Entrevistamos a la escritora y filóloga Lola Robles, coeditora de Distópicas y Poshumanas, dos antologías de relatos que pretenden visibilizar a varias autoras de fantástico en castellano. Los dos volúmenes se convierten en el punto de partida de una reflexión sobre la identidad del género.

Lola Robles

La escritora y filóloga Lola Robles empieza a pasar las páginas de Distópicas. Al lado, sobre la mesa, tiene Poshumanas. Ambos libros han sido publicados por la editorial Libros de la Ballena el pasado mes de mayo y las ventas no pueden ir mejor. Acerca la vista y se ajusta sus gafas redondas mientras comienza a repasar cada título del índice. Le he preguntado cuál es su relato favorito de la colección que ella misma se ha encargado de antologar junto con la investigadora Teresa López-Pellisa y la escritora Sofía Rhei, y que recoge lo más destacado de la ciencia-ficción escrita por mujeres españolas desde el siglo XIX hasta la actualidad. “Para mí son todas mis niñas, es muy difícil esto”, dice mientras sigue repasando el índice. “Por ejemplo, “La crisálida”, de Blanca Marta, me encanta. “El aprendizaje”, de Sofía Rhei, “Quimiuns”, de Conchi Regueiro, “Hambre”, de Cristina Jurado, “La mujer de Lot, de Elia Barceló…”. Estás diciéndome todos, la interrumpo. Lola ríe, mueve el pelo corto y gris debajo de una gorra negra con la bandera republicana. “Es que me das a elegir a quién quiero más de mis niñas y es imposible, no soy capaz”. Cierra el libro y se rinde. No elegirá uno solo de los 24 cuentos que integran, en total, los dos volúmenes. Porque cada uno tiene detrás una historia diferente, más allá de la que el propio relato cuenta. La historia de cómo Lola Robles, Teresa López-Pellisa (Alcañiz, 1979) y Sofía Rhei (Madrid, 1978) bucearon en la vida y obra de mujeres casi desconocidas unas, consagradas otras, para sacar a la luz una antología sin precedentes en nuestro país.

Publicar Distópicas y Poshumanas era para Lola Robles “imprescindible”. Porque en las antologías de ciencia-ficción en español que habían salido hasta entonces, al menos en las que eran algo representativas, las mujeres “eran una mínima parte”. Y haber, había más. “Aunque hayan sido una minoría dentro de la ciencia-ficción, no había solo una autora como podía ser Elia Barceló”, insiste, aunque, por supuesto, la gran dama del género también está presente en esta colección.

Estamos sentadas en una cafetería del centro de Madrid. Habíamos quedado para encontrarnos en la librería Mujeres y Compañía, donde Robles ha dejado unos libros antes de la entrevista. Licenciada en Filología Hispánica y una de las coordinadoras y socia fundadora de la Biblioteca de Mujeres, es autora de varios artículos y ensayos, uno de los cuales ganó en 2017 el Premio Ignotus otorgado por la Asociación Española de Fantasía, Ciencia Ficción y Terror. Ha dirigido varios talleres literarios y como escritora ha cultivado el relato y la novela con obras como La rosa de las nieblas (Kira Edit, 1999), El informe Monteverde (Equipo Sirius, 2005; nueva edición corregida y ampliada en Crononauta, 2018), Flores de metal (Equipo Sirius, 2007), Yabarí (Cerbero, 2017) y El árbol de Sefarad (Cerbero, 2018), entre otros. Un bagaje profesional y personal que la hacían perfecta para una aventura como esta.

Una antología contra la invisibilización

La idea de hacer una antología como Distópicas y Poshumanas la tenía Lola Robles desde hace “muchísimos años”, por la sencilla razón de que “no había nada parecido”. Sin embargo, el tiempo pasó y la iniciativa se difuminó, hasta que en diciembre de 2014 coincidió en un evento literario con la escritora Sofía Rhei: “Ella me propuso la misma idea. Fue el impulso que necesitaba”. A partir de ahí se pusieron en contacto con la investigadora Teresa López-Pellisa, con el fin de luchar contra la doble invisibilización de estas autoras: de un lado, por ser mujeres y, de otro, por escribir ciencia-ficción.

