Si las verdades alternativas y el neo-fascismo de Estados Unidos te han creado adicción, tenemos tu medicina: V de VendettaAkira, o El Incal son algunas de nuestras dosis recomendadas de distopía en cómic para sobrevivir al primer año de Donald Trump.

Ilustración de Mariano Henestrosa para Fabulantes.


Hay un lugar -y no es la Casa Blanca-, donde ser un monigote es una virtud. Si Donald Trump fuera un villano de cómic (o un héroe en Mundo Bizarro) millones de personas se despertarían cada día mucho más tranquilas. Como caricatura, Trump haría feliz a mucha gente. Si tan sólo fuera un garabato limitado al papel, un espantajo de Internet, o un fantoche elevado a meme, el multimillonario narciso sería al fin un personaje querido. Y quizá así colmara su ego.

Ojalá fuera Trump un títere del absurdo o una marioneta para niños: con su vocabulario de párvulos y sus descabellados berrinches, sería un alivio cómico perfecto. ¡Qué fácil es imaginarle como un pelele, apareciendo de súbito con su enorme corbata y sus pequeñas manitas! “Sad. Terrible. Fake news!” Igual de sencillo que encajarle en una historia de superhéroes, urdiendo con Lex Luthor y con El Pingüino una trama para hacerse con todo el petróleo del mundo, derretir los casquetes polares y esclavizar a todos los que no somos blancos, protestantes y de origen anglosajón.

Desde lejos parece que a Trump le excita alimentar su leyenda de malvado de cómic. Sólo así se explica que la influencia más aplaudida en su discurso de investidura viniera de Bane, el enemigo de Batman en The Dark Knight Rises (Christopher Nolan, 2012).

Les arrebataremos Gotham a los corruptos, a los ricos, a los opresores de generaciones que os han tiranizado con falsas oportunidades. Y os la devolveremos a vosotros: al pueblo.”

Bane, The Dark Knight Rises. 20 de julio de 2012.

Hoy no estamos simplemente transfiriendo el poder de una administración a otra, o de un partido a otro, sino que estamos transfiriendo el poder de Washington, D.C. y devolviéndoslo a vosotros: al pueblo.”

Donald Trump, Discurso de la toma de posesión presidencial. 20 de enero de 2017.

Aunque donde de verdad se explaya el 45º Presidente de Estados Unidos es a través de Twitter. Sus intervenciones mezclan datos erróneos con publicidad encubierta; cuando no comenta un programa de la televisión, ataca a famosos en incontrolables rabietas. Su cuenta personal puede leerse como un monólogo del Joker. Al menos, así se entretiene Mark Hamill, el actor que más horas ha pasado dando voz al payaso de Gotham.

En Fabulantes sólo celebramos a los personajes bidimensionales cuando han nacido en una mesa de dibujo. En la vida real hay que combatirlos sin capa ni antifaz. Para inspirar la lucha y completar nuestro Especial de distopías, traemos diez recomendaciones que explorar durante el primer año de la presidencia de Donald Trump. Aviso para navegantes: todos fueron publicados antes de las elecciones, así que cualquier parecido con la realidad es mera coincidencia.

El Juez Dredd: Orígenes

John Wagner, Kev Walker y Carlos Ezquerra (Ediciones Kraken, 2014)

Policía, juez y verdugo, Joseph Dredd es la autoridad más temida de Mega City Uno. Su implacable “yo soy la ley” define perfectamente el carácter de uno de los anti-héroes más violentos del mundo del cómic: frente a él, todo el mundo es culpable o sospechoso de serlo. En el 30 aniversario de la revista británica 2000AD, donde nació Dredd, el guionista John Wagner y los dibujantes Kev Walker y Carlos Ezquerra se juntaron para sacar adelante una obra que explicara la génesis del juez. En algo más de 150 páginas, los autores repasan la historia de los jueces, de las ciudades, y de la catástrofe que arrasó con la mayor parte de la humanidad.

