Stanley Kubrick y Arthur C. Clarke desarrollaron uno de los grandes hitos de la ciencia-ficción, 2001: Una odisea en el espacio. A raíz de este esfuerzo conjunto, surgió la primera novela, a la que siguieron otras tres que conforman la odisea espacial de Arthur C. Clarke. Con motivo del 50º aniversario del estreno de la película, Debolsillo las reúne en un único ejemplar.

Ilustración de la serie 2001, A Space Odyssey Studies, realizada por Anthony Nguyen

Comenzamos este análisis sobre la odisea espacial de Arthur C. Clarke afrontando una confusión muy habitual: a diferencia de lo que se suele pensar, 2001: Una odisea espacial, el libro (1968), es consecuencia del proceso de guionización de la película y no al revés. O, por decirlo de forma más exacta: primero se terminó el guión cinematográfico, después la película y finalmemente el libro, si bien el proceso de producción de guión y novela fue casi paralelo. Esta cronografía tiene varias consecuencias que conviene tener en cuenta. La primera es que 2001: una odisea espacial, encara directamente algunas de las incógnitas más importantes de la película y ayuda a interpretarla, pero no se puede decir lo mismo de las siguientes novelas de la serie, deudoras de la primera novela y totalmente independientes respecto de la película.


Por supuesto, en segundo lugar, aunque las novelas son de la exclusiva autoría de Arthur C. Clarke (Inglaterra, 1917- Sri Lanka, 2008), el argumento original que sirve de motor narrativo tiene una doble paternidad. De hecho, la iniciativa se la deberemos más bien a quien tuvo la idea primigenia y buscó la ayuda de un brillante científico y escritor de ciencia-ficción para darle un sentido pleno, ideológicamente fiel y científicamente coherente: Stanley Kubrick. Clarke le propondría inspirarse juntos, para el guión, en un relato suyo publicado años antes: “El centinela” (1948). El proprio Clarke agradecería a Kubrick su llamada decisiva en el prólogo del primer libro.

En tercer lugar, conviene aclarar que “El centinela” es el relato que sirve de punto de partida para el guion cinematográfico. Pero ni el guion está claramente inspirado o es consecuencia del desarrollo de la historia del relato (sí de su idea general), ni tampoco las novelas son desarrollo o secuelas suyas. De hecho, a este respecto, conviene aclarar que las cuatro novelas que conforman Una odisea espacial. La saga completa (Debolsillo, 2018) son independientes: cada una conforma un desarrollo espacio-temporal diferente del mismo hilo argumental principal. De ahí que podamos ver entre ellas tanto grandes similitudes como grandes divergencias. No se trata, por tanto, de discrepancias sino de desarrollos diferentes. Y, por ello, las cuatro novelas son tan independientes como complementarias entre sí.

En cuarto lugar y último lugar, pero relacionado con lo expuesto hasta ahora, aunque su origen común establece un hilo invisible que vinculará para siempre al guión cinematográfico con los libros, ambas obras son plenamente independientes. Flaco favor le haríamos a Kubrick metiéndolo aquí de por medio y viceversa. Ambos autores son ideólogos a partes iguales, pero cada uno es el único responsable de las obras derivadas según su autoría. Así que, para bien o para mal, a continuación, realizaremos un análisis literario que únicamente atañe a Arthur C. Clarke.

Somber. Ilustración de Dixon Jong

Cada una de las etapas de esta odisea

Dicho lo cual, nos metemos en harina explicando un poco sobre los datos generales de esta serie literaria, que en 2018 cumplió su 50º aniversario y que, todavía hoy, sigue siendo una de las aventuras espaciales más conocidas, más leídas e influyentes de todos los tiempos. La serie Una odisea espacial, recogida en un solo tomo conmemorativo por Debolsillo, la constituyen cuatro novelas publicadas en muy distintos períodos de tiempo.

