En general, la vida es como el viento y el sonido: nace, resuena y… desaparece.

Nausicaä, princesa de los Feacios, socorrió a Odiseo cuando el héroe naufragó en las costas de su país, Esqueria. No gustando del lujo y la ostentación, la princesa se dedicaba a tocar la lira y al canto. El rey Alcínoo, temiendo que su hija se enamorara del extranjero, le otorgó a éste los recursos necesarios para continuar su regreso a Ítaca. Nausicaä no se casó nunca y se convirtió en la primera rapsoda que narró las aventuras del célebre viajero. La excentricidad de esta princesa de la tradición occidental puede compararse con la de otra princesa de la tradición japonesa: la princesa que amaba a los insectos (Mushi Mezuru Himegimi, cuento anónimo del siglo XII). Esta joven noble de la era Heian (794 a 1185) renunció a la práctica de depilar y dibujar sus cejas (hikimayu) y a la estética del ohaguro, por la que las mujeres señalaban su paso a la edad adulta tiñendo sus dientes de negro. Mostrando sus dientes blancos desnudos y sus pobladas cejas negras, la princesa paseaba por los bosques y observaba las transformaciones de la naturaleza, especialmente en los insectos. Hayao Miyazaki imaginaba cómo estas princesas pudieron desarrollarse entre las restricciones de las culturas antiguas y comenzó a transponer ambas historias hasta crear la suya propia: Nausicaä del Valle del Viento (Kaze no Tani no Nausicaä), un manga de siete tomos dibujado entre 1982 y 1994.

Este manga es, sin desmerecer su reconocido trabajo como director de animación, la creación más grandiosa de Miyazaki, una auténtica obra maestra. A lo largo de su historia explora las temáticas focales para su autor: los desastres causados por la guerra, la relación de los seres humanos con la naturaleza y la libertad de cada individuo para seguir su propio camino. Puesto que Miyazaki tomó su publicación como una afición mientras esperaba encontrar trabajo de animador, fue creando el guión de la historia con un mimo que los plazos no le hubieran permitido. De hecho, el estudio Ghibli, que fundó junto a Isao Takahata, produjo una versión animada de esta historia como su primer largometraje en 1984. En este filme se recrean de manera resumida los dos primeros tomos del manga, por lo que su argumento resulta algo reducido y con un final forzado. Pese a que Miyazaki no se consideraba capacitado para ser un buen mangaka, durante 13 años (con numerosas paradas por su trabajo como animador) publicó la historia de su princesa personal en la revista Animage.


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De principio a fin, su trabajo gráfico resulta increíblemente fluido, como si del storyboard de una película de animación se tratase. En esta obra no encontramos ese estilo tan común en el manga, con pocas viñetas por página para dar énfasis a una determinada acción. En Nausicaä, el uso narrativo de las viñetas se aproxima al estilo del cómic europeo, con mayor número de imágenes y cuidando que su posición y forma guíen la mirada del lector. Por otro lado, destaca la increíble minuciosidad de Miyazaki con los detalles: prescindiendo casi por completo de tramas de acetato (dejando tan sólo unas punteadas para sombrear formas), entramó de manera manual todo su dibujo. Ni una brizna de hierba, piedra o nube escapó a la textura de sus paisajes y fondos. Caracterizó con gusto exquisito cada personaje, animal y, sobre todo, sus naves aéreas: desde el minimalista meve, el planeador blanco de la protagonista, hasta las mastodónticas naves de madera del consejo eclesiástico de Durku, pasando por las elegantes corvettes de guerra del ejército de Tormekia. Cada nave está diseñada hasta el más mínimo detalle, manifestando el gran amor que Miyazaki profesa a la aviación, algo que también puede contemplarse en su grandísima película de animación Porco Rosso (1992).

Entrando en los temas que recoge esta obra, lo primero que llama la atención es el estado de mundo: unos mil años antes de la historia de Nausicaä, una civilización muy industrializada había alcanzado un punto álgido en su avance técnico. Por desgracia, esto vino acompañado de la polución de la atmósfera y la destrucción de los recursos naturales. La situación se agravó en la “Guerra de los 7 días de Fuego”, en la que se lanzaron proyectiles letales que arrasaron las ciudades, perdiéndose con ellas la antigua tecnología. El resultado actual es un mar envenenado y una tierra cubierta en su mayor parte por la zona contaminada: un bosque de microbios, hongos y plantas radiófilas que se reproducen por esporas y liberan gas tóxico. La carencia de tierras fértiles, las enfermedades y la precariedad generan un continuo conflicto geopolítico. En el momento en que se inicia esta historia la guerra se declara entre los dos estados más poderosos del mundo.

