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Han transcurrido 30 años de la muerte de uno de los intelectuales más importantes del siglo XX y de los narradores más originales del moderno panorama literario europeo, Italo Calvino (Cuba, 15 de octubre de 1923 – Siena, 19 de septiembre de 1985). Desde Fabulantes queremos rendir homenaje a su inmenso genio recordando una de sus obras más “fabulosas”: I nostri antenati (Nuestros antepasados, Siruela, 2010), la trilogía compuesta por El vizconde demediado (1952), El barón rampante (1957) y El caballero inexistente (1959).

Con esta obra, Calvino empieza a alejarse del Neorrealismo[1] que había marcado sus primeras publicaciones, El sendero de los nidos de araña en el 1947 y Por último, el cuervo, dos años después. El paso del Neorrealismo al mundo fantástico resulta inevitable para el autor italiano, cuando a la vuelta de la guerra se da cuenta de que la representación mimética de la realidad ya no es un instrumento capaz de entender y expresar la complejidad de la condición humana, el caos y la relatividad que nos rodea. Este límite de la representación mimética solo lo podía superar un elemento tan lejano, por forma y contenido, como el elemento fantástico. Calvino recurre a la fábula, a los mitos, a las leyendas y al mundo caballeresco para enfrentarse a una realidad que ya no resulta capaz de representarse plenamente a sí misma. La fábula es un género que se adapta especialmente bien a esta necesidad: representar algunos aspectos de la realidad a través de metáforas y símbolos. La trasposición de estos aspectos a un mundo imaginario, fantástico o perdido en el tiempo y en el espacio, no hacen nada más que otorgar a la historia un carácter universal, y por eso fácilmente reconducible a la realidad. Las tres novelas que componen Nuestros antepasados se sitúan en este marco, y no son nada más que una alegoría del hombre contemporáneo, el hombre de la posguerra, un hombre incompleto e incapaz de comprender al mundo que lo rodea y de comprenderse a sí mismo. En una palabra, Calvino nos habla de la alienación del hombre moderno y lo hace a través de tres personajes realmente peculiares: un hombre demediado, un hombre rampante y un hombre inexistente. Las tres novelas nos cuentan historias inverosímiles y totalmente absurdas que, en vez de alejarnos de la realidad, nos la muestran de la manera más sencilla y más clara posible. ¿Quién no se siente incompleto? ¿Quién no busca un lugar donde sentirse sí mismo? ¿Quién no aspira a formar parte de algo importante y comprenderlo plenamente?

A partir de situaciones absurdas y totalmente sorprendentes, el autor hace una reflexión sobre la condición del hombre contemporáneo, tal y como se percibía en la segunda posguerra y que, a pesar del paso del tiempo, aún sigue vigente en la actualidad. Lo hace de manera divertida y entretenida, con golpes de efecto, sentido del humor, historietas de amor entre vizcondes, caballeros y barones, y, cómo no, con trepidantes batallas estilo Chrétien de Troyes.

El vizconde demediado

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Edición danesa de 1960.

Una imagen. Un hombre cortado en dos por una bala de cañón. Una idea. Dos mitades perfectamente iguales y, a la vez, opuestas. Un nombre: Medardo de Terralba. Una lucha. El bien contra el mal. El vizconde demediado es una historia de contrastes y golpes de efecto que nace a partir de una imagen, la de un hombre dividido en dos, y de un símbolo, el del hombre contemporáneo. Medardo de Terralba, enviado a luchar contra los moros en Bohemia, regresa a su ciudad vivo, pero con gran sorpresa de todos demediado y terriblemente malo.

«Le faltaba un brazo y una pierna, y no sólo eso, sino que todo el tórax y abdomen entre el brazo y la pierna había desaparecido […] De la cabeza quedaban un ojo, una oreja, una mejilla, media nariz, media boca, media barbilla y media frente; la otra mitad de la cabeza era pura papilla.»

Vuelve a Terralba la mitad derecha del vizconde, una mitad donde ha confluido toda la maldad que un hombre pueda tener. Siendo la dualidad el tema de la novela, el autor no podría elegir mejor contraste que el de la eterna lucha entre el bien y el mal. Por un lado, una mitad derecha, que iba destruyendo y demediando todo lo que se encontraba por el camino; por el otro, una mitad izquierda, insoportablemente buena, que iba arreglando las maldades de la otra. Con esta novela, Calvino retoma el clásico contraste literario del bien contra el mal, pero consigue romper sus reglas. Y lo hace rindiendo las dos mitades igualmente intolerables, tanto que los demás no sabrían decidirse sobre quién preferir de los dos; al uno lo apodaban “Amargado” y al otro “El Bueno”.

