Viñetas y Bocadillos es el medio de información sobre cómic más fiable y completo de toda la red hispanohablante. Nació como pequeño espacio en Radio 5 en septiembre de 2007 y se amplió tres años después a la actual página, un blog asociado a Radio Televisión Española (RTVE) que se inaguró, cómo no, durante un Salón del Cómic de Barcelona, el mayor evento del noveno arte en España. En todo este tiempo, Viñetas y bocadillos se ha revelado como una auténtica enciclopedia por la que han desfilado, sin discriminaciones, autores consagrados y jóvenes promesas, mangas, superhéroes e historias intimistas, exposiciones y ensayos.

Entre bambalinas operan Jesús Jiménez y Víctor Gómez Lluch, amigos desde 1998, cuando compartieron un periplo televisivo común y descubrieron su mutua pasión por la página dibujada e impresa. Jiménez trabaja en RTVE en varios programas de Cine (Versión Española, Días de Cine o En Portada), mientras que Gómez es técnico de sonido y colaborador de distintos espacios del ente público. Detrás de su amor por el cómic hay una buena historia: Jesús Jiménez se inició robando historietas de superhéroes publicadas por Vértice y sufrió un flechazo del que no se ha recuperado aún. Víctor Gómez accedió a lo que pudo en su Segovia natal, tierra nada pródiga en tiendas especializadas, hasta que su desembarco universitario en Madrid le convirtió en coleccionista y asiduo de lugares de culto “comiquero”.

La sabiduría de ambos es comparable a su campechanía: hablan de cómic de una manera directa y didáctica, desplegando sus conocimientos con amenidad y claridad, como hacen cada semana en radio e internet. Se aprende de sus palabras con facilidad pasmosa, casi sin proponérselo. La presente entrevista tuvo lugar el 21 de enero pasado, en un bullicioso bar del centro de Madrid. Un lugar de paso de varios ilustradores y dibujantes, como por ejemplo, nos aseguran, Paco Roca, uno de sus favoritos. Durante más de una hora, estos maestros de la divulgación sobre cómic, decanos y pioneros de un modo de narrar que ha sido copiado por los medios generalistas, desgran divertidos algunas claves de su amor innegociable por los tebeos. “Para iniciarte en esto -sentenciarán al final- tienes que disfrutar”. Jesús Jiménez y Víctor Gómez lo hacen en cada palabra, en cada gesto, en cada mirada cargada por el peso de la experiencia de numerosas lecturas de viñetas y bocadillos.

Fotografías de Ana Picos

Fabulantes: La primera pregunta es casi obligada. ¿Cómo lograstéis que un medio generalista destinara parte de su espacio a hablar exclusivamente de cómic?

Jesús Jiménez: Lo logramos porque el director de la web (de RTVE) que había por aquel entonces, Ricardo Villa, era aficionado al cómic. Le propusimos hacer una sección de cómic y nos dio permiso. No nos quitó trabajo (risa leve) pero nos dejó hacerlo. A partir de ahí, la cosa fue creciendo hasta que llegué a desarrollar un blog, una página web y el programa de radio, que tenemos desde 2007. Somos uno de los pocos medios especializados que tenemos un espacio en radio y una web.

Víctor Gómez: A veces también nos llaman para participar en otros programas sobre temas que controlamos.

J. J.: Sí. Villa, además, nos dio total libertad para hacer el programa (en nuestros tiempos libres). Como la cosa empezó a funcionar, y las noticias de cómic en la web son de las que mejor se mueven en las redes sociales, conforme hemos ido creciendo y sacando más noticias, empezamos a hacer el blog diario, que es una manera de fidelizar al lector. Gracias a eso hemos conseguido que nos sigan cada vez más personas. Somos de los que más seguidores tenemos en Twitter, más de mil, superiores a los de muchas editoriales. Poco a poco, con mucho esfuerzo y trabajo diario, hemos logrado que oyente e internauta nos sigan.

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Imagen oficial de lo autores en el blog de Rne

F.: Hace unos años, y no hace mucho de eso, el cómic era marginal en los grandes medios y en las grandes agencias. ¿Cuándo se produce el cambio en la percepción global sobre el cómic y por qué (o con qué)?

V. G.: La explicación quizás tenga que ver con el boom de las redes sociales. En éstas vuelcas aquello que te gusta. Hay intersecciones: partes de un sector que conoces por otro lado, por tus aficiones musicales o cinematográficas, y resulta que también compartes cosas de cómics. Es una gran comunidad y tenemos la costumbre de compartir todo lo que nos gusta.

J. J.: También ha tenido mucho que ver el cine. Lo hablaba con el chaval que hace información de cómic en El Mundo; me preguntaba: ¿el cómic a quién le interesa? Pues interesa desde el momento en el que el tráiler de la primera película de Los vengadores tuvo una barbaridad de retuits. El cine sobre personajes de Marvel y DC ha hecho que la gente vuelva un poco a los tebeos. Y, claro, el desarrollo de la novela gráfica ha llevado a gente que nunca ha estado interesada en tebeos a que empiece a interesarse por el campo.

