La muerte de Stan Lee (1922-2018) ha dejado irremediablemente huérfano al mundo del cómic. Con él desaparece un revolucionario y un excelente comercial, amén del hombre que convirtió a Marvel en el gigante editorial que es hoy día. Su presencia, convertida en marca, está llena de luces y sombras. Las analizamos en este artículo.

Retrato de Stan Lee. Ilustración de Mariano de Henestrosa para Fabulantes

Hablar de Marvel es hablar de Stan Lee (Nueva York, 1922-Los Ángeles, 2018). Su familiar sonrisa, bigote y gafas de sol son inseparables del sello. Normal. Si pensamos en todas las franquicias de superhéroes de la factoría Marvel que cada pocos meses atestan las carteleras de los cines encontramos que Stan Lee estuvo involucrado en la creación de la mayoría de ellos: Spiderman, X-Men, Iron Man, Los 4 Fantásticos, El Increíble Hulk, Daredevil, Doctor Extraño… Todos hunden sus raíces en la década de 1960, la llamada Edad de Plata de los cómics; a ella nos remiten nombres antológicos como Jack Kirby, John Buscema o el propio Stan Lee. Tras su reciente fallecimiento a los 95 años de edad (el pasado 12 de noviembre),  repasamos su trayectoria, repleta de éxitos, pero en la que también encontramos algunas controversias, como enseguida veremos.


Oriundo del Bronx, Stanley Martin Lieber, siempre soñó con ser escritor. Su sueño era similar al de otros jóvenes con ambiciones literarias: el de escribir “la gran novela americana” [1]. Con ese objetivo en mente comenzó a trabajar en la industria editorial, desde abajo, como quien dice; desde bien abajo,  apenas un escalón por encima de la pornografía. Lieber entró como asistente en Timely Comics, por entonces una nueva división del emporio pulp creado por Martin Goodman, casado con la prima de Lieber, Jean. Corría el año 1939. Nepotismo aparte, comenzó desarrollando tareas más bien prosaicas, si bien, poco a poco, fue asumiendo un mayor rol como escritor; de ahí surgió el pseudónimo por el que todo el mundo le conoce hoy: Stan Lee. Por pura vergüenza, cabe añadir; dada la baja categoría de los cómics para los que escribía, Lee decidió reservar el apellido Lieber para empresas más elevadas, sin saber que aquel inocente pseudónimo acabaría por devorarlo todo (y a todos).

Antes vendría la entrada de EE.UU. en la Segunda Guerra Mundial, en la que Lee participó sirviendo desde territorio estadounidense, tras ingresar en el ejército como miembro del Cuerpo de Señales, reparando postes de telégrafo y otros equipos de comunicaciones. Más tarde fue transferido a la División de Capacitación de Cine, donde trabajó escribiendo manuales, películas destinadas a la formación, eslóganes e incluso pequeñas animaciones. Al concluir la guerra retomaría sus actividades de la mano de Goodman. En los primeros años de posguerra Timely Comics pasó a llamarse Atlas Comics, y allí continuó escribiendo Lee historias para todo tipo de géneros: western,  humor, ciencia-ficción, aventuras medievales, horror y suspense, incluso romance… Así hasta acabar francamente desencantado, ya al final de la década de 1950. Fue entonces cuando D.C. Comics (entonces National Comics Publications) resucitó el arquetipo del superhéroe de la mano de Flash y La Liga de la Justicia. El tremendo éxito de esta última llevó a Goodman a reaccionar, encargando a Lee la creación de un grupo de superhéroes. Sería aquí cuando comenzó la colaboración entre Stan “The Man” Lee y Jack “The King” Kirby.

El Método Marvel. Luces y sombras del Método Stan Lee

Portada del primer número de X Men, publicado en septiembre de 1963. Ilustrada por Jack Kirby

El grupo de superhéroes pergeñado por ambos fue Los 4 Fantásticos (1961). De esta primera colaboración surgió también el método de trabajo que con el tiempo pasó a llamarse Método Marvel: Lee comenzaba por realizar una sesión de tormenta de ideas con el ilustrador, de la que saldría una breve sinopsis de la historia que el ilustrador procedería a panelar e ilustrar con total libertad. Las páginas ilustradas eran entonces devueltas a Lee, que procedía a continuación a completar textos y diálogos.

