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Alexander Nasmyth, Tantallon Castle with the Bass Rock, 1816.

A día de hoy, el nombre de Gonzalo Torrente Ballester (Ferrol, 1910 – Salamanca, 1999) nos parece relegado, casi exclusivamente, a los manuales escolares y académicos de literatura española. Curioso, cuanto menos, si tenemos en cuenta que hasta hace tan sólo unos años su nombre era casi omnipresente en la cultura social del país, no sólo a través de la lectura de sus libros sino, y sobre todo, a través de las adaptaciones audiovisuales de algunos de ellos: como las conocidas -y reconocidas- Los gozos y las sombras (trilogía publicada entre 1957 y 1962, adaptada por TVE al formato de serie) y la Crónica del Rey pasmado (1989, llevada al cine por el director Imanol Uribe en 1991). Dos novelas de relumbrón que son parte de una obra extensa, que cuenta también con títulos destacados como El golpe de Estado de Guadalupe Limón (1946), Don Juan (1963) o Filomeno, a mi pesar (1988).

Aunque de fondo estrictamente realista, su muy tierna lucha con la censurai fue puliendo el estilo de Torrente Ballester hasta colar duras críticas al fascismo entre sus novelas posteriores. No en vano, aunque por avatares de la vida él era conocedor y conocido por la esfera intelectual del régimen franquistaii, desde su juventud estuvo vinculado con opciones progresistas y galeguistasiii. Incluso, con el tiempo, su estilo cada vez más pulido y unas líneas argumentales cada vez más elaboradas le ayudaron a encarar estas críticas a otra línea totalmente distinta de su producción, aunque igualmente excelsa: la “Trilogía Fantástica”, compuesta por La saga/fuga de J.B. (1972), Fragmentos de apocalipsis (1977) y La isla de los Jacintos Cortados (1980)iv.

Por causas inexplicables, el fantástico hispánico ha obviado sin disimulo a esta serie de novelas. Quizás porque no se ajusta a la perspectiva canónica de lo que se entiende como novela fantástica. Quizás porque el concepto que las define a todas no sea tanto el de lo fantástico como el de lo fantasioso. Quizás porque el sistema literario ha sido incapaz de diferenciar esta “Trilogía Fantástica” de otras novelas suyas como, por ejemplo, La Princesa Durmiente va a la escuela (1983). Quizás por lo peculiar de su estilo en cuanto a la fantasía, casi único en la literatura ibérica -junto a otro gigante (gallego, también) llamado Álvaro Cunqueiro (Mondoñedo, 1911 – Vigo, 1981)-. Sea como fuere, esta serie de novelas, y de forma especial La saga/fuga de J.B., permanecen en el Olimpo de la literatura en castellano por la brillantez de su estilo, por la ambición de su trama e hilos argumentales, por lo inolvidable de sus personajes, por lo tierno de su humor, o por la forma excepcionalmente sagaz en que establece una relación atemporal y simultánea entre los sistemas cultural, literario y social. Hasta el punto de poder referirnos a ella como una novela inagotable, llena de referencias críticas de vanguardia, muchas de ellas plenamente vigentes todavía hoy en día.

Tal es la magnitud de su alcance que una reseña modesta, como la presente, no puede aspirar ni siquiera a rascar su superficie. Por eso, nos vamos a quedar aquí en una incitación inexcusable a su lectura provocada a partir de las principales variables que constituyen su estructura; nada más, pero tampoco nada menos.

La saga/fuga de J.B. no sería lo que es sin el espacio en que tiene lugar y que, en cierto sentido, define la personalidad y los destinos de los personajes que lo habitan. Castroforte del Baralla es un pueblo gallego que no aparece en los mapasv, capaz de flotar en el aire cuando toda su población se ensimisma con algún tema o asunto de relevancia siempre dudosa, enfrentado frontalmente a la comarca vecina de Villasanta de la Estrellavi, y temido por una autoridad central que manda periódicamente a distintos representantes para intentar controlar a sus gentes. Como principal característica, y principal motivo de temor y conflicto con sus vecinos, se encuentra la reliquia del Santo Cuerpo Iluminado, correspondiente a Santa Lilaila de Éfeso, aparecida en Castroforte hace más de mil años, y que fue rescatado de las violentas y mágicas aguas del mar por un descendiente de la familia Barallobre, linaje encargado hasta ahora de su custodia.