La novela es perfectamente simétrica, el dualismo del protagonista se percibe también en la estructura narrativa. El ritmo de la narración también está marcado por los contrastes y los golpes de efecto, como la repentina aparición de la mitad izquierda del vizconde, una mitad buena que genera confusión, equívocos y da un toque de humor a la historia. El autor, en una carta que escribió a Carlo Salinari (quién reseñó la novela en el periódico L’Unità) explicó claramente las intenciones que tenía cuando empezó a escribir la novela; una de estas era precisamente la de divertir al público con una historia original y, a la vez, llena de contenidos. Para Calvino la diversión era algo serio.

El vizconde demediado es una fábula y como tal tiene un mensaje moral y también un final feliz, o así parece. Es verdad que Medardo vuelve a ser uno, que retoma su posición de vizconde y que finalmente se casa con su amada Pamela, pero Calvino también nos dice que «no basta un vizconde completo para que se vuelva completo todo el mundo».

El barón rampante

Joseph Wright of Derby, Portrait of John Milnes, 12th Duke of St. Albans

Joseph Wright of Derby, Portrait of John Milnes, 12th Duke of St. Albans.

Si a dar impulso a El vizconde demediado había sido la imagen de un hombre dividido en dos, en este caso la imagen inspiradora es la de un niño sentado encima de un árbol. El protagonista de El barón rampante, la segunda novela de esta trilogía, es Cosimo Piovasco di Rondò, quién después de un fútil altercado familiar decide subirse a un árbol del jardín y no bajar nunca más en su vida. Una elección atrevida y llena de complicaciones que le pondrá a prueba y que él conseguirá superar hasta el final. La novela está narrada por parte de su hermano Biagio, que nos cuenta la aventurera vida de Cosimo desde que subió por primera vez a ese árbol hasta su –presunta- muerte.

Biagio nos narra la historia desde una perspectiva cercana y transmitiéndonos esa admiración sentida hacia su hermano mayor, que había sido capaz de oponerse a las reglas que otros le habían impuesto para así encontrar su propio yo y su lugar en el mundo, los árboles. Por muchas razones esta novela oscila entre el realismo y lo fantástico. Está ambientada en una época histórica determinada, estamos en el siglo XVIII, y se hace referencia incluso a hechos reales, como por ejemplo la revolución francesa, o a intelectuales y personajes históricos como Diderot, Rousseau y Napoleón. Son muchos los personajes que cruzan la vida de Cosimo, como Viola, la caprichosa niña de la que se enamora en la infancia y que vuelve a encontrar en la edad adulta; el bandido Gian dei Brughi que después de conocer a Cosimo deja sus actividades ilícitas para sumergirse en el mundo de los libros; los exiliados españoles que vivían en el pueblo de Olivabassa, y, entre otros, su más fiel amigo Óptimo Máximo.

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Edición inglesa de los ’50 con ilustración de Domenico Gnoli.

El barón rampante es un libro de aventuras que tiene muchos puntos en común con clásicos de la literatura poética y fantástica como Alicia en el país de las maravillas, Peter Pan o Las aventuras del barón de Munchausen. Libros destinados, aparentemente, a un público juvenil, que esconden detrás de ese mundo fantástico y de su carácter lúdico, la nostalgia de la infancia y la búsqueda de una moral. Resulta complicado relegar a una sola etiqueta esta magnífica novela, cuya idea podemos intentar alcanzar pero sin conseguirla plenamente, así como resulta difícil alcanzar el genio y la inmensidad que trasciende su protagonista, Cosimo, el barón rampante que salta de una rama a otra, de una aventura a otra, de un amor a otro, sin salirse (o mejor bajarse) nunca de ese mundo arbóreo que ha construido para sí mismo. Es verdad que en ningún momento Cosimo volverá a la tierra y que siempre se empeñará en dejar entre él y el resto del mundo una distancia intransitable, pero esto nunca le impedirá vivir una vida aparentemente normal, respetando siempre sus obligaciones morales y políticas hacia su familia, su país, etc.

En el personaje de Cosimo se realiza plenamente la imagen del “hombre completo” que se había puesto en discusión en El vizconde demediado y que volverá a ponerse en duda en El caballero inexistente, con un éxito mucho más pesimista. Cosimo representa una posibilidad de rescate, esa voluntad de luchar contra las reglas establecidas por otros y en las que no se identifica, la fuerza de rechazar la tiranía y encontrar su propio mundo. El mundo de los árboles es un “no lugar” literario, un sitio de tránsito, donde el protagonista se siente seguro, vivo y completo. La vida de Cosimo se puede comparar al viaje iniciático que el héroe tiene que superar para conseguir la plena consciencia de sí mismo, como es proprio de las fábulas o los romances de caballerías. Esta es la novela más optimista de la trilogía calviniana porque el protagonista supera todas las pruebas que encuentra en su camino y su vida se eleva a modelo para escritores e intelectuales de la época. Es el prototipo del hombre iluminista, racional y filántropo que observa el mundo desde una perspectiva privilegiada. O quizás es simplemente la representación alegórica del poeta y de su mundo.

