La escritora finlandesa Aino Kallas escribió en La novia del lobo, última parte de su trilogía independiente sobre el eros asesino, una historia de licantropía y brujería que debe de leerse como una reivindicación de la emancipación femenina.

La novia del lobo es una leyenda que nace de los viejos mitos del Europa del Norte. Se trata de una historia sobre licántropos y brujería, sobre la rebeldía de las mujeres, sobre la lucha interior entre el miedo y el deseo, y entre la vida y la muerte. Este breve cuento de 1928, considerado una de las mejores obras de la literatura finesa y escrito por Aino Kallas (Víborg, Finlandia, 1878-Helsinki, 1956), llega por fin a España gracias a la editorial Nórdica (2016).

Siglo XVII. Estonia, isla de Hiiumaa. Un guardabosques, una joven doncella y una amenaza: el diablo disfrazado de lobo. La historia comienza cuando Priidik, el guardabosques, observando a un grupo de mujeres del pueblo que lavan a sus ovejas, se enamora de la joven Aalo, de piel clara, ojos oscuros y cabello rojizo. Los dos se casan y llevan una vida tranquila y serena hasta que Aalo recibe la llamada de una voz que la atraerá hacia el bosque y la convertirá en una mujer-loba. El bosque, como en todas las fábulas que se respeten, simboliza el mal: alberga los peligros del pecado y de la avaricia, camuflados bajo la piel de lobos que durante la noche atacan el ganado de los habitantes del pueblo. En la manada, se esconden los licántropos.

La escritora finlandesa Aino Kallas reúne en esta historia las tradiciones y la cultura popular estonias, así como uno de sus mitos más populares, el de los hombres-lobo. La novia del lobo es un relato que mezcla magistralmente historia y mito, realidad y fantasía, seres sobrenaturales y brujas perseguidas. Aino Kallas trae una nueva versión del mito: por primera vez, la licantropía es asociada a una figura femenina. Es aquí donde el elemento sobrenatural y los hechos reales se entremezclan, cuando la persecución contra los hombres-lobo y la brujería convergen en una misma cacería. En la Edad Media, las pequeñas comunidades del Europa del Norte eran fuertemente religiosas, supersticiosas y creían ciegamente en lo sobrenatural como expresión del Maligno, que había que condenar y erradicar de la sociedad. De ahí la condena contra los “hombres-lobo” y la persecución contra las “brujas”. Nuestra protagonista, Aalo, está condenada por ser ambas cosas. Aino Kallas no esconde los signos del Maligno en su descripción: pelirroja, de piel clara, ojos oscuros y una pequeña mancha de color marrón debajo del pecho izquierdo, llamada letra de fuego o marca de bruja. Así que desde el principio podemos imaginar cuál será su destino en una pequeña comunidad del siglo XVII.

Aalo es atraída hacía el bosque por la voz del llamado Diabolus sylvarum, el espíritu del bosque que la convertirá en una mujer-loba. Sin embargo, antes de dejarse guiar por la llamada del Diablo, la protagonista mantendrá una profunda lucha interior entre el día y la noche, la luz y la oscuridad, el Bien y el Mal, la vida y la muerte.

«Durante largo tiempo se agitaba entre el miedo y el deseo, maduraba no obstante en el fuego de su anhelo, igual que la mies bajo el sol para la hora que habrá de venir.»

Una lucha que tiene que ver con su doble naturaleza, por un lado humana y por el otro animal, donde la vida humana consistía en los deberes del hogar y la vida animal representaba la libertad más salvaje de correr por los bosques junto con los demás lobos. Frente a estas dos posibilidades de vida, Aalo elige la segunda, sin que queden claras, sin embargo, las circunstancias de su decisión. El comportamiento de la protagonista se puede interpretar, por un lado, como un hecho del destino: la joven Aalo llevaba en el cuerpo las marcas del Maligno y estaba predestinada a unirse a él y los demás lobos en el bosque. Por el otro, la decisión por la vida salvaje puede considerarse como un acto de libre elección de la protagonista; aquí entra en juego otra interpretación de la novela.

Kallas utiliza el tema de la licantropía y de la brujería como un medio para reclamar la libertad y la independencia femeninas. En aquel entonces, cualquier acto de rebeldía respecto al rol asignado a la mujer en la comunidad o cualquier comportamiento “diferente” respecto a la costumbre era considerado sospechoso de brujería. Probablemente, la lucha interior que sufre la protagonista no es nada más que la lucha entre su deber como mujer en la comunidad y el deseo de libertad e independencia. La decisión final de huir hacia el bosque y enfrentarse con valentía a las supersticiones y el oscurantismo de la comunidad, se convierte en un acto de rebelión feminista. Así, La novia del lobo demuestra ser también una metáfora de la ausencia de libertad de las mujeres en el siglo XVII, relegadas al papel de madres y esposas sumisas.

Otro tema recurrente en la narrativa de la escritora finlandesa es el conocido como eros asesino, que se refiere a las trágicas consecuencias que puede provocar un amor ilícito. Con este mismo nombre se conoce a la trilogía formada por las novelas Barbara von Tisenhusen (1923), El pastor de Reigi (1926) y La novia del lobo (1928). En esta última, el eros asesino se manifiesta en dos ocasiones, ya sea en el caso del amor que el guardabosques siente por Aalo, o en el de la atracción de ésta hacia el espíritu del bosque. Ambos están condenados a conocer la desgracia y la muerte.

«Sus pensamientos los ocupaban con frecuencia las sombras de la muerte, como si Aalo hubiese presentido su prematura y desgraciada muerte. Pues para ella todo estaba poblado de presagios y augurios que tomaba por advertencias y adaptaba a su propio destino.»

La novia del lobo es un libro que se lee en un suspiro, que te cautiva con su sugerente atmósfera y con sus imágenes poéticas y líricas. Con un estilo arcaico y muy personal, Aino Kallas nos sumerge en el mundo de Aalo, hecho de renuncias, miedos, deseos y anhelos. El volumen está extraordinariamente ilustrado por Sara Morante (Torrelavega, 1976), quien consigue captar la esencia de la protagonista en la intensa mirada de sus ojos, mientras que con los paisajes evoca magistralmente el clima de misterio y superstición que envuelve la novela.