Sin embargo, la novela comienza con la noticia de que el Santo Cuerpo Iluminado ha desaparecido. La espeluznante nueva remueve al pueblo hasta el punto de, además de hacerlo flotar, también hace revivir todas las rencillas del pasado, desde las más antiguas hasta las más recientes. Así, conocemos más sobre la historia de los Barallobre y su desencuentro con la familia de los Bendaña, simbolizada en las casas de ambos linajes, la Casa de Mar y la Torre de Bendaña, y traída al presente por sus últimos descendientes, Jacinto Barallobre y Jesualdo Bendaña, enfrentados ahora por el amor de Lilaila. O de cómo la lucha sobre el Santo Cuerpo Iluminado con Villasanta de la Estrella es mucho más de lo que en apariencia semeja ser, pues la ciudad vecina quiere también darle valor a sus reliquias, y por ello ambos bandos llevan disputándose la validez y la posesión del Santo Cuerpo Iluminado hasta movilizar ejércitos e incluso inmiscuir al Papa de Roma.

Por si estas historias sobre la Historia de Castroforte del Baralla pareciesen pocas, a su mitología popular se unen otros aspectos, pequeños en apariencia, pero igualmente inolvidables. Por ejemplo, el Río Mendo, en el cual los castrofortinos tiran los cuerpos de quienes desprecian al pequeño pueblo para que se los coman las lampreas, animales protagonistas además de una lucha simpar contra los estorninos. O el loro de Don Perfecto quien, con más de mil años de vida latiendo bajo sus plumas, es capaz de contar la historia antigua del pueblo, llegando incluso a recitar por completo el discurso prohibido con que, un día del año treinta y seis, se le remitió a la autoridad central la declaración unilateral del Cantón Independiente de Castroforte del Baralla, y que obligó a Jacinto Barallobre a estar huido primero y enclaustrado después. O el recuerdo sobre La Tabla Redonda, tertulia de amigotes celebrada entonces en el café del Hotel Suizo, donde además de publicar su revista también se creaban (¿o no?) noticias para La Voz de Castroforte sobre destacadas figuras históricas de la región (el obispo hereje Jerónimo Bermúdez, del canónigo Jacobo Balseyro, el almirante John Ballantyne o el vate Joaquín María Barrantes).

De todas estas historias, y todavía de muchas más, es testigo de excepción José Bastida, profesor de gramática y natural de Soutelo de Montes, en la provincia de Pontevedra. Llega a Castroforte desde Madrid, donde estuvo preso tras la Guerra Civil, y donde ahora ejerce labores clandestinas de profesor primero y de secretario de Barallobre después. Una exterioridad en todo caso discutible, por cuanto él es también, junto a Barallobre, Bendaña, Bermúdez, Balseyro, Ballantyne y Barrantes, un J.Bvii. Y, para no ser menos, también sobre esto existe una mitología y una predicción: un J.B. muere siempre en Castroforte del Baralla por los Idus de Marzoviii, cuando se alinean los astros en el cielo. Una muerte física pero no metafísica, pues el J.B. difunto permanece Más Allá de las Islas a la espera, esta vez sí, de resucitar y participar en la victoria definitiva, cuando se den las circunstancias sociohistóricas en las que Castroforte del Baralla pueda por fin vencer a su eterno rival vecino de Villasanta de la Estrella.

La inmensa mitología local imbrica y conecta todo con todos. Los textos y los subtextos se relacionan con subtramas, hilos argumentales y personajes, una y mil veces, para dar luz a temas heterogéneos y variopintos. Una mezcolanza perfectamente equilibrada y coherente, de lectura apasionante gracias a un tono a medio camino entre la entrañable oralidad del cuentacuentos, es decir de quien se sienta ante su auditorio para narrar lo creado como sucedido o como vivido, y la descripción amplia y estricta del cronista, cuyo punto de vista como testigo de primer o segundo grado intenta hacer pasar lo propio como distante y lo subjetivo como objetivo. El fino humor de la voz narrativa y los juegos del lenguaje se suman a las virtudes del tono para que, a pesar de los cambios de perspectiva inherentes a los cambios en la voz narrativa, el texto mantenga intacta su consistencia mientras hace de esta variación un valor para la trama.

