Aportamos en esta reseña a la monumental From Hell, la obra maestra de Alan Moore y Eddie Campbell, algunas claves para entender una novela gráfica colosal, densa en referencias y con infinidad de lecturas e interpretaciones.

A finales de la era victoriana, el distrito londinense de Whitechapel ostentaba el dudoso honor de ser considerado el más notorio criadero criminal de la metrópoli. El robo y la violencia eran comunes  en este submundo marcado por la extrema pobreza, la falta de vivienda, la embriaguez y la prostitución endémicas. En el corazón de Whitechapel se sitúa la iglesia barroca de Christ Church Spitalfields, obra de Nicholas Hawksmoor. A su alrededor, se extienden calles como Buck’s Row, Hanbury Street, Berner Street, Dean Street, Dorset Street (“la peor calle en Londres”) o la plaza de Mitre Square. Son los escenarios en los que tuvieron lugar en el siglo XIX (año 1888) una serie de crímenes atroces que conmocionaron Londres: varias prostitutas (Marie Kelly, Polly Nichols, Annie Chapman, Catherine Eddowes y Elizabeth Stride) fueron brutalmente degolladas, mutiladas y evisceradas. El asesino, bautizado como Jack “El Destripador”, nunca fue capturado; como un fantasma, pasaría a formar parte del imaginario colectivo, inspirando innumerables obras y teorías en torno a su identidad y los motivos ocultos tras su figura.

Entre ellas encontramos la magnífica From Hell, publicada en España por Planeta DeAgostini (última edición de 2013). Ilustrada por Eddie Campbell, se trata de la que probablemente sea la obra cumbre (hasta el momento) del guionista Alan Moore. Terror, mito y conspiración se entretejen a lo largo de sus casi 600 densas páginas para ofrecer una representación de lo más lúcida (en sentido forense) de los crímenes, así como de sociedad de la época y la vida cotidiana de las prostitutas asesinadas. Moore toma el arco estructural que le proporcionan los crímenes para desarrollar una fascinante reflexión en torno a la violencia, la naturaleza mágica de la realidad y la oculta pervivencia de mecanismos mitológicos en las modernas sociedades urbanas. From Hell, novela gráfica en sentido estricto, es ambiciosa, densa y rica en matices, con múltiples lecturas y capas en las que el lector se puede sumergir gracias al profuso apéndice con el que culmina el libro. Ahí, capítulo a capítulo, casi página a página, Moore repasa datos, fuentes, referencias y licencias literarias con genuino humor inglés. El apéndice, amén de poner de relieve la exhaustiva labor de investigación llevada a cabo durante los diez años gestación del proyecto, permite atisbar el proceso creativo del escritor y se antoja tan fundamental como la propia novela. Es más, invita (prácticamente obliga) a leer de nuevo el libro y revivir los crímenes, generando así un bucle que, como enseguida veremos, se antoja macabramente apropiado.

From Hell toma como premisa la teoría de Stephen Knight [1], según la cual los crímenes de Whitechapel formarían parte de una conspiración para ocultar un hijo ilegítimo del Duque de Clarence y Avondale, el Príncipe Albert Victor Christian Edward, familiarmente conocido como Prince Eddie. La madre de la criatura habría sido Annie Crook, una simpática joven que trabajaba en una tienda de caramelos situada en Cleveland Street. De incógnito y bajo seudónimo, Prince Eddie la conocería en compañía de Walter Sickert, pintor y compañero de correrías en el East End londinense –donde se ubica Whitechapel-. El escándalo para la realeza fue mayúsculo, puesto que el príncipe en cuestión (segundo en la línea de sucesión a la corona) no sólo la dejó embarazada, sino que se casó en secreto con ella, ajena al linaje real de su “marido”. La Reina Victoria no tardó en cortar el asunto de raíz, separando al matrimonio a la fuerza y encargando al Médico Real Extraordinario, el masón Sir William Gull, la delicada misión de acallar a la joven; el procedimiento elegido, por lo demás simple, consistirá en extirparle la glándula tiroide y, con ella, la cordura.

