En Lemuria: cuentos extraños y malditos, Valdemar rescató del olvido al singular y prolífico Karl Hans Strobl, un autor muy leído en el período de entreguerras que abrazó el nazismo como consecuencia de la opresión que vivió en su infancia y juventud. En estos relatos aflora su obsesión con las mutilaciones, su gusto por E.T.A. Hoffmann, su inclinación al gótico y su temor y fascinación por las tribus «indígenas».

Portada de la edición Valdemar.

Valdemar editorial presenta al escritor y editor austríaco maldito Karl Hans Strobl, inédito en España, con la traducción pionera de su antología de 18 relatos relatos Lemuria: cuentos extraños y malditos (2016; número 104 de la colección Gótica).

Karl Hans Strobl nació el 18 de enero de 1877 en Iglau (nombre alemán de la actual Jihlava, en el centro de la República Checa), perteneciente al Imperio Austrohúngaro, y murió el 10 de marzo de 1946 en Perchtolsdorf, debido al empeoramiento de su estado de salud —ya en 1900 sus problemas cardíacos le impidieron cumplir con el servicio militar— después de que los soviéticos, de los que fue prisionero de guerra, le obligaran a trabajar en una carretera.

Aunque hoy en día es un gran desconocido para una gran mayoría del público, a causa de la censura a la que le ha sometido el mundo editorial, fue uno de los autores capitales de la literatura fantástica alemana del período de entreguerras. Desde el año 1918 sus obras captaron la atención de la industria cinematográfica, que adaptó varios de sus relatos y novelas; su obra alcanzó una tirada global de 625.000 ejemplares, convirtiéndole en uno de los autores más leídos en su época.

Ilustración de Der Orchideengarten, El Jardín de Orquídeas, la primera revista de fantasía de la historia, publicada y editada por Karl Hans Strobl entre 1919 y 1921.

El motivo principal de la censura a su obra fue su ideología, muy influida por el odio y el miedo que experimento durante su infancia y juventud: la mayoritaria comunidad alemana de Iglau se sentía asfixiada por los checos, que comenzaban a ocupar todos los espacios públicos que dejaban vacíos los alemanes y tenían un papel cada vez más importante en la política. Por esta razón, Strobl luchó por la anexión de Austria a Alemania, y en 1935 se alistó al partido nacionalsocialista alemán. A partir de 1939, con la creación del protectorado alemán sobre Bohemia y Moravia, se declaró fiel al régimen nazi.

La influencia de E.T.A. Hoffmann en la producción de Strobl es notoria. La percibimos claramente en relatos como “Gestos malditos“, “El artista de sombras“, “El caso del teniente Infanger” o “Laertes”: Hoffmann representa para Strobl el máximo exponente literario del carácter alemán. A propósito de los mundos literarios creados por el escritor romántico, declaró que «Hoffmann elaboró en la literatura el gusto tan originariamente alemán por lo grotesco, extraño, fantasmal y crepuscular», y que «en este mundo romántico irónico me encontré a mí mismo».

Varios de los elementos de la literatura gótica —vampirismolicántropos (el muy peculiar “El bosque de Augustovo“), espiritismo y ritos satánicos— se mezclan en los cuentos de Lemuria con el marcado gusto personal del autor por las mutilaciones y la fascinación de la época por los avances tecnológicos (“El triunfo de la mecánica”).

El título del libro ya otorga un halo de misterio, misticismo y terror a la colección, ya que evoca al continente perdido homónimo (también llamado Mu) descubierto por James Churchward, supuesta cuna de la humanidad y explicación que encontraron los franceses al hecho de que existieran lémures —de ahí su nombre— tanto en la India como en el sur de África. Lemuria también hace referencia a las temidas jornadas de la Lemuralia en la Antigua Roma, en las que los espíritus de los muertos (los lémures) salían de sus tumbas durante tres días para atemorizar a sus familiares vivos.

En el primer relato de esta colección, “La cabeza”, aparecen todos los elementos de la literatura de Strobl: vampirismo, mutilación y hombres-lobo. Angustioso relato en el que conocemos, a través de la consciencia de la cabeza sin cuerpo de un ejecutado en la guillotina, la brutalidad, encarnada por hombres que se comportan como lobos («Sé que todos esos hombres en pleno delirio, esas bestias salvajes, se han abalanzado ahora sobre la mujer, con dientes y garras…»), de una revolución, en este caso la francesa¹. El protagonista del relato intenta sobrevivir enganchándose a un cuerpo que no es el suyo, en un esfuerzo de fusión biológica que recuerda los experimentos de Moreau o Lerne, mamando así los recuerdos vampíricos de una desconocida: «Ahora rozo con los dientes su morena garganta, esa garganta que tanto amo y cuya mera vista me causa a menudo un éxtasis […] y ahora, ahora he de clavar los dientes en la carne dura y morena».

