Kenji Tsuruta es un nombre desconocido para muchos. Sus obras, a caballo entre la hibridez texto-imagen del manga y la pintura, transportan al lector a mundos donde la ciencia-ficción cohabita con el realismo del día a día. Siempre con la mujer libre de ataduras como protagonista, Tsuruta explora en su escasa bibliografía temas como el nudismo, la memoria, la paradoja de la existencia, el nimio rol del ser humano en el cosmos o la introspección individual. Con imágenes elevadas a la cualidad de cuadros pictóricos, sus mangas nos invitan a vivir el momento y reflexionar sobre nuestro presente para habitar el futuro en una piel más cómoda.

Kenji Tsuruta, mangaka apasionado

El manga goza actualmente de una salud envidiable. Si bien es un medio muchas veces dominado por un espíritu juvenil y varios problemas de género arraigados en la cultura japonesa -motivos que dejan atrás a una demografía adulta-, cada vez existen más autores capaces de superar esa barrera y atraer el lector adulto con obras profundas y maduras. Nombres como Naoki Urasawa (20th Century Boys, Monster), Ai Yazawa (Nana, Paradise Kiss), Inio Asano (Solanin; Buenas noches, Punpun) o Jirô Taniguchi (La cumbre de los dioses, El gourmet solitario) no son nuevos; todos ellos se adscriben a esa corriente de pensamiento que considera el manga como un medio ideal para transmitir sus historias, sus dudas y miedos, sus pasiones.

El mangaka que hoy nos ocupa, Kenji Tsuruta, es un autor apasionado. Nacido en 1961, en la ciudad de Hamamatsu (Prefectura de Shizuoka), Tsuruta siempre ha sentido un interés particular por la ciencia-ficción y la paradoja de la existencia humana. Como lector asiduo de Yukinobu Hoshino y Tetsuya Chiba, uno mangaka de ciencia-ficción y el otro asentado en la realidad de los deportes terrestres, era de esperar que desarrollara un interés tan cercano y lejano al mismo tiempo por la realidad que rodea a nuestra especie. Entre sus cientos de páginas, se desprende una fascinación por el rol que representa el ser humano en el cosmos. Éste provee una Naturaleza plagada de misterios mientras que aquél trata de desentrañarlos en una relación, muchas veces, unidireccional. ¿Cómo encajamos, al fin y al cabo, en un mundo que nos queda pequeño? Para Tsuruta hemos nacido demasiado tarde para explorar los océanos y demasiado pronto para descubrir las estrellas, pero también en el momento preciso para fascinarnos ante ambos.

La obra de Tsuruta, si bien se remonta a los ochenta, apenas consta de una decena de volúmenes. Es, junto con lo descatalogado de sus pocas traducciones al español e inglés, la razón por la que su nombre resultará desconocido para muchos. Es un autor poco asiduo, que trabaja sin ayudantes (una rara avis en el medio) y dedica meses a un solo capítulo de 20 páginas. Tiende a dejar inacabadas sus obras, ha sufrido recientemente la cancelación de su magnum opus (la serie Emanon) y su estilo de escritura se recubre de una coraza difícil de penetrar. Sin embargo, una vez dentro de su universo, empaparse de la profunda melancolía que recorre sus claroscuros y preciosas acuarelas se convierte en una consecuencia ineludible.

Ilustrador de corazón, Tsuruta no emplea sus obras tanto para contar una historia como para transmitir las emociones de las mejores pinturas. Su trazo es reconocible, una compleja mezcolanza de estilo esbozado y pasión por los detalles, esto último presente en todas las secciones paisajísticas. Domina el claroscuro y, en las secciones a color, demuestra un conocimiento elevado de la acuarela. Emplea distintos tonos del mismo color para dar cuerpo a cielos, mares y ropajes, con clara preferencia por el melancólico azul. Los rostros escapan de los clásicos ojos grandes del manganime para, al modo de Naoki Urasawa o Jirô Taniguchi, aproximarse al realismo. Los rasgos occidentales de la mayoría de sus personajes acentúan este hecho; en lugar de la expresividad exacerbada del medio, Tsuruta fija su atención en las sutilezas del rostro humano, donde una mirada abarca un rango de emociones diverso, reflejo de las vivencias y su complejo entramado sentimental.

