El espectro del abad, de la escritora feminista Louisa May Alcott (Mujercitas), describe el mundo de la mujer de la época, denuncia las presiones a las que estaba sometida e intenta destruir las imágenes preconcebidas de “mujer buena y mujer mala”. Se trata de una interesantísima curiosidad literaria, con fantasma gótico, cargada de simbología.

The Old Grange at Sunset (1877), del pintor británico John Atkinson Grimshaw (1836- 1893). Imagen utilizada para la portada de El espectro del abad

La editorial Pulpture estrenó Almaya, colección en la que se han ido recogiendo todas las grandes obras que llegaban a manos de los editores pero que no tenían cabida en ningún otro sello. El espectro del abad (1867, edición en castellano de 2018), de Louisa May Alcott (29 de noviembre de 1832, Germantown, Filadelfia, Pensilvania, EE. UU.-6 de mayo de 1888, Boston, EE.UU.), es su primer título publicado, presentado en un cómodo formato de bolsillo con un cuidadísimo diseño de portada y contraportada.

Louisa May Alcott dirigió de 1868 a 1870 la revista infantil Merry’s Museum; en 1868 se convirtió en un clásico de la literatura juvenil (estadounidense) gracias a Mujercitas, que fue concebida inicialmente como una trilogía. Su obra restante se centró en novelas domésticas en las que dibujaba la realidad de la sociedad americana de su época y denunciaba la situación de la mujer. Sin embargo, a partir de 1869 comienza a colaborar con la revista The Flag of Our Union, dedicada a los “cuentos de sangre y huesos”, es decir, a historias de misterios, crímenes y rencillas personales: allí publicará El espectro del abad en los números 5, 12, 19 y 26. Louisa May Alcott publicó a lo largo de su vida dieciséis thrillers, todos bajo seudónimos —El espectro del abad lo firmará bajo el de A. M Barnard— o de manera anónima, con la intención de preservar su reputación literaria, ya que éste era considerado un género de “literatura barata”.

El espectro del abad es el dieciseisavo de dichos thrillers y el más largo de cuantos escribiera Alcott. De ambientación gótica, bebe directamente de la tradición de terror clásico que predominó en la Europa del siglo XIX. La historia tiene lugar en una aislada abadía reformada en mansión victoriana, rodeada de un bosque frondoso, en la que se reúnen los miembros de la familia Treherne y sus amistades para celebrar una pequeña fiesta navideña. Las rencillas familiares, los engaños, los amores secretos, las herencias y la ascensión social se mezclarán con las historias de fantasmas de la mansión y con los cuentos de terror frente a la chimenea, creando un clima sutil de terror clásico, plagado de silencios sublimes interrumpidos por estrepitosos estruendos.

El drama familiar de los anfitriones es el hilo conductor de la intriga de la novela: los primos Threherne ocultan un terrible secreto en el que está implicada Edith Snowdon —que encarna la imagen de la femme fatale opuesta a Octavia Threherne, que representará a la mujer ideal—, causa del desheredamiento de Maurice y los tormentos de Jasper. El carácter jovial y despreocupado de Jasper Threherne junto al carácter reprimido y oscuro de Edith Snowdon se unirán para causar el caos y el pánico en la mansión familiar, que cuenta con sus propios fantasmas y pecados, que persiguen al clan desde los orígenes.

Autumn Morning, de John Atkinson Grimshaw

Es interesante ver cómo Louisa May Alcott juega con los elementos clásicos de la literatura de terror para crear una atmosfera tétrica de suspense, en la que el lector se siente parte de la intriga, al desvelársele secretos de los protagonistas que el resto de los personajes aún no conocen, y manteniendo la tensión al hacer planear lo sobrenatural, aunque sin introducirlo hasta el final. A diferencia del resto de thrillers de la autora, El espectro del abad aparentemente no tiene un final racional, aunque los sucesos a lo largo del libro parecen ser una broma pesada, convirtiendo así esta novela en una de sus creaciones más originales.

