Benjamin Renner, autor de la novela gráfica y también de la película derivada, habla en El malvado zorro feroz (2015 y premiado en Angulema), de maternidad; aprovecha para dar un giro a los estereotipos convencionales que se asocian a los animales, empezando por el zorro, aunque respetando el del lobo, ese enemigo de la humanidad tan denostado por la cultura popular y la literatura.

Fotograma de la película (2017) que adapta el cómic, también obra de Renner

El lobo se ha convertido en poderoso e involuntario estandarte de una cruzada por la defensa del medioambiente. Se demostró en Madrid el 18 de marzo pasado, cuando unas 3.000 personas, según datos de la Policía Nacional, se congregaron en la Puerta del Sol bajo el lema “Lobo vivo, lobo protegido” para exigir, por tercer año seguido, un cambio normativo en todo el territorio que garantizase la preservación de la especie. Según datos de la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza (UICN), en España goza de estatus de especie “Casi amenazada”, a diferencia de Europa, con la salvedad reciente de Noruega, donde es “Preocupación menor”.

La organización ambientalista WWF España fue una de las promotoras de la marcha. Contactada por Fabulantes, ofreció más datos sobre la situación crítica del lobo (canis lupus) a través de una de sus portavoces, Yolanda Cortés: “Los últimos datos poblacionales proceden del censo realizado por el Ministerio de Agricultura y Pesca, Alimentación y Medio Ambiente entre 2012 y 2014, que estima la presencia de unas 300 manadas, aproximadamente unos 2000-2500 lobos. La tendencia de la población es estable o ligeramente positiva, tanto en número como en cuanto a la expansión de su área de distribución, hacia el sur y el este. El lobo está protegido sólo al Sur del Duero, mientras que las poblaciones del norte depende de la legislación de cada CCAA (en algunas, como en Castilla y León está considerada cinegética)”. WWF ha solicitado al Ministerio de Medio Ambiente modificaciones legislativas que favorezcan la conservación de la especie; asimismo, ha redactado doce propuestas que constituyen el ideario de la petición.

Hablamos de lobos porque desde que la humanidad ha podido plasmar sus pesadillas en cualquier tipo de soporte, este animal ha constituido una de las mayores amenazas a la supervivencia y expansión del hombre. La tensión entre seres humanos y lobos ha tenido como escenario fundamental los linderos de los bosques, hábitat destacado del mamífero y antesala para el crecimiento de las ciudades a lo largo de la historia. Siempre hay una razón para nuestros miedos o para nuestros prejuicios, y en el caso de las leyendas negativas sobre el lobo pesa mucho su condición de vecino molesto.

Sabine Baring-Gould, antropólogo decimonónico y uno de los principales folcloristas británicos, esboza en su fundamental y detallado ensayo El libro de los hombres lobo. Información sobre una superstición terrible (Valdemar, 2004, actualmente descatalogado) la principal razón de que el lobo nunca haya sido tomado muy en serio dentro del bestiario anglosajón. Observemos que la causa tiene como raíz de fondo, precisamente, la ausencia de prejuicios: «El folclore inglés es especialmente pobre en historias de hombres lobo, debido a que los lobos fueron erradicados de Inglaterra durante los reyes anglosajones, y por tanto dejaron de ser objeto de temor entre la gente». Por ese motivo, Stevenson, por ejemplo, situó Olalla (1885), su cuento sobre licantropía, en los bosques vascos, en un contexto de honda decadencia nacional. En Francia, donde los monarcas sí practicaban la caza del animal en sus cotos privados, persistió una tradición más profunda en el imaginario popular, de la que se servirían Alexandre Dumas (Capitán de lobos, 1857; Valdemar, 2000) o el norteamericano y socialista Guy Endore (El hombre lobo de París, 1933; ediciones Jaguar, 2004).

Tampoco conviene olvidar que parte de la mala fama del canis lupus se debe a la tradición oral: varios cuentos de hadas -Pedro y el lobo; Caperucita Roja o Los tres cerditos- lo convirtieron en el malvado hombre del saco del reino animal. No obstante, conforme las sociedades han ido reinterpretando mitos a su convenciencia, adaptándolos a sus preocupaciones actuales, el lobo ha ido cambiando de piel. George R. R. Martin le despojó de todo peligro y lo redujo a un manojo de carismáticos achaques; Stephen King (El ciclo del hombre lobo, 1983; DeBolsillo, 2011) usó al mamífero como símbolo de depredación sexual con alzacuellos; Roberto Innocenti apartó en su versión de Caperucita la imagen clásica para abrazar otra más moderna y sórdida. Y Benjamin Renner, multipremiado ilustrador y animador, ha hecho de él un calculador y manipulador villano, con algún deje de general autoritario, en El malvado zorro feroz, novela gráfica de 2015 galardonada en Angulema y por la que apostó, en España en buen formato, dos años después Reservoir Books.

Lo interesante de la propuesta de Renner es cómo todos los estereotipos “animales” se invierten hasta la caricatura. El cómic se ambienta en una granja donde ningún habitante actúa como se espera, de una forma parecida a la de U. S. Acres, las tiras cómicas de Jim Davies protagonizadas desde 1988 por el cerdito pragmático Orson y su cuadrilla estrafalaria. El rancho de Renner es más genuinamente europeo que el presentado por Davies, y un tanto menos apolítico, aunque no por ello carente de (sutil) incorrección política. El malvado zorro feroz es en esencia una historia más amable y enfocada a todos los públicos. No en vano, tiene por tema fundamental la maternidad.

El zorro del título es un desastre que intenta una y otra robar los huevos del corral sin ningún éxito ni disimulo. Nadie le toma en serio: ni el holgazán perro guardián, que anima su patanería para evitarse trabajar, ni el conejo tonto o el cerdo agricultor… y mucho menos la gallina temperamental. Por un devenir del destino, una de esas piruetas del azar con las que se suelen topar los cobardes y perdedores como este zorro o Rincewind, y de las que suelen aprovecharse los conspiradores lobunos, logra hacerse con los huevos para comerse a los pollitos que albergan. Pero para dar rienda suelta a sus instintos primarios, lo primero que tendrá que hacer es que los pollitos salgan; así pues, no le quedará otra que incubarlos y ser confundido, por los neonatos, por su mamá.

Doble página en la que se aprecia el “tono” de las viñetas y su ritmo narrativo

A través de esta premisa tan simple y divertida, suceden toda una serie de gags encadenados que favorecerán más de una sonrisa y alguna carcajada franca. El estilo visual que elige Renner es casi de storyboard: sobre un gran fondo blanco que funciona como lienzo, el autor francés suele disponer, de media, una triple hilera de viñetas con forma de óvalo y sin bordes definidos, que favorecen la continuidad de la narración, confieréndola una gran sensación de dinamismo. Este movimiento perpetuo afecta a los personajes, representados en escorzos o paroxismos que dan una nítida impresión de vitalidad. El color, sobre todo en los fondos, es cumplidor, aunque permite atisbar un mundo mucho más amplio, que alguna vez se abre al lector en alguna de las viñetas a página completa con la que Renner quiere resaltar acontecimientos importantes para el ritmo del argumento.

“El zorro -prosigue Cortés en declaraciones a esta página- está considerado en la categoría “Preocupación menor” (Least concern) en la Lista Roja de los Mamíferos de Europa de la UICN, pero en España, donde no tiene problemas de conservación y se extiende por toda su geografía, está considerada como especie cinegética. No existen datos ni estimas de número de animales en España, pero no serán menores de decenas o cientos de miles”. Tiene suerte: tras leer El malvado zorro feroz es imposible tomárselo como una amenaza seria.