La visión de Jah-bul-on

La visión de Jah-bul-on

Con Annie Crook internada en un asilo y tras confiar Sickert la custodia del bastardo real a los padres de Crook, el escándalo parecerá aplacado por poco tiempo: cuatro prostitutas (Marie Kelly, Polly Nichols, Annie Chapman y Liz Stride), amigas de Annie Crook, tratarán de chantajear a Sickert para pagar a una banda de extorsionadores que las viene amenazando, conocida como The Old Nichol Mob. Enterada, la Corona vuelve a solicitar los servicios de Gull. En araalelo, Anderson, jefe de Scotland Yard, recibe noticias de las intenciones del médico y tiene orden de prestar toda su connivencia hasta que se resuelva el asunto. A tal propósito, Anderson, también masón, procederá a poner a cargo del caso a oficiales de la logia [2]. Lo que desconocen tanto Scotland Yard como la Reina es que, para Gull, la misión de proteger a la Corona no será sino un mero pretexto para perseguir un objetivo mucho más ambicioso, divino, espurio.

From Hell es ante todo una exploración de la psique del Destripador, el fascinante y complejo Gull. Una primera pista de sus obsesiones la encontramos ya antes de que reciba sendos encargos reales. Será durante un paseo matutino por Dorset Street, junto a su amigo James Hinton. Bajo el obelisco que corona Christ Church Spitalfields, Gull conectará la obra de Hawksmoor (la propia iglesia, construida entre 1714 y 1729) con las de la Hermandad de Arquitectos Dionisíacos (los autores del Templo de Salomón, que  en la Edad Media pasarían a formar los gremios de Masones Viajeros). Sus construcciones, según Gull, no serían sino símbolos de una obra aún mayor: “el templo de la civilización, que es la historia de los hombres, cincelada en un edificio digno de Dios, su Gran Arquitecto, tomando las proporciones del cuerpo divino, el cuerpo humano, para así volverse uno con los procesos de la Naturaleza y, por tanto inmortales… dando con ello forma al infinito mismo“. Las palabras de Gull recordarán a Hinton una teoría de su hijo, según la cual el tiempo funcionaría como una unidad, un sólido monolito sobre el cual se inscriben todas las temporalidades a la vez, superpuestas unas a otras; un palimpsesto en el cual hechos concretos de distintas épocas no son sino ecos de aquellos otros a los que se superponen, y así sucesivamente, siguiendo una estructura en espiral similar a la un muelle [3].

La misma espiral ascendente parece guiar la construcción de Gull como personaje. Varios retazos de su infancia, donde le vemos jugando con el ojo del cadáver de su padre o investigando las entrañas de animales revelan ya una precoz fascinación por comprender los mecanismos y entresijos de la naturaleza [4].  Si entendemos, como Gull, que el cuerpo humano es la más perfecta creación del cosmos, parece lógico que su curiosidad le empuje al estudio de la medicina; será esa fascinación por el cuerpo, entendido como templo divino donde habitan los símbolos y los ritos del hombre, la que explicará su ingreso en la masonería y su ascenso por los distintos grados de la hermandad.

Ciencia y Masonería, razón y pensamiento mágico, son los dos principios fundamentales que guían a Gull y se funden en su persona. Principios, apunta Gull, que residen en sendos hemisferios del cerebro: el izquierdo corresponde a la Razón, encarnada por Apolo, principio másculino cuyo símbolo es el sol; el derecho lo encarna Dionisos, símbolo de la Magia, lo inconsciente, la locura… Es el principio femenino, que tiene por icono la luna. La historia, según Gull, no es sino el resultado de la guerra entre ambos, en la que el Sol sustituyó a la Luna, cambiando el matriarcado por el patriarcado. Sobre el culto a la fertilidad que simbolizara la Diosa Diana se impuso brutalmente el Sol, llámese Lud, Apolo, Helios, Atum, Bel, Belinos, Baal o Cristo: los nombres no son sino ecos de un mismo Sol, un mismo punto en la espiral. En esta guerra perpetua, el sometimiento de Diana requiere de un nuevo sacrificio y será Gull quien lo oficie, usando las calles de Londres como altar.