El azul del mar refleja la melancolía de unos personajes solitarios, de miradas perdidas y rumbo incierto (ilustración de Emanon)

Tópicos principales de su obra

En esta introducción a la bibliografía de Tsuruta, dispuesta con el objetivo de introducir a nuevos lectores a una obra atípica, observaremos la evolución del autor desde su primera creación narrativa hasta la más reciente. El repaso cronológico permitirá explorar la madurez de un escritor iterativo con respecto a sus temas protagonistas. Para esto último, es requisito establecer los tres tópicos usuales en la bibliografía del autor:

  1. La fascinación por el mundo. Tsuruta es, primero, un apasionado de los engranajes, las tuercas y el vapor, y, después, de la rutinaria existencia humana. Así, sus diégesis siempre presentan un tipo de ciencia-ficción cotidiana donde la vida sigue su curso como en nuestro mundo, pero con un elemento tecnológico diferenciador. En ocasiones, son ligeros toques de steampunk; en otras, un ser o fenómeno científicamente inexplicable, cuando no directamente historias en el espacio lejano. Tsuruta aúna la comodidad del día a día con la fascinación por lo que reside más allá de la rutina, los pequeños despuntes vitales que dan sentido a la existencia.
  2. El tono melancólico. Si bien no todas las obras del autor expresan del mismo modo esa melancolía, todas presentan a protagonistas femeninas descontentas con su vida, deseosas de nuevas experiencias que jamás llegan o, simplemente, incapaces de alcanzar sus objetivos. A veces, por imposibilidades de la tecnología del momento; las más de las veces, por deseos que se oponen entre sí como símbolo de la paradoja humana.
  3. La mujer libre, desapegada. Todas las obras de Tsuruta, sin excepción, tienen como protagonista o foco a una mujer. La “mujer Tsuruta” es una veinteañera (muy ocasionalmente, treintañera) con espíritu aventurero, nómada y, por tanto, siempre desapegada de cualquier relación espacial o humana. Cuando tienen pareja, nunca es un vínculo estrecho, sino más bien un hilo tensado, al límite de la ruptura. Tan solo se encuentran unidas a sus gatos, no tanto mascotas como compañeros, símbolos de libertad paralelos a sus protagonistas. Las mujeres de Tsuruta son libres en sus decisiones, contraculturales, y expresan esa libertad a través de rasgos estereotípicamente masculinos: posición sentada de piernas abiertas, rudeza en el trato, emociones reprimidas y, sobre todo, una expresión del cuerpo sin filtros. El autor retrata a la mujer con una belleza natural en el desnudo; muchas de sus protagonistas son nudistas, mujeres que encuentran comodidad en la desnudez. Es una extensión de sus actitudes contraculturales: la ropa les resulta un constructo social y, por tanto, lo rechazan cuando se les presenta la oportunidad. Generalmente, esta desnudez se da en espacios naturales, pues las mujeres de Tsuruta establecen su relación con el mundo a través del contacto de la piel con los elementos de los que provee la Naturaleza.

No debería sorprender al lector iniciado en la obra de Tsuruta encontrar constantes iteraciones sobre estos tres tópicos. A su modo, es posible argüir que todas sus obras son la misma con distintas variaciones. Paradójicamente —como tanto gusta al autor—, cada una provoca una sensación tan familiar como ajena, la comodidad de los lugares comunes del autor aunada con formas novedosas de representarlos.

Los primeros pasos: Spirit of Wonder y Forget-me-not

La considerada como primera obra del autor, Spirit of Wonder (1986-1994)[1], es una compilación de varias historias cortas que ha recibido traducciones a varios idiomas, entre ellos el español de la mano de la desaparecida Glénat en una edición de tres tomos que llegan casi a 400 páginas totales.

