En Synco, de Jorge Baradit, el golpe de estado contra Allende fue neutralizado por el mismísimo Pinochet, que se convierte en fiel aliado del presidente socialista. Además, Chile logra ponerse a la vanguardia cibernética mundial al desarrollar «Synco», máquina de escenarios prospectivos en economía, defensa y otros temas estratégicos, mecanismo de felicidad de un pueblo y, a la vez, herramienta de control. La ficción se vuelve sorprendente cuando se descubre que efectivamente existió un proyecto Synco en Chile, que la dictadura pinochetista truncó.

La mayoría de las imágenes publicadas en este artículo, junto con sus pies correspondientes, pertenecen a la propia novela, y se han extraído de la edición reseñada

La ciencia-ficción, como rama de la literatura, está viviendo un proceso de revalorización: en sus historias hoy más o menos ficticias, los entusiastas del futuro y actores claves de la tecnología y política global han identificado semillas de futuros, como esos inventos que hace cincuenta años parecían un absurdo, y que ahora constituyen la vida cotidiana de cualquier persona ya sea en Nueva York, Delhi o México. Desviando un poco la mirada del mainstream de la ciencia-ficción, surgen propuestas interesantes que vienen desde las fábulas de Stanislaw Lem, la ciencia-ficción soviética y rusa, el afrofuturismo de Octavia Butler, o las voces que surgen en África, Asia (China y Japón) y Latinoamérica.

En este mundo de distintas visiones sobre las posibilidades la literatura especulativa, surge la obra del chileno Jorge Baradit (Valparaíso, 1969), quien imagina una utopía cibernética que tiene como punto central el Chile de la década de los 60s. En su novela Synco (2008, Ediciones B), nos ofrece un mundo donde el funesto Golpe de Estado contra Salvador Allende nunca se concretó, y por tanto se pudo instalar plenamente el primer gobierno socialista democráticamente electo de América Latina, con la inesperada anuencia, apoyo y vigilancia de un Augusto Pinochet que se vuelve incondicional de Allende.

La línea de tiempo se bifurca, respecto a la nuestra, a partir del 11 de septiembre de 1963, porque la conspiración que buscaba derrocar al presidente fue truncada por una facción de las fuerzas armadas comprometidas con la democracia y que, bajo las órdenes de Pinochet, salva la democracia, en lugar de truncarla, como sucede en nuestra línea temporal. A partir de ese momento, seguimos a la protagonista, hija de un ex militar que se vio emocional y políticamente afectado por esos sucesos, y que por tanto se exilia en la conservadora Venezuela. Es ella quien a lo largo del libro se va involucrando más y más en lo que se denomina el “milagro chileno”, el portento tecnológico que la revolución democrática de Allende y Pinochet pretende regalar al mundo: el «Proyecto Cybersyn» (Cybernetic Synergy), comúnmente conocido como «Synco».

En líneas generales, «Synco» sería el Internet y el Big Data inventando en Chile, y previo a nuestro Internet. Pero más concienzudamente, es la herramienta para instaurar un gobierno ciber-bolivariano que guiaría por el mejor camino no sólo a Chile, sino a todos los países amigos; «Synco» es Wikipedia, pero también es una máquina de escenarios prospectivos en economía, defensa y otros temas estratégicos; «Synco» es el mecanismo de la felicidad de un pueblo liberado y digno, y también herramienta de control del gobierno, mediante el cual puede identificar cualquier forma de disidencia, inconformidad, cualquier amenaza. Todos los ciudadanos deben contarle a «Synco» cómo se sienten, qué piensan, anhelan o temen, para que «Synco» pueda ayudarles y mejorar todo.

La protagonista se interna en ese Chile retrofuturista, donde todos hablan de Allende como un salvador y de Pinochet como su acólito, y donde todo el mundo parece estar absolutamente conforme con la situación. Sin embargo, en la medida que la protagonista reflexiona sobre su pasado y su condición doblemente extranjera, en un país que discrepa de lo descrito por su padre, y donde todo parece funcionar de una manera mecánica, o mejor dicho, computarizada, se descubre que bajo la pulcra perfección del gobierno dirigido por «Synco» existen diversas subtramas, conspiraciones y proyectos increíbles, por su ejecución y sus objetivos.

