Insólita Editorial inaugura su actividad este año con El archivo de las atrocidades, del imprescindible autor de ciencia-ficción Charles Stross, por descubrir. En este libro, el primero de su serie Los expedientes de la Lavandería, crea un universo fértil y revisitable, que se sustenta en la solidez de su mezcla de géneros y en la construcción de personajes.

Sorprendentemente, Charles Stross (Leeds, Inglaterra, 1964) resulta ser aún un desconocido para muchos lectores de ciencia-ficción, a pesar de su magnífica Accelerando (2006), novela con la que ganó el Premio Locus, y del eco de su nombre en numerosas nominaciones de los más destacados galardones del género. Stross es uno de sus autores vivos más importantes; una pluma que irrumpió como una exhalación en 1987, con su estilo trepidante y su imaginación desbordante, dentro de un universo coherente y siempre bien construido, y desde entonces no ha dejado de sorprender con obras capaces de combinar de forma sobresaliente un entretenimiento ligero con una trama inteligente y personajes sólidamente definidos.

Esta habilidad no ha salido de la nada. Además de ser un escritor precoz y un lector voraz, posee una sólida formación científica (es graduado en Farmacia) e informática (se postgraduó en Ciencias de la Computación), y llegó a trabajar como programador profesional y a escribir artículos especializados sobre Linux hasta que la literatura le exigió dedicación a tiempo completo. Pero lo que mejor explica su creatividad ficcional y excepcional pulso con los personajes quizás sea su vinculación al mundo del rol y, en concreto, al universo de Dragones y Mazmorras: algunos de los principales personajes de este universo deben su vida y precisa caracterización a Charles Stross.

En su impecable hoja de servicios en la ciencia-ficción contemporánea sobresalen, con todo, dos aspectos fundamentales. El primero es su terca colaboración con Cory Doctorow en el movimiento del Copyleft y las licencias Creative Commons, especialmente interesante en su apoyo a estos formatos para la difusión de conocimiento y creación, también de literatura de ficción y de rol. Y el segundo es la creación de un universo ficcional increíblemente vívido, que se extiende como la pólvora allá donde se publica, y cuya principal virtud parece ser el conseguir resultar a la vez una propuesta intensamente divertida y reflexiva sobre el ser humano y sus miserias.

A este último mérito se adscribe Los expedientes de la Lavandería, que llega a España de la mano de una editorial fundada en este mismo año y con un prometedor futuro catálogo, Insólita Editorial, entre el que se encuentra el primer volumen de dicha serie literaria, El archivo de las atrocidades (Insólita, 2017; originalmente publicado en 2004).

Iustración Kevin Mark (Corsario, ¡quiero mis galletas de vuelta!)

En este primer tomo encontraremos no sólo el texto de la novela que da título al libro sino también la noveletta La jungla de cemento (ganadora del Premio Hugo 2005 a la mejor novela breve de Ciencia-ficción en ese año), el epílogo “En la fábrica del miedo” -donde Stross nos da pistas sobre las bases creativas del universo de la serie y de sus influencias como autor, dominadas por H. P. Lovecraft-, y un “Glosario de términos y acrónimos” donde podremos consultar las siglas de los muchos organismos de espionaje y oficinas gubernamentales que forman parte de este loco universo de ficción.

Todos estos materiales se incluyen también en la edición de Insólita, perfectamente traducidos por Blanca Rodríguez y Antonio Rivas, quienes han sabido trasladar al castellano los muchos giros humorísticos del original, así como el ritmo trepidante de un texto difícil de seguir si se lee en lengua extraña. Un gran trabajo que es muestra de la seriedad y pasión de esta nueva editorial.

Ilustración de Kristian Llana

Los expedientes de la Lavandería

La “Lavandería” es una organización gubernamental ultrasecreta británica, independiente respecto al MI5 (Asuntos Interiores) y al MI6 (Asuntos Exteriores), dedicada exclusivamente a la investigación y a la defensa frente a amenazas de tipo sobrenatural. Su existencia está vinculada a la cláusula tercera de la Ley de Secretos Oficiales, tan secreta que hasta su conocimiento -sin los permisos adecuados- es ilegal. Su origen se remonta a la IIª Guerra Mundial, cuando los nazis querían utilizar a las fuerzas oscuras en su favor para decantar la contienda a través de la Ahnenerbe-SS, una sección del cuerpo militar de élite nazi. En respuesta, el gobierno británico habría creado a esta desconocida organización que, aun después de extinguida definitivamente la amenaza hitleriana, habrían conseguido sobrevivir en medio del intrincado aparato burocrático inglés hasta nuestros días.

