social, y que se despliega a través de la denuncia del egoísmo y de sus consecuencias sobre el conjunto (a través del sueño).
Donantes de sueño acaba resultando ser novela que, tras su aparente sencillez, esconde una distopía esperanzadora increíblemente interesante e intensa. Una historia de humanidad capaz de validar a la ciencia-ficción como género desde el que especular no sólo sobre el desarrollo técnico futuro, sino también sobre aspectos morales y éticos, desgraciadamente, aún poco tratados. Esto es lo que nos lleva a recomendarla como una gran novela breve, y como una de las mejores obras traducidas y publicadas en España durante 2023.