Sólo el título de Spirit of Wonder ya expresa la pasión de Tsuruta por la ciencia-ficción. Es una referencia cruzada entre el Spirit of Saint Louis, avión que realizó el primer trayecto transatlántico (de París a Nueva York) sin escalas, y el término inglés “wonder”, traducible por “fascinación” o “asombro”. Todas las historias de la obra comparten un esquema semejante y relativo al título: una mujer corriente (en una Estados Unidos de los años cincuenta) con un pariente científico de avanzada edad se ve inmersa en los grandilocuentes planes de este último por alcanzar espacios fascinantes para el ser humano por su lejanía: la Luna, Marte, Alfa Centauri, las profundidades del océano… La mujer, inicialmente reticente, termina rememorando con nostalgia el evento, fascinada ante un mundo nuevo, vasto y maravilloso. Incluso cuando la propia mujer es científica (es el caso de Windy Lindoverberg, protagonista de dos historias de “El club de los jóvenes científicos”), no siente ningún interés por la inmensidad del universo hasta el encontronazo con el experimento de turno. Ocasionalmente, la protagonista es producto de estos experimentos: la ginoide Alice (“Iremos a la luna una noche de luna llena”), la muñeca móvil de “Pequeña melancolía” y la clon Natsuko (“El doctor Omaezaki y la clonación humana”) son prueba de ello.

La mayoría de estas historias giran alrededor de conceptos todavía no probados por la ciencia moderna. La teoría de la corriente etérea, el teletransporte instantáneo como propulsión a chorro, reflectores de espaciotiempo, criogenización, máquinas del tiempo o el viaje rápido a través del principio de proporción, son algunos de los conceptos manejados por Tsuruta para llevar sus historias a terrenos inexplorados por el ser humano. Como decía en la introducción al autor, su ciencia-ficción cohabita con la rutina diaria. Así, las protagonistas de estas historias sienten un apego hacia sus parejas (“Marsy del país del tiempo”, “El club de los jóvenes científicos”, las historias de Miss China), familiares (“Pídeles un deseo a las estrellas”) o tierras natales (la dupla “Un gran y maravilloso universo” y “Oh, brisa marina, si el destino lo quiere, volveremos a vernos”, donde el autor filtra su amor por el lugar donde nació, Hamamatsu) que las hacen volver siempre a la comodidad de la Tierra con algún ligero cambio de perspectiva. Las más de las veces, los inventos de los científicos no salen como esperaban, pero el simple acercamiento a un entendimiento mayor del cosmos sirve para provocar un cambio en ellos.

La fascinación por el espacio y los inventos tecnológicos son la pasión de Tsuruta en esta época de su carrera

El tercer volumen de la edición española comprende, quizás, los episodios más interesantes en la trayectoria de Tsuruta hasta el momento. Su protagonista es siempre la misma, Miss China, y su forma de ser choca frontalmente con las anteriores protagonistas desde su misma nacionalidad. Todavía retiene cualidades como el apego (en menor medida) por su novio Jim y su hogar, pero comienza a acercarse a la configuración de la “mujer Tsuruta” a través de actitudes violentas, frías y bruscas, con despuntes de feminidad en su trato con Jim. Destaca especialmente una melancolía asociada al amor, donde sus deseos por tener una relación estable contrastan con la banalidad de pedir un deseo a una estrella fugaz. Existe también un cierto halo de leyenda urbana alrededor de Miss China que ya no enfoca la fascinación en el cosmos, sino en el individuo.

A pesar del interés que despiertan los tópicos y la evolución de Tsuruta, es innegable que Spirit of Wonder es también representante del peor defecto del autor: sus guiones. La mayoría de historias contenidas en los tres volúmenes son confusas de seguir, poco satisfactorias en sus conclusiones argumentales y con un ritmo en ocasiones desarticulado. Confirma la, hasta cierto punto, adecuada afirmación de que a Tsuruta no se lo lee tanto como se lo observa desde un punto de vista artístico. Así sucede también en su siguiente obra: Forget-me-not (Glénat, 2003)[2].

