Las cien noches de Hero, de Isabel Greenberg, utiliza el poder de las historias, basándose en el ejemplo de Las mil y una noches, para denunciar el discurso ideológico dominante del machismo respecto a la mujer, sus derechos y sus libertades y así entender el feminismo desde la mujer y su dolor.

Isabel Greenberg ha vuelto con una nueva novela gráfica. La autora de la magnífica La enciclopedia de la Tierra Temprana (Impedimenta, 2014) recupera ese marco contextual, introduciéndonos de nuevo en el mundo creado por el Hombre-Pájaro y su hija Kiddo. Como en su anterior entrega, vuelve a ser decisiva la reivindicación de las historias, de la oralidad, del patrimonio cultural popular para definir nuestra imagen del mundo, de la sociedad y de nosotros mismos. Pero ahora, con inteligencia y audacia, le da a este argumento una vuelta de tuerca más.


En Las cien noches de Hero (Impedimenta, 2018) se mezcla con habilidad el esquema narrativo de Las mil y una noches y el marco ideológico-cultural de la Europa medieval para realizar un doble trabajo de investigación y reconstrucción. Por un lado, la novela gráfica nos propone una audaz exploración sobre la cara oscura (que no oculta) de la oralidad en cuanto definidor ideológico de Lo Real, mostrándonos las consecuencias injustas de lo que pasa cuando permitimos que la igualdad de derechos sea desplazada por sus contrarios y opositores. Por el otro, ejecuta una brillante reconstrucción del discurso ideológico contemporáneo dominante y le da la vuelta como un calcetín a partir, precisamente, de las historias que ese discurso ha soslayado y pretende mantener ignoradas.

Para ello partimos de la historia de Cherry y Hero, dos mujeres enamoradas en un tiempo de extraordinario fervor religioso al Hombre-Pájaro, donde los intérpretes de su palabra (los Picudos) son quienes fijan la ley y condenan a la mujer a un papel sumiso y secundario, al tiempo que los hombres se dedican a gobernar su casa, sus tierras y demás dominios. Como todo lo prohibido, Cherry y Hero viven su amor de forma clandestina. Hasta que una apuesta sucia del esposo de Cherry, Jerome, con quien ésta se ha casado por obligación social, pone esta estabilidad precaria en juego. La apuesta entre Jerome y un amigote suyo, Manfred, pone sobre la mesa el Castillo y posesiones de cada uno bajo una única premisa: Jerome se iría 100 días y, en ese tiempo, Manfred debería demostrar la infidelidad de su esposa acostándose con ella. Si se acostaban, Jerome lo perdería todo, y si no, lo perdería Manfred.

Un compañero de copas se transforma cuando hay tanto en juego y, desde el principio, Manfred se muestra confiado en poder ganar, aun a costa de arruinar a Jerome. De hecho, desde el minuto uno decide que, por las buenas o por las malas, tomará el cuerpo de Cherry. Si es por las buenas, mejor. Parece que Jerome no tiene nada que hacer. Cherry se ve ya condenada. Hasta que Hero entra en escena…

La enamorada de Cherry, a modo de Sherezade, embauca a Manfred para inmiscuirse en su alcoba todas las noches y contarle cautivadoras historias de amor y desgracia que colman su curiosidad y aplacan su apetito. Él, confiado en su victoria, que cree poder alcanzar en apenas unos pocos minutos, y con tantas noches todavía por delante, deja hacer a Hero una noche, y otra, y otra, y otra, y otra… Aquí es cuando se pone en marcha el poder de las historias, su magia. A través de esos cuentos, Hero ha conseguido no sólo cautivar a Manfred y a Cherry, sino también a toda la guardia y corte que Jerome tenía apostada en el castillo para vigilar su apuesta; un personal que, con el paso del tiempo, acaban embaucados también, favoreciendo los intereses de Cherry y Hero, confundiendo a Manfred sobre cuantos días o noches habían pasado desde que su apuesta comenzó, y llevando sus maravillosas historias hasta más allá de los muros de la propiedad.

He aquí el motor narrativo de la novela gráfica: el poder de las historias, de la oralidad, de la literatura popular. Un motor que ruge a pleno pulmón de forma convencional y tradicional, al mismo tiempo que se introduce en un tema de indudable contemporaneidad para denunciar el discurso ideológico dominante del machismo respecto a la mujer, sus derechos y sus libertades para entender al feminismo desde la mujer y su dolor.

