Espacio Negativo es la primera novela traducida al español -por parte de la editorial argentina Caja Negra- del escritor norteamericano B.R.Yeager (1979), pero también un pequeño fenómeno editorial de la literatura contemporánea underground de los Estados Unidos. En la novela, retazos de horror cósmico consumen a los adolescentes de un suburbio decadente en New Hampshire.

En Espacio negativo (Caja negra editora, 2023), de B. R. Yeager, se nos muestra un pueblo decadente con casas abandonadas, otras a punto de derrumbarse y colinas y pantanos llenos de chatarra y basura. Los adolescentes consumen drogas de forma ininterrumpida, beben y tragan pastillas antipsicóticas como si fueran caramelos, además de jugar a videojuegos de terror y estar pendientes de notificaciones de nuevos posts en oscuros foros de internet. Este podría ser el retrato de cualquier suburbio de la llamada “América profunda”, pero en Kinsfield (New Hampshire) hay elementos que marcan una diferencia inquietante: una tasa de suicidios adolescentes extremadamente elevada (el hastío, desinterés por la vida o la falta de perspectivas no dan la impresión de ser el único motivo). Todos corren a tomar fotos cuando llega la noticia de un nuevo ahorcado en algún lugar hasta que aparece la policía. Suceden ataques de animales contra la gente: una manada de mapaches se come a un bebé, un oso entra en una casa y mata a una madre y a su hija. Un tiroteo en la escuela no tiene impacto ni asusta a nadie… un hecho más de la vida cotidiana. Casas llenas de dolor y de pena que los jóvenes han aprendido a tolerar y que consideran como hogar. El suicidio en la mente de todos, el desgarramiento del cuerpo. Visiones de pesadilla en foros de internet. Hay un nivel de indiferencia y violencia muy elevado, así como una desolación infinita.

“Kinsfield está construido sobre tumbas. Como cualquier otro lugar, pero quizás más. En los senderos puedes encontrar más puntas de flecha de las que te caben en los bolsillos. Son tantas que ya a nadie le importan. El pueblo se estaba contrayendo. Cada mes parecía haber menos tiendas, menos restaurantes, menos casas”. Espacio negativo, página 42

«El libro me dejó descolocado y pensando por un tiempo. Creo que en su centro está ese objetivo: el de generar preguntas», dice Luciano Lamberti (San Francisco, Argentina, 1978), autor de La casa de los eucaliptus (Random House, 2017), La maestra rural (Literatura Random House, 2016) y La masacre de Kruguer (Random House, 2019), entre otras.

La novela tuvo un impacto similar en el uruguayo Ramiro Sanchiz (Montevideo, 1978), autor de El orden del mundo (Editorial El Cuervo, 2014), Las imitaciones (Ediciones Vestigio, 2019) y La expansión del universo (Literatura Random House, 2018), entre otros títulos: «Afectivamente, el libro me había dejado en un espacio totalmente desolado, oscurísimo. No me pasaba algo tan intenso en esa línea emotiva desde mi segunda lectura de La casa de hojas. Después, ya más a un nivel estético o intelectual, simplemente conecté con cosas que venía pensando a lo largo de la lectura: la relación del libro con el weird lovecraftiano, con la posibilidad o necesidad de una lectura en clave sobrenatural, los efectos de esa escritura despojada y mínima…».

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El relato avanza de forma intercalada entre las voces adolescentes de Jill, Ahmir y Lu, y se centra en la figura de Tyler, personaje principal y núcleo radiactivo de Espacio negativo. Jill es la novia de Tyler; lo conoce cuando ambos están internados en un hospital psiquiátrico y da comienzo su narración. Con Ahmir son amigos desde la infancia y con Lu la relación es más ambigua ya que  conoce a Tyler por intermedio de Jill y nunca entabla una relación directa con él, sino un contacto más misterioso –como todo en la persona de Lu– en el terreno onírico. Tyler les da drogas, les propone planes para matar el tiempo, tiene un sexo desapasionado con Jill y escarceos sexuales con Ahmir. Tyler se automutila, su cuerpo está cubierto de antiguas cicatrices, constantemente masca una hierba que le induce visiones, guarda su semen y la sangre menstrual de Jill, tiene las paredes del sótano repletas de extraños dibujos y diagramas, y ejecuta rituales que le permiten acceder a otra realidad. Tyler es capaz de conocer sucesos antes de que acontezcan y de hacer que otros sucedan.

«Me parece una gran elección que la narración fluya intercalada en esas tres voces adolescentes. La forma misma de la novela hace al sentido, a la imposibilidad de establecer una realidad última. Lo que tenemos son versiones, miradas parciales, y el que podría dar las explicaciones está muerto desde las primeras líneas» afirma Lamberti.