V. G.: Cuando propusimos además nuestra idea de reseñar cómic, lo hicimos como incitación a la lectura. Los cómics suelen ser el primer contacto de los chavales con la lectura.

J. J.: Pasa otra cosa, y es que como yo por la web tengo acceso al archivo de Televisión Española, empecé a investigar lo que tenía el archivo. Descubrí que había un par de programas, La historieta, en los años ochenta, y otro, en formato matinal, en el que hacían entrevistas a grandes personalidades del cómic. He insistido mucho a algún productor con que nos dejen, al igual que hicieron en radio, hacer un programa en televisión dedicado al cómic. Pero ahora TVE no tiene dinero, hay que reconocerlo, y nos pide patrocinador. Y eso es un problema, porque si cogiéramos a una editorial como patrocinador sólo querría que sacáramos su catálogo, por lo que tendría que ser un patrocinador ajeno al medio, para que pueda ser ecuánime y así sacar cómics de todo tipo. Es difícil y tampoco tenemos tiempo.

Víctor y yo en realidad no hacemos cómics. Yo hago Cine, me encargo de hacer documentales en la web, hago la página de TVE, de Días de Cine, y en mis ratos libres me dedico a esto. Esta mañana, por ejemplo (Jiménez alude a la mañana del día en que se produjo la entrevista; hemos preferido no actualizarla porque es parte de un discurso), he ido a ver Creed y he estado más de tres horas fuera, entre que voy y vengo. Nunca me he puesto a leer tebeos en la redacción porque parece que está mal visto y sin embargo es tu trabajo. Las noticias de cómic tienen muchas visitas en las redes sociales porque nuestro equipo las mueve muy bien. Es una cosa que no hace nadie; por ejemplo, los Goya y los Oscars los hace todo el mundo, pero la información continuada de cómic la hacemos nosotros solos. Ésa es la clave de que la gente se fidelice y que los que buscan ese tipo de información converja en el mismo sitio.

Somos uno de los pocos medios especializados que tenemos un espacio en radio y una web

F.: Jesús, una fuente bien informada me comentó que eres como Guillermo del Toro, que tienes una segunda residencia sólo para almacenar cómics. ¿Es cierto eso?

J. J.: ¡Bueno, ya me gustaría a mí tener una segunda casa! Yo tengo una casa muy pequeña, y como es un piso bajo lo que hice fue abrirme una buhardilla (ríe). La tengo repleta de cómics; si tengo que buscar algo, no lo encontraré jamás. Estoy pensando en comprarme otra casa porque no me puedo levantar sin que se me coman los tebeos.

F.: ¿Qué joyas guardas en esa buhardilla?

J. J.: Lo comentaba yo esto hace tiempo. Fíjate, por el número 1 de Spiderman, que es del 62 o 63, se ha llegado a pagar un millón de dólares. Yo tengo muchos de los primeros de Vértice que se publicaron aquí, que es toda esta colección de Spiderman y de Los vengadores que salió en el 66, y los puedo vender por 20 euros. Pero imagínate unos tebeos de aquel entonces, que prácticamente se publican al mismo tiempo que en Estados Unidos, con tan sólo cinco años de diferencia y compara lo que valen allí y lo que valen aquí: la diferencia es abismal.

Cuando propusimos además nuestra idea de reseñar cómic, lo hicimos como incitación a la lectura

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Jesús Jiménez

F.: Habéis mencionado mucho la palabra tebeo. También han aflorado “cómic” y “novela gráfica”. ¿Existe para vosotros alguna distinción entre estos términos? ¿Por qué?

V. G.: No. Tenemos la manía de ponerle sellos a las cosas y de catalogar absolutamente todo. ¡Qué más da qué música te gusta mientras sea música! Pongamos el caso de Watchmen: era una serie limitada, de tebeos de grapa, que reunieron en un tocho en tapa dura y de pronto… ¡plof! ¡Novela!: ¡dejó de ser una serie limitada! Es absurdo: el lenguaje es el mismo, son los géneros los que difieren. Todos son tebeos. Claro, luego hay quien dice: yo no leo cómic, yo leo “novela gráfica”. ¡Tú lo que te lees es un cómic gordo, chato!

J. J.: Víctor y yo somos de los que siempre hemos usado el término “tebeos”.

V. G.: A mí también me gusta mucho el término “historieta”. Es un término también muy nuestro. A la hora de escribir las piezas periodísticas, hay que barajar todas las posibilidades, emplear todos los sinónimos.

F: Cuando montásteis Viñetas y Bocadillos, ¿teníais pensado también expandir los contenidos y hacer coberturas de películas o exposiciones, por ejemplo?

J. J.: Nos expandimos en cosas relacionadas, sí. Yo trabajo en Cultura y si me toca ir a ver la película de animación de Disney, pues la meto en la página. Hace poco saqué dos exposiciones de arte asiático que hubo en Madrid, una japonesa y otra coreana, porque me parecieron íntimamente relacionadas. No hay que restringirse; si puedes tocar cosas tangenciales que puedan ser interesantes no hay que cerrarse en banda. Cada vez que saco algo de manga o de anime, la gente responde muy bien. Cada vez que sacamos una peli de Miyazaki es un bombazo. Como tenemos muchos intereses, pues todos contentos, los lectores y nosotros.