El caballero inexistente

Con El caballero inexistente se concluye la trilogía fantástica con la cual Calvino ha querido representar alegóricamente la condición de alienación del hombre contemporáneo. Primero lo ha hecho a través de un hombre demediado, luego a través de un hombre rampante y por último recurre a una mera armadura vacía, la del caballero Agilulfo Emo Bertrandino de los Guildivernos y de los Otros de Corbentraz y Sura. Calvino nos traslada a uno de sus mundos favoritos, el de los romances de caballerías, en la época de las guerras de Carlomagno y sus valientes paladines. Es fácil reconocer los topos de la literatura de caballerías: el viaje del héroe, la búsqueda de algo o alguien, las batallas para el honor, el amor como recompensa, etc… Sin embargo, el autor utiliza todos estos elementos de manera paródica, para suscitar las risas en el lector.

Adolph Friedrich Erdmann von Menzel, Armour, 1866

Adolph Friedrich Erdmann von Menzel, Estudio de armaduras, 1866.

Tema principal de la novela es la dicotomía entre existencia y conciencia, entre sujeto y objeto, que está representada por dos personajes: por un lado, Agilulfo, el caballero inexistente, y por el otro Gurdulù, el escudero que existe pero que no tiene conciencia de ello. Agilulfo no es nada más que una armadura vacía, una armadura blanca en perfecto estado, detrás de la que no encontramos a un hombre en carne y hueso, sino la voluntad en estado puro. La voluntad es lo único que hace que Agilulfo exista y pueda luchar para Carlomagno. Su vida transcurre como la de un autómata, realizando todas las actividades necesarias para el correcto funcionamiento del campamento, luchando valientemente en el campo de batalla, intentando que los demás sigan las reglas establecidas por una autoridad superior, sin ponerse nunca ningún interrogante. El personaje quizás más curioso y divertido es Gurdulù, un hombre que existe y no lo sabe, y que por eso termina comportándose de las maneras más raras que se puedan imaginar:

“Quizá no puede llamársele loco: es sólo uno que existe pero que no sabe que existe.”

Alrededor de ellos aparecen otros personajes como la bella Bradamante, enamorada de la “perfección” de Agilulfo; Rambaldo que quiere vengar la muerte de su padre y ser un valiente caballero; Turrismundo que emprende un viaje en búsqueda de sus orígenes, o Sofronia que espera conocer el verdadero amor. Entre aventuras y peripecias se entrelazan las historias de estos personajes-tipo de los romances de caballerías. Con un ritmo frenético y una hábil utilización de la sátira y del humor, Calvino nos regala, una vez más, una novela única y entretenida que sabe divertir el lector, hacerlo reír y a la vez hacerlo reflexionar sobre la existencia, el sutil límite entre el ser y el no-ser y la plenitud de la vida a la que todos aspiramos. El autor nos sorprende también en la elección del narrador, en este caso otorgado a una monja encerrada en un convento, que oculta un secreto. El autor utiliza al narrador para ofrecernos, en cada íncipit de los capítulos, distintas reflexiones sobre el proceso de escritura, como esta:

“El arte de escribir historias está en saber extraer de lo poco que se ha comprendido de la vida todo el resto, pero terminada la página se reanuda la vida y nos damos cuenta de que lo que sabíamos es desde luego bien poco.”

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Por supuesto, en la edición francesa el prólogo lo escribe Roland Barthes.

El caballero inexistente es la novela más pesimista de las tres; si Cosimo representaba una posibilidad de rescate, Agilulfo representa exactamente su negación, la imposibilidad de conseguir esa plenitud y ese contacto con la realidad. Agilulfo es también el personaje más vinculado con la actualidad, es un caballero inexistente, como tantos hombres que pasan inadvertidos en la moderna sociedad de masas, que están borrados del mundo, que nadie ve o reconoce. Es el último nivel de la alienación del hombre moderno, es un autómata que vive por inercia, que no se pone interrogantes y que simplemente sigue el camino que otros han trazado para él.

Han pasado 30 años de la muerte de un autor tan creativo, original y multidisciplinar como Calvino, capaz de superar la realidad, vencer el tiempo y ofrecer a sus obras la eternidad. En Por qué leer a los clásicos (Siruela, 2009), Calvino dice que “un clásico es un libro que nunca termina de decir lo que tiene que decir”. Y yo, cogiendo en préstamo las palabras del autor, sólo puedo reiterar que, como esos clásicos, Nuestro antepasados es un libro que “nunca termina de decir lo que tiene que decir.”

NOTAS:

[1] Movimiento cinematográfico y literario surgido en Italia tras la Segunda Guerra Mundial, caracterizado por su voluntad de reflejar la realidad social.

Otros recorridos:

Bontempelli, Landolfi y Buzzati

Alternativa al Neorrealismo y primera ciencia-ficción