A esta organización pertenece Bob Howard, un informático reclutado de forma accidental e inesperada que, sin querer, acaba inmiscuido en temas y asuntos oscuros, pero a los que, poco a poco, se empieza a aficionar. Tanto es así que, cuando lo conocemos por primera vez en El archivo de las atrocidades, acaba de presentar su solicitud para incorporarse al servicio activo y a las misiones de campo. Con todo, antes de darle el visto bueno, el jefe de sección quiere comprobar cómo se desenvuelve y, para ello, le asigna una misión aparentemente sencilla: ir a California para intentar averiguar los motivos por los que el gobierno de los EE.UU. tiene tanto interés en retener y controlar a una científica británica y, de paso, ver si existe alguna manera de que pueda salir de ahí para volver a su país. Entrar, observar y salir. Nada difícil, hasta que, de repente, todo se complica: una inesperada organización terrorista intenta inmiscuirse, secuestrando a la científica para que los ayude a alcanzar sus perversos fines. Bob volverá a verse en medio de todo, echando mano de su astucia y conocimientos para recuperar a la chica y para detener cualesquiera sean los planes ocultos tras su secuestro.

En La jungla de cemento Bob Howard protagoniza otra aventura, esta vez más doméstica, donde deberá averiguar qué se esconde tras la extraña aparición de una vaca secuestrada primero y calcinada después en el medio de un parque de Milton Keynes, un pequeño municipio al noroeste de Londres. En la “Lavandería” todas las alarmas se han disparado por la posible vinculación de este suceso con un proyecto de investigación secretísimo, enterrado en el olvido hace años, y que podría haber salido ahora a la luz por motivos, y sobre todo por actores, tan posiblemente desconocidos como seguramente peligrosos.

“Los expedientes de la Lavandería” es la serie de historias vinculadas a este universo.

Ilustración de Kirill Khrol (Tormenta)

En la trastienda de la “Lavandería”

A través de estos “expedientes”, Charles Stross da rienda suelta a una fecunda imaginación en la que destaca el sincretismo entre tiempos (pasado y presente) y dimensiones (realidad y ficción) para dar lugar a unas tramas enloquecidas pero coherentes gracias a la profusión de detalles y al juego con lo posimposible. El encuentro espaciotemporal de universos paralelos convierte en real, también, el encuentro entre lo posible y lo imposible: se abre así la puerta a infinitas posibilidades vinculadas a tramas y personajes característicos de géneros tan dispares y variopintos como la novela histórica y la novela negra, la fantástica y la de ciencia-ficción, la de terror y la de intriga… La variedad y riqueza de este universo, junto con la credibilidad de su punto de partida y posibles desarrollos, lo dota de un inexcusable interés y atractivo.

Por otro lado, Stross desarrolla estas tramas con un inconfundible y bien labrado estilo pop, próximo al cyberpunkaunque muy distinto a él en cuanto a la naturaleza de argumentos y personajes-, pero que se define igualmente por su rapidez en el manejo de la línea de sucesos, por la constante utilización de referencias sociohistóricas (décadas de 1970 y 1980), a la mezcla de detalles vintage con la más rabiosa actualidad, y a describir a sus personajes principales con cinismo socarrón e inocente bonhomía. Y en este estilo se encuentra, precisamente, uno de sus puntos débiles: al tender siempre a un contexto tan pegado a la actualidad, el fondo de la novela propende a deteriorarse con el paso del tiempo; el defecto en este caso es menos perceptible, empero, gracias a la introducción de otros elementos históricos de más peso que difuminan la importancia del contexto.

Otro punto a comentar, fundamental en la narrativa de Stross como ya hemos venido anotando, son los personajes. Resulta sorprendente su capacidad para, a partir de un protagonista tan absoluto como es Bob Howard, desenvolver un elenco tan amplio, diverso y precisamente caracterizado como el manejado. Quizás un truco sea el mantenerlos, por lo menos en principio, directamente asociados y anclados a alguna de las distintas dimensiones vitales de Bob: los compañeros de piso no salen fuera del apartamento, los compañeros del trabajo no cruzan las fronteras de lo laboral, el pasado de Bob apenas roza todavía a su vida presente… Stross logra así una base óptima a partir de la cual desarrollarlos y madurarlos en este universo.

El conjunto resulta ser un par de novelas muy entretenidas, con sus problemas de ritmo a veces, y su leve deterioro de la credibilidad en cuando al contexto general de la historia, pero magistralmente desarrollada en los aspectos gruesos de diseño de las tramas y los hilos argumentales, definición de los personajes, dotación de credibilidad al universo narrativo a través del uso de fondo histórico y la presencia de detalles, o el manejo de los hilos argumentales, hasta el punto de hacernos olvidar durante la lectura esos problemas menores, inmersos como estaremos en una historia trepidante, interesante y divertida capaz de llegar a una heterogeneidad amplia de públicos gracias a los muchos méritos y capacidades de un Stross en plena ebullición de ideas.

Esperamos, con nuestros mejores deseos, que Insólita prosiga la racha demostrada en este muy buen trabajo editorial de captación y aprovechamiento de títulos que, por fin, van entrando -aunque a cuentagotas- a nuestro sistema literario, tan necesitado de la llegada de clásicos contemporáneos inexplicablemente todavía en el limbo.

(Chutulu Boss)