Porque si ser mujer es un escollo, el género literario no lo es menos en un país con una larga tradicional realista. “No se ha leído a muchos autores desde esa perspectiva y quienes han empezado a hacerlo han trabajado menos a las autoras, bastante menos, salvo algunos casos muy específicos”. Ahora, por fortuna, esta tradición realista “ya no es tan intensa o tan exclusiva”, explica Robles, aunque “sigue pasando. A los autores realistas se los lee como realistas y sigue habiendo un rechazo por parte del establishment literario español” hacia la ciencia-ficción. “Es algo muy típico español, que no pasa en América Latina y no creo que pase en los EEUU. Pero aquí hay todavía una especie de clasismo. Hay ciencia-ficción de entretenimiento, y está bien, cumple su función. Pero no sólo es eso: lo que pasa es que mucha gente no conoce los géneros, ni siquiera desde el punto de vista de saber qué son y cómo funcionan. Y mientras en la escuela, en el instituto y en la universidad no se enseñe y no se explique bien, no se va a cambiar de idea”.

Presentación de las antologías en la librería Gigamesh de Barcelona. De izquierda a derecha: Montse Argente Jiménez, del Institut Catalá de les Dones, Lola Robles, Sofía Rhei y Teresa López-Pellisa. Fotografía de Marta Perpiñán Arias.

Lola Robles nació en Madrid en 1963. Desde niña le gustaba leer libros de aventuras y de ciencia-ficción, aunque en ese momento no sabía que lo era. También fue una época en la que tanto el feminismo como el movimiento LGTB+, de los que Lola ha sido activista toda su vida, aún tenían mucho que recorrer en España, más el segundo que el primero. En este sentido, apunta, la ciencia-ficción “es un género que permite presentar alternativas a la realidad que conocemos. Por eso le va muy bien al feminismo o a cualquier otra teoría o movimiento político, porque no solamente permite criticar la sociedad, el mundo que conocemos, el presente, el pasado, sino presentar alternativas lógicas”. En el caso de Distópicas y Poshumanas, los relatos giran en torno a dos ejes temáticos principales: las distopías y los viajes por el espacio, en el primero, y el uso de la ciencia y la tecnología para la mejora de la Humanidad, así como los seres híbridos, los robots y los androides, en el segundo.

Pero, más allá de los temas, lo que está claro es que no se puede hablar de estos dos libros sin hablar de feminismo. Sobre todo por el reconocimiento de las mujeres escritoras del género que supone, pero también porque tiene entre sus páginas relatos con un claro enfoque feminista, como “Casas Rojas”, de Nieves Delgado, donde se habla de la esclavitud sexual, o “Mares que cambian”, de la propia Lola Robles, ambos publicados por primera vez en Alucinadas I, la antología dedicada a escritoras españolas de ciencia-ficción que se hizo en 2014 por convocatoria abierta. “Le tengo mucho cariño, me interesa mucho el tema de la identidad de género que trato en él”, cuenta sobre su relato.

Mientras en la escuela, en el instituto y en la universidad no se enseñen ni se expliquen bien los géneros fantásticos va a seguir existiendo clasismo literario en España

Recuperación de autoras clásicas

No hay que confundir esta visibilización con la intención de diferenciar la ciencia-ficción escrita por mujeres de la escrita por hombres; no existe, según Robles, una distinción en lo que escriben unas y otros. Lo que han pretendido con esta selección de relatos es otra cosa: en primer lugar, “recuperar autoras no consideradas de ciencia-ficción pero que podían tener obra”, como Emilia Pardo Bazán, de la que se ha incluido su relato “La cabeza a componer”, en el que un hombre aquejado por terribles dolores de cabeza y mareos va haciendo que le extirpen parte a parte el cerebro hasta perder todo lo que le hace humano: la memoria, la razón, la imaginación. “Sabemos que Pardo Bazán escribió realismo y naturalismo en narrativa, y también teatro, poesía, ensayo…. Y escribió fantástico y terror, y muy bueno. Pero sobre ciencia-ficción no se la había estudiado prácticamente”, apostilla acerca de la obra de la autora coruñesa. En segundo lugar, pretende incluir autoras que habían quedado relegadas al olvido, como María Guéra o Ángeles Vicente, y otras clásicas como María Laffitte, la condesa de Campo Alange. Y, en tercer lugar, mostrar a escritoras del siglo XX y del siglo XXI “que hubieran escrito más o que fueran significativas por algo”, como Rosa Fabregat, Rosa Montero, Elia Barceló, Felicidad Martínez, Susana Vallejo… “Es una cosa muy variada. Ha habido diversos factores. Ha sido complicado porque hay algunas autoras importantes que se han quedado fuera, porque no podíamos meter novela o porque ha habido problemas con los derechos de autor”, como pasó con Matilde de la Torre o Mercedes Salisach.