F.: Ahora que habláis de éxitos, ¿recordáis vuestro mayor éxito en la web?

V. G: Ponerla en marcha (risas)

J. J.: Aparte de eso (suspiro profundo)… Fue Simiocracia: Crónica de la Gran Resaca Económica (De Bolsillo, 2013), de Aleix Saló. Alguna vez, en Viñetas y Bocadillos, metimos algún bombazo, pero como ése, ninguno. Estuvo dos semana consecutivas entre los contenidos más vistos de la web de RTVE, que ya es mucho decir. Saló es comentarista de la Cadena Ser y Simiocracia es su siguiente cómic tras Españistán. Este país se va a la mierda (Glénat, 2011). La clave de este éxito es que sacó este cómic acompañado de un vídeo explicativo sobre la crisis, un corto de animación que fue un bombazo en internet. Tambien fue la noticia más vista de cómic en la historia de la televisión. Tuvo un montón de recomendaciones y movimientos en Facebook, más que cuando se murió Michael Jackson. Increíble.

La clave de que la gente se fidelice es una información continuada de cómic, que sólo hacemos nosotros

F.: ¿Hasta qué punto la actualidad marca vuestra agenda, o tenéis margen para hacer cosas fuera de agenda?

J. J.: Procuramos estar en la actualidad, pero hacemos lo que nos dá la gana. Lo que pasa es que un día, de repente, te llegan 20 tebeos. Estás unas semanas sn nada y de golpe, veinte. Intentas seleccionar los más relevantes y vas apañándote como puedas. He tardado dos semanas en sacar La casa. Crónica de una conquista (Norma Editorial, 2015), de Daniel Torres, un cómic importante, porque tenía que hacer los Goya o las nominaciones a los Oscar.

F.: La actualidad está muy movidita. ¿Qué autores creéis que deberían dibujarla y escribirla?

V. G.: Echa un vistazo a El Jueves, a Orgullo y Satisfacción y tendrás una respuesta. En Orgullo y Satisfacción además se lo pasan en grande. En Mongolia hacen mucho collage fotográfico…

J. J.: A mí me gusta mucho “El Roto” (seudónimo del humorista gráfico Andrés Rábago, habitual en El País) porque es el rey de la síntesis. Lo que consigue en una viñeta no lo consigue nadie. Te da las claves de todo en una sola viñeta, a veces sin palabras. Aquí siempre hemos tenido muy buenos comentaristas de la actualidad.

F.: ¿Es más complicado actualizar con regularidad el blog Viñetas y bocadillos o preparar vuestro espacio de radio en Radio 5?

V. G: Ni complicado ni nada, porque Jesús está en Madrid y yo en Segovia. Soy técnico de radio, el programa lo preparo yo, pero estamos compenetrados. Acordamos los contenidos entre los dos. A veces, él hace entrevistas y me manda a mí los brutos, o llamo yo a las personas. Nos mandamos también los textos. Nuestro espacio en Radio 5 es un microespacio; ya sabéis que Radio 5 es todo noticias, que tiene sus boletines constantes a en punto y a y media, y luego lo que queda tras cada boletín hasta el siguiente lo vas rellenado con espacios de corta duración o “quesitos”, que se emiten cuando hay huecos y viene bien.

J. J.: Y luego en la web tenemos todos los podcast. ¿Cuántos programas llevamos ya?

V. G.: Llevamos más de 674. Son ocho años ya en la radio. Como lo estamos haciendo además en nuestros ratos libres, si alguna vez de la semana no puedo hacer una nueva, tiramos de otras preparadas que puedan ser más atemporales.

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El mítico encabezamiento del espacio en la web de Rne

F.: ¿Y no hay voluntad de dejarlo por ahora?

J. J.: De momento no nos hemos peleado (risas)… Lo hacemos en nuestros ratos libres, nadie nos dice nada, somos autónomos, funcionamos bien… Es un producto que le damos a la radio y a la tele por igual, nunca hemos cobrado un duro por hablar de cómics… Somos felices, claro.

Nuestro mayor éxito tuvo más recomendaciones y movimentos en Facebook que la muerte de Michael Jackson

F.: Este año se esperan varias películas basadas en cómics, como Escuadrón suicida, Batman v. Superman o Deadpool, entre otros. ¿Cuál estáis deseando ver?

J. J.: Capitán América, la adaptación de Civil War. La última de Capitán América me encantó, porque era como un caso Bourne, una peli de espías. No era una película estricta de superhéroes, aunque en la última media hora tenían que destrozar todo porque eso está en el género.

V. G.: Bueno, en Ant-Man sólo se cargan un edificio. Parece que se ha puesto de moda destruir media ciudad o medio planeta. O un planeta entero. Pero te encuentras con una película en la que echan abajo sólo un bloque de edificios y piensas: “oye, esto es gratificante”.

J. J.: Y en los últimos años me ha gustado mucho Guardianes de la galaxia. La califiqué como “La guerra de las galaxias del siglo XXI”. Y eso que me gustó la última Star Wars, a pesar de ser una repetición de la primera.

