A mediados del siglo XIX un grupo de artistas ingleses creó la Hermandad Prerrafaelita, volcada en la transformación social tanto como en la renovación estética. Rossetti, Burne-Jones, Millais: son nombres conocidos. Hartos de la esterilidad académica, disconformes con el naturalismo de los románticos, sintieron la necesidad de transmitir unos ideales sin renunciar a la pureza artística. Para ello buscaron unos referentes muy concretos: la poesía del dolce stil novo, el amor de Dante Alighieri por Beatriz, los poemas épicos medievales, los pintores anteriores a Rafael Sanzio (de ahí el adjetivo prerrafaelita), etcétera. Pero en nada hubiera quedado esta ensalada de modelos sin un discurso programático que la vertebre. De ello se encargaron varios miembros, entre los que destacan dos: el crítico John Ruskin y el escritor y decorador William Morris.

Morris (1834 – 1896) fue el prerrafaelita con mayor vocaci√≥n social. Aunque tambi√©n ejerci√≥ las artes decorativas, sus ideales afloran en cuanto hizo. En Inglaterra se lo recuerda asimismo por su militancia socialista. No era, sin embargo, un convencido al uso, sino que ten√≠a una visi√≥n propia de la sociedad ideal: as√≠ lo refleja en su novela ut√≥pica News from Nowhere (1891). Pero la parte de su obra que ahora nos interesa est√° en sus prose romances, un ciclo de narraciones fant√°sticas que escribi√≥ en su vejez y del que forma parte la Historia de la Llanura Esplendente (C√°tedra, colecci√≥n Letras populares, 2014). Seg√ļn Javier Mart√≠n Lalanda, traductor y editor del libro (esperemos que alg√ļn d√≠a se reconozca su labor, prueba de que ‚Äúespecialidad‚ÄĚ no equivale a ‚Äúautismo‚ÄĚ), se trata de una historia pre√Īada de desenga√Īo y de nostalgia por el pasado. Creo poder razonar por qu√© esto s√≥lo es cierto en parte.

La novela cuenta una historia bien simple. Tanto, que puede resumirse en muy pocas l√≠neas: Hallblithe, de la Casa del Cuervo, recibe la visita de tres jinetes que buscan la Tierra de la Llanura Esplendente; incapaz de satisfacerlos, deja que se marchen y al poco descubre que la Reh√©n, su prometida, ha sido secuestrada; decidido a seguir su rastro hasta el fin del mundo, se hace a la mar armado de su valor y su constancia. A partir de aqu√≠ el relato se desarrolla sin sobresaltos, mientras que los dos hilos (qu√© cosa es la Llanura esplendente; qui√©n se ha llevado a la Reh√©n) se anudan en uno solo. Porque si algo destaca en esta historia es su sencillez. Si el lector espera una epopeya llena de prodigios y peripecias, la decepci√≥n ser√° may√ļscula. Pero esto no es culpa de la novela, sino un error de enfoque.

Tenemos una primera evidencia en la estructura. M√°s que pausada, la narraci√≥n es est√°tica. Nada que ver con el dinamismo propio de la fantas√≠a heroica. Lo cierto es que recuerda a uno de esos repujados en planchas doradas (de hecho en la trama abundan los adornos de oro), donde se reproducen hermosas escenas con una funci√≥n ornamental. El lenguaje s√≠ procura imitar al de los cantares de gesta (la traducci√≥n de Mart√≠n Lalanda es perfecta: incluso esos ‚Äúse desayunaron‚ÄĚ quedan justificados en las notas), resultando en un arca√≠smo que aumenta la sensaci√≥n escult√≥rica. Como en las sagas n√≥rdicas que inspiran buena parte del texto, se prodigan los kenningar o par√°frasis metaf√≥ricas, los cuales, a falta de lecturas que decidan sobre su originalidad, dir√© que son elocuentes. Tambi√©n hay detalles costumbristas sacados de la √©pica, como el del clavo que sujeta la hoja de la lanza, visto en la Saga de Ragnar ‚ÄúCalzas Peludas‚ÄĚ, o el ritual de hermandad, descrito en la Saga de G√≠sli S√ļrsson[i].

M√°s llamativo es el uso musical de las repeticiones. Como si de variaciones se tratara, Morris introduce ligeros cambios en ciertos temas que repite con fines diversos. Para caracterizar a un personaje, por ejemplo. Es el caso de Zorro Peque√Īo, primero p√≠caro y despu√©s amigo de Hallblithe, con sus mil kenningar sobre el cuervo, emblema del h√©roe. En otras ocasiones la repetici√≥n tiene una funci√≥n narrativa. As√≠, cuando Hallblithe avista la Isla de la Llanura Esplendente, describe su costa a medida que se le va acercando. Hasta tres veces lo hace, cada vez con m√°s detalle que la anterior: se logra as√≠ una sensaci√≥n de avance. Se aprecian en estas variaciones la faceta esteticista del prerrafaelita. Pero este virtuosismo no agota la intenci√≥n de Morris.

story of glittering plane

Morris dise√Ī√≥ estas bellas p√°ginas imitando la est√©tica renacentista y el famoso Walter Crane (1845-1915) lo ilustr√≥.