Gull durante el asesinato de Marie Kelly, en la habitación donde ésta vivía en 13 Miller’s Court, detrás de 26 Dorset Street, Spitalfields

Para ello, además de la policía masónica, Gull contará con la colaboración fundamental de su analfabeto cochero Netley. Comenzará el ritual con un maravilloso recorrido que haría las delicias de cualquier ocultista aficionado a la psicogeografía [5]. Junto a Netley y Gull, el lector es transportado a una serie serie de monumentos y enclaves cargados de poder simbólico: “literatura en piedra, nombres, asociaciones, ecos” que atestiguan el triunfo del Sol sobre la Luna, de Apolo sobre Diana. Como Battle Bridge, donde la derrota de la reina Bodicea supuso el comienzo del patriarcado y el culto a Lud, o London Fields, también conocido como Hackney, derivado de “Hakons Ea”, donde los sajones veneraron al héroe Ivalde Svigdur, asesino de Mani, la deidad lunar de los Teutones, o Northampton Square, pagada con oro masón, o el fálico obelisco conocido como “El alfiler de Cleopatra”… Sin olvidar, por supuesto, las iglesias de Hawksmoor coronadas, también ellas, por obeliscos: Saint Luke’s, Saint John’s Horsleydown, Saint Georges In The East, Saint Anne’s y, por cómo no, Christ Church Spitalfields… El recorrido culminará en la Catedral de Saint Paul’s, antiguo templo de Diana. Allí Netley descubrirá horrorizado que todos estos puntos del recorrido se alinean, con quirúrgica precisión, en forma de pentáculo, cuyo sen encuentra en Saint Paul’s: Diana cercada por falos. ¿Qué mejores piezas sacrificiales para mantener el cerco que las  propias sacerdotisas de la diosa: Polly, Marie, Annie y Liz? [6] Comenzará así la campaña de violencia ritual y uvas con láudano llevada a cabo por Gull en nombre de todo lo que es racional, fálico y brillante.

A los cuatro nombres arriba citados hay que añadir el de Catherine Eddowes, asesinada por error al ser identificada accidentalmente como Marie Kelly. Los asesinatos seguirán un modus operandi basado en el obsequio: primero, Netley procederá a marcar a las prostitutas regalándolas diversas prendas que habrán de facilitar su identificación en la oscura noche londinense; Gull, haciéndose pasar por un cliente, las invitará a subir a su carruaje para obsequiarlas con uvas (caro manjar para la época) con láudano. Sobre sus cuerpos drogados, procederá a realizar su ritual: degollando de izquierda a derecha (siguiendo un precepto masónico), abriendo sus cuerpos y retirando sus vísceras con diligencia y fascinación.

Durante el período en que transcurren los asesinatos, entre el 31 de agosto y el 9 de noviembre de 1888, seremos testigos de las vidas –y muertes- de estas prostitutas. Unas vidas orientadas a conseguir con su oficio el dinero suficiente para dormir a cubierto (en una miserable habitación o, peor, sentadas en un banco y atadas como ganado contra la pared) o beberse sus penas en Britannia o The Ten Bells.  Sendas tabernas constituyen uno de los ejes centrales de la historia, pues serán también frecuentadas por el encargado de investigar los crímenes, Frederick Abberline, inspector de primera clase de Scotland Yard y viejo conocido de Whitechapel, donde se curtió durante 14 años a cargo de la División H de la Policía Metropolitana. Junto al día día de las víctimas, asistiremos también al día a día de la investigación judicial y policial, pero From Hell ofrece una perspectiva mucho más amplia, incluyendo un sinfín de otros elementos y personajes de la época: así, además de los mencionados Hinton o Sickert, encontramos por ejemplo a Mr. Merrick, el hombre elefante; a poetas como William Morris u Oscar Wilde; al psíquico Mr. Lees o al ocultista Aleister Crowley (que en un encuentro con Abberline sugerirá que el asesino se habría vuelto invisible al organizar los asesinatos siguiendo un patrón oculto)… También podrán localizarse sucesos como el incendio en los muelles de Radcliffe; efemérides como la presencia en Londres de la cuadrilla de Buffalo Bill o la momia en exhibición que visitará Gull antes del primer asesinato; centros de la vida intelectual como el International Workers Educational Club, con sus retratos de Marx en las paredes, donde Morris declamará su poema Love is enough, en sórdido contraste con las mutilaciones que esa noche sufrirán Catherine Eddowes y Liz Stride.