Me interesa también la de Escuadrón suicida porque parece que es la primera película de Warner sobre héroes de DC que va a ser una comedia. Y mira que me gustan las pelis sobre Batman y Superman, pero son dramas coñazos. ¿Por qué tienen que ser un coñazo los personajes de DC? Parte del éxito de las películas de Marvel es porque son comedias, en el fondo. Creo que Escuadrón suicida será un éxito por esta cuestión.

F.: ¿Cuál es vuestra adaptación “comiquera” favorita al cine?

V. G.: Yo me iría igual a Akira, pero estamos hablando de animación. Guardianes de la galaxia está muy bien, y es un acierto retomar Iron Man con Robert Downey Jr. Es gamberra y muy divertida. Y también destacaría Mortadelo y Filemón contra Jimmy el cachondo, que es fabulosa.

J. J.: A mí me gusta mucho la segunda de Sam Raimi sobre Spiderman. Me parece la película de superhéroes perfecta. Es aquella en la que Spiderman se enfrenta al Doctor Oktopus. Tiene todos los elementos de los tebeos, buenos personajes, buenas caracterizaciones, un villano maravilloso y grandes momentos, como cuando Spiderman evita el accidente del tren y la gente le mantea desenmascarado y les da igual. Y Oktopus es un villano porque tiene que serlo, pero no es tan malo como en los tebeos. Es un personaje muy interesante.

F.: ¿Qué os parecen los Batman de Nolan?

V. G.: No los soporto. Me parecen muy intensas. Cuando voy a ver una peli de superhéroes quiero ver a un tío con mallas (risas de los presentes), con colores estridentes a ser posible. Me ha sorprendido que vayan a hacer Escuadrón suicida. No soporto esa estética tan minimalista de Nolan. Es un tío que no sabe colgar un cuadro en una pared. ¡Es verdad! Te planta en una mansión o en otro de sus escenarios y te encuentras sus paredes completamente desnudas. En Interestellar igual: ¿dónde están las fotos de la abuela? Las paredes están encaladas, sí, y hay muchos libros en las estanterías pero, ¿dónde están las fotos familiares? Me gustan algunas de sus películas, pero le veo con problemas a la hora de tratar la ficción más fantástica. No empatizo tampoco con sus personajes. Fíjate, no me disgustó El truco final, pero es porque sale Bowie.

F.: Esta edición del Salón del cómic de Angoulème ha estado presidida por la polémica por “machista”. En cuanto especialistas, ¿qué os parece a vosotros la ausencia de mujeres en la terna de aspirantes al Grand Prix?

V. G.: Creo que habría que hacer con los festivales de cómic como con el premio Planeta: no debería saberse quién está detrás. Habría que presentar obras específicas, sería lo ideal: valoras la obra por lo que estás leyendo, no por quién esté detrás, sea hombre, mujer o mono con reúma. Lamentablemente, muchas de las obras que llegan a los festivales ya se han presentado en otros sitios. En el Salón del Cómic de Barcelona se presentan obras con un recorrido previo importante, por ejemplo. Y ya en Expocómic ni te digo, que es el festival que cierra la temporada.

J. J.: Yo creo en la discriminación positiva, porque, por desgracia, nos falta mucho para llegar a la igualdad. Creo también que hay que nominar a quien lo merece. Estoy harto de ver listas políticas saturadas de gente no capacitada sólo para rellenar cupos regionales o por género. Hay que incentivar a la gente que vale, hacerlo bien. Escoger a los más válidos y de entre ellos, procurar que haya más mujeres para así alcanzar la igualdad. Y con los premios debe de pasar igual.

Nunca hemos cobrado un duro por hablar de cómics… Somos felices, claro

F.: Este 2016 René Goscinny hubiese cumplido 90 años. ¿Qué os parece como autor?

J. J.: Para mí ha sido el gran guionista del cómic europeo. Sus cómics de Astérix los guardo como uno de mis tesoros más preciados. Los Lucky Luke que escribió son los más divertidos de la serie. En guión humorístico sigue siendo insuperable.

V. G.: Comparto.

F. ¿Y cuál sería el toque Goscinny?

J. J.: Los cómics de Goscinny tenían, primero, unos personajes maravillosos, sin excepción. Fíjate, hace tres años, en la presentación del relazamiento de Astérix, le preguntaba a los nuevos autores, Didier Conrad y Jean-Yves Ferri,  que por qué habían prescindido de Ideafix. Me respondieron que no sabían qué hacer con él, no se sentían cómodos con él. Bien, en el segundo álbum ya lo han recuperado. La gente lo echaba de menos porque era parte del conjunto y si coges el conjunto lo tienes que coger en su totalidad. En segundo lugar: ya sabes que las páginas de los cómics europeos se suelen plantear en dos partes, la superior y la inferior: pues bien, Goscinny metía un gag en cada una. Calcula en 48 páginas la cantidad de gags que podía hacer. En tercer lugar, era muy hábil para enmascarar en sus tramas temas de actualidad. Por ejemplo, La residencia de los dioses coincidió con una crisis de la vivienda que hubo en los setenta. Y en Iznogud, el visir que quería ser califa en lugar del califa, la política está muy presente.