En relatos sucesivos queda patente la fascinación que siente Strobl por las culturas más primitivas y viscerales, que le aterran y a la vez le fascinan con sombría deleitación, y con las que se atreve a desplegar toda su imaginativa de mutilaciones:

[…] Tenía la excitante visión de cuerpos rajados y humeantes, de fibras musculares espasmódicas, de nervios, de hilos delgados y blancos que se sacan de la carne para ensartarlos en palos afilados, de todas esas cosas espléndidas que, desde que los franceses las habían prohibido, ya sólo se podían hacer en secreto.

En “Busi-busi”, los miembros de una tribu africana en guerra contra los alemanes secuestran al sargento segundo Zimmergesell y, en unas poderosas imágenes llenas de explicitud, practican brujería con él y le torturan. También de secuestros, aunque de los que suprimen la voluntad, trata “El caso del teniente Infanger”, en el que el militar del título y el barón Latzmann son víctimas de unos sacerdotes budistas con sed de venganza.

Ilustración de Der Orchideengarten.

“El manuscrito de Juan Serrano” narra la historia de un explorador español por las tierras de Magallanes, en las que será testigo de los sanguinarios ritos contra traidores y vencidos a los que se entregan los Zubu; el extraño “Take Marinescutiene por protagonistas a los gitanos de las montañas de Rumanía… Cuanto más profundo se adentra uno en estas misteriosas etnias, el ambiente se vuelve más agobiante y asfixiante, llevando a los extranjeros hasta la paranoia. “La lapida de los bogomillos”, de estructura similar al relato anterior, ilustra las visiones terroríficas que pueden asaltar a un despreocupado inocente al pasear solo entre las ruinas de una antigua civilización.

Ilustración de Der Orchideengarten.

Otras historias tratan de la destrucción de cuatro vidas por la culpabilidad, la venganza y el amor. En “La monja mala”, el descubrimiento de una cripta secreta conducirá a la progresiva locura (descrita con una viveza cada vez más compulsiva) del protagonista Hans Anders a medida que revela los misterios que esta guardaba. Después de la muerte de su amada, el observador personaje central de “Gestos malditos”, Herbert Ostermann, reflexionará sobre la muerte de las cosas hermosas: una culpabilidad muy poeiana y una aguda tristeza, junto con el alcohol y los bailes de máscaras de carnaval, le conducirán a un delirio mortal en consonancia con la siniestra volubilidad de la realidad y la pesadilla. También sobre amantes muertas, y consecuencias fatales, versará “El artista de sombras”, una espiral de depravación nocturna; “Laertes”, alusión a Hamlet, describe la venganza de un asesinado.

Finalmente, Mi aventura con Jonas Barg y El sexto compañero, con una clara inspiración en El burlador de Sevilla y convidado de piedra, describen los vicios, la falta de moral y de escrúpulos de los grupos juerguistas que, bien sea celebrando la vida o bien intentando olvidarla, atraen la muerte y la destrucción.

Tres cuadros al estilo de Jerónimo Bosco” es la perfecta síntesis del universo de Lemuria. En el primer de ellos, “La sirena”, la violencia de un pueblo profundamente supersticioso provocará la muerte de una sirena agónica. En el segundo, “En la encrucijada”, el horror de las mutilaciones y la blasfemia de una pesadilla en una noche de tormenta martirizará a la mujer de un guardabosques. “El juez de brujas”, el tercer retablo del tríptico, es la venganza conjunta del Diablo y de una bruja contra el juez que la condena: en él abundan, nuevamente, el sexo, las amputaciones y los monstruos (a veces, puras exageraciones de terrores comunes y cotidianos o fantasías derivadas del miedo a lo desconocido).

La irregularidad de Lemuria: cuentos extraños y malditos, que entremezcla elementos de terror clásicos con otros más modernos, provocará que el lector se vea envuelto en una atmósfera enloquecida en la que primarán, sobre todo, la repugnancia y un muy ostensible miedo hacia el otro, representado por grupos sociales o clanes muy alejados del canon de eugenésico del Tercer Reich.

Ilustración de Der Orchideengarten.

NOTAS:

1. Años más tarde, Guy Endore situará en un marco similar, y con efectos parecidos, su extraordinaria novela El hombre lobo de París (1933).

Ilustración de Der Orchideengarten.