Louisa May Alcott fue una activa defensora de los derechos de la mujer y plagó su obra de denuncias de la situación de las mujeres en la sociedad. El espectro del abad no es una excepción en ese sentido: es un libro lleno de simbología feminista y de denuncia de la opresión que se ejercía sobre las mujeres, entremezclados con los tópicos victorianos y el carácter moral de dichas obras. Las dos mujeres, Edith Snowdon y Octavia Threherne, encarnan el tópico de la mujer satánica o diabólica de la tradición medieval y romántica y la angelical, pura y virginal, respectivamente. La autora juega con ambos tópicos, contraponiéndolos y comparando las situaciones de las dos jóvenes procedentes de diferentes estratos sociales, aunque condicionadas por presiones similares.

Mientras que la hermosa y misteriosa Edith Snowdon es admirada por su belleza, también es rechazada, odiada y estigmatizada por la misma, provocando la inquietud y desconfianza de la matriarca Threherne ante la visión de una posible perturbación en su familia: “¡Jamás! Debemos impedirlo a toda costa. Preferiría verlo muerto ante mí, que casado con una mujer así. ¿Cómo es que se le permite a ella perturbar hogares decentes como el mío?”. Pero también es objetivo de los dardos de las amigas de Octavia: “Ella misma parece un pavo real con ese espléndido vestido verde y oro, ¿no crees?— le susurró Rose a sir Jasper con una malévola risita.”

Sin embargo, bajo su máscara de fría belleza, Edith Snowdon esconde en su interior un horrible secreto que la tortura, relacionado con un origen humilde y con un padre obsesionado con la ascensión social de su hija. Así pues, Edith representa a la femme fatale desde la perspectiva de mujer de clase baja alabada únicamente por su belleza física y su juventud y presionada a causa de ella, pues la única manera de ascender socialmente para una mujer, en la época de Alcott, es siendo hermosa. La femme fatale es obligada a renunciar a su felicidad y a su amado, por lo que Louisa May Alcott plantea sutilmente la cuestión sobre si la supuesta maldad inherente a este arquetipo viene dada por la falta de oportunidades o más bien por la presión por mantener o ganar un apellido.

Waterloo Lake, Roundhay Park, Leeds. Cuadro de John Atkinson Grimshaw

La dulce Octavia Threherne es la contraposición de Edith Snowdon. Su belleza sesgada contrasta con la exuberancia de la señora Snowdon. “[…] Siempre he desconfiado de esas voces suaves y dulces; son insinceras. A mí dadme un tono plano, claro, agudo si quieres, pero decidido y franco”, confiesa Octavia, cuya voz es un ejemplo perfecto del tipo que describe. Sin embargo, pese a ser de estratos sociales diferentes, ambas mujeres se enfrentan a la misma obligación: anteponer la felicidad propia a mantener (o ganar) la posición social. Octavia, al igual que Edith, es presionada (en este caso por su madre) para contraer matrimonio con alguien que sea su igual en todos los aspectos, o sea, su pretendiente Frank Annon, a quien Octavia detesta y a quien, sin embargo, decide dar una oportunidad. No sin mostrar pequeños pero firmes símbolos de rebeldía que marcan su personalidad.

Edith y Octavia reaccionan de maneras diferentes a las presiones sufridas por ambas para encontrar un marido digno. Mientras Edith accedió a casarse con el general Snowdon, renunciando así a su propia felicidad, desde un egoísmo terrenal y caprichoso, Octavia, también está dispuesta a renunciar a su felicidad, ya sea complaciendo a su madre en el deseo de contraer matrimonio con Frank Annon o ingresando en un convento para evitar dicho matrimonio, donde encuentra placentero dedicar su tiempo al cuidado de los enfermos y de los más necesitados. En su primer encuentro, Octavia y Edith evocan la admiración que sintieron la una por la otra la primera vez que se vieron; sin embargo, no tardan en saltar las rivalidades, que se derivan más bien del reconocimiento de una igual que afronta de manera distinta la misma situación.

Así, con El espectro del abad Louisa May Alcott describe el mundo de la mujer de la época, denuncia las presiones a las que estaba sometida e intenta destruir las imágenes preconcebidas de “mujer buena y mujer mala”. El espectro aparece para castigar a la familia Threherne por los pecados pasados y presentes, a la vez que libera a las dos mujeres de su carga. De esta manera concluye una interesantísima curiosidad literaria cargada de simbología.