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Víctor Gómez

F. Nos conocimos en persona precisamente en aquel acto con autores de Astérix que mencionas, Jesús. Quisiera saber vuestra opinión sobre los nuevos Astérix…

V. G.: Está claro que salen perdiendo en comparación con los de Goscinny y Albert Uderzo, pero le están poniendo entusiasmo, y eso está bien. Van recuperando personajes paulatinamente, hay que tener en cuenta que seguirán haciendo más. Falbalá no ha salido todavía, por ejemplo. Los guiones son simpáticos. Y en el dibujo, aunque debe imitar el estilo de Uderzo, Conrad empieza ya a permitirse alguna licencia.

J. J.: Sí, se está soltando. Hay que darles tiempo. Se nota que en el primero les obligaron a parecerse mucho a los cómics clásicos y seguramente tuvieron a Uderzo muy encima. Y aun siendo mucho mejores que los cómics que hizo Uderzo en solitario, todavía les queda muchísimo para alcanzar a Goscinny. Pero en El papiro del César se ve que ya se han soltado el pelo y han hecho algo más diferente. Están metiendo pequeños cambios que les alejan del canon de la serie. Si siguen por ese camino creo que llegarán lejos.

F.: Hace poco me emocioné con uno de vuestros artículos. Era sobre Raf, “el gentleman de Bruguera”, uno de esos autores que han caído en el olvido, quizás por nuestro cainismo, quizás porque nos avergonzábamos de aquellas historietas sin pretensiones. ¿Por qué se desprecia a toda la “escuela” Bruguera, que fue tan importante en nuestro país?

V. G.: ¿Por parte de quién? Porque los lectores contemplamos con muchísimo cariño los tebeos de Bruguera. Todavía guardo “Mortadelos” o “Zipi Zapes” de los antiguos. Eran revistas que rascaban de aquí y de allí y te metían de pronto historietas de corte americano o franco-belga para variar y que hacían un conjunto muy entretenido. Las historias de Sir Tim O’Theo, de Raf, eran muy buenas. Y lo que hizo Vázquez en Guai!, “Los casos del inspector Yes”, una de sus obras crepusculares, era genial. Fueron unas historietas policíacas que duraron muy poquito, había un par en las que los casos se resolvían solos y en las que el inspector Yes aparecía al final y ya le decían. “Inspector, no hace falta que venga, vuélvase” Y él decía: “Yes” (risas).

¿Cuál es el problema, y volvemos a la cuestión que nos planteabas? Hablando con dibujantes que trabajaron con Bruguera te comentaban que la editorial tenía la idea de que aquéllas eran historietas para niños que no se daban cuenta de los colores o la rotulación. Jan sobre todo incide mucho en ello. Él pedía que le colorasen sus páginas de una manera y como era color de plantilla, pues el colorista, que iba deprisa y corriendo, seguía las instrucciones del editor, que le apremiaba con los plazos y ponía así un cielo rojo… Claro, ves ahora cómics reeditados a todo color y supervisados por JAN, como su Pulgarcito, y te dices: “¡Qué bien luce Pulgarcito!”. Por eso el desdén que puede haber es por la forma en que se trataba el producto dentro de las oficinas de Bruguera.

J. J.: Siempre he dicho que si Ibáñez fuera americano, ahora mismo sería más conocido en el mundo que Schultz o Eisner. Lo que pasa es que nació aquí. Los clásicos de Bruguera no tienen nada que envidiar a los americanos. Lo que pasa es que en EE.UU. cuidan mucho a sus clásicos y aquí los tenemos olvidados, quizás porque el cómic español se ha vuelto, en mi opinión, demasiado adulto. Hace falta, creo, hacer cómic para la gente joven, para los niños. Porque ahora a los niños, ¿qué cómics les vas a dar, o se van a leer? ¿Los de Paco Roca? No hay un “Mortadelo”, un “Zipi y Zape”; sin embargo, hacen las películas de Zipi y Zape y son un éxito. Hemos perdido ya varias generaciones de lectores porque nos hemos descuidado. Pensamos que a los niños no les interesan los tebeos. ¡Pero si es que tampoco les hemos dado tebeos!

F.: Ibáñez tuvo en su día un gran éxito por Europa. ¿Sigue manteniéndolo?

J. J.: Ya no es lo que era antes. Se ha vuelto muy local en los últimos años. Sus historias de actualidad son muy “de aquí”. Es cierto que se vendió muy bien por Europa, especialmente en Alemania, pero le ha pasado factura el tiempo. Hace poco estuve en Alemania y no he visto ya Mortadelos. Llegan muy poquitas cosas.

F.: ¿Y cómo es que hay personajes de la casa Bruguera, como sir Tim O’Theo, tan olvidados actualmente?

J. J.: Pues por lo que decíamos antes, que el cómic se ha vuelto muy adulto. Hay adultos muy adultos, no sé por qué, que suelen despreciar el pasado. Sin embargo, hablas con Paco Roca o con cualquier autor de ahora y descubres que todos se han criado con la escuela Bruguera. Todos vienen de ahí.