El Método funcionó tan bien que en menos de un año pasó a convertirse en la norma para la editorial, que desde 1961 había pasado a llamarse oficialmente Marvel. Este sistema permitía a Lee trabajar en varios títulos a la vez, en paralelo y de modo fluido, sin tener que centrarse en escribir los guiones completos uno por uno. De la mano de Kirby surgieron también El Increíble Hulk (1962), Iron Man (1963), Thor (1962) y Black Panther (1966); Larry Lieberman (que también participó en la creación de Thor y Iron Man) fue su cómplice con Ant-Man (1962); junto a Bill Everett (creador, entre otros, de Namor) creó Daredevil (1964); pero su (co)creación más importante, Spiderman (1962), y su favorita, vendría de la mano de Steve Ditko, con el que también creó Dr. Strange (1963). Otras colaboraciones notables incluyen, por ejemplo, a John Buscema y Moebius, con quienes colaboró en sendos proyectos de Silver Surfer (1966) a raíz del tremendo éxito de la llamada Trilogía Galactus (Fantastic Four #48-51), para muchos el momento cumbre de la colaboración entre Kirby y Lee.

Amén del Método Marvel, Lee aportó un sinfín de pequeñas, medianas y grandes innovaciones a la industria del cómic. Introdujo la cartela con los créditos creativos de cada historia (guión, dibujo, tinta, color, rotulación). Influyó también en aspectos como el del sonido, enriqueciendo el léxico onomatopéyico (parco y rígido hasta entonces, encorsetado en los Pow! Wham! Bam!…); también en esa línea, cabe mencionar su gusto por nombres de caracter aliterativo -Peter Parker, Bruce Banner, Reed Richards-. Como guionista dotó a historias y personajes de una mayor verosimilitud, haciéndolos más accesibles a los lectores. Así, Spiderman se columpia entre los rascacielos de Nueva York (frente a las ficticias Metrópolis o Gotham), y siguiendo esa misma idea, sus personajes tienen problemas reales, más allá de sus aventuras con uniforme: facturas que pagar, novias a las que impresionar, enfados y rencillas o ataques de melancolía. Un realismo que Lee combina también con dosis de humor, como por ejemplo cuando Spiderman trata de ir a cobrar un cheque al banco y sus dificultades para hacerlo, al no poder revelar ni confirmar su identidad (“Cualquier persona puede ponerse un traje de Spiderman”, le dirá el cajero).

Los problemas de Spiderman a la hora de cobrar su cheque

Así describe Lee el nuevo paradigma, a propósito del proceso de creación de Los 4 Fantásticos: “Sólo por esta vez, haría el tipo de historia que yo mismo disfrutaría leyendo… Y los personajes serían el tipo de personajes con los que yo podría identificarme personalmente: serían de carne y hueso, tendrían su propia fallas y debilidades, serían falibles y luchadores y, lo más importante de todo, dentro de sus coloridos botines y trajes, aún tendrían pies de barro” [2].

Ahora bien, como hemos visto, Stan Lee no fue el único creador de Los 4 Fantásticos (ni el más importante, cabría añadir). Jack Kirby fue fundamental, hasta el punto de que los propios uniformes estaban sacados de otro grupo de personajes suyo, Challengers Of The Unknown [3]. Kirby, de hecho, renegó repetidamente de la versión de Lee, afirmando ser él el responsable de la creación de los 4 Fantásticos, textos y diálogos aparte. Evidentemente, resulta difícil establecer niveles de autoría en un medio colaborativo como los cómics, y más si tenemos en cuenta el funcionamiento del Método Marvel. A propósito de la creación de Spiderman, Ditko describió sus contribuciones y las de Lee en una entrevista de la siguiente manera: “Stan Lee pensó el nombre. Yo hice el diseño del traje, el truco del lanzador de redes en la muñeca y la señal arácnida” [4]. Como con Kirby, parecería que aquí también nos encontramos con Mucho Ditko y Poco Lee. Pero, casi seis décadas después, es Lee el que acumula todos los méritos y aparece en primer lugar como creador de los tan famosos superhéroes y supervillanos, ya sea voluntariamente, por descuido o puro olvido a la hora de corregir al entrevistador de turno. Es hacia el carácter “olvidadizo” (o directamente narcisista) de declaraciones como la reproducida anteriormente hacia donde apuntan sus críticos –y razón no les falta- para censurarle.  Tanto en sus propios escritos como en entrevistas con la prensa y demás apariciones en público, Lee se presenta a sí mismo como el conductor del Universo Marvel, relegando a artistas como Jack Kirby o Steve Ditko a un rol secundario, residual. Si tomamos por ejemplo una de sus innovaciones, las ya mencionadas cartelas con los créditos creativos, constatamos que Jack “The King” Kirby siempre iba a continuación de Stan “The Man” Lee.