La desesperanza que el lector atestigua, así como una falta completa de empatía y un vacío enorme en las vidas de estos jóvenes se ve teñida por irrupciones de horror cósmico. Yeager logra esquivar las maneras de narrar lo sobrenatural que tenía Lovecraft (con descripciones obsesivas y atmósferas opresivas), de King (alternando puntos de vista para aumentar el suspenso hasta llegar a un clímax y dando explicaciones al final) o de los escenarios urbanos deteriorados de Ligotti.

«Yeager me parece un autor de lo weird, de lo inquietante; tiene su conexión con el splatterpunk y el bizarro, por lo que su escritura también se presenta en esa línea de lo alternativo y lo extraño. Por algún lado hablé de estos elementos como un continuo weird o un weird expandido, que es donde clasificaría a Yeager», dice Sanchiz.

«No me atrevo a clasificarlo. Creo que el mismo Yeager no lo pensó desde un género determinado, por lo menos literario. Lo veo más cerca del cómic y del cine que de la literatura, en el buen sentido lo digo. Hay muchos géneros pujando ahí, muchas referencias: desde la novela de iniciación a Stephen King, aunque la propuesta es distinta. No hay explicaciones, por ejemplo, que tanto King como Lovecraft siempre insistían en presentar en algún momento» aporta Lamberti.

Imagen de la portada de Espacio Negativo, de la editorial Caja Negra. Extraída de la web de la editorial

Los personajes empiezan a ser consumidos por lo que hace Tyler en esa otra realidad. Lo que al principio parecía solo una evasión, un escape del tedio de la vida cotidiana o la miseria del hogar, comienza a tornarse en algo oscuro y ominoso que logra que la figura de Tyler pase de amado e idolatrado a temido. Ese cambio sutil de la forma como es percibido es de lo mejor logrado que tiene Espacio negativo junto a la narración coral que avanza hipnóticamente sin pausa ni tregua para el lector. Lu es el personaje más interesante de los tres narradores, no sólo por no tener un contacto directo con Tyler, sino por su propia concepción de género: tiene cuerpo y genitales de hombre, pero se piensa a sí misma como mujer, lo cual al principio confunde un poco al lector; además de su clarividencia respecto a un futuro donde se perciben ecos de 2001: Una odisea en el espacio e Interstellar (Christopher Nolan, 2014).

«Me parece uno de los grandes aciertos del libro y es de alguna manera también un vasto recurso para acercarnos al lado más “fantástico” o “sobrenatural”, lo onírico me parece planteado de una manera muy cercana (sin llegar del todo a abrazarla) a la del Lovecraft más dunsaniano, el de La búsqueda en sueños de la ignota Kadath (Lovecraft, 1943): se acepta el recurso a los sueños, pero se lo conecta con un posible más allá o un plano consistente de lo real», dice Sanchiz. «En cierta forma Lu funciona como un puente entre una realidad extrañada, la del pueblo, y “el otro lado”. Es la que otorga a la novela cierto aire a realismo mágico. Pero como a todos los personajes, le espera la muerte o un trabajo miserable, que es lo único que parece quedar claro en la novela», afirma Lamberti.

Los chicos comparten pesadillas o, por su relación con Tyler, es como si estuvieran conectados con esa otra realidad y pudieran compartir visiones que de alguna forma alteran el mundo. Se mencionan libros de esoterismo o conocimiento oculto, pero no los de la mitología lovecraftiana ni los conocidos ya por la mayoría de lectores del género –otro acierto de Yeager–. Más bien son libros diferentes: Las profecías del hombre polilla (1975) de John Keel, El panteón entrópico de Werner Baumhauer, La mente sin vida. Semiótica fenomenológica y emergencia más allá de la biología, de Mark Brown.

«Hay también una noción de maldición en el pueblo, que la pone en una tradición muy vieja, a lo It, donde los adultos están ciegos a lo que pasa. Además, maneja la imbricación realismo, weird, fantástico de una manera para mí excelente», dice Lamberti.

B. R. Yeager. Foto extraída de la web de Caja Negra

B. R. Yeager es autor también de Amygdalatropolis (Schism, 2017), Pearl Death (Inside the Castle, 2020), Burn You the Fuck Alive (Apocalypse Party, 2023). Espacio negativo es su primera obra traducida al español (a cargo de Alejo Ponce De León) y forma parte de la colección “Efectos Colaterales” de la editorial argentina Caja Negra, caracterizada por publicar ensayos como género central.