¿Por qué nos gusta Superman?

Vamos a plantearlo mejor: ¿por qué nos gusta un personaje cuyo rasgo distintivo es la perfección? Si lo que queremos son personajes con los que nos podamos identificar y que presenten defectos propios de cualquier persona, ¿por qué prestamos tanta atención a un tipo que no sólo es físicamente invencible, sino también moralmente intachable?

Porque no es identificación lo que buscamos en realidad.

Superman es un personaje muy fácil de escribir, pero muy difícil de escribir bien. La palabra clave aquí es “conflicto”, el núcleo de cualquier drama –entendido no según las películas de cualquier televisión generalista, sino según la acepción griega de “representación de una determinada situación o hecho”, que perfectamente puede referirse a la comedia– y la clase de cosa que suele escasear en presencia de alguien indestructible. ¿Qué conflicto puede tener el Hombre de Acero? ¿Qué rival puede hacerle frente? ¿Qué duda moral puede acosarle, cuando se le define por su inquebrantable fe en el Bien, la Justicia y el American Way?

El caso es que, a veces, no sabemos de qué hablamos cuando hablamos de “conflicto” en una obra de ficción.

Si uno escribe “a nadie le gusta Superman” en Google, el primer resultado será este vídeo. Se trata de una serie de consejos para escritores nóveles entre los cuales se encuentra éste: “a nadie le gusta Superman… para ser reales, nuestros personajes tiene que ser como nosotros, tienen que tener errores, tienen que a veces ser débiles y otras veces ser fuertes… no pueden pasarse la vida siendo listos y guapos y fuertes y haciéndolo todo bien”. Si bien entiendo a dónde quiere llegar el autor del vídeo, y si bien otras partes del mismo ofrecen recomendaciones bastante útiles, tengo ciertos problemas con esta manera de entender el conflicto en ficción.

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El problema de argumentar que “a nadie le gusta Superman” es que… a mucha gente le gusta Superman. Ha sido EL superhéroe desde hace décadas y su popularidad sigue siendo enorme incluso en estos tiempos cínicos que corren –su última película recaudó 700 millones en taquilla; es de suponer que el personaje sigue siendo popular–. Y ahora volvemos a la primera pregunta: ¿por qué? ¿Por qué nos gusta un personaje cuya mera existencia anula, en teoría, cualquier conflicto?

Dependerá, claro, de quién sea el guionista. Así pues, echemos un vistazo a cómo distintos autores a lo largo de los años han intentado lo aparentemente imposible: que nos guste Superman.

La muerte de Superman

Un dato curioso: las peores historias de Superman son aquellas en las que Superman encuentra un rival físicamente a su altura.

En 1993, la prensa de todo el mundo se hizo eco de la noticia: ¡Superman ha muerto! La muerte de Superman (1992; ECC Ediciones, 2015) fue un evento masivo de DC Comics que se caracterizó por… por lo que es obvio. Millones de personas compraron la serie, pensando –eran tiempos inocentes– que el Hombre de Acero permanecería muerto. La trama se basaba en la aparición de un villano, Juicio Final, que destruye todo lo que encuentra a su paso hasta que Superman sale a hacerle frente. Ambos luchan y ambos mueren. Varios números más tarde, Superman resucitó y la gente se sintió indignada al comprobar que el “gran evento” prometido por DC no era más que una de las más exitosas campañas de márketing que se han visto nunca.

Lo más relevante de La muerte de Superman es lo aburrida que resulta su lectura. Parece algo contradictorio, teniendo en cuenta que Superman tiene, por una vez, que sufrir y esforzarse a la hora de pelear; pero es que toda la trama hasta la muerte de Superman se basa en que Juicio Final, una máquina de destruir carente de personalidad u objetivo, sale de literalmente debajo de una piedra para luego ir arrasando con todo y todos los que se cruzan en su camino hasta encontrarse con Superman, momento en el cual ambos proceden a pegarse muy, muy fuerte en la cara durante mucho, mucho rato hasta que ambos mueren. El combate entre Super y Juicio Final es largo, duro, difícil y aburridísimo porque, en última instancia, los supertortazos que pueda propinar el Hombre de Acero son lo menos interesante que puede ofrecer el personaje.

