Toda la experiencia y saber del extraordinario Shigeru Mizuki se acumula y multiplica en NonNonBa, un álbum premiado en Angoulême que acaba siendo una síntesis de su obra, un acto de memoria respecto a su vida y un potente mensaje sobre su cosmovisión del mundo construido desde su Japón natal. El autor parece ser plenamente consciente de esta tensión, no sólo por sus consecuencias sociológicas, sino también por el tono sentimental de añoranza y pérdida estilado. La vida y el mundo analizados y compartidos a través de viñetas y bocadillos.

Hay mangas que dejan una marca indeleble en quienes los leen, y NonNonBa (1990; Astiberri, 2010) es uno de esos. El reconocido mangaka Shigeru Mizuki (Sakaiminato, 1922 – Tokio, 2015) hizo de ésta su mejor obra y, sin duda, una obra maestra del género. Lejos de ser una exageración o una salida de tiesto, decir que estamos ante uno de los mangas contemporáneos imprescindibles en cualquier estantería es algo que salta a la vista por su demostrada y excepcional habilidad para expresar, de forma heterogénea y simultánea en sus dibujos y diálogos, un relevante número de temas desde una significativa heterogeneidad de perspectivas. NonNonBa fue merecedora, además, del premio a “Mejor Álbum” en el Festival Internacional de Angoulême de 2007.

El cómic puede leerse desde varias perspectivas. La primera de ellas es la del recuerdo infantil sobre la sociedad de la época a través de la memoria. El protagonista es el mismo autor: a través del recuerdo del pasado y su recreación, nos acerca algunos de los hechos que han marcado su vida —situándonos en una época a caballo entre las décadas de 1930 y 1940—, en un entorno rural y costero alejado de cualquier muestra de modernidad (Tokio, Osaka o Kobe aparecen referidos, insistentemente, como lejanas metrópolis utópicas e idealizadas). Allí vive toda la familia Mizuki: el padre, un empleado de banca y de seguros con la ilusión de regentar un cine como vía para incrementar la cultura del lugar; la madre, un ama de casa tradicional de origen antiguo y noble; los abuelos maternos, reticentes ante cualquier muestra de intelligentsia que pudiese transformar de cualquier modo la apacible vida de su entorno; y los hermanos, el mayor y el menor, ambos con las fantasías e ilusiones propias de su edad.

Esta familia es, en verdad, un retrato sociológico amplio de Japón; sirve como pretexto para reflejar aspectos tan variopintos como el pasado imperial y noble, que contrasta con el futuro basado en el nivel de renta y la capacidad para generar dinero (nobleza versus burguesía); el acceso a la cultura y la educación a través del cine o la literatura, opuestas a la población rural empobrecida y que asienta sus creencias en los mitos y los símbolos de la cultura popular, o el contexto de una sociedad cuyo presente narrado es, en verdad, una invisible transición entre los tiempos antiguos y los modernos, con todos los grandes cambios que tal transformación implica todavía en marcha y a toda velocidad.

Alrededor de Shigeru gravitan sus jóvenes amigos, de personalidades distintas, sueños diversos e inquietudes diferentes. A este grupo de jóvenes inocentes, tiernos, con poca vida a cuestas y con un entorno moralmente estricto y empíricamente limitado, se conecta NonNonBa, una encantadora viejecita de personalidad y vida humildes que se convierte en el motor de sus vidas. A través de ella, Shigeru y sus amigos tienen acceso a la memoria enciclopédica de una cultura tradicional japonesa repleta de espíritus, fantasmas y seres mitológicos grotescos. NonNonBa es la puerta del autor a la segunda perspectiva presente en este maravilloso volumen: la memoria cultural, la personalidad colectiva, las raíces ancestrales del Japón más tradicional. Una perspectiva en constante enfrentamiento frontal con su “reverso negativo”, la modernidad, escéptica, avanzada y científica. De hecho, son frecuentes los diálogos entre distintos personajes que, queriendo representar los anhelos de un mundo moderno y la estima por los orígenes ancestrales o las bases culturales míticas, nos acaban mostrando la (prácticamente) imposible compatibilidad de ambos mundos (moderno y tradicional) en un mismo espacio-tiempo.

El autor parece ser plenamente consciente de esta tensión, no sólo por sus consecuencias sociológicas, sino también por el tono sentimental de añoranza y pérdida que se estila en muchos de los fragmentos de la obra. Se trata de un tono claramente intensificado durante los no pocos momentos en que se establece un puente frágil entre estos dos mundos, lo Real y lo Mitológico, lo Material y lo Espiritual, lo futuro y lo pasado. Mizuki señala que, aunque sí pueden darse una coexistencia entre todos estos márgenes, al final es siempre el primero el que se impone sobre el segundo; de ahí esa morriña triste y lánguida en progresivo crecimiento a medida que nos vamos acercando al final del volumen.

La cultura tradicional está representada, como decíamos, por NonNonBa: con sus relatos y sus historias aporta al jovencísimo Shigeru una conexión con ese pasado ancestral. De esta forma se proyecta el pasado remoto en el pasado reciente y, a través de este tomo, en nuestro presente ultramoderno y altamente tecnologizado del siglo XXI. Así se cumple el objetivo de esta perspectiva: traer a nuestro tiempo presente el reflejo lejano de otro Japón, remoto y ya parcialmente olvidado, al que rendir un sentido homenaje. Para el lector occidental, además, estas páginas suponen un catálogo extraordinariamente amplio y divertido de las figuras mitológicas, populares y cultas, más características y/o sorprendentes de este Japón en difuminación.

La tercera perspectiva proviene del contexto particular de la obra: el antes, durante y después de la Segunda Guerra Mundial. A partir de fogonazos dispersos pero relevantes que nos sitúan de inicio en la década de los años treinta del pasado siglo, se proyecta un Japón socialmente fragmentado por renta y acceso a la educación y a la cultura, colectivamente temeroso de perder proyección internacional por los conflictos interiores y exteriores a los que se enfrenta. A medida que avanza la naración, este contexto general se va precisando en detalles presentes a través de dibujos, diálogos o breves escenas directamente conectadas con ese Japón en riesgo internacional.

NonNonBa es una obra maestra por muchos motivos, y los aquí apuntados son sólo algunos de ellos, pero hay muchos más: un sentido del humor tierno y suave que te tiene siempre con la sonrisa dibujada en la cara; un tono narrativo leve y ligero que permite conectar perfectamente con la añoranza sentimental del autor respecto a su infancia; un dibujo en blanco y negro de trazos suaves coherente con el tono y que refuerza el mensaje central del libro, o un guión donde Shigeru y NonNonBa soportan durante sus interacciones el  hilo conductor principal de un manga maravilloso centrado en la añoranza del tiempo pasado y perdido a través la memoria, la imaginación y el sueño.

Shigeru Mizuki fue conocido y reconocido por sus obras en el género yōkai y, especialmente, por su fantástico trabajo durante varias décadas en GeGeGe no Kitarō (Kitarō del cementerio, 1959-69). Toda esa experiencia y saber se acumula y multiplica en un álbum que acaba siendo una síntesis de su obra, un acto de memoria respecto a su vida y un potente mensaje sobre su cosmovisión del mundo construido desde su Japón natal. Un tomo de tal fuerza que supone no sólo un manga extraordinario en sí sino también la causa última de una experiencia lectora difícilmente olvidable.

Memoria personal. Memoria grupal. Memoria colectiva. La vida y el mundo analizados y compartidos a través de viñetas y bocadillos.