La primera es contemporánea a la película de Kubrick (1968), con la que comparte título: 2001: una odisea en el espacio. Es un texto claramente inspirado en el filme, en el que se dejan ver las influencias del debate creativo entre novelista y cineasta. Quizás por ello resulte la novela más original e inspiradora de las cuatro. También es la que más claramente bebe del relato de base, “El centinela”, pero introduciendo importantes innovaciones y cambios, como, por ejemplo, la aparición del misterioso monolito a partir del cual comienza esta aventura. Como en la película, el motor de la narración es la aparición de un extraño objeto alienígena, del contacto de otras civilizaciones extraterrestres con la humanidad y del shock que se produce cuando este contacto tiene lugar. Se realiza así una reflexión acorde con las preocupaciones de la época: tras el hito de la presunta conquista lunar (hay quien la pone en duda, basándose en que fue un montaje a partir de los escenarios de la película), la humanidad comenzaba a mirar en serio hacia más allá del Cinturón de Kuiper.

La segunda novela, 2010: Odisea dos (1982), recoge todos los avances técnicos, científicos y especulativos acumulados hasta la fecha, e intenta seguir, con cierta fidelidad, la estela de la película y de la primera novela: es la más claramente vinculada con el filme y con el debate social generado desde entonces alrededor suyo. Tanto es así, que sería posteriormente adaptada al cine, como secuela. En 1984, dos años después de publicado el libro, y bajo la dirección de Peter Hyams (quien pocos años antes había dirigido otras dos películas de ciencia-ficción tan relevantes y originales como Capricornio uno en 1978 y Atmósfera cero en 1981), se estrena en salas 2010: Odisea dos.

En la novela hay referencias al contexto sociopolítico de la época, como las alusiones indirectas, pero claras, a la carrera espacial y a la Guerra Fría mantenida entre los EE.UU. y la U.R.S.S., en la que el espacio fue uno de sus principales escenarios bélicos. En esta ocasión, ambos países ponen en marcha sendas misiones para averiguar qué le sucedió a la primera misión Discovery y a la nave controlada originalmente por HAL 9000. Los rusos pondrán en marcha la misión Leonov y los norteamericanos harán lo propio con la Discovery II. Un nuevo regreso a la órbita de Júpiter, con el subsiguiente intento de investigación del famoso monolito y nuevas y sorprendentes claves científico-filosóficas —que no vamos a desvelar aquí—, esperan al lector que quiera adentrarse en sus páginas.

Novedosos avances científico-técnicos en el conocimiento del sistema solar llevaron a Arthur C. Clarke a decidirse por continuar la saga con una tercera entrega. Si para la segunda su leitmotiv había sido la sonda espacial Voyager —que pasó por la órbita de Júpiter y sus satélites en 1979, permitiendo obtener imágenes espectaculares e impensables hasta entonces—, para esta tercera, Clarke puso la mirada en la misión espacial Galileo, un proyecto de la NASA también dirigido a investigar Júpiter y, especialmente, la superficie gélida de su satélite Europa. Distintos problemas con la misión, entre ellos el miedo de la NASA a un nuevo fracaso tras el desastre del transbordador Challenger, retrasaron su lanzamiento hasta 1989.

2001. ilustración de Maider B. Obsidi

Sobre la marcha, Clarke improvisó y cambió de fuente de inspiración: de la misión Galileo pasó a fijarse en el cometa Haley, que volvió a ser visible desde la tierra en 1986 (su próxima cita con nuestro cielo es en 2061). No es casualidad, por tanto, que esta tercera entrega se titulase, precisamente, 2061: Odisea tres (1987). Una entrega en la que, nuevamente, el contexto de la época vuelve a estar presente con otra referencia indirecta a la Guerra Fría, aunque manifestando un claro deseo de paz y convivencia entre Estados Unidos, la U.R.S.S. y China. Una cooperación necesaria en su nueva relación con la civilización alienígena, tensa, tras el sorprendente final de la anterior novela. Como era de esperar, sin embargo, la humanidad no está tan preparada para cooperar.