Esto se debe a que los poderes sobrehumanos de Superman sólo son interesantes en la medida de lo que él decida hacer –¡o no hacer!– con ellos . Y resulta que “pegar a los malos” está en lo más bajo de la lista. Pero no se trata sólo de eso…

Todo lo que resulta interesante a nivel dramático de Superman se resume en Lois Lane.

Clark Kent no puede usar su gran poder físico para arreglar sus problemas sentimentales. Él es indestructible, pero su relación no lo es. Él puede sobrevivir a una bala, pero ella no. Lois tiene objetivos, preocupaciones e intereses ajenos a Clark, y él tiene que aprender a vivir con ello. Lois siente un gran interés por la persona que Clark no puede admitir ser. Hay veces en que Clark tiene que escoger entre salvar a Lois o salvar a otras personas… Creo que ya queda lo bastante claro. Lois importa porque, si bien Clark es un dios, sus seres queridos son mortales y tan frágiles como las relaciones que con ellos mantiene.

No hace falta decirlo, pero Lois Lane pinta más bien poco en La Muerte de Superman. Esto ilustra los problemas de la historia quizá mejor que cualquier otra cosa. Porque Superman es personaje en tanto también lo es Clark, y lo que realmente impulsa el conflicto de Clark es:

  1. Que quiere ser humano.
  2. Que nunca podrá serlo del todo.

Cuando digo que Lois es importante digo que también lo son Jimmy Olsen, Perry White y Lex Luthor, cuya maldad, por cierto, proviene de su envidia hacia Superman –lo que le convierte en uno de los pocos casos de villano más humano que el héroe–. Cuando digo que Lois es importante me refiero a que el conflicto real no está en “qué le sucederá a Superman”, sino en “qué ocurrirá con las personas, o con ésta o aquella persona, en un mundo en el que existe Superman”. El conflicto de Clark Kent son sus relaciones personales, que son precisamente lo que le hace humano.

Idea principal número uno: Superman es indestructible, pero su humanidad no lo es.

Y esto nos lleva a nuestro segundo objeto de análisis.

Kingdom Come

Conviene dejar claro que Kingdom Come (1996; ECC Ediciones, 2014) es uno de los mejores cómics de superhéroes que se han hecho, y quizá uno de los mejores cómics que se han hecho en general. El dibujo fotorrealista de Alex Ross da vida a un futuro en el que los superhéroes de la Edad Dorada –Superman, Batman, Wonder Woman y Flash, entre otros– se han retirado y sus hijos se dedican a luchar entre sí sin tener en cuenta las vidas inocentes que sus combates se cobran. El pastor McKay es testigo de cómo Superman decide liderar a sus viejos camaradas para poner orden en un mundo en el que los dioses caminan por la Tierra mientras los mortales miran hacia arriba con miedo y asombro.

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El superhéroe entendido como un dios moderno. Se trata de un concepto que ha caracterizado tradicionalmente a DC Comics –su competencia, Marvel, apostaba por el héroe humano y falible, con problemas reales– y que adquiere su máxima y más literal expresión en Kingdom Come. Es importante entender también que, si bien aparece toda la plana mayor de DC, ésta es una historia de Superman.

Merece hacer hincapié en esta definición. Una historia de Superman. No de Clark Kent.

Éste es un mundo en el que todo lo que hacía humano a Clark ha desaparecido. Un mundo en el que Lois ha muerto y en el que la negativa de Superman a acabar con la vida de su asesino es la razón directa de que el pueblo le rechace. Estamos ante un hombre que ya no responde al nombre de “Clark Kent”. Cuando el hombre muere, sólo queda el dios. Y el Superman de Mark Waid es un dios muy falible.