No podemos ignorar el hecho de que este libro sea un relato. Por muchos primores formales que contenga, su principal función es la de narrar. El problema está en que su apariencia lo confunde con una fantasía épica: ya hemos visto su deuda con las sagas nórdicas. Pero, en lo que hace a la trama, sus modelos y su objetivo nada tienen que ver con aquellas. Porque más allá de las referencias de estilo está la historia que cuenta. Una historia que se apoya en dos motivos.

En primer lugar est√° el viaje. Hallblithe deja la Casa del Cuervo en pos de su amada. Guiado por Zorro Peque√Īo recala primero en la Isla del Rescate (los nombres del libro no ocultan su simbolismo), patria de los bandidos, donde en un sue√Īo la Reh√©n lo encamina a la Isla de la Llanura Esplendente. Acompa√Īado del √Āguila del Mar, anciano jefe de los p√≠caros, Hallblithe parte hacia aquella isla misteriosa, donde unas mujeres los reciben como esposas a sus maridos. El anciano rejuvenece y el h√©roe comprende d√≥nde se encuentra: en una versi√≥n de las Islas Afortunadas, modelo insular del Para√≠so cuyos or√≠genes se remontan a las primeras mitolog√≠as del hombre. Hallblithe comprender√° enseguida que su meta est√° en la vuelta al hogar. La narraci√≥n se alarga tanto como dura la sucesi√≥n de obst√°culos, pero, como ya apunt√© antes, no encontraremos sorprendentes giros de la trama. Casi es una groser√≠a remitir la idea del viaje circular al relato hom√©rico.

Este viaje incluye un par de escenas enigm√°ticas. Pues resulta que la visi√≥n referida en la que Hallblithe ve a su amada es una artima√Īa del Rey de la Llanura. Es este un ser todopoderoso, dador de la juventud eterna y capaz de satisfacer cuantos deseos tengan los afortunados en tanto no abandonen sus fueros. El enga√Īo responde a un plan, despu√©s una iron√≠a: el Rey tiene una hija, para quien dispone el destino de casarse con Hallblithe. Pero este no sue√Īa con el Para√≠so sino con su amada, de modo que la hija del Rey, inmortal, est√° condenada por su padre a ser una eterna anhelante. Tr√°gico destino, imagen poderosa. Tambi√©n lo es esta otra: la hija mata la espera en la contemplaci√≥n de un libro, donde aparecen los dibujos de muchos h√©roes y doncellas entre los que se incluye la historia del propio Hallblithe. Aparquemos de momento este hallazgo y pasemos al segundo motivo.

9021cf1006a8141ab91a18bfd79fde01

Los dibujos de Crane pretenden continuar la estética propia de las xilografías medievales, pero en vez de horadar la madera, optó por amaneradas creaciones a línea.

Se trata de la busca. M√°s all√° de las islas y los personajes, Hallblithe se mantiene constante en su objetivo. Igual que no hay peripecia externa, tampoco la hay interna. El amor del h√©roe es como el filo de una espada contra el que se prueban diversos enemigos: es el mismo desde el principio, ninguno puede gastarlo. He aqu√≠ una primera clave sobre la verdad del libro. El enga√Īo del Rey s√≥lo es eficaz en tanto Hallblithe cree que la Reh√©n est√° en la Llanura. Pero una vez descubre la verdad, no hay eternidad ni deseos cumplidos que puedan retenerlo. Es un n√°ufrago en el Para√≠so. S√≥lo la renuncia al individuo que fue permite alcanzar su Gloria. Pero Hallblithe es ante todo un hombre, su coraz√≥n puesto en un bien terreno. Y aqu√≠ damos con el tema de la novela: la busca de la felicidad.

De entre los modelos que inspiran esta Historia de la Llanura Esplendente, el menos evidente es el Cantar de los cantares. La angustia de la busca, los encuentros y las huidas, el amado insustituible: no son pocas las coincidencias. Tambi√©n comparten su intenso erotismo: el deseo de la uni√≥n consume a la amante del texto b√≠blico, mientras que Hallblithe se duele de haber perdido su derecho al goce carnal. Aqu√≠ se aclara bastante de qu√© felicidad habla Morris, pero es el propio Hallblithe quien al fin nos la revela. Empe√Īado en abandonar la Llanura, inicia la construcci√≥n de un barco. Los afortunados no comprenden el objeto de su esfuerzo, a lo que √©l responde: ‚ÄúUn coraz√≥n alegre, o quiz√° la muerte‚ÄĚ. Imposible no ver en esta equiparaci√≥n ecos de aquel otro vers√≠culo: ‚Äúpues fuerte es el amor como la muerte‚ÄĚ (Cantares, 8:6). El amor traer√° la felicidad, y tanta es su necesidad que poco importa morir en el intento.