Dicha variación sinuosa ha debido ser (quizás) la causa por la que la miopía censoraix dejó pasar La saga/fuga de J.B., un texto plagado de críticas sucintas de todo tipo: al localismo y los enfrentamientos artificiales entre pueblos vecinos y al juego de poder oculto tras estas disputas; a los secretos familiares pasados y a sus cruentas consecuencias sobre los descendientes todavía vivos; al intento de los defensores del racionalismo y del discurso científico de borrar las tradiciones y mitos, fundamentales en la construcción de los espacios y de las personas que viven en ellos; a las inmorales consecuencias de la Guerra Civil y a la participación en ellas de las autoridades religiosas y civiles… Una inmensidad de lecturas arropadas todas por una serie de personajes inolvidables que ha pasado a la historia de la fantasía hispánica como un homenaje a lo fantasioso y su contribución en la construcción de la mitología, la religión y la Historia; todas ellas clave invisible en la cotidianidad de nuestras vidas. Una forma excepcional de entender y utilizar lo fantástico. Motivo suficiente per se para situar a esta novela entre las de lectura imprescindible y, quizás, entre las mejores novelas que uno pueda leer jamás.

NOTAS

i La censura secuestró su primera novela, Javier Mariño (1943), apenas pasados veinte días desde su publicación. Posteriormente, tendría otros desencuentros con ésta, si bien también la miopía censora permitió que llegasen hasta nosotros otros textos claramente críticos con el régimen franquista.

ii Según historia propia, fue en 1937, por consejo e intercesión de un cura amigo, y a la vista de la dura crueldad de los Nacionales con aquellos que apoyaban al bando republicano, que decidió afiliarse a Falange. Posteriormente, establecería relación con intelectuales falangistas de postín como Dionisio Ridruejo o Pedro Laín Entralgo, entre otros.

iii En la década de 1920 trabajó para el periódico anarquista La Tierra hasta su cierre en 1930. Posteriormente, se afiliaría al Partido Galeguista, del que llegaría a ser secretario local en Santiago de Compostela durante 1935. Entre las filas del “galeguismo” conservó relevantes amistades como la del intelectual y fundador de la Editorial Galaxia, Ramón Piñeiro, uno de sus asiduos en Estados Unidos, donde Torrente Ballester trabajó, intermitentemente, entre 1966 y 1971.

iv Las tres novelas recibirán importantes reconocimientos, La saga/fuga de J.B. y Fragmentos de Apocalipsis ganarían el Premio de la Crítica, mientras que La isla de los Jacintos Cortados se hizo con el Premio Nacional de Literatura. La “Trilogía Fantástica” de Gonzalo Torrente Ballester se convirtió así en la obra fantástica más premiada de las letras españolas.

v Aunque en no pocas fuentes se identifica a Castroforte del Baralla con la ciudad de Pontevedra, no existen argumentos sólidos para mantener esta hipótesis. Aquí, preferimos adscribirnos a la interpretación de Castroforte como una abstracción fantasiosa, síntesis y punto nodal de distintos temas y, por lo tanto, necesariamente no identificable con punto físico concreto alguno.

vi Si bien en La saga/fuga de J.B. se diferencia claramente a Villansanta de la Estrella respecto a Santiago de Compostela, en Fragmentos de Apocalipsis ambas ciudades pasan a identificarse como la misma. Aunque este aspecto ha llevado a buscar también paralelismos respecto a Castroforte, no debemos olvidar que el contexto creativo de la novela es distinto y, por tanto, tales paralelismos posteriores no han lugar en la interpretación de Castroforte del Baralla.

vii José Saramago fue, en su texto “Perfiles cervantinos en la obra de Torrente”, publicado en 1991, quien vinculó el juego de Torrente con los “J.B.” bien con los heterónimos de la persona, como hizo en buena parte de su obra el poeta luso Fernando Pessoa, bien con los del personaje, como hizo en cierto sentido Miguel de Cervantes con su Alonso Quijano, entendiéndolos en ambos casos como un reflejo de la personalidad. Una lectura que se conecta con las referencias freudianas que trufan la novela.

viii Según el calendario romano, haciendo un paralelismo a pesar de las diferencias, tal fecha se identifica con nuestro 15 de marzo.

ix Posiblemente, la nota de evaluación censora sobre esta novela debería pasar a la historia como uno de los mayores ejemplos de miopía política que se hayan conocido. En concreto, el censor dejó escrito lo siguiente: “De todos los disparates que el lector que suscribe ha leído en este mundo, éste es el peor. Totalmente imposible de entender, la acción pasa en un pueblo imaginario, Castroforte del Baralla, donde hay lampreas, un cuerpo Santo que apareció en el agua, y una serie de locos que dicen muchos disparates. De cuando en cuando, alguna cosa sexual, casi siempre tan disparatada como el resto, y alguna palabrota para seguir la actual corriente literaria. Este libro no merece ni la denegación ni la aprobación. La denegación no encontraría justificación, y la aprobación sería demasiado honor para tanto cretinismo e insensatez. Se propone se aplique el SILENCIO ADMINISTRATIVO.”