Adrian Tchaikovsky es uno de los grandes de la literatura fantástica, y Linaje ancestral corrobora con creces esta afirmación. La novela desarrolla la Tercera Ley de Clarke y ofrece un desarrollo narrativo y de personajes estupendo. Tchaikovsky, muy bien traducido en la presente edición, demuestra además un manejo del lenguaje fluido, poliédrico, complejo. La fusión entre fantasía y ciencia-ficción casa perfectamente, y la novela palpita con firmeza desde su primera hasta su última página. Estamos ante un fulminante clásico instantáneo de ambos géneros.

Una de las propuestas más interesantes de la joven editorial española Red Key Books es la estupenda traducción al castellano, a cargo de Jesús Jiménez Cañadas, de la nueva novela corta del prolífico maestro británico Adrian Tchaikovsky (Lincolnshire, Inglaterra, 1972), Linaje ancestral (2023; publicada por primera vez en inglés en 2021 con el título de Elder race). Se trata de una historia que encuentra su eje en la exploración narrativa de la famosísima Tercera ley de Clarke, aquella que dice que “cualquier tecnología lo suficientemente avanzada es indistinguible de la magia”.

Para ello nos transporta a Sofos 4, una antigua colonia terrestre a la que el paso del tiempo y el intento de reiniciar nuevas sociedades humanas en nuevos mundos le ha borrado la memoria de sí misma casi por completo. Como testigo principal de los primeros tiempos sólo quedan en el acervo colectivo las historias, transformadas ahora en un popurrí de mitologías, leyendas y fantasías, de grandes líderes y de grandes batallas enfrentándose a grandes peligros y retos colectivos. Y como testigo secundario de todo ello, aparente superviviente al paso de las arenas del tiempo, está el misterioso Ancestro Nyrgoth, mago secular encerrado perennemente en su torre, tótem de un tiempo cada vez más lejano para los ignorantes habitantes de la colonia. El aparente mago no es otro que Nyr Illim Tevitch, antropólogo de segunda clase, miembro del Cuerpo de Exploradores de la Tierra, destinado a Sofos 4 con la misión de observar y atestiguar las pautas de desarrollo culturales de la sociedad que, siglos atrás, sus compañeros de misión decidieron erguir allí. Físicamente alejado de todo, pero siempre presente, es para los demás un mago de poder omnímodo, pero en verdad legitimado gracias al, para los habitantes totalmente desconocido, poder de la avanzada tecnología a su disposición.

Últimamente (y en este momento arranca la narración), sin embargo, los gobernantes del Reino de Lannesite ya no llaman a su puerta cuando una amenaza mortal se cierne por sus territorios. Tampoco llegan pomposos heraldos reales, ni se ponen a su disposición batallones o ejércitos enteros. Parece como si hicieran de menos la amenaza mientras que no llegue a las puertas de su reino. Sin embargo, no todos los miembros de la casa real piensan igual. La más discordante es la última hija del clan, la cuarta, Lynesse, quien, despreciada por su madre y preocupada por aquel al que llaman “el demonio”, decide arriesgarse a ir hasta la Torre del Ancestro e, invocando un antiguo pacto de éste con la legendaria reina Astresse, pedirle otra vez su ayuda.

En este punto, nos encontramos con una historia con cuatro capas: la del pasado remoto, origen de la colonia de Sofos 4 y base del destino actual de todo el planeta; la del pasado legendario, representado por la reina Astresse y la amenaza que antaño se ciñó sobre la comunidad -en la que sabemos que también tuvo un papel protagónico el ancestro Nyrgoth-; la del presente, en el que tenemos, sobre todo, la historia de desprecio e intento de reivindicación de Lynesse Cuarta Hija frente a su madre, acompañada de la troupe de los secundarios que le acompañarán en su aventura; y la del futuro inmediato, construida, primero, sobre la voluntad de Nyrgoth/Nyr de inmiscuirse o no en la propuesta de Lynesse, y después, cuando decide volver a inmiscuirse en el desarrollo del planeta, sobre el conocimiento que consiguen del “demonio” y sus planes y las posibilidades cambiantes de derrotarlo.

La historia se mueve muy hábilmente entre dos puntos de vista, los de Lynesse Cuarta Hija y Nyrgoth/Nyr, así como, también con sus distintivas voces narradoras, la voz omnisciente en tercera persona Lyn y la voz testigo en primera persona Nyr: de esta manera se nos ofrece una novela dinámica que pivota con increíble habilidad entre los pilares de la fantasía y de la ciencia-ficción. A medida que ambos personajes se entrelazan -y con ellos también interactúan las distintas capa de la historia- y establecen una relación, con “el demonio” como acicate, el diálogo sobre la fantasía y la ciencia-ficción pasa a convertirse en una originalísima reivindicación de lo humano sobre lo ideológico y de lo material sobre lo ideal.

Desde su humanismo materialista, se defiende aquí que la reivindicación de los arcanos de la magia o las capacidades de la técnica no son más que dos hijos del mismo idealismo. Un idealismo que, relegando lo humano a un segundo plano, bien sea por ignorancia bien sea por desconfianza, relega también la vida a ser una experiencia de segundo orden, desprovista de emociones y de conocimientos, vaciada de retos y de la búsqueda de soluciones. Frente a este vaciamiento existencial idealista, la novela nos ofrece dos personajes que, a medida que se van conociendo mutuamente, van exteriorizando también más claramente su conflicto interno, enfrentándolo y tomando decisiones conjuntamente. En este camino (¿alguien ha dicho bildungsroman?), cada vez de forma más clara, ambos acaban comprobando que la plenitud de sus vidas, y la solución al problema que representa “el demonio”, no está tanto en las soluciones externas que creían tener sino en aquellas soluciones propias que, constantemente, evitaban utilizar.

También tiene un rol protagonista el contexto y los personajes secundarios, reflejo de las consecuencias últimas de aquello que se intenta criticar. La indolencia de los gobernantes del Reino de Lannesite no es casual sino un reflejo de esa entrega a la solución externa, a que las cosas se solucionan solas o las solucionará ese factor externo cuando ya sea realmente grave o insostenible por su propia evolución. Mientras tanto, la vida sigue sin una dirección ni un sentido claro, como nos muestran también Esha Marca Libre o Allwer -la troupe de Lyn-, o la mismísima reina en su relación con su cuarta hija, a la desprecia no por otra cosa que por esa rebeldía ante el statu quo, ante el dolce fare niente que parecen adoptar los demás, aceptando su posición y realidad como firme, inevitable e inmutable.

En conclusión, el uso que Tchaikovsky hace de la Tercera Ley de Clarke en Linaje ancestral es de una originalidad absolutamente magistral, tanto en su integración en la historia como en su desarrollo a través de los dos personajes principales, o en su posterior transformación en un mensaje vitalista y cargado de optimismo. Además, en todo momento se nos demuestra un absoluto control de la trama, de los temas y subtemas así como de su desarrollo, de la evolución de los personajes y su personalidad y sus maleables conflictos internos. Lingüísticamente, el texto es una delicia, con cambios de estilo y de puntos de vista que no chocan en momento alguno, dejándonos una lectura fluida, rica en detalles y cautivadoramente hipnótica de principio a final.

Su naturaleza breve no la penaliza en absoluto. Es más, Tchaikovsky da muestra clara de dominar el formato, aprovechándolo a su favor para ofrecernos una novela corta, pero intensa, llena de giros y de matices, con personajes internamente ricos, con un desarrollo coherente, y con un mensaje interno complejo con distintas capas de lectura. Una de esas novelas cortas que, en cuanto se lee, se sabe que será un clásico prácticamente instantáneo.