Regimiento monstruoso es una de las mejores novelas del Mundodisco. Una crítica contra la sinrazón de la guerra, desde una óptica feminista y desde el más desaforado compañerismo.

Ilustración de Mariano de Henestrosa para Fabulantes


Las mujeres que se disfrazan de hombres para poder ir a la guerra (en tiempos en los que lo habitual era resignarse a que la guerra les llegara a ellas) son un elemento recurrente en la historia militar, la literatura y lo que media entre ambas. Cuenta Ptolomeo Queno que Epipola de Caristo, hija de Traquión, se hizo pasar por hombre para asediar Troya con el resto de los aqueos, pero fue lapidada por sus compatriotas tras ser descubierta. La Balada de Mulan (siglo VI d. C.) recoge la hazaña de Hua Mulan, una joven tejedora china que se alistó en el ejército para que su anciano padre no tuviera que hacerlo; en el romance castellano de La Doncella Guerrera su protagonista asume la identidad del caballero Don Martín de Aragón por un motivo similar:

No maldigáis a mi madre, que a la guerra me iré yo;

me daréis las vuestras armas, vuestro caballo trotón.

Conoceránte en los pechos, que asoman bajo el jubón.

Yo los apretaré, padre, al par de mi corazón.

Tienes las manos muy blancas, hija, no son de varón.

Yo les quitaré los guantes para que las queme el sol.

Conoceránte en los ojos, que otros más lindos no son.

Yo los revolveré, padre, como si fuera un traidor. 1

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En el Siglo de Oro destaca Catalina de Eraúso, conocida como la Monja Alférez: tras huir de su convento y viajar a las Indias, escribió páginas y páginas de la Leyenda Negra española haciéndose pasar por un conquistador más. Y cómo no mencionar a Éowin, que en El Retorno del Rey (J.R.R. Tolkien, 1955) se disfraza de jinete de Rohan, participa en la batalla de los Campos de Pellenor y da muerte al mismísimo Rey Brujo2. Nos hallamos en definitiva ante un motivo literario clásico, y nadie mejor que Terry Pratchett para desmontarlo, recomponerlo y darle cuerda en Regimiento Monstruoso (Plaza&Janés, 2010), una de las mejores novelas de Mundodisco, escrita en el apogeo de su carrera.

Tras reflexionar sobre la religión en Dioses menores (2002) y el nacionalismo en ¡Voto a bríos! (2007), Pratchett retoma estas cuestiones en una historia que nos transporta al ducado de Borogravia, un pequeño Estado teocrático en guerra semipermanente con sus vecinos. Por si no tuvieran suficiente con los dogmas desquiciados de su dios Nuggan, el conflicto inspirado en la guerra de Crimea de mediados del siglo XIX y en unas cuantas más ha llevado a la población borograviana al borde del colapso: los campos se quedan sin arar mientras el ejército manda más y más tropas al frente. El último recluta en alistarse en el Décimo regimiento de infantería ligera (conocido como los «Dentroyfuera») es una chica un chico que se llama Polly Oliver3 y quiere buscar a su hermano, desaparecido en combate luchar por su país y el honor de la duquesa. Su disfraz es engañosamente simple: un corte de pelo, el uniforme reglamentario, un par de calcetines estratégicamente colocados y algún eructo ocasional.

Sus compañeros de filas son la prueba de que el Estado Mayor de Borogravia no puede permitirse ser exigente: el teniente Blusa es un oficial del Departamento de Mantas, Sábanas y Forraje de la Jefatura Administrativa y el cabo Strappi es un comisario político de los que suelen atraer fuego amigo. «Tolón» Dogal es un pirómano y «Pirao» Goom un maniaco religioso; Maladicto es un vampiro, Carborundo un troll e Igor… un Igor. ¿De ahí el título de la novela? Quizá4. Es una suerte que el líder de facto del escuadrón sea el mítico, astuto y orondo sargento Jackrum, un veterano de mil batallas que cuida de sus reclutas con una dedicación que roza lo maternal. Después de todo…

Estaban perdiendo la guerra. Todo el mundo lo sabía pero nadie lo quería decir. Todos parecían pensar que si no se pronunciaban las palabras en voz alta, entonces aquello no estaba sucediendo. Estaban perdiendo la guerra y aquel pelotón, sin instrucción ni experiencia, combatiendo con botas de hombres muertos, solamente podía ayudar a perderla más deprisa.

Los Dentroyfuera no tardan en darse cuenta de que son los últimos reclutas de toda Borogravia. Adentrándose cada vez más en la niebla de la guerra para llegar al frente, el regimiento monstruoso tiene que eludir unidades de élite de Ezlobenia, esquivar desertores borogravianos y posar con aspecto feroz para los reporteros de guerra del Ankh-Morpork Times. Cualquier otro pelotón se rendiría, pero este tiene un Secreto. Y quién sabe: puede que cambiar el curso de la guerra esté en sus manos.

Al igual que en muchas otras novelas del Mundodisco, la trama de esta novela es ágil y contiene giros impredecibles; su humor, no obstante, es más sobrio que el de entregas anteriores. ¿Es una novela feminista? Se diría que sí: parece que para bien o para mal la guerra no es sólo cosa de hombres. ¿Es pacifista? También, aunque sus páginas dejan entrever cierta resignación ante lo inevitable de que a veces se continúe la política por otros medios («siempre había alguna guerra», musita Polly a medio camino entre Clausewitz y el Fallout). Pero se trata sobre todo de un elogio del compañerismo, de una oda a los soldados que en el fragor de la batalla matan y mueren no por su patria o religión, ni tan siquiera por sus familias, sino por sus compañeros de trinchera. Regimiento Monstruoso es una obra fundamentalmente humanista, un ejemplo más de por qué la fama del muy añorado Terry Pratchett, además de merecida, le sobrevivirá durante mucho tiempo.

NOTAS:

1 Menéndez Pidal, R. (1933). Flor nueva de romances viejos. Madrid.

2 El elfo Glorfindel había profetizado que el líder de los Nazgûl no caería a manos de ningún hombre.

3 Nótese que Sweet Polly Oliver es una balada inglesa clásica en la que una chica se disfraza de soldado para poder estar con su amado.

4 O quizá tenga que ver con cierto panfleto de John Knox, líder de la Reforma Escocesa y dirigido, inicialmente de manera anónima, contra las reinas María I de Escocia y María I de Inglaterra.