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El Sir Tim O’Theo de Raf, versión catastrófica de Sherlock Holmes y el Dr. Watson

F.: Eso es cierto, pero hay como una jerarquía de la fama. Por ejemplo, Mortadelo y Superlópez…

V. G.: Ten en cuenta que Ibáñez y JAN lucharon mucho por recuperar los derechos de sus personajes cuando Bruguera se cerró y pasó a Ediciones B. Incluso con el paréntesis extraño de la revista Guai! de Grijalbo, Ibáñez creó a Chicha, Tato y Clodoveo, pero no podía usar a sus anteriores personajes porque no tenía los derechos. Los metía en viñetas como secundarios, fuera del plano. Y lo mismo pasaba con el 13 Rúe del Percebe, por lo que tuvo que idear el 7 Rebolling Street. Hubo autores que estuvieron en esa lucha por la recuperación de sus personajes y otros que no pudieron, por estar retirados o fallecidos.

J. J.: Y luego hubo otros, como Vázquez (con sus Cuentos del tío Vázquez) que se pasaron al cómic adulto, publicando en revistas como El Jueves. Eran ya los setenta y el sexo se abría también paso en los tebeos. En ese momento cambiaron de estilo y de registro.

F.: ¿Qué papel jugaría el cómic en el despertar de España tras años de dictadura?

J. J.: Pues en Madriz, El Jueves… estuvo muy presente en la llamada “movida madrileña”. La Codorniz se atrevía a hacer y decir cosas que eran tabúes en otros medios. El cómic fue el que abrió camino a quitar la censura en este país. Y lo hizo además de forma inteligente.

El cómic español se ha vuelto demasiado adulto. Hace falta hacer cómic para la gente joven, para los niños. Hemos perdido de demasiadas generaciones de lectores

F.: Ya que estamos con Bruguera, ¿sois más de Mortadelo y Filemón (o de Mortadelo o Filemón) o de Superlópez?

J. J.: Yo soy más de Mortadelo y Víctor de Superlópez (risa)

V. G.: A mí me gusta mucho el planteamiento cinematográfico de JAN. Ibáñez es un excelente portadista pero asienta a los personajes sobre el suelo de la viñeta como si fuese un teatro.

J. J.: Ibáñez siempre se ha definido a sí mismo como un mal dibujante.

V. G.: Sin embargo, a JAN se le nota mucho que viene de la animación, que trabajó mucho en el cine: cambia los encuadres, dinamiza la narrativa. Esencialmente es como si planteara un storyboard más detallado. JAN se iba de viaje y se llevaba consigo un gran equipo fotográfico, que le servía de documentación para sus álbumes (se iba a Japón, fotografiaba lugares y te hacía La banda del dragón despeinado, por ejemplo). Todos los álbumes de viaje de Superlópez están documentados fotográficamente. Jan me gusta mucho por su detallismo y su plasticidad.

F.: ¿Cuál es tu Superlópez favorito?

V. G.: Me quedo con los nueve primeros, los que van de Las aventuras de Superlópez (1979) hasta La gran superproducción (1984). Encuadernas esos nuevos primeros y tienes un libraco de Superlópez mítico.

F.: ¿Qué tal está la industria del cómic en España?

V. G.: Industria no hay, talento, a mogollón. Ponte a repasar las plantillas de DC, Marvel o de otras editoriales norteamericanas, y también francesas, y te encontrarás un nivel muy alto de españoles. Sobre todo en Fracia.

F: ¿Por qué la industria del cómic es tan potente en Francia y Bélgica?

V. G.: Es por los hábitos de lectura. No estamos acostumbrados a considerar el cómic como una lectura seria. Pero prueba a mandar en el colegio a los chavales una adaptación al cómic reciente, como El Quijote, de Rob Davis (Kraken, 2013), y verás si no se enganchan. Las adaptaciones literarias al cómic pueden ser una buena puerta de entrada a la lectura. Además, puedes plantear un juego didáctico: muchos cómics están plagados de faltas ortográficas. Haz que las busquen.

F.: JAN nos hablaba de un total desinterés por la “cosa cultural” hace años. ¿Sigue siendo así actualmente?

V. G.: Hay inquietud; otra cosa es que haya difusión mediática.

J. J.: Se ve por ejemplo en nuestro trabajo. Desde que empezamos, primero con el programa de radio y luego con el blog, han empezado a proliferar como hongos en todos los periódicos las secciones de cómic. Han surgido programas, espacios televisivos para internet… Interesa. Si hablas con los editores, te dicen que en 2015 hubo una recuperación. La gente quiere leer buenos tebeos y hay que dárselos. Hay muy buen nivel en cómic. Yo que estoy al tanto de la actualidad del cine y la literatura, por mi posición en Cultura en RTVE, creo que el nivel de cómics que se publican en España es apabullante comparado con las novelas o las películas. Además de muy buen nivel hay muchísima variedad.

No hay industria del cómic en España sino talento a mogollón

F.: Muchos autores, como Benoît Sokal, Enki Bilal, Steve Purcell o Dave Gibbons han tenido escarceos también con el videojuego. Es más, algunos -como Purcell y en menor medida Sokal- deben su reputación a este medio. ¿El videojuego y el cómic pueden ser vasos comunicantes?

V. G: Todo se retroalimenta, ahora todo es transmedia. Puedes hacer un videojuego que inspire un cómic o un cómic que inspire un videojuego. O una película que inspire un videojuego que luego inspire un cómic.

