Reiraku es el manga más ambicioso y mejor conseguido de Inio Asano, una reflexión profunda y poliédrica sobre una extraordinaria panoplia de temas que van desde la relación del ser humano con su trabajo, hasta la capacidad que existe en el mundo actual de tener relaciones sentimentales con otras personas, pasando por el debate sobre el manga como industria de masas o como expresión artística particular, la crítica a la sociedad industrializada en cuanto tendente a la soledad y el aislamiento, la dificultad para construir una familia, y la paternidad como deseo insatisfecho, la banalidad o circunstancialidad a la que se han visto reducidas las relaciones de amistad.

Inio Asano (Ishioka, Prefectura de Ibaraki, Japón, 1980) lleva copando sus buenos años conversaciones de Youtube, lo que da una buena medida de cómo este joven mangaka trasciende medios. En la red se habla con entusiasmo de Oyasumi Pumpun (traducido por Buenas noches, Pumpun, Norma Editorial), monumental obra en trece volúmenes que sigue las peripecias de un muchacho desde sus años de primaria hasta su primera veintena. También se suceden las loas, que suscribo, a Solanin, uno de sus mejores trabajos, al que llegué en 2011, a los pocos meses de haberse estrenado su adaptación cinematográfica.


Desde 2014 las obras de Asano comenzaron a publicarse en castellano, mayoritariamente dentro del catálogo de Norma Editorial. Llegó pisando fuerte, por partida triple, con varias publicaciones destacadas: comenzó con La chica a la orilla del mar (Milky Way Ediciones, 2014), siguió con Nijigahara holograph (Milky Way Ediciones, 2014) y culminó con la traducción de Solanin (Norma Editorial, 2019, para la edición integral). Éste último fue el primer manga de Asano que tuve entre mis manos. Pero el verdadero impacto para mí llegaría al año siguiente, en 2015, cuando Norma comienza la publicación de Buenas noches, Pumpun: el comienzo de la historia me conmovió, me emocionó y me impactó.

Quería leer más de él. Saber más de él. Aquel mismo 2015, Asano fue uno de los invitados más exitosos de XXI Salón del Manga de Barcelona. Nuevamente, con Youtube como aliado, accedí a varios vídeos suyos (todavía disponibles) sobre su manera de ver el manga, y sentí que la forma de enfocar su pasión —declaraba preferir las historias cortas y cerradas, e incluso tener algún problema a la hora de enfrentarse a series de larga duración— le traía no pocos quebraderos de cabeza. En mi opinión, sus tomos poseen una profundidad emocional a la altura de pocos. Especialmente, brilla con luz fuerte a la hora de tejer una densa red de temas diferentes que dotan a sus mangas, aunque sean breves, de una heterogeneidad y complejidad de lectura equiparable a otros tipos textuales lingüísticamente más complejos. Así queda demostrado en Reiraku, su última obra publicada en España (Norma Editorial, 2019).

La historia comienza con una despedida. Una extraña chica con rostro de gato (Chifuyu) abandona a un joven y apasionado mangaka. Apenas sabemos los motivos: tan sólo que él (Fuzakawa Kaoru), enfrascado en su trabajo, y volcado en hacerse un nombre, ha dejado su relación a un lado y ella, triste, decide abandonarlo. Kaoru es el narrador de la historia: la que comienza con un adiós y prosigue tiempo después, ya con Kaoru convertido en un mangaka de éxito gracias a una serie de buenas ventas —titulada Sayonara Sunset— recién terminada. Esta felicidad se verá pronto empañada por agrios sinsabores.

Uno de ellos está en su matrimonio. Durante el tiempo transcurrido, Fuzakawa Kaoru se casa con una editora de mangas, Machida, con la que lleva una vida sencilla, con la sola compañía de su adorada gata Chi. Pero las cosas no van bien. Ella es ahora la editora de una mangaka de inmenso éxito, y que consume todas sus energías, Makiura Karin. Por su parte, Fuzukawa se siente extraordinariamente presionado porque, tras el fin de su serie manga, la industria lo impele a comenzar inmediatamente con otra serie nueva, tarea para la cual se siente incapaz. La combinación de frustración creativa, crisis personal y presión por el éxito de su esposa en el mundo del manga, lo llevan a apartarse de ella y, a resultas de ello, a aislarse del resto del mundo.

Pero nadie puede vivir completamente solo. A su puerta llaman sus antiguos colaboradores, presionándole para que vuelva a contar con ellos. Su todavía mujer se preocupa por su estado y por saber qué tal van yéndole las cosas. Sus antiguos compañeros de universidad se inquietan al encontrarlo en un estado tan tendente al aislamiento. Como respuesta, él opta por dar rienda suelta a su frustración a través del sexo de pago, accediendo a mujeres con las que pueda mantener una relación controlada, en la que se sienta seguro, en la que sus frustraciones y desconfianzas no lleguen jamás a expresarse.

