Este 22 de agosto se cumplen cien años desde que el cohete de uno de los mejores escritores del siglo XX, Ray Bradbury, llegó a la Tierra. Aprovechando este acontecimiento, la editorial Minotauro ha decidido recuperar y publicar varias de las obras tristemente descatalogadas del autor en nuestro país, y que formarán parte de la Biblioteca Ray Bradbury, al igual que Ahora y siempre, un volumen que recoge dos novelas cortas: “En algún lugar toca la banda” y “Leviatán 99”.

Ray Bradbury en su despacho. Imagen de archivo, fuente no determinada

Salvo que en el texto se indique lo contrario, la última edición en castellano de las obras mencionadas en este artículo es 2020.


“Uno se da cuenta de que algunas historias, ya sean relatos, novelas cortas o novelas, se escriben como resultado de un único impulso, claro e inmediato. Otras se desgajan a partir de varios hechos a lo largo de la vida y se unen mucho más tarde para crear un conjunto“, comenta Ray Bradbury en el prefacio de “En algún lugar toca la banda”, primero de los dos relatos que componen Ahora y siempre (edición original de 2007; Minotauro, 2020), y esta idea nos ayuda a captar la magia con la que Bradbury dotó al volumen. “En algún lugar toca la banda” y “Leviatán 99” rebosan de la rapidez, la fuerza, la emoción y el sentido único de la maravilla que poseía Bradbury. Pocos autores son capaces de hacer soñar con un número tan pequeño de páginas que encandilan al lector. Aunque Bradbury nos dejó en 2012, el lector siente que continúa vivo en el interior de este libro (como él mismo insinúa sobre los escritores en la primera novela corta del volumen).

Inmortalidad de tinta

“En algún lugar toca la banda” inaugura el volumen. Es una historia plagada de lirismo que trata sobre un joven que, tras tener un sueño, decide tomar un tren e ir al lugar con el que ha soñado: un pueblo maravilloso en medio de la nada. Allí la gente es amable, la biblioteca perfecta, sus calles huelen a comida recién hecha y conoce a la bellísima Nef que se convertirá en el amor de su vida… Pero en ese pequeño enclave nadie enferma y mucho menos muere.

Pese a que parezca una novela de misterio, no lo es. En realidad, como gran parte de la obra de Bradbury, es una metáfora, un sueño encerrado en las letras que abren el alma del lector. Esta novela corta tiene un sabor agridulce en muchos aspectos, ya que profundiza con candor en la naturaleza humana. Bradbury trató en muchas ocasiones sobre cómo todos nosotros debemos decidir qué vida tener: si aburrida y monótona, que sólo tiene de vida la palabra, o extraordinaria, llena de magia y belleza. Puede que esta decisión, que en realidad estamos tomando cada día, no sea tan radical como parezca; mediante la hipérbole, pone al protagonista de esta noveleta ante la cuestión de si quedar o no en el mundo mágico e insólito.

Como siempre, el lirismo y el amor por el conocimiento está presente. El primero en el estilo literario de un genio de la literatura que hizo de su prosa una forma de sorprender mediante la belleza a sus lectores; lo segundo mediante la declaración de intenciones al hablar del poder de las historias y de la inmensa biblioteca que recorren los personajes.

Como curiosidad, esta noveleta, que se lee con avidez, está inspirada en un viaje que Bradbury hizo de pequeño a Arizona. Años más tarde, la escribió como una posible película que nunca pudo hacerse y que hubiera contado con su amiga, la actriz Katherine Hepburn (Historias de Filadelfia, El león en invierno), a quien va dedicado el cuento.