Esta ucronía cibernética, naturalmente, adquiere diversas dimensiones, ya que como suele suceder con la tecnología, en algún punto se vuelve indistinguible de la magia, y en medio de la tecnocracia y los expertos en cibernética, surgen tecnochamanes o gurúes del ciberespacio, que pretenden conciliar creencias tradicionales con las visiones de un futuro de silicio, cobre y plástico.

En una trama que combina tecnología y prácticas esotéricas se desarrolla una interesante conspiración política, que, aunque inverosímil actualmente, en la década de los sesenta pudo ser posible, y que incluso podría validar cualquier teoría conspiranoica de los foros de internet más radicales, y que tiene su mejor ejemplo en el Comandante Proxy, que encarna el anhelo mesiánico de un redentor, un héroe civilizador, un salvador del pueblo y para el pueblo. Pero Synco es un ejercicio de imaginación magníficamente logrado, en el que Baradit logra no sólo visualizar un mundo donde Chile sería la punta de lanza tecnológica, sino que también logra sorprender al lector atento y entusiasta al revelar que «Synco» realmente existió.

En una de las aventuras cibernéticas más inesperadas, en el Chile de los sesenta, se estaba desarrollando el «Proyecto Cybersyn», que inicialmente sería utilizado para análisis y proyecciones económicas, como un temprano ensayo de las inteligencias artificiales, los modelos o simulaciones con macrodato, y otras fórmulas tecno-alquímicas, y en el que todas las empresas bajo control estatal alimentarían un cerebro electrónico que gestionaría con mayor eficiencia los recursos del país. Toda esa visión prospectiva se vio truncada por el golpe de estado y la dictadura posterior.

Resulta más sorprendente no sólo que «Synco» fuese real, o pudo serlo, sino que algunos personajes de la novela de Baradit existieron y participaron en dicho proyecto, confiriéndole a todo el libro ese aspecto sorprendente, fantástico pero insólito, que remite a las Vidas Imaginarias de Marcel Schwob o a la Historia Universal de la Infamia de Borges. La novela también sugiere que la intención de utilizar el «Cybersyn» como herramienta de control social, o al menos de gestión sociopolítica, pudo ser real.

El mecanismo creativo de falsificación, ampliación, reinterpretación y sobre todo, imaginación de lo que pudo ser, logra crear una novela de ciencia-ficción, que, aunque sostiene elementos comunes a las distopías más conocidas, también le imprime elementos tan propios de la idiosincrasia no sólo de Sudamérica, sino de los gobiernos socialistas: Baradit crea los G.A.P. (Grupo de Amigos del Presidente), la guardia pretoriana de Allende: aunque suenen amistosos, encubren a un grupo de élite de corte sectario, incluso delirante.

En Synco el lector fluctúa en distintas dimensiones: la real de la novela, la posible de nuestra línea temporal, la inverosímil de los proyectos descritos en la ficción, la potencial de los proyectos que Chile tuvo para el «Cybersyn», y sobre todo, la extraña certeza de que todo el mundo que hoy conocemos y aceptamos como el inalterable statu quo, en realidad pudo iniciar desde otro ángulo.

La novela, pese a su notable argumento, la improbable fuente real del elemento central y los bien logrados ejercicios narrativos, por momentos se pierde en derivaciones, así como incorpora elementos que no aportan al desarrollo, y que sólo permiten apenas acentuar momentos de tensión, miedo o incomodidad. Asimismo, el lector se queda con la sensación de que el autor pudo -o debió- desarrollar más la historia y que lo leído no es suficiente, o no es todo lo que se pudo contar.

Synco de Jorge Baradit es una novela agradable, interesante y sorprendente, que no deja de padecer las limitaciones de un género marginalmente desarrollado en América Latina, con constantes críticas a las realidades inmediatas o una pesadumbre por algún pasado digno, la influencia de la ciencia-ficción estadounidense (incluso en los nombres de personajes), así como un débil desarrollo de detalles tecnológicos y técnicos que le dan rigurosidad científica. Con todos sus fallos, es un libro que vale la pena leer y que representa un esfuerzo notable de la ciencia-ficción del continente. Inevitablemente, además, cuando uno descubre que parte de esa cuasi utopía fue casi real, siente el deseo de averiguar más sobre «Synco», sobre «Cybersyin», o preguntarse: «¿y si…?», e imaginar así desde otra perspectiva cualquier variación de nuestro mundo, de nuestra línea de tiempo, de nuestra mal llamada realidad.