El tomo único de Forget-me-not abarca, pues, un argumento tan complejo como confuso para el lector, pero envuelto de los mejores tópicos de Tsuruta. La premisa, esta vez continua, guarda mayor interés que Spirit of Wonder: Mariel Imari es una veinteañera heredera de una gran fortuna en Venecia, pero cuyo padre dejó antes de morir una condición para recibir la herencia: descubrir el misterio que se esconde entre los cuadros de su mansión. Mariel es una mujer sin trabajo que, por su incapacidad de desentrañar el acertijo, trata de ganarse el pan tocando la guitarra en las calles de Venecia y aceptando encargos como detective privada. A su vez, trata de descubrir el misterio de un ladrón de cuadros, Vecchio, que cree estrechamente relacionado con el acertijo de la mansión.

El espacio y premisa de Forget-me-not permiten a Tsuruta encontrar por fin su estilo. Las calles de Venecia aportan un tono occidental, y sus canales son tan festivos como melancólicos. El mar es un reflejo de la soledad de Mariel y su naturaleza cambiante. El dibujo se encuentra más definido que en Spirit of Wonder, con un profundo trabajo de documentación previo para retratar la ciudad de Venecia. Mariel es, por primera vez, una “mujer Tsuruta” de pleno. Tiene un romance desapegado con un veneciano de nombre Beppo, fuma, vagabundea por las calles y su actitud es solitaria, pero también juguetona, tan libre como su gato. Habla sola, toca la guitarra cuando le apetece y besa a la criada de la mansión de su padre (al mismo tiempo, su cuidadora) para acallar sus quejas sobre su desnudez constante. Esta libertad actitudinal tiene, pues un correlato con la libertad corporal: explora la mansión de su padre vestida únicamente con unas bragas y duerme y vive sin ropa en su chabola. Incluso las hermanas de Mariel se sienten libres: la presentación de la hermana mayor, Marin, es una fotografía en un periódico donde aparece saludando a cámara con una camiseta mojada y ningún sujetador, pero tampoco vergüenza. De igual modo, la reunión de Mariel con sus hermanas lleva a que la desnuden y realicen una sesión de fotos, pero, como resulta común en la bibliografía de Tsuruta, la desnudez de Mariel se representa de manera natural, sin lascivia ni sexualización; es una extensión de su forma de ser por la que no siente ni orgullo ni vergüenza.

Forget-me-not transporta al lector a un espacio quizás desconocido, pero familiar a través de una protagonista desenfadada y unas historias tan sencillas como amables. Al final del volumen, el argumento no llega a ningún clímax, pero tampoco parece necesitarlo: las últimas páginas son una constatación de la existencia de Mariel como individuo en un lugar mayor que ella, cuyos misterios parecen tan imposibles de desentrañar como la propia mansión. Sin embargo, Mariel no está preocupada; solo vive su vida de la forma que desea.

Los canales y edificios de Venecia se representan con colores vivos y festivos, al gusto de un artista eminentemente pictórico (última página de Forget-me-not)

Entre 2010 y 2014, Tsuruta publicó un volumen ambientado en el mismo espacio que Forget-me-not: La Pomme Prissonière (ポム・プリゾニエール), sólo traducida al italiano y francés. En el tomo, menos reseñable que los anteriores, Tsuruta comienza a emplear un estilo de relatos de menos de 10 páginas sin diálogo donde la protagonista mezcla la rutina del día a día con sus deseos de aventura, algo que expandirá en obras posteriores. Así, en un tono surrealista, Mariel explora unas vías de tren infinitas, se hace reina de los gatos de Venecia y conoce a una mujer prácticamente igual a ella entre la niebla. Al mismo tiempo, vive episodios tan comunes como una cita con su novio Beppo, juegos con su gato o una llamada telefónica en plena ola de calor. Este es, sin duda, el volumen más controvertido de Tsuruta. Por una parte, reitera la desnudez de Mariel como una extensión de su forma de ser y aprovecha los espacios surrealistas para alegar en favor del nudismo. Mariel puede caminar por las calles de Venecia sin ropa y nadar al desnudo completamente segura. El encuentro con su doble implica una libertad compartida a través del desnudo y la página final muestra a una Mariel que acepta su propio cuerpo y se deshace contenta de sus ropas en pleno pasillo antes de entrar en la casa de Beppo. Por otra parte, algunos de los episodios pueden verse como un ejercicio de mirada masculina de Tsuruta donde da rienda suelta a un posible fetiche. Este caso únicamente se da con una o dos páginas especialmente problemáticas en el uso del matatabi, una planta que atrae a felinos y, quizás, repele a muchos lectores en su inclusión ligeramente sexual dentro de la obra.