El argumento suena extrañamente familiar. En el siglo XXI, un maníaco llamado Robert Booth gana las elecciones en Estados Unidos. Pronto estalla una guerra nuclear que provocará el colapso del sistema mundial. Los pocos supervivientes quedan condenados a sufrir horribles mutaciones y vagar por las tierras baldías, o a vivir en enormes colmenas bajo la protección (y amenaza) de los jueces.

Durante sus 40 años de historia, Dredd había dejado varios cabos sueltos. En esta obra, de ritmo vivo y emocionante, Wagner responde muchas de las preguntas abiertas sobre el sistema de jueces, la catástrofe, las mega ciudades, y el origen de Joseph Dredd y sus valores.

Akira

Katsuhiro Otomo (Norma Editorial, 2005)

Sobre las cenizas de un desastre apocalíptico se erige Neo-Tokyo, una ciudad desesperanzada en la que bandas de moteros adolescentes luchan entre sí y contra las fuerzas policiales por mera diversión. Tras un accidente, dos de estos jóvenes, Kaneda y Tetsuo, se ven envueltos en una trama política en la que militares, grupos revolucionarios, sectas religiosas y científicos sin escrúpulos compiten por hacerse con el poder en la nueva sociedad. El arco de la historia gira alrededor de Akira, un niño con aterradores poderes psíquicos que cambiará a Tetsuo para siempre.

Akira fue el primer gran manga que triunfó en Europa y Estados Unidos. Su autor, Katsuhiro Otomo, es un genio que mezcló influencias de Moebius y Alfred Bester con el manga de robots y la literatura del reinado de Hirohito. Marvel decidió traerlo a Occidente después de que en Japón se convirtiera en un obra de culto, y no se equivocó. La reedición de Akira que hizo Dark Horse en 2002, mucho más fiel al original, en seis tomos y con una traducción revisada, se hizo con dos Premios Eisner.

Akira, Katsuhiro Otomo (Tokyo Movie Shinsha 19889)

El Incal

Alejandro Jodorowsky y Moebius (Norma Editorial, 2007)

La sociedad JodorowskyMoebius alcanzó su cénit con El Incal, una saga de ciencia-ficción donde se mezclan misticismo, violencia, intriga política y viajes estelares. Jodorowsky, un multifacético autor chileno que plagó el último tercio del siglo XX con sus locuras metafísicas y simbolistas, inspiró a Jean Giraud (Moebius) para crear el universo más detallado que se ha plasmado nunca en viñetas.

El Incal sigue las desventuras de John DiFool, un investigador privado de baja estofa a quien le cae encima la tormenta perfecta. El metabarón, los alienígenas Berg, los tecnopadres de la Iglesia de los Santos Industriales, los secuaces del clon-presidente, los rebeldes Amok… Todos persiguen a DiFool para hacerse con el Incal, un cristal que otorga poderes infinitos y que ha llegado al detective casi por casualidad. Esta obra cumbre del cómic europeo describe una sociedad desquiciada a través de la travesía física y espiritual de John DiFool, un perdedor torpe y mezquino al que es imposible no acabar echando de menos.

Superman: Hijo Rojo

Mark Millar y Dave Johnson (Planeta DeAgostini, 2009)

¿Qué hubiera ocurrido si la nave de Superman hubiese llegado desde Krypton 12 horas antes, o 12 horas después? En lugar de caer en un pequeño pueblo de Kansas, en pleno Medio Oeste estadounidense, hubiera impactado en una granja de Siberia, en la Unión Soviética. Con esta ucronía se entretienen Mark Millar y Dave Johnson en Superman: Hijo Rojo, un cómic en el que el Hombre de acero encarna los valores del ideal soviético.

Lex Luthor, Wonder Woman, Brainiac, Batman (como terrorista) y otros muchos personajes del universo DC desempeñan sus nuevos roles en esta reescritura de la historia en la que la Tierra ha tomado un camino distinto: el Pacto de Varsovia triunfó sobre la OTAN y la mayor parte del mundo vive en una utopía comunista.