Estamos ante un Superman que es incapaz de ser líder porque es incapaz de ser humano y, por tanto, de ponerse en el lugar de los humanos. Así lo dice Espectro, la fantasmal presencia que acompaña a McKay durante toda la historia: “Superman ha caído víctima de su mayor y más necesario defecto: su incapacidad de percibirse a sí mismo como la inspiración que es”. Y así es: el Hombre de Acero puede golpear a los villanos hasta vencerles, pero no hasta convencerles. Trata de hacerlo, por supuesto, pero su retórica –algo basado siempre en la capacidad del que convence para ponerse en el lugar del convencido– es inútil. “¿El Hombre del Mañana?”, se indigna un joven super-macarra ante los simplones mensajes que propugna Super sobre la justicia y el bien, “más bien el Hombre de los 50”.

“El mundo cambió, ¡y tú no!”, espeta a Superman el villano Magog, el hombre que mató al asesino de Lois y el que se ganó con ello el favor de un público que vio en Superman a un cobarde. “Eligieron al hombre capaz de matar, en lugar del que no lo era, y ahora… todos están muertos”. Pero no se trata simplemente de que el mundo se equivoque y Superman tenga razón: es que Superman sólo tiene razón –esto es, sólo posee la capacidad sobrehumana de hacer siempre lo correcto– en la medida en que esté en conexión con el mundo y sea capaz de mirarlo con los ojos de un mortal.

“De todas las cosas que puedes hacer, Clark”, clama el pastor McKay en su discurso final hacia un Superman enloquecido por la ira, “de entre todos tus poderes, el más grandioso siempre ha sido tu capacidad instintiva para distinguir el bien del mal… Sin embargo, en el momento en el que dejaste que el súper pesase más que el hombre, en el que dejaste tu humanidad atrás… perdiste tu instinto, así como tu buen juicio”. En este momento, McKay es el portavoz de un mundo que necesita el buen juicio de Superman, y Clark es alguien que necesita al mundo para poder ser el más justo de los hombres. Uno no puede estar completo sin el otro.

Idea principal número dos: La humanidad de Superman depende del mundo, que a su vez depende de que él mantenga su humanidad.

¿Qué significa esto? Que Super y el mundo en el que vive se mantienen en un precario equilibrio, y que cualquier perturbación en ese equilibrio habrá de ser compensada con sufrimiento. Y así es como ocurre en Kingdom Come: Clark Kent vuelve a existir, pero a un precio que supera cualquier juicio moral.

Pero lo más importante de todo esto es que hemos añadido una variable clave en la ecuación para resolver a Superman: el mundo que le rodea. Esto es, nosotros. Y es aquí donde pasamos a la tercera y última obra de nuestro análisis:

All-Star Superman

Si bien Kingdom Come está considerado uno de los mejores cómics del género superheróico, All-Star Superman (2006-2008; ECC Ediciones, 2013) está considerado de manera casi unánime como el mejor cómic de Superman.

¿Por qué?

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All-Star Superman no es una obra para novatos de Super. La historia cuenta cómo vive Superman sus últimos días después de ser mortalmente envenenado por su archienemigo Lex Luthor. A lo largo de los doce capítulos de la obra, el Hombre de Acero se dedica a poner en orden sus asuntos pendientes con el mundo y las personas a las que ama mientras lleva a cabo los “doce trabajos legendarios” que está destinado a completar antes de morir.

Se trata de un viaje completo por toda la mitología del personaje, en el que “cronóvoro”, “Brainiac”, “Kandor”, “Bizarro” y “el Superman de la quinta dimensión” son cosas que Grant Morrison asume que el lector conocerá. Hace falta haber leído algo del Hombre de Acero para entender qué es lo que ocurre. Además, se trata de una historia clásica, donde los buenos son muy buenos y los malos siempre tienen oportunidad de redención. Un cuento idealista para tiempos más cínicos. Por si fuera poco, el Superman de esta historia es tres veces más fuerte de lo normal, más bondadoso que nunca, más inteligente que nadie y moralmente impecable. Es todo lo que el vídeo que mencionamos más arriba dice que no debería ser un personaje: perfecto.

