El apagón, de Connie Willis, es la primera mitad de una historia sobre viajes temporales: Willis construye una fascinante obra de ficción humanista que evita el patetismo y el sentimiento fácil al describir la práctica tranquila y el heroísmo ocasional de los londinenses durante la Segunda Guerra Mundial. Es una novela bien escrita, con un sólido desarrollo de la trama de fondo y caracterización minuciosa, lo que hace que sea una buena lectura.

WWII- 04. Ilustración de Sina Pakzad Kasra

La mayoría de los lectores de ciencia-ficción, y casi cualquier persona que haya leído los libros anteriores de Connie Willis, está familiarizada con sus historiadores que viajan en el tiempo. La trama de las novelas El libro del día del Juicio Final y Por no mencionar al perro, ambas ganadoras del Premio Hugo, así como el cuento “Brigada de incendios”, se remontan en el tiempo para observar personalmente eventos históricos.

El apagón (Ediciones B, última edición de 2011), ganadora de los tres grandes premios del género (Hugo, Nébula, Locus), es la última de una secuencia de novelas de Willis sobre investigadores en viajes temporales, y la primera mitad de una sola historia (Cese de alerta [Ediciones B, 2016] es la segunda); las dos juntas ofrecen mucho más espacio para descripciones detalladas y exploración social. En el año 2060, los historiadores académicos de Oxford utilizan la tecnología del viaje en el tiempo para estudiar al pasado. Connie Willis hace un buen trabajo al recrear algunos aspectos de la atmósfera de Londres durante la Segunda Guerra Mundial. El libro sigue a tres historiadores mientras observan el heroísmo cotidiano de la gente común, antes que las actividades de los protagonistas más reconocidos de la época. Existen reglas específicas que evitan que los investigadores se acerquen y alteren los eventos que están observando. Sin embargo, se producirá una situación en la que estos viajeros del tiempo se enfrentarán a un desastre, ante el que ninguno de ellos podrá hacer nada, y encima no habrá sitio al que acudir.

Polly Churchill, una de las protagonistas, es transportada a Londres en medio del Blitz. Su tarea es observar las vidas de las dependientas que trabajan en grandes almacenes al convertirse en una de ellas. Michael Davies, por su parte, tiene la intención de hacerse pasar por un periodista estadounidense que cubre los esfuerzos de evacuación en Dunkerque. Y Eileen O’Reilly, por fin, consigue un trabajo entre los sirvientes de una rica finca en Warwickshire, para hacer un seguimiento a las hordas de niños evacuados que son enviados desde Londres. Una vez que los historiadores llegan a sus diversos destinos, notan un grado inusual de “deslizamiento”, perdiendo sus fechas objetivo no por horas (lo que es normal) sino por días. Todo parece rutinario, pero desde el principio se percibe algo siniestro. No pasa mucho tiempo antes de que algo potencialmente desastroso se haga evidente. Y lo que es todavía peor: el mecanismo de viaje en el tiempo no logra mantenerlos fuera de las llamadas “zonas de divergencia” donde acontecen los principales acontecimientos históricos.

El libro ofrece una mirada larga y detallada a Inglaterra durante la Segunda Guerra Mundial. Connie Willis tiene habilidad para describir las rutinas y la cotidianeidad de la gente común: la autora se preocupa por los efectos de los grandes eventos en las personas y se vuelca en lo trascendental a través de la perspectiva de lo mundano. Los personajes memorables abundan, y el don de Willis para el diálogo natural da vida a las escenas de una manera que hace sentir que estás en su presencia. En medio del creciente suspense, Willis construye una fascinante obra de ficción humanista que evita el patetismo y el sentimiento fácil al describir la práctica tranquila y el heroísmo ocasional (y sí, la insensibilidad) de los londinenses que sobreviven al Blitz. Es una novela bien escrita, con un sólido desarrollo de la trama de fondo y caracterización minuciosa, lo que hace que sea una buena lectura.

Rolling Tanks. Ilustración de Łukasz Brzeski