El dorotabō posa en exclusiva para María Emegé y Fabulantes

Según la Enciclopedia yōkai, de Shigeru Mizuki (Satori, 2017), el dorotabō es un yōkai (especie de demonios) que antiguamente se aparecía en la región de Hokuriku (zona norteña que da al mar de Japón; se designaba a toda la zona al norte de la capital imperial de Kioto), en las zonas donde se cultivaba el arroz. Hace mucho tiempo, vivía en aquella región un hombre pobre pero muy trabajador. Este hombre labró las áridas tierras con tal afán que consiguió su recompensa al lograr convertirlas en un arrozal.

La cosecha iba aumentando de año en año y, poco a poco, el labriego consiguió llevar una vida más o menos próspera. Pero, cuando parecía que había llegado el momento de vivir con holgura, contrajo una enfermedad y falleció.


Aquel hombre tenía un hijo, pero era un vago y un indolente que en nada se parecía a su padre. El hijo dejó abandonado ese arrozal que tanta hambre y desvelos le había costado a su progenitor labrar y mantener. Y no solo eso, sino que se pasaba el día sin otra ocupación que beber sake.

Con el tiempo, sus tierras terminaron por pasar a manos ajenas. La persona que las compró se alegró enormemente y pensó: «Realmente me he hecho con una tierra estupenda para los arrozales». Sin embargo, una noche en que se paseaba por allí verificando el estado de los cultivos, de pronto surgió un yōkai del barrizal de los arrozales que le gritó: «Devuélveme mis campos, devuélveme mis campos».

A partir de entonces, en las noches de luna clara, se escuchaba este lamento quejumbroso procedente de los arrozales, por lo que a este yōkai se le dio el nombre de dorotabō (hijo embarrado del arrozal). Según la recopilación Gazu hyakki yagyō (Desfile nocturno de los cien demonios) de Toriyama Sekien, el dorotabō tiene un solo ojo y su aspecto es el de un vejestorio de piel renegrida.