Hinton y Gull junto a Christ Church Spitafields

Hinton y Gull junto a Christ Church Spitafields

El 27 de Septiembre, apenas tres días antes de ese doble asesinato, aparecerá la primera de las cartas que darían su sobrenombre al asesino, firmadas Jack The Ripper y publicadas en los periódicos de la época. Siguiendo varias fuentes, Moore atribuirá las mismas a un reportero, Best, que buscaría así “mantener viva la historia” tras más de dos semanas sin asesinatos, inaugurando con sus fabulaciones un nuevo género: los tabloides. Con mucha ironía, Moore situará la residencia de Best en las mismas dependencias que ocupa hoy el diario The Sun (siempre el Sol). A partir de ahí, un sinfín de imitadores, y cartas con todo tipo de informaciones falsas (¿preludio de las fake news?), inundaron la investigación. Entre ellas, la famosa carta From Hell, que da título a la novela y, supuestamente, la única escrita por el asesino (o en este caso por Netley, siguiendo órdenes de Gull). Acompañada por medio riñón, preservado para la ocasión, la carta fue recibida el 16 de Octubre por George Lusk, cabeza del Comité de Vigilancia de Whitechapel. Dice así:

From hell.

Mr Lusk,

Sor

I send you half the Kidne I took from one woman and prasarved it for you tother piece I fried and ate it was very nise. I may send you the bloody knif that took it out if you only wate a whil longer

signed

Catch me when you can Mishter Lusk

Además de estremecedora, la carta es un buen ejemplo de una de las grandes riquezas de From Hell: el lenguaje coloquial, transcrito literalmente, de los habitantes de Whitechapel. Riquísimo, lleno de conjunciones y argot, prácticamente intraducible (sin duda debió ser una pesadilla para Jaime Rodríguez, responsable de la traducción). Junto al lenguaje también hay que mencionar las ilustraciones de Campbell, cuyas figuras se desdibujan en un denso y abigarrado entramado de líneas; su estilo también parece beber de ilustraciones de la época, como por ejemplo The Nemesis Of Neglect, de John Tenniel, que encontramos reproducida al comienzo de uno de los capítulos. Reproducciones como la mencionada y otras (de Sickert, por ejemplo), junto con una multitud de citas relevantes, abren cada capítulo, dándoles título y asentando las ideas en torno a las que Moore ancla la narración. Son el perfecto ejemplo de los múltiples niveles de lectura de From Hell que mencionamos al comienzo de este artículo; un ejemplo más de cómo, con Christ Church Spitalfields como epicentro, la novela se despliega en todas direcciones. Es como si, a la manera del relato borgiano Del rigor de la ciencia [7], la cartografía que trazara Alan Moore de los crímenes de Whitechapel requiriese también de una visión cada vez más expandida, hasta acabar englobando la totalidad de la sociedad victoriana… aunque sólo sea desde la ficción.

Porque From Hell no deja de ser una obra de ficción, y el delirio misógino de Gull, que busca mantenernos “lejos del reino del instinto y la tiranía de la leche materna”, está sin duda cargado de ironía… pero cabe decir que su oscuro ritual de sacrificio no habría cesado de dar frutos. Casi 130 años después, tras dos guerras mundiales, tras la Guerra Fría y la caída del Telón de Acero, pese al sufragio universal o el hundimiento de las torres gemelas (ese par de obeliscos) que inauguró nuestro siglo, el patriarcado, la Razón (?), mantiene su supremacía. En el presidente de Estados Unidos encontraríamos la última encarnación -muy desmejorada- de su fálico culto al Sol; al menos eso parecen reflejar sus atributos: el tono naranja (ritual) del bronceador que unge su rostro, la dentadura blanca y apolínea, el ovillo áureo que corona su cabeza presidencial como un disco solar. Quién sabe si en una nueva nueva muesca de la espiral no estaría renovando los votos del propio Gull, siguiendo quizá su propio patrón oculto al bombardear zonas de tremenda riqueza cultural, mitológica y simbólica como Oriente Medio y Asia Central, manteniendo así el yugo sobre Diana y sus lunáticas seguidoras –¡esas rameras!-. ¿Acaso no lo dijo ya, a su manera -simple, llana y misógina-: Grab them by the pussy? Quizá haya más que un eco en sus repugnantes palabras.