En La Pomme Prisonnière, Tsuruta retrata la libertad femenina a través del cuerpo, desde una mirada que surge antes del interior del personaje que de la masculinidad del autor (ilustración de La Pomme Prisonnière)

 

La época de madurez: Emanon y Wandering Island

Entre la publicación de Forget-me-not y La Pomme Prissonière, Tsuruta publicó una historia corta en tributo a la novela Japan Sinks. El hundimiento de Japón, en la antología descatalogada y sin traducción Nippon Furusato Chinbotsu (日本ふるさと沈没) (2006), donde la clásica “mujer Tsuruta” se desinhibe del hundimiento de una isla de Japón en una relación sexual con un hombre que acaba de conocer. Es, a pesar de lo trágico de la situación, un canto a la vida y una reiteración del carpe diem usual en Tsuruta. En el mismo año de publicación, el autor comenzaría su obra magna: la adaptación al manga de la serie de novelas Emanon, escritas por Shinji Kajio. Estas relatan las vivencias de Emanon, una mujer sin nombre (Emanon es “noname” al revés) ni edad que vagabundea por el mundo desde hace milenios y contiene en su haber todos los recuerdos de la vida humana. Cada novela abarca un arco narrativo y comprende varias épocas. A través de un ejercicio de asimilación y reconstrucción, Tsuruta hace de su Emanon una historia continua, cuya narración comienza en 1967 y avanza cronológicamente, con varias tramas abiertas de distintas novelas al mismo tiempo.

Las dos series principales de Emanon, licenciadas en España por la editorial Ponent Mon, son Emanon recuerdos (おもいでエマノン, Omoide Emanon) (2006-2008), compilada en un solo tomo, y Emanon vagabunda (さすらいエマノン, Sasurai Emanon) (2008-2017), compilada en tres tomos de los cuales hay publicados dos en español. A pesar de su cancelación por parte de la editorial japonesa, esta se puede considerar la mayor y mejor obra de Tsuruta. Al basar su argumento en novelas de otro autor y tratarse de una obra de madurez, el guion es notablemente superior a mangas anteriores. Emanon es una exploración de la memoria como base de la existencia humana; nos cuestiona tanto como da un propósito a lo efímero de nuestras vidas. Se trata de una historia filosófica, melancólica, integradora de la consciencia humana en su totalidad y, a su vez, cíclica. Su protagonista es una “mujer Tsuruta” completamente naturalizada: su actitud fría y solitaria nace de su condición como ser inmortal, y su desnudez es, más que nunca, una extensión de su compleja relación con la Naturaleza. Del mismo modo, como obra cumbre del autor, el dibujo representa la melancolía de Emanon a través de técnicas estilísticas como el Ma (間), un espacio negativo donde el vacío en el paisaje da valor a la figura que en él se encuentre tanto como la figura da valor al espacio donde se encuentra.

La Emanon de Tsuruta es una obra de profundas implicaciones filosóficas y gran calado emocional, además de la consagración del autor en todos sus tópicos. Por ello, recomendamos su lectura en vistas de un futuro artículo donde exploremos en detalle la complejidad hilvanada entre sus páginas.