Asano construye así ante nuestros ojos, poco a poco, a través de escenas graves de extraordinaria emotividad y sensibilidad, a un personaje con un mundo interior propio en el que su trabajo y su pasión, el manga, domina absolutamente todos los aspectos de su vida. Tanto es así que, en cuanto este mundo entra en crisis, con el fin de su serie, él se ve arrastrado por ella. De repente, todo se desmorona: las certezas que regían su vida se desvanecen y, con ellas, las personas que hasta entonces encarnaban esas certezas… Sólo resisten aquellos lectores que, desde la añoranza de su serie, siguen animándolo a que continúe a través de la adulación y cierta patética servidumbre que a él le sirve de revulsivo para seguir adelante. Con estas pequeñas notas, apenas unas briznas de su personalidad, soltadas con suavidad a medida que avanza la historia, acabamos definiendo a Fuzakawa Kaoru como un personaje extremadamente egoísta. Alguien que valora a las personas y su relación con ellas, únicamente, en términos utilitarios o ventajistas, en función de lo que pueden aportarle respecto a aquello que únicamente le importa: el manga.

Llegamos de esta manera al otro gran pilar sobre el que se asienta Reiraku: la eterna lucha por definir al manga como divertimento o como arte, como banalidad o como método de reflexión, como industria para las masas o como forma personal para la expresión del artista. Asano materializa de este modo una tensión eternamente presente en otras artes a través de Fukazawa Kaouru. Sumido en el estrés y la impotencia, temeroso por verse arrastrado a la banalidad sin remedio, representa la lucha sin cuartel entre lo que uno quiere ser y lo que se ve empujado (por las expectativas y las exigencias de los demás) a hacer. Una escena es especialmente poderosa por su capacidad por mostrarnos esta lucha. Fukazawa está mirando pensativo su cuenta de ahorros, reflexionando sobre cómo su trabajo comercial le ha permitido acumular un dinero con el que, quizás, poder hacer lo que desea. Medita sobre su vida y su relación con el manga, sobre cómo empezó todo. De repente, nos suelta una frase demoledora cuyo eco resonará en todas las páginas que vendrán: “La libertad es una herramienta, jamás debe ser un objetivo.”

Estos dos pilares, el del retrato en profundidad del mangaka individualista y obsesionado con su trabajo, y el de la reflexión sobre el manga como arte y su conexión con la vida real y con la industria, convergen en un solo punto cada vez que aparece el personaje de Chifuyu, la joven que trabaja como señorita de compañía, y a la que Fuzakawa accede cuando quiere salir momentáneamente de su denso autoaislamiento. Inmediatamente, sus facciones de gato lo llevan a recordar viejos tiempos, y a medida que va conociendo a Chifuyu, va tejiendo cada vez más conexiones entre las distintas etapas de su vida. Indaga en su interior, buscando pautas que puedan explicar lo que le está pasando, el momento que está viviendo. Chifuyu es, efectivamente, el motor narrativo fundamental para el progreso de Fuzakawa.

Esta relación, inicialmente casual e instrumental, va tomando cuerpo con la repetición de sus encuentros. Primero, dentro de la aplicación y el servicio de citas. Poco después, viéndose fuera. Y después, compartiendo tiempo juntos, incluso lejos de la ciudad. Así es como Fuzakawa se da cuenta de que, aun ganando dinero de forma totalmente distinta a la suya, Chifuyu sí lleva una vida muy parecida a la que él anhelaba. Pero comparar lo incomparable lleva, irremediablemente, a la falacia. Mientras él ha conseguido vivir dignamente de aquello que le apasiona, la explotación sexual no es plato del gusto de nadie.

Reiraku es una reflexión profunda y poliédrica sobre una extraordinaria panoplia de temas que van desde la relación del ser humano con su trabajo, hasta la capacidad que existe en el mundo actual de tener relaciones sentimentales con otras personas, pasando por el debate sobre el manga como industria de masas o como expresión artística particular, la crítica a la sociedad industrializada en cuanto tendente a la soledad y el aislamiento, la dificultad —en estas condiciones— para construir una familia, y la paternidad como deseo insatisfecho, la banalidad o circunstancialidad a la que se han visto reducidas las relaciones de amistad…

Las lecturas son amplias y muy distintas, y se explican por el hecho de que estamos ante el manga más ambicioso y mejor conseguido de Inio Asano, una joya dentro de su producción. Destaca más si cabe por ese final donde, a pesar de su aparente circularidad, y del cierre de todos los puntos de vista, nos queda la sensación de estar ante un personaje frágil, capaz en cualquier momento de dar otra vuelta de tuerca a su historia y, quizás, acertar con las decisiones a tomar. Ese es otro mérito de Asano que engrandece, todavía más, su trabajo en esta obra tan bien pensada y magníficamente elaborada.

Puede que estos motivos eleven este magnífico tomo, en nuestra humilde opinión, a la categoría de uno de los mejores cómics publicados en España del pasado año.