¿Por qué es “el mejor”, entonces? ¿Por qué resonó tanto en el corazón de todo el mundo?

Porque Grant Morrison entiende no ya quién, sino qué es Superman.

Son los pequeños momentos, las chispas de genialidad que uno va encontrándose cada dos o tres páginas, lo que hace grande a esta obra. Me gustaría quedarme con cuatro:

Momento clave número uno: Superman no puede salvar a Jonathan Kent. Cuando un monstruo ataca Smallville, un Clark que sólo está empezando a aprender a ser el Hombre del Mañana pierde tanto tiempo venciéndolo que no llega a tiempo para evitar que su padre adoptivo muera de un ataque al corazón. Vuela hacia él más rápido que una bala, tan rápido que su pelo arde en llamas, mientras grita “¡puedo salvarle! ¡Puedo salvar a todo el mundo!”, pero es en vano. Jonathan Kent iba a morir y no había nada que Superman, con todo su poder y rectitud moral, pudiera hacer para impedirlo.

Observad la imagen de la izquierda. Observad la cara de Clark. No es una expresión de arrepentimiento o de dolor: es la cara de alguien que es consciente de su falibilidad. “No fui lo bastante rápido”, se lamenta Superman. Y es algo con lo que siempre deberá vivir.

Momento clave número dos: Clark Kent no quiere ver morir a Lex Luthor. Cuando Superman, bajo su identidad de Clark Kent, va a entrevistar a un Lex Luthor en el corredor de la muerte, se ve frustrado ante la negativa de su enemigo a intentar salvar su propia vida. “¡tú y Superman podríais haber sido amigos! ¡Morirás como un perro rabioso, Lex! ¡Piénsatelo bien!” clama Clark, en el único momento de toda la obra en el que pierde los estribos. Esto se lo dice, recordemos, al hombre que le ha matado.

Durante toda la escena, vemos qué es lo que motiva el odio de Luthor: la envidia. Él nunca será un dios. “Toca mis músculos, Kent. ¡Es fácil ser fuerte cuando vienes de Kripton! ¡Esto requiere mucho trabajo!” Luthor no cree en la perfección. Como el autor del vídeo de más arriba, rechaza la idea de alguien como Superman. Incluso se ríe de Clark, diciendo que Lois Lane nunca se fijará en un buenazo mediocre como él mientras Superman exista. Y Clark Kent, Superman, escucha todo esto sin perder la compostura. Superman…

Superman no quiere ver morir ni a su peor enemigo. Más aún… cree que podrían haber sido amigos. Cree que hay esperanza de que, al final, logren compartir una perspectiva.

Y la hay.

Momento clave número tres: Lex Luthor se da cuenta de su error. Al final de la historia, Luthor logra obtener los poderes de Superman y se dispone a conquistar el mundo. Sin embargo, ocurre algo que nunca habría podido prever: junto a la fuerza del Hombre de Acero, también obtiene su percepción. Ve que todo en el mundo está conectado a nivel molecular, formando parte de un todo mucho más grande que su ego. “Así es como lo ve él, todos los días” dice, mientras una lágrima baja por su mejilla, “es como si todos estuviéramos unidos… como si sólo nos tuviéramos los unos a los otros”. Lex ha tenido que ascender hasta la posición de un dios para entender de una vez el significado de la humildad.

Por supuesto, Luthor se rebela contra esta epifanía. “¡Podría haber salvado al mundo de no ser por ti!”, brama, antes de que Superman le derribe de un sólo puñetazo. “Si el mundo te hubiera importado, Luthor”, responde Superman, “lo habrías salvado hace tiempo”.

