¿Qué pasaría si nuestros modelos de matemáticas y física fuesen subjetivos y humanos? ¿Y si la lingüística resultara ser una descripción más objetiva del universo que las matemáticas? Ambas cuestiones son planteadas en el clásico relato La historia de tu vida, de Ted Chiang, que conjuga convincentemente la lingüística con la física.

Arte conceptual para la película La llegada. Ilustración de Peter Konig

Ted Chiang (Port Jefferson, Nueva York, 1967) abandona los tropos y los clichés para crear en La historia de tu vida (1998, pero reeditado en la antología homónima de 2002, publicada en castellano por Bibliópolis [última edición de 2015]) un relato verdaderamente original. No se centra tanto en el caos y la destrucción que se espera vayan de la mano de una invasión extraterrestre como en la lucha intelectual entre el hombre y el alienígena (y lo alienígena) al intentar comunicarse y aprender unos de otros; una constante ya explorada por Stanislaw Lem a lo largo de toda su obra. Este cuento inspiró la película La llegada (Arrival, Dennis Villeneuve, 2016), y es realmente excepcional. Está narrado en primera persona por Louise Banks, una experta en lingüística a la que los militares piden que sirva como traductora entre extraterrestres y humanos.


En La historia de tu vida toda la trama se centra en descifrar el lenguaje de los alienígenas (llamados heptápodos, por sus siete extremidades). Louise Banks y otros científicos descubren que los heptápodos tienen un lenguaje hablado y otro escrito, lo que Banks denomina Heptápodo A y Heptápodo B, respectivamente. Heptápodo B, por ejemplo, se basa en la percepción del tiempo y el espacio del lector y, como resultado, altera la percepción de Louis. Los extraterrestres ven el tiempo como un todo, en el que confluye lo que ya ha sucedido y lo que sucederá: para ellos, las acciones son simplemente actuaciones en el juego ya escrito de la vida.

El relato se cuenta en un formato narrativo dual: el relativo a los experimentos alienígenas, de un lado, y aquel en el que Banks le cuenta a su hija aún no concebida fragmentos no cronológicos de la historia de su vida, por el otro. Este dualismo narrativo crea un paralelismo entre la simplicidad de los descubrimientos vitales desde la niñez hasta la edad adulta y los descubrimientos científicos que Banks hace al comunicarse con los heptápodos. Al mismo tiempo, las distintas narraciones crean una paradoja, ya que Banks explica lo que ella recuerda del pasado y lo que le pasará a su hija en el futuro.

Arte conceptual para La llegada. Ilustración de Peter Konig

¿Qué pasaría si nuestros modelos de matemáticas y física fuesen subjetivos y humanos? ¿Y si la lingüística resultara ser una descripción más objetiva del universo que las matemáticas? Chiang imagina invenciones que desdibujan la línea entre esas disciplinas, o las revierte por completo. Sin embargo, la percepción del tiempo nunca cambiará al 100% de la de ellos. Porque Banks es una humana con una percepción humana del tiempo: es decir, rectilínea, de causa-efecto.

Así entra en liza uno de los sustratos más enriquecedores del relato, la aplicación de la teoría lingüística conocida como la Hipótesis de Sapir-Whorf, según la cual la estructura de un lenguaje influye en el pensamiento y el comportamiento de su cultura y su gente. Este postulado resalta el papel fundamental que juega el lenguaje en la vida de las personas, porque no es sólo una forma de comunicarse sino que tiene una influencia en el comportamiento y en el raciocinio y la reflexión. En otras palabras: las personas que hablan de manera diferente tienden a tener diferentes puntos de vista sobre el mundo. La Hipótesis dice que el lenguaje —dicción, pero también sintaxis— afecta no sólo a las interacciones personales sino también a la forma en que los hablantes de un idioma y los políglotas visualizan e interactúan con el mundo en un nivel básico.

La historia de tu vida se las arregla para utilizar convincentemente la lingüística y la física. Al igual que en el proceso clásico de descubrimiento científico, las ideas complejas emergen de la acumulación metódica de información hasta que llega la epifanía. Este relato nos recuerda que el mundo no tiene que ser como es. El tiempo no sólo puede experimentarse linealmente. Por eso, el enfoque de Chiang es novedoso.

La dualidad del relato le da una ambigüedad y un aire de misterio que hacen que el lector cuestione todo lo que se desarrolla. Aquí se nos recuerda nuestra debilidad como seres unidireccionales. No podemos ir al futuro o al pasado: sólo podemos existir como somos ahora. Por otro lado, no podemos aprender del futuro para cambiar el presente, pero podemos aprender del pasado para cambiar el futuro. Una lección más que imprescindible para los tiempos que corren.

Primera idea de La Nave. Ilustración de Peter Konig