Volviendo a la línea cronológica, Kenji Tsuruta publicó en paralelo a Emanon una obra más acorde al espíritu de aventuras de Spirit of Wonder, pero igualmente cercana a la madurez narrativa y artística de la vagabunda inmortal. Así, en 2010 y hasta la actualidad, Tsuruta ha trabajado en Wandering Island (冒険エレキテ島, Bôken Elektriciteit-tô), por ahora de dos volúmenes sin traducción española. Solo con su protagonista, Mikura, uno ya puede observar el curioso alejamiento de los tropos del autor. Mikura no es exactamente una mujer Tsuruta. Conserva su melancolía, su soledad y su libertad, pero no el correlato físico de esta ni las ataduras al hogar y pareja. En Wandering Island, Tsuruta vuelve a la primera historia de Spirit of Wonder: en la isla de Izu Ôshima (Japón), la aviadora mensajera Mikura, de manera similar a la Maiko de aquella historia, descubre tras la muerte de su padre que este le ha dejado unos diarios sobre una isla misteriosa que aparece y desaparece. En los diarios se indica vagamente la trayectoria de esta isla y entradas escritas en el futuro, todo ello apuntando a un objetivo: que Mikura entregue un paquete a la isla. Ello llevará a dos historias continuas: primero, la dedicación total de Mikura por encontrar la isla a costa de su trabajo, su hogar (que termina siendo su propia avioneta) y su vida anterior, con su gato Endeavour (traducible por “esfuerzo” o “empeño”, correlato de la búsqueda incesante de Mikura) como único recuerdo de ella; segundo, una vez llegada a la isla, la exploración de esta y sus habitantes con tal de desentrañar el misterio que parece esconder.

Wandering Island es una obra que abarca la aventura desde un punto de vista introspectivo. Poco queda ya del ambiente festivo de Spirit of Wonder. Aquí, el viaje de Mikura es obsesivo y meditativo, donde la ausencia casi total de diálogos pone en valor el silencio, la melancolía de las viñetas de Tsuruta. Siempre impertérrita ante lo extraordinario, Mikura es una protagonista ideal para potenciar la soledad que se desprende de cada página. Sin embargo, no es una soledad apesadumbrada, pues hay tanto sufrimiento inherente al encuentro de una isla que rechaza extranjeros como fascinación por un espacio fuera de la rutina. Esta obra de Tsuruta demuestra, en dos tomos, la madurez que ha adquirido como narrador; consciente de sus habilidades con el guion, decide confiar toda la carga emocional de sus personajes e historia a su magistral trabajo de ilustración. Jamás habían sido tan detallados sus paisajes, tan exhaustiva su investigación sobre avionetas, tan experto su trazo.

Mikura tan solo necesita un gato y una avioneta para sumergirse en el interior de sí misma en busca de una isla en mitad del océano (ilustración de Wandering Island, Volumen 1)

 

La actualidad de Kenji Tsuruta: Captain Momo’s Secret Base

Si bien Wandering Island sigue en publicación, no hay fecha prevista para un tercer volumen ni manera de localizar más capítulos. La obra a la que parece dedicarse actualmente Tsuruta es Captain Momo’s Secret Base (モモ艦長の秘密基地, Momo Kanchou no Himitsu Kichi), una historia de capítulos de ocho páginas publicados de manera trimestral y con futura publicación inglesa en 2024. El trabajo del autor es, como resulta habitual, lento y calculado, pero siempre constante. A sus 62 años, Tsuruta sigue iterando sobre sus mismos tropos con curiosas variaciones, esta vez conectando su interés por la ciencia-ficción rutinaria con la belleza del cuerpo femenino y el estilo de aventuras cómicas patente en La Pomme Prisonnière. Y, como aquel tomo, esta nueva serie es desenfadada: en el año 3019, los viajes al espacio no son sólo posibles, sino también métodos de transporte planetario. Momo, apodada Péche de Vigne, es dueña de la nave de transporte Bleu Châteu. Junto con su gato Old John, Momo debe realizar un viaje de 500 días para transportar una serie de mercancías mientras gestiona la electricidad para no quedar varada. A pesar de la tensión inherente, el tono general es distendido. Momo emplea un microondas recreador para duplicar objetos e inventar artilugios con los que pasar el rato en mitad del largo trayecto. Es supervisada (muy) periódicamente por su jefa, cuyas rigurosas inspecciones apenas son un entretenimiento para Momo.