No obstante, el motivo principal de que haya autoras que no hayan sido incluidas en esta antología es otro bien distinto: “Queríamos hacer un volumen de 1.200 páginas pero nos dijeron que no”, ríe. “Yo luchaba mucho porque siempre quería poner más y ellos (los editores) me decían que no podía. Es que no nos cabe, decían. Fue una lucha continua. Yo ponía y ellos quitaban”.

Daba para eso y mucho más, porque el proceso de investigación para el libro comenzó a principios de 2015 y, aunque “ha habido parones”, también “había todo un trabajo anterior. Yo llevaba años investigando y trabajando sobre la segunda mitad de siglo XX; Teresa López-Pellisa tenía mucha información sobre autoras del siglo XIX y XX; Sofía Rhei conoce mucho a las autoras actuales… No empezábamos de nuevas”.

La ciencia-ficción le va muy bien al feminismo o a cualquier otra teoría o movimiento político porque es un género que permite presentar alternativas a la realidad que conocemos

Y con el proceso de investigación llegan las anécdotas. Para Lola, ha habido algunos pasos de investigación “casi detectivesca”. Es lo que ocurrió con María Guéra, de la que no se sabía nada y al final “hemos reconstruido prácticamente toda su historia familiar, con su hijo Arturo Mengotti”, co-autor del relato incluido en la antología, “Herencia de sueños”. Investigar es una de las pasiones de Lola: “Yo trabajaba en el Registro Civil y un día vi una partida de alguien que se llamaba Mengotti y le pregunté. Y sí debía de ser un familiar, porque me dijo que María Guéra y su hijo habían emigrado a América. Entonces me puse a buscar. A veces lo localizas en una semana y a veces puedes tardar años, o a lo mejor nunca lo consigues”.

En este caso sí tuvo éxito, y la labor resulta ser, casi siempre, muy gratificante. “Normalmente la gente te responde muy bien porque si son familiares de autoras que no han estado muy reconocidas, siempre es una satisfacción para los hijos”. Es el caso también de Florencia Grau, autora que al final no pudieron incluir pero cuya investigación comenzó con un recorte de una revista que Lola Robles guardaba desde niña. “Leí en la revista Lecturas un cuento de ciencia-ficción que me gustó mucho, recorté la página y me quedé con ella durante años. Me gustó mucho porque se trataba de un relato de ciencia-ficción y que, sin yo saberlo, fue el que me hizo aficionarme al género. Así que quería saber quién era esa señora. Puse un anuncio en mi blog y una mujer catalana que no conocía de nada me escribió y me dijo que esta mujer tenía un serial radiofónico en una emisora de Barcelona y era madre de una actriz que se llama Marta Angelat. Busqué su dirección en las Páginas Amarillas y le escribí una carta. Me contestó muy contenta. No la hemos podido meter en la antología, pero tengo pendiente dedicarle más espacio en mi blog porque la información que me dio la tengo recopilada”.

Los dos volúmenes publicados por Libros de la Ballena

También hay hueco para las curiosidades. A Alicia Araujo la eligieron para formar parte de la antología porque su cuento “El hijo de la ciencia” es el único suyo que conocían publicado y además aparece en una de las primeras antologías de ciencia-ficción española, de 1967. “Esta señora pertenecía a un grupo que creía en la existencia de extraterrestres, los umnitas, que venían de un planeta que se llamada Ummo. Estos extraterrestres aparecían sobre San José de Valderas”. Las dos reímos, pero Lola Robles se apresura a añadir: “Por qué no, si aparecen en Wisconsin también pueden aparecer allí. Todos mis respetos para San José de Valderas”.

Extraterrestres aparte, para Lola Robles el trabajo que ha dado como fruto esta antología ha supuesto toda una experiencia, no sólo por la labor de investigación, sino también por la oportunidad de colaborar con Libros de la Ballena, una editorial vinculada al máster de Edición de la Universidad Autónoma de Madrid. “Trabajar con esta gente ha sido un gustazo. Hemos trabajado muchísimo, nos hemos cansado, había días que estábamos a las tres de la mañana enviándonos correos, pero ha sido una experiencia muy satisfactoria y si reeditan sería mucho más satisfactoria todavía. Porque se ha vendido muy bien, ha tenido una acogida muy buena”.