Hombre

Antonio Segura y José Ortiz (Panini Cómics, 2016)

A un escenario post-apocalíptico trasladaron Antonio Segura y José Ortiz al protagonista de Hombre, una novela gráfica española de 1981 en la que un antihéroe atormentado se rebela una y otra vez en su lucha por la supervivencia. Hombre tiene un toque de western crepuscular y explora algunas de las trazas que tiñen, recurrentes, otras historias que retratan el colapso de la civilización. Aquí aparecen como arquetipos la compañera, el niño, el perro, el caballo, y el fanático, que permean muchas obras de este género, como Mad Max: Salvajes de la autopista (Mad Max, George Miller, 1979) o La carretera (Cormac McCarthy, 2006).

Publicada seis años después de la muerte de Franco, Hombre recoge las tensiones de una España sumida en crisis, donde la democracia “a la europea” no ha terminado de asentarse, y en la que todavía perviven grandes conflictos históricos no resueltos. La principal de estas contradicciones es la barrera entre el imaginario del campo, foco de poder tradicional, y de la ciudad, germen del nuevo régimen. Este enfrentamiento entre tradición y modernidad, o entre continuismo y ruptura, sigue muy vivo en el paisaje político actual.

Ghost in the Shell

Masamune Shirow (Planeta Cómic, 2017)

Tras unas primeras tentativas en el manga con Black Magic (1983), Appleseed (1985- 1989) y Dominion (1986), el autor japonés Masamune Shirow lanzó en 1989 su obra maestra: Ghost in the Shell, un cómic cyberpunk en el que reflexiona sobre el avance de la tecnología, la identidad y los conflictos sociales. La serie conectó rápidamente con un público que percibía que con el final de la Guerra Fría el mundo se asomaba a retos desconocidos. Shirow planteó un nuevo orden político, nacido tras otra guerra mundial, en el que el nacionalismo, los refugiados y la cibernética juegan un papel protagonista.

A través de la Sección 9 de Seguridad Pública, dirigida por el jefe Aramaki y liderada por la mayor Kusanagi, el mangaka invita al lector a explorar una sociedad en la que cuerpo y máquina se han fusionado. La humanidad vive permanentemente conectada a la esfera de datos y los enemigos del orden público luchan tanto en la calle como en la red. Casi treinta años después de su publicación, Ghost in the Shell sigue de rabiosa actualidad. Tanto es así, que después de los cómics y el anime (y una estupenda serie en dos temporadas), Hollywood ha decidido convertir a sus personajes en actores de carne y hueso.

V de Vendetta

Alan Moore y David Lloyd (ECC Ediciones, 2017)

Remember, Remember, the 5th of November! Clásico indispensable del cómic, V de Vendetta no es tanto una obra política, que también, como una historia con un claro fondo moral, en la que Alan Moore y David Lloyd fantasean con un futuro fascista de Gran Bretaña. Obsesionados en plena era Thatcher con la deriva totalitaria de las democracias occidentales, guionista y dibujante crearon a cuatro manos un protagonista que ya ha traspasado las fronteras del cómic. V, bajo su máscara de Guy Fawkes, inspira en nuestro siglo movimientos de protesta y activismo como Anonymus, de lucha contra el rodillo de las instituciones, contra la vigilancia y por las libertades.

Moore y Lloyd vivieron una odisea de casi un lustro hasta ver su obra completa. Un sinfín de tensiones y debates entre ellos dieron como resultado un cómic multifacético y repleto de significados. Desde la construcción de su contexto hasta la ambientación distópica, pasando por la definición de su personaje principal y las pinceladas con que se caracterizan a los secundarios, todo tiene una razón de ser en V de Vendetta.

Transmetropolitan

Warren Ellis y Darick W. Robertson (Planeta DeAgostini, 2006)

Spider Jerusalem es un periodista de investigación combativo, insobornable, impulsivo, tramposo, y cínico, esclavo de sus adicciones, que detesta la sociedad pero no puede vivir sin ella. Es el Hunter S. Thompson del cyberpunk en viñetas y, como tal, tiene su Richard Nixon en la figura de “La Bestia,” un presidente enérgico y autoritario que encarna los peores valores del populismo.