J. J.: Tienes también el caso de Luis Royo y su hijo, cuyo último proyecto, Malefic Time, era sacar un libro de ilustración, a continuación hacerlo manga, sacar una banda sonora, el videoclip… Querían hacer un proyecto multimedia. Creo que era  muy interesante.

F.: ¿Destacaríais alguna adaptación del cómic al videojuego?

V. G.: Yo de entrada soy reacio a jugar a videojuegos. Sin embargo, sí me gustó el proyecto de Juan Carlos Bonache GameBoyLands, unas tiras cómicas de una sola página. Fue un proyecto por crowdfuding en Verkami que obtuvo una muy buena respuesta: pedía 7000 euros y triplicó esa cantidad, por lo que pudo añadir extras a sus donantes. Creo que en Madrid hay una librería que ha comprado varios de sus tebeítos, de 90 historias de personajes de la Game Boy. Las páginas están coloreadas en tonos verdes. La portada del propio libro es la Game Boy por delante, y la contraportada la Game Boy por detrás. No es un cómic oficial: Nintendo no ha tenido nada que ver, simplemente a Bonache le apeteció hacerlo. Es uno de los mejores cómics relacionados con el mundo de los videojuegos que me haya encontrado. Muy divertido.

J. J.: Si en Nintendo fueran listos lo patrocinarían de alguna manera…

V. G.: Efectivamente. Pero eso sería meter presión al autor, y cuando una multinacional mete presión a un autor…

F.: “¿Cómo comparar el Ulises, un lienzo de Rothko o La consagración de la primavera de Stravinsky con un cómic? Es de sentido común”. Citamos una respuesta que nos dio Jacobo Siruela a la pregunta de si leía cómics. El editor no cree en el noveno arte. ¿Para vosotros, un cómic puede competir con el Ulises, un lienzo de Rothko o La consagración de la primavera?

V. G: Volvemos a lo mismo, todo está relacionado. He oído a gente preguntarse por qué dan un premio llamado Goya en cine. Vamos a ver, Goya, cuando pintaba, usaba muy bien la luz. ¿El cine qué es? Luz, y sonido. Todo está relacionado, si te paras a pensarlo. Sólo hay personajes que se contemplan y disfrutan de manera diferente. Un cuadro lo ves de golpe y luego tienes que fijarte en los detalles, detenerte a contemplarlo. Un cómic es arte secuencial, vas pasando páginas.

J. J.: Además el dibujo siempre se ha considerado como una de las artes. ¿Por qué entonces el dibujo del cómic no es arte? Yo creo que sí es arte y que además tiene ese componente narrativo que le añade valor. Es puramente arte: junta la narración literaria con la gráfica. Cada cual tiene sus manías, o a lo mejor no ha leído tebeos en su vida. Hay opiniones para todos los gustos, pero la realidad es la que es. Siempre digo lo mismo: hay libros buenos y películas buenas en la medida en que hay libros malos y películas malas. ¿Quién decide lo que es bueno o no? Indudablemente, arte son: es algo que alguien hace con sus manos, es manual, una manifestación artística. También tiene su valor el arte digital.

No estamos acostumbrados a considerar el cómic como una lectura seria

F.: ¿Qué es lo más raro que habéis leído en cómic?

(Risas de ambos) V.G.: ¿Lo más raro? Dí mejor directamente qué dejaríamos en un parque.

J. J.: Sí, es una expresión que usamos cuando no nos gusta una cosa o queremos compartirla con el mundo. O sea que si os encontráis con un tebeo en un banco, seguramente hayamos sido nosotros (más risas).

F: Vale, os iba a preguntar cuál echaríais a una hoguera pero, ¿cuál dejaríais en un parque?

V. G.: ¿Cuáles hemos dejado en un parque? A ver, hemos dejado La niña que fui (Dibbuks, 2011) (risas de Jesús y asentimiento). Luego ha habido alguno relacionado con videojuegos que he repartido entre gente a la que creo que le ha podido interesar (risas), pero no recuerdo exactamente los títulos.

J.J .: Yo dejaría en un parque algún cómic de éstos que se están poniendo de moda ahora que son supuestamente de humor y que están dedicados a los jóvenes. No mencionaré títulos. Y alguna biografía coñazo…

F.: ¿De James Joyce, verdad?

J. J.: No (risas)… A todos nos ha dado ahora por hacer autobiografías. Y hay gente muy interesante, como puede ser Paco Roca, y otra de la que te preguntas: ¿pero por qué me estás contando tu vida? ¡Si mi vida es mucho más interesante que la tuya! Y encima no me la estás contando bien. El género autobiográfico está un poquito sobredimensionado. Surgen cosas muy interesantes pero cuando tienes algo que contar.

F.: Cuando elegís un cómic, ¿os entra antes por los ojos, prima el boca a boca? ¿Cuál es vuestro criterio?