Esta novela ya experimenta un deterioro argumental claro, como consecuencia de querer estirar algunos hilos narrativos y personajes más allá de lo razonable, lo que conlleva que la lectura sea, por momentos, ciertamente farragosa, llevándonos a la confusión o a la incredulidad sobre ciertos aspectos sobre los cuales se había puesto un especial cuidado para no perder la coherencia y credibilidad científica. Eso sí, si por algo sobresale especialmente 2061: Odisea tres es por su ambientación, por la capacidad de Clarke para mirar con certeza hacia el futuro de lo posible desde su momento presente. Algo que, realmente, puede llegar a resultar fascinante a las personas lectoras más interesadas en los aspectos económico-políticos y socioeconómicos de la ciencia-ficción.

Y, finalmente, llegamos a 3001: Odisea final (1997): sigue, de forma prácticamente calcada, los caminos creativos de su inmediata predecesora, intentando estirar todavía más los hilos narrativos y los personajes centrales de la trama hasta un milenio más allá de su punto original de partida. Una decisión que obliga a Clarke a llevar a su creatividad hasta el extremo, alejando así a los lectores más interesados en la trama que en el conocimiento científico especulativo, baza imprescindible para el autor a la hora de sostener su inmenso giro argumental.

Esta novela es la que posee una ruptura argumental más evidente con respecto a las entregas anteriores: se rescatan a personajes de la primera entrega, se reorienta su presencia en la trama con giros de increíble originalidad, y se encuadran en un contexto temporal donde —por su lejanía— la libertad creativa de Clarke lo lleva a alcanzar cotas máximas de imaginación. En cierto sentido, supone una reinterpretación libre bastante alejada de la idea original, aunque claramente inspirada en ella, con cambios profundos respecto al sentido de los monolitos, la civilización extraterrestre que los diseñó y dispuso en su sitio, o el futuro de la humanidad en cuanto a comunidad. Todas estas novedades exigen al lector un cierto conocimiento de esta historia primigenia, si bien no hace necesariamente obligatorio haber leído las obras anteriores.

Ilustración de la serie 2001, A Space Odyssey Studies, realizada por Anthony Nguyen

En conjunto, Una odisea espacial. La saga completa resulta ser claramente irregular. A medida que va pasando el tiempo y las novelas se suceden, Clarke se va alejando de su idea primigenia, va perdiendo impulso, creatividad y sentido de la maravilla. Se desprende progresivamente del conocimiento científico-técnico del momento como apoyo ficcional, adoptando cada vez más herramientas creativo-narrativas tradicionales. Además, su decisión de estirar a algunos personajes e hilos argumentales deturpa las tramas, acelera la pérdida de credibilidad sobre las novelas y acaba distanciando al lector de la trama, pudiendo llegar a resultar incluso irreconocible.

Sin duda, son sobre todo los lados científico y creativo de Arthur C. Clarke los que deparan los mejores momentos de la saga. A medida que estas dos facetas se van disociando, su calidad va decayendo, y con ella también nuestro interés. No obstante, el conjunto desarrolla interesantísimas ideas de calado científico-filosófico respecto a un eventual contacto con una civilización extraterrestre, y presenta mundos y sociedades alternativas enormemente disfrutables en cuanto a su solidez argumental y viveza. Por todo ello, Una odisea espacial. La saga completa representa una piedra de toque ineludible en la historia de la literatura de ciencia-ficción. Se presentarán pocas oportunidades mejores que ésta para encontrarla en buena edición y a precio de derribo.

Por otro lado, a los más soñadores siempre nos queda esperar a que se hagan realidad los periódicos rumores sobre una posible adaptación audiovisual de la tercera y cuarta novelas de la serie. Tom Hanks afirmó en su día que él se iba a hacer cargo de convertirlas en sendas películas. Y la última noticia fue de 2014 cuando, por sorpresa, el canal SyFi anunció que emitiría una miniserie sobre 3001: Odisea final con producción de Ridley Scott y guión de Stuart Beattie, pero de la que nunca más se supo. Desde entonces, estamos en vilo por si cualquier día, inesperadamente, nos despertamos con la noticia de que, por fin, esta legendaria serie de novelas tiene también un final audiovisual.