Colecciones de relatos mixtas y no mixtas en la ciencia-ficción

A pesar del éxito, siempre queda, sin embargo, la duda de si con iniciativas como esta existe el peligro de que se relegue a las autoras a publicar en antologías de mujeres. Lola Robles está de acuerdo con que supone un riesgo. Aprovecha para alabar otros proyectos de ciencia-ficción y terror escrita por mujeres como Alucinadas, Terroríficas o el Premio Ripley, que están haciendo “una labor muy importante”, pero considera necesario que “las autoras no nos limitemos a eso sino que participemos después en antologías mixtas. Es una buena manera de dar a conocer a autoras noveles, pero personalmente creo que eso debe tener un tiempo. Hay que potenciar que podamos participar en antologías mixtas sin ningún problema”.

Sobre todo ahora, que se está dando un “cambio espectacular” en el número de lectoras y escritoras de ciencia-ficción. “Desde el comienzo del siglo XXI y sobre todo en la segunda decena, a partir de 2010, ha habido un aumento más que notable. Hay más autoras escribiendo y hay un mayor público leyendo autoras”. Y eso se ve reflejado también en la evolución de los personajes. “Según evoluciona la sociedad también evolucionan los autores”, explica. Lola pone como ejemplo el tabaco. “Antes lo normal era que la gente fumara en las películas y en los libros, pero según te vas acostumbrando a que se fuma menos, va influyendo. Ahora mismo, si tú te fijas en las series, no fuman tanto”. Con los personajes pasa lo mismo. “No es que se haga de una manera políticamente correcta o no, es que influye el entorno”.

¿Entonces, todo está conseguido para las escritoras de ciencia-ficción? No, para nada. “Aún hay mucha gente que sigue diciendo aquello de yo no me fijo en el género del autor. Y yo les diría: pues si no te fijas, no verás el problema que ha habido hasta ahora. Todavía hay prejuicios o ese tipo de ideas”. Matiza, sin embargo, que “no se puede juzgar a todo el mundo por igual, pero sí es verdad que en general respondemos con una serie de frases hechas. Y si, por ejemplo, si te quieres dedicar a escribir, te tienes que fijar”. Además, ahora las cosas son muy diferentes. Aunque aún queda mucho camino por recorrer, “las chicas de ahora tienen incorporado el feminismo de una manera mucho más natural. Antes te daba miedo decir que eras feminista porque te pudiera pasar algo, porque no le gustara a la gente”, dice mientras da vueltas a su gorra en las manos y recuerda una anécdota que le pasó hace poco, en el Festival Celsius: “Iba con esta gorra, con la bandera republicana. La compré porque quise. Y en un cruce, un señor en una furgoneta me gritó: ¡Arriba España! Así que, aunque parezca increíble, porque no creo que sea una cosa para ofender ni yo la llevo para ofender a nadie, hay personas que se dedican a mirarte y no tienen nada mejor que hacer en su vida que meterse con las demás. En ese sentido el miedo que teníamos antes era el miedo de una sociedad que todavía no había conocido los derechos y en la que podía haber agresiones. Que las sigue habiendo. Pero las chicas de ahora, las escritoras más jóvenes, las lectoras, tienen el feminismo mucho más normalizado y además son muy cañeras, muy guerreras, y a mí eso me encanta”.

Desde el comienzo del siglo XXI hay más autoras escribiendo y hay un mayor público leyendo autoras

La cafetería se ha ido llenando de gente. El ruido de las conversaciones se eleva por encima del tintineo de las tazas y los cubiertos. Los dos libros, Distópicas y Poshumanas, siguen encima de la mesa. ¿Se quedarán solos o han pensado en hacer algo parecido en géneros como el fantástico o el terror? “Hablamos de hacerlo en fantástico, pero que nos pongamos a ello ya es otra cosa”, confiesa Lola Robles. “A nosotras nos encantaría, sobre todo la parte de recuperación, que es la más interesante”. En el aire se queda la posibilidad. Porque tanto la ciencia-ficción como lo fantástico o el terror, tienen, para la escritora, “mucho futuro”.