Primera página de los Bullpen Bulletins. Apareció en el número #31 de The Amazing Spiderman, publicado en diciembre de 1965

En su defensa, cabe decir que Lee tenía un papel de mucha mayor visibilidad de cara al público. Y es que más allá de sus aportaciones narrativas, estilísticas y de lo innovador de su método de trabajo, la otra gran aportación de Stan Lee fue una nueva forma de atraer lectores, sumada a la voluntad de crear un sentido de comunidad entre admiradores y creadores. Así se aprecia, por ejemplo, en la creación de los Bullpen Bulletins, páginas que contenían noticias regulares sobre los miembros del personal de Marvel e historias de próxima publicación, así como su propia columna mensual, conocida como Stan Lee’s Soapbox.  Los Bullpen Bulletins estaban escritos en un estilo amistoso e informal, al igual que las columnas respondiendo a correspondencia de los lectores que también aparecían en cada título.

Sobre la base de tales innovaciones, y gracias a su talento natural para lo que hoy llamamos branding, Stan Lee se convirtió por convicción, devoción y, porqué no, también ego, en un verdadero evangelista de los cómics. De Marvel Comics. En palabras del historiador de cómics Arlen Schumer: “Artistas como Jack Kirby y Steve Ditko crearon los cómics: las creaciones visuales llenas de energía y la narración dinámica que saltaba de la página, adentrándose en los corazones y las mentes de los lectores; pero Stan Lee creó Marvel: la voz, los sonidos y ese joie de vivre verbal que hizo que Marvel Comics cantara en los años 60”. Al margen de disputas creativas, Lee fue sin lugar a dudas la voz cantante (siguiendo con la metáfora de Schumer) y ha sido su labor como portavoz y embajador de Marvel Comics la que con el tiempo le ha llevado a ser un personaje de Marvel por derecho propio, hasta el punto de que cuesta concebir que en las adaptaciones de cine venideras no lo veremos aparecer en uno de sus múltiples cameos, pululando por las ficciones que contribuyó a crear, como una versión moderna y socarrona de la que fuera la firma cinemática de Alfred Hitchcock: como vendedor de perritos calientes, cartero, bibliotecario, guardia de seguridad, o como él mismo, cuando fue expulsado de la boda de Reed Richards y Susan Storm por no estar en la lista de invitados… [5]

Algunos de los múltiples cameos de Stan Lee en las películas de la factoría Marvel

Quién sabe, igual estaba tratando de proteger la identidad del verdadero invitado: un tal Stanley Lieber, oriundo del Bronx. El mismo que soñó con escribir la gran novela americana pero tuvo que conformarse con escribir para revistas pulp durante casi dos décadas; el mismo que decidió humanizar a los superhéroes y revolucionó la manera de producir cómics; el mismo que acercó a creadores y fans y se convirtió en el gran embajador de Marvel Comics; el mismo que, al parecer,  tenía también la mala costumbre de atribuirse méritos ajenos, pese a los muchos méritos propios que sin duda tenía… Al fin y al cabo, ¿quién dijo que Stanley Lieber no tuviera sus manías y sus fallos bajo el traje impoluto de Stan Lee? ¿Acaso no los tenían Bruce Banner, Reed Richards, Peter Parker? Pero bueno, ‘nuff said, como diría Stan. ¡Basta de charla!

NOTAS:

[1] El concepto de la Gran Novela Americana remite a una novela de alto mérito literario que mostraría la cultura de los Estados Unidos en un momento específico de la historia del país. Presumiblemente sería escrita por un autor de los EE. UU. con conocimiento del estado, la cultura y la perspectiva del ciudadano común durante dicho periodo.

[2] Stan Lee: Origins Of Marvel Comics (Stan Lee, Simon & Schuster/Fireside Books, 1974)

[3] Challengers of The Unknown fue creado por Jack Kirby para D.C. en 1957. Narra historias protagonizadas por un cuarteto de aventureros que se se enfrentan a apariciones paranormales y diversas amenazas fantásticas dentro del género de la ciencia-ficción.

[4] “Steve Ditko – A Portrait of the Master”. Entrevista a Steve Ditko publicada en Comic Fan #2 (verano de 1965).

[5] En el cómic Fantastic Four Annual #3 (1965), Jack Kirby y Stan Lee también fueron rechazados de forma similar durante la boda de Richards y Storm.