¿Hasta qué punto queremos ver fallos en un personaje para validar nuestros propios fallos? ¿Hasta qué punto rechazamos la perfección moral por envidia, como hacía Lex Luthor?

De hecho, ¿a qué nos referimos cuando hablamos de “perfección moral”?

¿A la simple rectitud?

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Momento clave número cuatro: Superman salva a una adolescente suicida. Helo aquí. El momento definitivo de la obra definitiva de Superman. En el episodio 10, el Hombre de Acero se apresura a terminar los trabajos que le quedan, sabedor de que no le queda mucho tiempo. Vemos todo un torrente de actividad superheróica: estudia su propio ADN, crea una Tierra alternativa en un universo de bolsillo, derrota a un robot gigante y, en definitiva, lleva a cabo todo tipo de gestas increíbles…

Y, en mitad de todo, saca tiempo para ir junto a Regan, una adolescente a punto de tirarse desde una cornisa, y la abraza mientras le asegura: “eres mucho más fuerte de lo que crees. Confía en mí”. Ella lo hace.

El dios entre los hombres, invirtiendo unos pocos preciosos minutos de su menguante vida para hacer esto. Para salvar a alguien que no puede ser salvado a puñetazos.

¿Por qué es tan importante todo esto? Porque la grandeza de Superman no se basa en su gran poder. Porque es un hombre que, pudiendo hacer absolutamente todo lo que le viniera en gana, pudiendo dar rienda suelta a su omnipotencia de forma egoísta… escoge hacer lo correcto.

Superman es aquello que todo superhéroe aspira a ser: un símbolo. Un ejemplo. Un ideal de esperanza. Así que, ¿por qué disgusta a tanta gente?

Supongo que porque hay veces en las que es difícil creer en la rectitud moral.

Hay veces que miramos a la calle y vemos que no hay buena obra que no se lleve su castigo. La bondad no da fama ni dinero, el heroísmo no copa tantos titulares como la crueldad, los malvados parecen salirse siempre con la suya… ¿Cómo no desanimarse? ¿Cómo no despreciar a un tipo que vuela con sus calzoncillos por fuera y hace todo aquello que vemos que nadie hace en la vida real? ¿Cómo no vernos más atraídos hacia personajes más parecidos al mundo que percibimos, a personas cuya miseria sirve de consuelo a la nuestra propia?

Action Comics n 869

Ejemplo de la falibilidad del mundo que rodea a Superman: portada del Action Comics número 869, las botellas de cerveza fueron censuradas y eliminadas en la versión que fue finalmente publicada.

Pero sí que hay Supermanes de verdad. Sí que existen personas que escogen hacer lo correcto, todos o al menos algún día. A pesar de todo lo malo, si el mundo en el que vivimos aún merece la pena es porque todavía hay multitud de pequeños heroísmos que la gente lleva a cabo todos los días por el bien de los demás. Sin esperar recompensa. Porque es “lo correcto”.

Porque somos mucho más fuertes de lo que creemos.

Pero hacer lo correcto no es nada fácil. No lo es en la vida real, no lo debe ser en la ficción y, desde luego, no lo es para Superman. Si puede hacerlo, es porque –recordemos– también es humano y porque el mundo tiene fe en él.

Así pues… Idea principal número tres: el verdadero conflicto de Superman es la falibilidad del mundo que le rodea.

El conflicto a resolver nunca está en manos de Superman. Está en las nuestras.

“Le has dado al mundo un ideal al que aspirar, has personificado sus más altas aspiraciones” explica Jor-El, el padre biológico de Superman, a su hijo, en sus momentos finales, “correrán, tropezarán, caerán y se arrastrarán, y maldecirán… y al final, se unirán a ti en el Sol. Con el tiempo, dejarás de estar solo”.

Así que, en fin, si esto os conmueve en lo más mínimo… salid a la calle y haced lo que haría Superman.

Haced lo correcto.