Nos encontramos a Rubén Fernández (Castellón, 1983) en el stand de la editorial Fandogamia, inclinado sobre un ejemplar de su última publicación, 24 horas con gente mejor que tú (Fandogamia, 2015). Está elaborando un dibujo dedicado para uno de sus lectores y, a juzgar por la pila de ejemplares que tiene al lado, aún le queda bastante trabajo por delante. 24 horas, una recopilación de su trabajo en El Jueves, parece gozar de tanto éxito como el que ya tuvo Federik Freak, el personaje que le trajo la fama.

Con tanto trabajo pendiente, al que se suma nuestro propio ejemplar, no lo tiene fácil para abandonar el stand. Por eso preferimos llevar a cabo la entrevista directamente allí, mientras él sigue firmando y dibujando. Fernández responde a nuestras preguntas con casual tranquilidad, entre trazo y trazo y levantando la vista de vez en cuando para dedicarnos una sonrisa amable. Nosotros permanecemos a un lado de la cola de firmas, agradecidos de poder conversar con uno de los autores de cómics más relevantes del país.

Fabulantes: Hemos visto que te suelen describir como un autor de humor absurdo. ¿Te parece una buena etiqueta? ¿Consideras que tu humor es “absurdo”?

Rubén Fernández: Es que yo no soy de etiquetas. Entiendo que la gente tiene que clasificar lo que haces de algún modo, pero yo nunca me he planteado hacer “humor absurdo”. Éste es el humor que me gusta, con el que me siento cómodo, y es el que hago. Si la gente quiere ponerlo como “absurdo”, “surrealista” o “friki”, pues me parece bien, porque tienen esa necesidad de catalogar todo. Pero yo mismo no asocio mi humor con ninguna etiqueta; es sólo mi humor, mi estilo.

F.: También recordamos haber leído que tu humor es “surrealista”. ¿Qué significa esa palabra?

R. F.: Hombre, sí que supongo que es una palabra que vale para definir rápidamente mi humor. Pero yo siempre pienso que tanto a mí como a todo el mundo que define algo como “surrealista” nos haría falta mirar bien qué significa realmente el surrealismo. Comparar la obra en cuestión con otras obras realmente vinculadas al surrealismo como movimiento, ver si se corresponden con ellas o si son otra cosa. El surrealismo es todo un mundo y tanto yo mismo como mucha otra gente que habla de él deberíamos indagar más allá de la simple apariencia.

F: Sueles mencionar la serie Búscate la vida (Get A Life, sitcom estadounidense en antena desde 1990 a 1992) como influencia. ¿Sería una muestra de surrealismo?

R. F: Más que surrealismo, prefiero pensar que son… chorradas (ríe). Humor de chorradas. Una etiqueta que me gustaría utilizar es ésa: “humor de chorradas”. Búscate la vida es una serie que vi de pequeño en Canal +. En una época donde todas las series iban de familias que se abrazaban, ver de repente una serie así, una cosa tan loca, tan pasada de vueltas, me marcó muchísimo. Esa serie sería el germen de todo esto que hago ahora. ¡Y nunca he pensado que fuera “surrealista”! Era sólo una obra hecha por gente a la que le pagaban por escribir e interpretar chorradas. Para mí, llegar allí era un sueño. Quería dedicarme a ello.

Nunca me he planteado hacer “humor absurdo”

F.: Una vez, cuando te preguntaron si había alguien con quien quisieras trabajar, respondiste que con Frank Quitelyi. ¿Por qué?

R. F.: ¿Dije eso de verdad? ¡Qué loco estaba! (ríe) A ver, ese tío dibuja muy bien, pero es que también trabaja con gente como Mark Millar o Grant Morrison, que te hacen guiones espectaculares. Yo querría hacer algo así. No humor, sino algo épico. Creo que lo haría muy bien. Todo lo que no dibujo porque me da pereza se lo dejaría a él, para que lo hiciera como sólo él sabe hacer. Como sueño está bien, ¿verdad?

F.: Sabemos que vienes del mundo del fanzine, y que entraste en él con intención de llegar a ser profesional. El fanzine ha sido tradicionalmente la puerta de entrada al mundo del cómic profesional, ¿crees que sigue siendo el caso hoy en día?

R. F.: Hoy en día, los fanzines clásicos de papel han perdido tirón. Esto pasa aquí y también en Barcelona: antes veías que había un espacio grande para fanzines, pero ahora se hace más pequeño cada año. Cada año va menos gente. Lo que veo es que Internet es la nueva puerta de entrada, ¿no? En cierto modo, sigue tratándose de hacer fanzines, pero, en vez de pagarte una imprenta e irte a salones a venderlo, lo pones en tu Tumblr o en donde tú quieras. Y total, con los fanzines no ganabas nada; te gastabas el dinero en la imprenta y en todo lo que conlleva la edición física y luego esperabas, ¡loco sueño!, recuperar gastos. Lo que tiene Internet es que todo eso es gratis, pero eso también implica que hay mucha más competencia. Ahí está todo el mundo, y tienes que destacar más que antes. Pero sí: ahora, los fanzines son Internet.