En Transmetropolitan, Warren Ellis y Darick W. Robertson ponen a Jerusalem a trabajar en el duelo político entre “La Bestia” y “El Sonrisas,” su adversario progresista. Hijo de la élite política, “El Sonrisas” es un personaje siniestro, taimado, y con dos caras: un maquiavélico candidato a la presidencia que cultiva una imagen afable pero esconde unas ansias de poder inigualables. Aunque a tenor de la descripción no lo parezca, Transmetropolitan está publicado en 1997. No tiene nada que ver con Donald Trump y Hillary Clinton. Nada.

Enki Bilal (Norma Editorial, 2003)

Desde una perspectiva antimilitarista, Enki Bilal desarrolla su trayectoria en el mundo del cómic europeo a través de obras de ciencia-ficción política. La Feria de los Inmortales, La Mujer Trampa y Frío Ecuador componen la trilogía Nikopol, que Bilal comenzó en 1980 y tardó doce años en terminar. La historia se sitúa en una Francia futurista, en la que su presidente, Jean-Ferdinand Choublanc, es un fascista corrupto dispuesto a vender a los alienígenas el bienestar de los suyos a cambio de la vida eterna. El desgraciado protagonista de la trama es Alcide Nikopol, quien regresa a la Tierra después de pasar varias décadas condenado a orbitar el planeta en una cápsula criogénica.

Las comparaciones con Moebius son inevitables: seres alienígenas de anatomía humanoide, vehículos de diseño preciso, los atuendos barrocos, el aspecto sórdido de las arquitecturas, y la polución sobreabundante encajan con la desilusión de los años 80, un sentimiento de decepción y desengaño frente a una sociedad que no había satisfecho las expectativas de la década anterior. Sin embargo, aunque Moebius utilizara este estilo pesimista porque se adecuaba a sus objetivos poéticos deconstructivos, en la obra de Bilal se encuentran elementos autobiográficos, un recurso habitual en los creadores periféricos frente al poder eurocéntrico y patriarcal.

Tokyo Ghost

La más moderna de todas nuestras recomendaciones es Tokyo Ghost, una obra de gran imaginación visual que referencia a algunos de los clásicos distópicos que ya hemos mencionado, como Akira, Juez Dredd, o Ghost in the Shell. En un mundo hiperconectado a la tecnología, dos amigos intentan buscar un Edén en el que recuperar su perdida humanidad.

En Tokyo Ghost la sociedad sobrevive como una ociosa masa adicta a la tecnología, enganchada a un perfecto sistema de entretenimiento multipantalla sincronizado directamente con su cerebro. Este sistema no es más que una cámara de resonancia: una plataforma en la que los usuarios reciben las noticias y anuncios que ya reflejan sus intereses, reforzando el sistema de creencias de cada individuo y aumentando su ego en adictivo bucle sin fin. Una versión refinada de Facebook y Twitter mantiene a la humanidad contenta, ajena al espanto de un mundo exterior que ya colapsó hace tiempo.

Ur Varserklotet

Simon Stålenhag (autoeditado, 2015)

Habíamos prometido diez cómics, pero esta undécima recomendación, maravillosa, entra en la categoría de libro de ilustración. El dibujante sueco Simon Stålenhag lleva años publicando en Internet sus trabajos: un arte que muestra un mundo distópico lleno de dobles significados. En las láminas de Stålenhag, enormes máquinas y dinosaurios comparten paisaje con personajes solitarios y multitud de cadáveres. Inquietante, desolador, su universo lidia con los suburbios de las grandes urbes desde un impresionismo posmoderno, que toma licencias del arte plástico y los videojuegos.

Simon Stålenhag es un creador autoeditado, fuera de los círculos de las grandes casas y los comercios a pie de calle. Se puede encontrar en su web personal el grueso de su obra, que vende también a través de plataformas online, y para el que frecuentemente busca financiación.