El primero es el gran reino de Tormekia, estado militarista gobernado por un rey absoluto. La familia real se describe como un nido de víboras en la que las traiciones y el fratricidio están a la orden del día. De hecho, el rey aprovecha el conflicto para deshacerse de su única heredera legítima: la princesa Kushana, también llamada “la bruja blanca”, odiada por ser una mujer inteligente, independiente y que genera una lealtad inquebrantable. El enemigo de Tormekia es el Imperio Durku, una confederación de 51 autonomías, cuyo gobierno se asienta en una teocracia basada en el origen divino de la familia imperial. El emperador ostenta el gobierno oficial, aunque es su hermano pequeño, poseedor de poderes psíquicos, el que gobierna de facto a través de sus monjes militares y de una inquisición encargada de erradicar la antigua fe de sus súbditos. El imperio cuenta con una baza importante: en su ciudad sagrada, Shua, se encuentra la Basílica, donde monjes científicos investigan y recrean los horrores biotecnológicos de la antigua ciencia.

Existen otras poblaciones a tener en cuenta en el conflicto. Mientras que los dirigentes de Tormekia y Durku no consideran, en principio, los peligros de una gran guerra para el equilibrio de lo que queda de tierra habitable, los pequeños reinos como el Valle del Viento o Pejite tratan de mantenerse independientes de Tormekia, gracias a un acuerdo de apoyo en la guerra. Estos reinos luchan por sobrevivir al borde de la zona contaminada y conocen bien el riesgo de conflicto. También juegan su papel los Domadores de carroñeros y los Hombres del bosque, tribus que habitan en la zona contaminada. Mientras los primeros viven de aquello que pueden rapiñar gracias a sus gusanos rastreadores, los Hombres de bosque son como sabios druidas, con un gran conocimiento sobre la naturaleza y la

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vida: ellos muestran cómo cada ser posee dignidad y cómo todoestá relacionado, desde los gigantescos Oms, insectos inteligentes y empáticos del bosque tóxico, hasta los hongos mutantes desarrollados en un laboratorio para su uso en la guerra. Humanos, animales y plantas se han adaptado juntos para sobrevivir en el entorno hostil. Cada visión de este mundo masacrado señala que los seres humanos caen una y otra vez en los mismos errores: el progreso de la técnica trae mayores desgracias que beneficios. Pese a la antigua guerra, armas biológicas como el “Dios de la guerra gigante” (humanoide de origen biomecánico, con capacidad táctica nuclear) siguen buscándose para tomar ventaja frente a los enemigos.

Aquí no puede olvidarse que la historia se desarrolla desde diferentes puntos de vista. En el extraordinario elenco de Miyazaki, en que cada personaje simboliza un tema sin perder la frescura de su propia humanidad, hay dos princesas que brillan con luz propia. La primera, por supuesto, es Nausicaä: la hija del Rey Giru del Valle del Viento es decidida, apasionada, nada formal y ama a todos los seres vivos. El carácter mesiánico que ellos le otorgan y que la conduce a sacrificarse por ellos, no puede ocultar que ella misma se define por sus sombras además de por sus virtudes. No hay moral que guíe sus pasos más que la que ella se construye con su gran capacidad empática. Su personalidad carismática, firme pero compasiva, conmueve a todos los pueblos que encuentra y le otorga el respeto del todo el reino natural. La segunda princesa es Kushana. Si Nausicaä se alza con el poder espiritual del mundo, Kushana es la poseedora del poder temporal, heredera del camino del rey justo. Su nobleza, sólo comparable con la de las leyendas artúricas, le vale la lealtad de guerreros y súbditos. El intenso odio que la carcome procede de una vida digna de una tragedia shakespereana. Sin embargo, el contacto con Nausicaä y los desastres de la guerra moderan ese odio y lo transforman en sabiduría y diplomacia, cualidades de un gobernante excepcional que ha de devolver la razón al mundo.

Miyazaki creó una historia llena de esperanza por el futuro sin maquillar los horrores bélicos: órganos amputados, muertes sangrientas, esclavismo, destrucción brutal del entorno y deslealtad de los mandos hacia sus subordinados. Tampoco ocultó las peores bajezas humanas como la marginación social, el fanatismo o los conflictos de género. Los Domadores de carroñeros son tratados como intocables. Los aldeanos de Durku se autoinmolan por el odio hacia los guerreros de Tormekia. Varios personajes recriminan a las princesas el no haber nacido como hombres. Los méritos y la dignidad de los personajes principales terminan superando estas lacras sociales y nos llevan a la conclusión. La vida, independientemente del origen que tenga, tiene una esencia única: manifestarse, relacionarse con el entorno y dejar su huella antes de desvanecerse. El destino de Nausicaä es advertir a sus congéneres contra todo intento por controlar este flujo natural de la vida, tal como deseaba la antigua ciencia. La vida siempre se abrirá camino por sí misma, aunque sea a través de una dolorosa adaptación al medio.