Actualmente existe una enorme confusión alrededor del concepto de feminismo. Muchos intereses particulares intentan imponer una definición, una forma de verlo e interpretarlo, casi siempre asociado a la discriminación o a la desigualdad. Nada más lejos de la realidad. Para intentar aclarar el concepto, y de paso reivindicarlo como necesario, Isabel Greenberg nos lleva a través de estas historias a su sentido primigenio, al núcleo central de su existencia y su significado: el dolor provocado a la mujer, simplemente, por el hecho de ser mujer. Lo hace a través de pequeñas historias fantásticas, algunas de ellas llenas de ensoñación y magia, y otras sumidas en el dolor y la tristeza, aunque todas ellas bañadas de un poso de realidad: el que les aporta el haber sido recogidas, conservadas y narradas en su día por “La Liga de las Narradoras Secretas”, un grupo de mujeres encargadas de custodiar y difundir estas metáforas tras las que se oculta una realidad de discriminación, castigo, dolor y muerte. Un grupo de mujeres con las que Hero está estrechamente vinculada, y cuyo misterio se va también resolviendo a medida que avanzamos en el desarrollo de estas pequeñas teselas de memoria y reivindicación.

A modo de selección, someramente resumida y sin ánimo de caer en avances inconvenientes, escogemos como representativas la historia de las hermanas Minnerie y Bennorie (se narra en la tercera parte, “Un arpa muy honesta”), a quienes un hombre mentiroso y embaucador separa y enfrenta -y cuya historia narra un arpa misteriosa-. Y la historia de doce hermanas encerradas en un palacio de cristal cuyo padre las trata como un tesoro de su propiedad (se narra en la sexta parte, “Nunca comas una salchicha envenenada”) identificándolas con un número, y negándoles así un nombre. Decimos representativas porque un trazo insistente en estas historias es la del lazo de “hermanas” entre las protagonistas. En el conjunto de esta obra, este concepto trasciende el mero lazo de consanguineidad para ir un paso más allá, al aludir a una hermandad, a una comunidad, al lazo invisible que une a mujeres distintas ante una misma situación, problema y amenaza: el de la discriminación y la desigualdad.

La reivindicación de esta unidad invisible y la denuncia de la discriminación que une a las mujeres se manifiesta y elabora con mayor precisión según va pasando cada una de las historias, todas ellas con protagonista femenino, que Hero va contando a Manfred. La mayoría tienen un triste y un trágico desenlace, pero al final, con la narración de Cherry y Hero como hilo conductor principal, consiguen dejarnos el poso positivo de la esperanza en que todo el dolor sufrido por esas mujeres (y otras muchas como ellas) haya servido para que la hermandad recuerde y luche por ellas y su injusto destino.

Narratológicamente, este mensaje está elaborado y definido de forma impecable a través de lazos invisibles muy bien pensados, definidos y trenzados en la novela. De forma que así todo tiene un sentido, una lógica y una coherencia perfectas, tanto interna como externamente perfectamente conseguidas. Se nota que Isabel Greenberg ha tenido un cuidado extremo con los detalles, de forma que este texto se abre a un gran abanico de lectores, para los cuales Las cien noches de Hero tiene algo que contar, sea cual sea su género, su edad o sus pretensiones para con el texto. Los más jóvenes podrán disfrutar de historias mágicas, próximas al cuento, al relato fantástico o a la leyenda, mientras que los adultos podrán gozar de estos mismos elementos y, además, escarbar un poco más a fondo hasta este mensaje profundo de homenaje, reivindicación y lucha.

Las cien noches de Hero es una novela gráfica de ideas claras y objetivo evidente, pero también es ambiciosa y compleja. Consigue así que, más allá de lo que en apariencia quiere ser, sea eso mismo… y también otras muchas cosas más. Es una obra con capas cuya primera urdimbre podrá contentar a los más superficiales, pero que a poco que uno se quiera adentrar algo más, podrá encontrar una novela rica en subtextos significativos, detalles interesantes y mensajes de hondo calado ético y moral. Hasta el punto de que, aunque conserva un estilo gráfico y una paleta de colores muy continuista respecto La enciclopedia de la Tierra Temprana, sí demuestra un gran salto de madurez en cuanto a las capacidades creativas y literarias de su autora.

¿Quizás podremos ver algún día a Isabel Greenberg dando el salto a la novela? Quién sabe. Pero mientras la incógnita se resuelve, podemos disfrutar de sus excelentes novelas gráficas. Un material fantástico.