Katharine Hepburn (1907- 2003) fue una de las grandes actrices del Hollywood clásico. Participó en numerosas películas hasta 1994, mantuvo una larga relación con el actor Spencer Tracy (1900-1967), con quien nunca a casarse por las creencias cristianas de éste (estaba casado con otra mujer) y ganó cuatro Oscars. Además de las películas mencionadas, destacamos La fiera de mi niña (1938), con Cary Grant, y la estupenda La reina de África (1951), también de Huston. Fuente de la imagen: XL Semanal (ABC)

Llamadme Leviatán 99

Por su parte, “Leviatán 99” es un cruce de los tres grandes amores culturales de Ray Bradbury: la ciencia-ficción, los programas radiofónicos y la novela Moby Dick de Herman Melville. Recordemos que Bradbury estuvo tras el guión de la adaptación de la novela protagonizada por el capitán Ahab y dirigida por John Huston en 1956 y con el actor Gregory Peck como el demente capitán. En esa novela, Bradbury halló el material para rendir homenaje al clásico de Melville y a los programas radiofónicos de los que tanto gozó en su juventud.

Durante años, Bradbury no apartó la historia del joven Ismael de su mente, del terrible capitán ciego (en vez de sin una pierna, como en el clásico de Melville) y de una tripulación espacial que, en vez de perseguir a la gran ballena blanca, persiguen un cometa pálido capaz de borrar la mirada del ser humano y jugar con el mismísimo tiempo. Años después, Bradbury por fin consiguió convertirla en novela corta y que sirve como pequeño fragmento del alma de Bradbury: soñadora, imaginativa, sagaz, poética.

El tono más aventurero de Bradbury nos recuerda a algunos de sus relatos cortos recopilados en las diferentes antologías como Crónicas marcianas (1953), Siempre nos quedará París (edición original de 2009) o El hombre ilustrado (edición original de 1951). La búsqueda de ese cometa terrorífico que llena de dudas a la tripulación nos conduce a pensar en el destino de estos personajes y en cómo las tragedias pueden llegar a repetirse. Por supuesto, para disfrutar de esta novela hay que conocer la intertextualidad y el clásico literario al que hace referencia, pero no estaría de más tener cierto conocimiento sobre los primeros seriales de ciencia-ficción que tanto amaba el escritor que hubiese cumplido un siglo en este 2020.

Ambas obras, “En algún lugar toca la banda” y “Leviatán 99”, si bien diferentes en cuanto a género, trama, teatralidad de diálogos o concepción, comparten un estilo común, el estilo de Ray Bradbury, siempre plagado de lirismo, metáforas y hermosas palabras que nos llevan más allá de este universo. El elemento simbólico o la comparación del cometa con un gargajo de Dios son elementos que fundamentan con fuerza el tono de Bradbury.

Retrato de una obesión: Gregory Peck es el memorable capitán Ahab, cuya fatal manía por la ballena blanca Moby Dick condenará a toda su tripulación. La (imprescindible) novela se ha interpretado como una parábola sobre la muerte y la obsesión. Fuente: web de la Universidad de Valencia

Un viejo amigo

Mucho se ha escrito sobre la maestría de Bradbury en el relato corto respecto de la novela. No negaremos el valor de los cuentos recogidos en colecciones tan magistrales como Crónicas marcianas o El hombre ilustrado, con relatos sobrecogedores y con un toque especial, que convirtieron a Bradbury en un genio que influyó a autores como Neil Gaiman (le dedicaría el cuento “El hombre que olvidó a Ray Bradbury”). Sin embargo, Fahrenheit 451 (1953; última edición en acstellano de 2018) es una novela y es una obra maestra; en el caso de En algún lugar toca la banda y Leviatán 99, no alcanzan el nivel de Fahrenheit (una cuestión casi imposible), pero eso no les resta valor. A todo este estéril debate sobre cuentos o novela, un servidor decide no decidir, ¿por qué quedarse con solo una de las muestras de la maravillosa pluma del autor estadounidense?

En su conjunto de ensayos sobre escritura El zen en el arte de escribir (2002), Bradbury hablaba de la importancia de un elemento insustituible en la obra de un escritor: el entusiasmo. Este se nota en cada una de las páginas de este tomo. Los trabajos de Bradbury poseen un fulgor que pocos autores han logrado en su carrera. Cuando uno ya ha leído varias obras del autor, volverle a leer es como reencontrarse con un viejo amigo. Sin duda, Ahora y siempre es una buena copa con la que brindar por el aniversario de aquel hombre que nos demostró que había vida en Marte, pero también en la Tierra.