Puedes saltarte incluso a la editorial; hacerte un Verkami y que la gente te pague para publicar tu libro, autoplublicarte… Otra posibilidad es la del webcómic El Vosque, que publican inicialmente en Internet y luego venden una edición física. Se publica gratis en la red, por las risas, a la gente le gusta mucho, se crea una base de fans, lo publicas en papel, la gente lo compra… eso es lo ideal. El propio Morán empezó con El Vosque y de ahí saltó a El Jueves y a Orgullo y Satisfacción. En fin, que lo que ocurre es que la clásica puerta de entrada, el fanzine físico, ahora se ha diversificado. Internet, autopublicación, todo a la vez… hay más vías. Más opciones disponibles para el que quiera comenzar.

Una etiqueta que me gustaría utilizar es ésa: “humor de chorradas”

F.: En 2011, dijiste que todavía se estaba “esperando” al digital. ¿Eso significa que el cambio ha ocurrido hace pocos años?

R. F.: Es que lo digital ha ido muy rápido. Hace pocos años, nadie sabía cómo iba a ir la cosa. Ahora, creo que tampoco se sabe. Se están haciendo experimentos, pero se trata siempre de cosas tipo “a ver si funciona”. Orgullo y Satisfacción, por ejemplo, es un proyecto que surge de Internet y que también está hecho en plan “a ver cómo sale”, sin ninguna garantía de si va a venderse. Luego, es cuestión de ir aguantando.

Pero es que incluso los proyectos más afianzados se hacen con este ánimo de “bien, esto es muy nuevo todavía, vamos a tantear a ver qué tal”. Y aún falta tiempo. Se van haciendo cosas, cada vez más y cada vez con más cabeza, pero todavía hace falta que se asiente un formato digital que nos haga decir: “sí, éste es el bueno, éste es el que la gente va a comprar”. Hasta que llegue, seguimos con los experimentos. Cada día avanzamos más, pero, en fin. Ya veremos.

F.: Hay quien dice que el formato digital tiene mucha salida en Latinoamérica. ¿Es verdad?

R. F.: Pues no lo sé… nunca he probado a vender nada en Latinoamérica. Lo que sí veo es que vender en España es difícil (ríe). Quizás el que dijo eso lo dijo en plan de “oye, en España está complicado, en Latinoamérica igual sí que compran”. También es que es mucha más región, pero depende de lo que hagas; algo como El Jueves, por ejemplo, que trata sobre política local, pues no sé cómo se vendería en Colombia. Luego está el tema del vocabulario…

Creo que, para que un cómic triunfe allí, tendría que hacerse pensando ya en ese mercado. Hacer algo muy neutro, sin ningún tinte localista. Un proyecto ya pensado para poder venderse allí. Cosas como las que hace Moderna de Pueblo sí me parecen adecuadas para venderse allí, por ejemplo. Depende de cada autor. Según la clase de humor que haga y los proyectos que haga podrá tener más o menos salida en otros mercados. ¿Que si hay mercado allí? Pues puede ser, pero depende de lo que hagas.

Ahora, los fanzines son Internet

F.: Hace tiempo, leí un cómic de Albert Monteys en el que se dibujaba a sí mismo diciendo: “No os hagáis dibujantes de cómic. Si sois malos, os moriréis de hambre, y si sois buenos me quitaréis el trabajo”. ¿Esto es representativo del sector?

R. F.: El caso es que dibujar tebeos no te hace rico. Si logras publicar en El Jueves sí que puedes ganar algún dinero, pero fuera de eso la cosa está complicada. La mayoría de autores hacen tebeos por puro amor a los tebeos. Quizá logren que les publiquen, pero lo que ganan con ello sigue siendo algo que no les da para vivir.

F.: Para terminar, en Fabulantes nos dedicamos a los géneros de fantasía, terror y ciencia-ficción. Como resultado, hay quien nos llama “frikis”. ¿Significa algo esa palabra, hoy en día?

R. F.: ¡Qué va! Es una palabra que se ha usado tantísimo que ya no significa nada; un término contenedor para definir a todo el mundo. “Pues yo salgo a correr, ¡qué friki soy!”. En su momento tuvo significado, pero se ha usado tanto que… A ver, es una de esas palabras que se ponen de moda y acaban usándose tanto que ya no significan nada. Por ejemplo, la palabra “cuñado”. “Ése sale a correr, ¡vaya cuñado!”. Palabras que acaban valiendo para todo.

Ahora, cualquier cosa es “friki”. Star Wars, por ejemplo. ¿Realmente es algo “friki”, cuando vas al Mercadona o al Carrefour y hay productos con la marca Star Wars? ¡Si es más popular que el fútbol! ¿Hasta qué punto sigue siendo “friki” eso? Creo que si os llaman “frikis” es por lo que he dicho antes: porque la gente quiere poner etiquetas a las cosas sin indagar mucho en ellas. Tanto “friki” como “surrealista” son etiquetas que, al fin y al cabo, no valen para nada.

La mayoría de autores hacen tebeos por puro amor a los tebeos

NOTAS

iIlustrador de All-Star Superman, entre muchos otros.