La carta From Hell, que da título a la novela

La carta From Hell, que da título a la novela

NOTAS:

[1] El libro de Stephen Knight es Jack The Ripper: The Final Solution (1976). Otras fuentes consultadas por Moore, serían, entre otras: The Ripper And The Royals (Melvin Fairclough, 1991),  The Complete Jack The Ripper A to Z  (Paul Begg, Martin Fido, Keith Skinner, 1991) o Jack The Ripper: The Uncensored Facts (Paul Begg, 1992).

[2] La formación de un cuerpo de policía masónico nunca ha sido confirmado. Por otra parte, la coincidencia en el tiempo entre las renuncias del Jefe del Departamento de Investigación Criminal James Monro, coincidiendo con el primer asesinato, y de su sustituto, Charles Warren (a quien volvería a sustituir Monro),  coincidiendo con el último, podrían apuntar sin duda a un elemento conspirativo (masónico o no). La principal fuente consultada por Moore en lo relativo a los ritos masónicos presentes en From Hell es The Brotherhood (Stephen Knight, 1983).

[3] La teoría corresponde al matemático Charles Howard Hinton (1853-1907). Bajo el título What is the fourth dimension? forma parte del primer volumen de Scientific Romances publicado en 1884. Jugando con esta teoría, Moore hará coincidir la fecha del primer asesinato con la concepción de Adolf Hitler, que para su madre Klara irá acompañada de terroríficas visiones. Asimismo, las visiones sobre el futuro que sufrirá el propio Gull mientras comete los asesinatos también responderían a esta misma teoría.

[4] La fuente utilizada a tal propósito es William Whitey Gull, A Biografical Sketch, obra de T.D. Ackland, yerno de Gull. En ella se menciona la profunda fascinación de Gull por la naturaleza: se cita expresamente cómo era capaz de contemplar fascinado hasta el crecimiento de unos hongos sobre la corteza de un árbol caído. Moore prolongará esta misma fascinación a su proceder como asesino. Respecto a la construcción del personaje en su faceta de asesino en serie, la otra fuente que cabe mencionar es Sexual Homicide: Patterns and Motives (Robert Ressler, 1988).

[5] Estrechamente conectada con la Internacional Situacionista, la psicogeografía fue definida por Guy Debord como “el estudio de las leyes precisas y los efectos específicos del entorno geográfico, conscientemente organizado o no, sobre las emociones y el comportamiento de los individuos” (Introducción a una crítica de la geografía urbana, 1955).

[6] Se trata de una referencia a la prostitución ritual llevada a cabo por las sacerdotisas del templo de Diana, en Éfeso. A ellas refiere el término Heiros Gamos, o “doncellas de la alegría”, estrechamente conectado con el término daughters of joy o “hijas de la alegría”, usado en la Inglaterra victoriana para referirse a las prostitutas. La fuente a la que nos remite Moore en este caso es The Sacred Prostitute, Eternal Aspect Of The Feminine (Nancy Qualls-Corbett, 1988).

[7] Publicado en El hacedor (Alianza Editorial, 1998). La historia narra cómo, en un imperio desconocido, la cartografía habría adquirido tal perfección que el mapa de una provincia era del tamaño de una ciudad y el mapa del Imperio era del tamaño de una provincia. En un intento por mejorar aún más, los cartógrafos del Imperio terminan trazando un mapa que tiene el tamaño de todo el Imperio, reproduciéndolo punto por punto.

The Nemesis Of Neglect. Ilustración de John Teniel sobre los crímenes del Destripador publicada en 1888 por el semanario satírico Punch

The Nemesis Of Neglect. Ilustración de John Teniel sobre los crímenes del Destripador publicada en 1888 por el semanario satírico Punch