V. G.: Todo. De repente te encuentras con una portada espectacular que te llama la atención, y te lo llevas a casa. Luego resulta que has acertado, tiene un guión interesante. Muchas veces, además, por redes sociales, conecto con creadores que van poniendo en marcha proyectos que vas siguiendo y vas viendo prosperar. Fue el caso de La oveja samurái (Fran Carmona y Santiago Girón, Ominiky Ediciones, 2015), uno de los mejores tebeos de humor, acción y con animales antropomórficos, que haya leído.

J. J.: Hay una cosa que tuvimos muy clara desde el principio: queríamos hacer de todo, no hacer la típica información de cómic que salía en los periódicos y que alternaba exclusivamente a Paco Roca y a Max. Y gracias a eso hemos entrevistado a Max y a Paco Roca, pero también a un chaval que publicaba su primer tebeo, porque nos llamaba la atención, y por qué no, a casi todos los fanzineros… Nos ha interesado potenciar a la gente nueva, que necesita mucha atención. Porque, ¿qué necesidad tienen Max y Paco Roca de que les promocionemos?

F.: ¿Tenéis debilidad por algún autor o personaje?

V. G.: Cuando vi el dibujo de JAN me dije que quería dibujar como este tío. De momento pues no. Aunque algún detallito… Podría dibujar manos como JAN y como Ibáñez.

J. J.: Yo tengo debilidad por Daredevil, sobre todo en su etapa de Frank Miller, que leí en su momento. Me quedé fascinado, nunca había leído una cosa así en un cómic de superhéroes. Miller metió la serie negra en el cómic de superhéroes, algo que hasta ese momento no se había hecho jamás. Leías un Dashiell Hammett con superhéroes. Fue una auténtica revolución. Más adelante hizo Dark Knight. Junto con La cosa del pantano y Watchmen, de Alan Moore, hizo que el cómic de superhéroes avanzara una barbaridad en los ochenta. Luego se quedó estancado, no se quiso seguir por ese camino. Pero esos años fueron maravillosos, te encontrabas series realmente fascinantes que nunca había imaginado leer, como Los cuatro fantásticos de John Byrne, Thor de Walter Simoson… Fueron auotores muy a la europea que hicieron cómics muy europeos. Tenían grandes personajes, muy bien tratados y desarrollados… Fue un salto cuantitativo y cualitativo. La cosa luego se estancó, no sé por qué. Llevamos unos años muy malos en ese género. ¡Qué se le va a hacer!

Desde el principio nos ha interesado potenciar a la gente nueva, que necesita mucha atención. Porque, ¿qué necesidad tienen Max y Paco Roca de que les promocionemos?

F.: ¿Cómic europeo, manga o cómic americano?

V. G.: Depende de lo que te pida el cuerpo. Aunque yo soy más de europeo, sigo más sus novedades, así como las españolas.

J. J.: Sí, además ahora hay una pequeña crisis en el cómic americano en la que no saben qué hacer. Le han quitado los poderes a Superman, Batman es el comisario Gordon…¿Cuántas veces han matado y resucitado al Capitán América en los últimos años? Le van a volver a cambiar el escudo otra vez para ponérselo triangular… Es una pena, porque realmente las películas las están haciendo muy bien. Pero en el cómic de superhéroes están tan obsesionados por innovar que no hacen más que dar palos de ciego.

V. G.: ¿Y lo de los peque Marvel? Han cogido a los personajes clásicos de Marvel y los han hecho niños. Un poco como Enrique Vegas con sus cabezones. Aunque yo estoy fascinado con Mago de Oz, con Mapache Cohete

F.: ¿Qué es lo mejor que habéis leído, en cómic por supuesto, en los últimos meses?

V. G.: La oveja samurái. Hablas con el dibujante y te dice que quería hacer algo como Blacksad, pero que no tenía nivel. ¡Joder que no tiene nivel! Lo llega a hacer a color y en un formato algo más grande y le hubiese quedado un álbum acojonante. Tiene intención de seguirlo; a ver qué tal responde la gente. Es muy divertido. No tiene mucho que ver con Sakai, quería hacer algo con animales antropomórficos en un Japón feudal lleno de anacronismos pero que es una gamberrada. Parece Andalucía. Es una gozada. Hay un duelo del villano con la oveja samurái en un mercado que es estupendo, muy visual.

J. J.: Me quedo últimamente con Paco Roca, me gusta mucho lo que hace. Espero todas sus obras con gran interés. También me quedo con Blacksad. Bueno, menos Amarillo. No se puede mantener siempre el mismo nivel. Pero la serie suele ser una garantía. Y el nuevo Corto Maltés ha sido una gran recuperación del personaje.

F.: Por último: imaginad que empezamos a leer cómics. Somos unos paganos, no tenemos ni idea, y os pedimos recomendaciones.

V. G.: Buena pregunta. Lo más probable es que yo te soltase un Súper Humor de los antiguos. Un “Mortadelo”, un “Zipi y Zape”, un “13 Rúe…” Si puede ser de Superlópez, mejor, aunque no era lo habitual un Súper Humor dedicado al personaje. Eso para empezar. Y ya con una edad, superhéroes.

J. J.: Recomendaría sin dudarlo Astérix y Obélix. Si no te gustan, no te gustan los cómics. Es una lectura muy amena, que se disfruta. Y para iniciarte en esto, como en cualquier otra cosa, tienes que disfrutar.