La nueva obra de Tsuruta contiene todos los tropos de su obra, incluyendo a la “mujer Tsuruta”. Momo es, a efectos prácticos, una versión espacial de Mariel con una ventaja añadida a su expresión corporal: en la soledad de su nave espacial, no existe reglamento que pueda coartar su libertad. Momo siente la liberación de su cuerpo como una extensión de su actitud y, por ello, pasa los días en la Bleu Châteu completamente desnuda, sin preocupaciones ni vigilancia. Una vez más, Tsuruta retrata el cuerpo femenino desde la naturalidad y el respeto, si bien algún ángulo en el dibujo puede resultar disonantemente sexualizador.

Tsuruta expresa el cuerpo femenino al natural, bello por sí mismo al librarse de las convenciones pudorosas de la sociedad humana, todavía presentes en el futuro. Momo es libre y agente de su propio cuerpo (ilustración de Captain Momo’s Secret Base)

Mientras que Wandering Island demostraba un entendimiento por parte de Tsuruta acerca del poder de la imagen, Captain Momo’s Secret Base hace lo propio con el argumento. La premisa es tan sencilla que la única tensión existente es la posibilidad remota de que la nave pierda demasiada energía. Tsuruta invita al lector a sumergirse en el ambiente de soledad gozosa de Momo, de disfrutar de las pequeñas aventuras que surgen en su nave y alejarse del mundanal ruido.

Una existencia, una paradoja

Volvamos al inicio. Kenji Tsuruta es un autor apasionado. Apasionado por la vastedad del cosmos, por la existencia humana, por la rutina del día a día, por los avances tecnológicos. También es un apasionado de la ilustración, las culturas occidentales y el cuerpo femenino. Pero, en su mirada al arte, sólo hay espacio para la soledad. Todas las protagonistas de Tsuruta son melancólicas y nunca obtienen lo que desean. Paradójicamente, tampoco viven una tristeza constante. Como retrato vital, las obras del mangaka son positivistas, siempre dominadas por la paradoja humana: una pulsión irrefrenable por descubrir el mundo y un anhelo de mantener el espacio individual inmutable. Mariel quiere heredar la fortuna de su padre, pero también vivir sin las responsabilidades de la vida aristócrata. Emanon siente el vagabundeo como una parte inseparable de su ser y, al tiempo, daría cualquier cosa con tal de vivir una vida humana normal. También Mikura daría cualquier cosa a cambio de encontrar la isla, pero, una vez allí, no puede hacer más que seguir explorando sin un propósito real. Y Momo, aun contenta con su libertad, sabe que el viaje es largo, duradero y tremendamente aburrido; sólo su gato y la máquina recreadora le brindan algo de entretenimiento.

En su complejo examen de los entresijos del alma humana, Tsuruta nos descubre como paradojas andantes, vagabundos sin rumbo, pero con propósito vital. En toda su obra subyace un mensaje inherente, aquel que se explicita en Emanon: vivamos, creemos recuerdos nuevos y sustituyamos así el tedio de vivir. Que cada uno busque su camino: explorar más allá del universo conocido, descubrir las bondades de la Naturaleza, inquirir en sus misterios o, simplemente, buscar en el interior de cada uno de nosotros.

NOTAS:

[1] SF Meibutsu – Shoku sakuhin-shû (“Lo mejor de la ci-fi – Recopilación de historias previas”), a pesar de ser publicada en 1997, es una compilación de historias anteriores a Spirit of Wonder. Desgraciadamente, no existe ninguna traducción oficial y, por tanto, su lectura está limitada únicamente a aquellos avezados en la lengua nipona con la suerte de haber adquirido un tomo, además, descatalogado.

[2] Entre 2001 y 2002 publicó un tomo en paralelo al anime del estudio Gainax Abenobashi Mahô Shôtengai, del que fue diseñador de personajes, pero el tomo homónimo se encuentra actualmente descatalogado y tan solo en japonés.