Libro ligero, ameno, divertido y fácil de leer, El gurja y el Señor de los Martes, de Saad Z. Hossain, que recoge las preocupaciones filosóficas por un mundo amenazado por el cambio climático, el surgimiento y la fe ciega en tecnologías. Un libro diferente, que plantea un futuro a medio camino entre Occidente y Oriente, y nos muestra el conflicto poco visibilizado de los avances tecnológicos. Sobre todo demuestra que también se hace literatura fantástica en latitudes tan distantes como Bangladesh.

La foto de portada de este artículo es una ilustración del artista William Stout

Desde hace años circula una noticia sobre un supuesto virus zombi que ha resurgido en Siberia y ha atacado a poblaciones de renos, como consecuencia del cambio climático que ha derretido el permafrost y nos ha dejado expuesto a patógenos que estuvieron atrapados por milenios (DW, 2022). Ahora imaginemos qué sucedería si, como consecuencia del cambio climático, se despertara de su prisión congelada a una poderosa entidad, muy superior a las leyes de la física, pero no de la magia. Así inicia la novela corta el El gurja y el Señor de los Martes de Saad Z. Hossain (Duermevela, 2020).

El Gran Señor de los Martes, uno de los siete señores djinn, se ve liberado de su prisión de hielo como resultado del cambio climático; como es natural, el mundo ha cambiado un poco después de 3000 años. La novela es una mezcla armoniosa y divertida de género fantástico y ciencia-ficción, donde el señor djinn pone la parte mágica y nuestro próximo futuro de apocalipsis climático o de distopía tecnológica pone la parte de ciencia-ficción, recordando en cada página a las Fábulas de robots de Stanisław Lem.

El autor, Saad Z. Hossain, no busca ni la fidelidad autóctona ni el rigor científico, sino que toma elementos del pasado y del futuro (casi nuestro presente) y los teje en una clásica novela de aventuras donde a un héroe se le suma un ecléctico grupo de socios, y juntos buscan enfrentarse un villano final, que en realidad está escondido tras capas de otros villanos secundarios. Aunque pueda parecer un cliché, realmente no lo es, porque no estamos ante una clásica historia occidental, ya que toda la acción oscila entre las epopeyas indias, las intrigas chinas y las tramas hollywoodenses. Aquí tenemos un gurja (1) adicto a los pistachos, un genio todopoderoso y aburrido tras un largo encierro, un detective al servicio de una súper IA que lo llama “sheriff”, un djinn adolescente que trafica con drogas, una coronel experta luchadora de artes marciales… todos arrastrados a una mundana historia de especulación inmobiliaria y corrupción económica, tráfico de personas y migración forzada, y otros problemas muy actuales e incómodos.

Grabado de gurjas como parte del ejército británico en India. Más información al respecto aquí

En El gurja y el Señor de los Martes, se deja en claro dos elementos: por un lado, el sincretismo cultural, porque tanto en Bangladesh, como en Nepal -lugar donde transcurre la obra-, colisionan dos culturas milenarias, la hindú y la china; por el otro, la burla contra las convenciones occidentales del género, por lo que no es casual, que toda la acción se desarrolle en la mítica ciudad de Katmandú convertida en una urbe tecnológica controlada por una justa, deshumanizada y perfecta súper inteligencia artificial llamada Karma.

La trama es una excusa para abordar algunos elementos de las actuales agendas políticas y económicas, incluso especulaciones que circulan en medios informativos de lo más diversos, a saber: los puntos kármicos, un sistema de castigo-recompensa que la IA que controla la ciudad impone a sus habitantes -y que bien podría ser el Sistema de Crédito Social chino tan especulado y satanizado en el occidente democrático; la benevolencia de Karma con los rebeldes del sistema huele a la Renta Básica Universal (el delirio de los futurólogos y del Foro de Davos); las ciudades con microclimas y altamente tecnológicas tienen rasgos difusos pero reconocibles del planteamiento de las ciudades de quince minutos; aparecen alimentos impresos, cerveza que no emborracha, justicia real e inmediata, dispositivos de control telepático, autoconformismo y cualquier otro delirio postmoderno, todo descrito con un sentido del humor que permite burlarse de los occidentales que pretenden huir hacia Oriente y abandonar la vida de consumo por paraísos terrenales pagados con criptomonedas o buenas acciones.

No es un libro largo, ni difícil de leer, pero sí es un libro interesante, en el que, más allá de una historia de aventuras con rasgos cómicos y predicciones prospectivas, también se plantean las preocupaciones filosóficas por un mundo amenazado por el cambio climático, el surgimiento y la fe ciega en tecnologías a las cuales cederemos el destino de la humanidad, y la pugna permanente entre tradición y progreso, entre pasado y futuro, entre identidad y globalización.

Representación de los djinns en el arte oriental. Información adicional (en inglés) para saber más

A su manera alegre, coloquial y casi despreocupada, esta novela recupera una de las principales virtudes de los géneros que mezcla: de la literatura fantástica nos ofrece lecciones morales (o amorales), y de la ciencia-ficción nos advierte sobre los peligros del progreso y cómo las sociedades se adaptan a los cambios, forzados o aceptados. Allí, los djinn representan las fuerzas de la naturaleza y la tradición, mientras que la ciber-utópica Katmandú y su soberana Karma son la fuerza del progreso y la tecnología; ambas son las fuerzas que buscan controlar el mundo, o al menos eso se supondría.

Sin lugar a duda, El gurja y el Señor de los Martes es un libro ameno, divertido y, sobre todo, diferente, que nos plantea un futuro a medio camino entre Occidente y Oriente, y que nos muestra el conflicto poco visibilizado de los avances tecnológicos: la adopción -forzada o no- de los cambios tecnológicos y la verdadera naturaleza de las utopías. También nos deja un mensaje optimista, o al menos eso pareciera: y es que sin importar cuánto avance el mal llamado progreso humano, o cuantos desastres climáticos o tecnológicos se nos venga encima, mientras existan humanos que no tengan fe ciega en las máquinas o los dioses, siempre habrá espacio para la magia, aun aquella cuyas consecuencias no sean las que uno espera.

NOTAS:

(1) Grupo étnico de Nepal, famosos por servir en el ejército británico y ser expertos en el manejo del kukri, un
cuchillo nepalí de combate.