Hallblithe busca la felicidad a pesar de la muerte; pero esto no implica soledad. Es entonces cuando cae el velo que cubr√≠a el n√ļcleo de la historia. Porque estamos ante una f√°bula de la fraternidad. La respuesta de Hallblithe es un buen resumen de todas las aventuras, pero aqu√≠ tiene un fin m√°s alto. Enuncia una certeza incompatible con la utop√≠a. De ah√≠ que afirme que la novela no se reduce a un desenga√Īo de Morris: pierde una convicci√≥n, pero la sustituye por otra m√°s fuerte. Contra religiones e ideolog√≠as, que f√≠an la paz de los hombres en un reino por venir, Hallblithe (y Morris a trav√©s de √©l) afirma con su constancia que un hombre s√≥lo tiene una vida y que en ella no se puede renunciar a la felicidad. O, para ser precisos, a su busca. Y puesto que la felicidad perseguida est√° en el reino de los hombres, s√≥lo con su ayuda podr√° aspirar a alcanzarla. Todos los actos decisivos de esta historia siguen ese camino.

5-21-2013-4-17-11-pm

El supuesto estilo medieval de prerrafaelitas y compa√Ī√≠a pretende recuperar el esp√≠ritu de Mantegna, Andrea del Castagno o Filippino Lippi y Sandro Botticelli, por considerarlo m√°s arcaizante y as√≠ m√°s puro, a√ļn no contaminado por los excesos ampulosos del manierismo de un Miguel √Āngel o un Parmigianino. Y sin embargo dieron lugar a una de las est√©ticas m√°s ret√≥ricas, barrocas y kitsch, como por otra parte todo el art nouveau (y hasta cierto punto camp), de su √©poca.

Por un lado tenemos los de Hallblithe. P√°rrafos atr√°s, se vio c√≥mo ayud√≥ al √Āguila del Mar a alcanzar la eterna juventud. Tambi√©n se muestra generoso con Zorro Peque√Īo, a quien permite unirse a la Casa del Cuervo. Vuelve a encontrarse con los tres jinetes del principio, antiguos prebostes gastados por el tiempo, y esta vez es capaz de guiarlos hasta la Llanura. En un acto de honradez que supera a los anteriores, burlados los bandidos que colaboraron en el enga√Īo del Rey, confiesa la trampa y se expone a la ira de sus enemigos. Pero en vez de un castigo obtiene un juramento de hermandad, resultado nada casual en esta apolog√≠a de la fraternidad. Esa es la conclusi√≥n de Morris: el Reino de los Cielos y la Dictadura del Proletariado creen por igual en la fraternidad como consecuencia de la libertad y la igualdad; por el contrario, esta historia afirma que ambas son ineficaces sin la hermandad de los hombres.

Por otro lado est√°n los que ayudan a Hallblithe. Zorro Peque√Īo lo hace en la Isla del Rescate. El √Āguila del Mar, que al rejuvenecer olvida su pasado, conserva el sentimiento de gratitud hacia el h√©roe. E incluso el nuevo jefe de los saqueadores admira su valor y le ofrece su hermandad. Pero el mayor acto de fraternidad lo realiza la hija del Rey. Antes la dejamos con su libro m√°gico. En un nuevo sue√Īo, se aparece a Hallblithe y le ense√Īa una p√°gina en la que figura √©l mismo navegando al encuentro de la Reh√©n. De este modo el h√©roe conoce al fin c√≥mo realizar sus esperanzas. Se trata de un relato en el que los hombres no sue√Īan con un M√°s All√° que ponga fin a su dolor terrenal, sino con seguir en pie para luchar por sus deseos. Es por esto que el √ļnico sacrificio de la historia lo lleva a cabo un habitante del Para√≠so. Y puede que no sea a pesar de su felicidad: quiz√° la hija del Rey concluye que la suya depende de la dicha mundana de Hallblithe. Ya habr√° tiempo para la eternidad; primero es ahora.

Ayuda por ayuda, sin garant√≠as de √©xito. Esto es lo que ofrece el libro de Morris. S√≥lo el Rey queda excluido de ese comercio: para √©l un hombre s√≥lo es otro hombre, su felicidad ajena a las particularidades de cada cual. Por el contrario, la historia de Hallblithe apuesta por el individuo, afirma que un humano es una nueva posibilidad y que cada uno tiene derecho a perseguir su felicidad. Nadie puede exigirle a un hombre que renuncie a sus sue√Īos, ni siquiera en nombre de un futuro Mundo Feliz. Es ah√≠ donde William Morris manifiesta su desenga√Īo, encarnado en la figura del monarca. Para el autor, m√°s vale fracasar luchando por lo que queremos que sentarnos a esperar una felicidad infusa. Y aunque no reduzca la incertidumbre, la colaboraci√≥n fraternal es el √ļnico medio de conseguirlo. Qu√© otra raz√≥n hay si no para que nos asociemos en esa malla de individuos que llamamos Estado. Como dice la estrofa de Cernuda, quien tambi√©n ve√≠a en cada hombre una nueva esperanza:

 Antes que la sombra caiga

aprende cómo es la dicha

ante los espinos blancos

y rojos en flor. Ve. Mira.

NOTAS

[i] Saco estos datos del volumen Saga de Sturlaug el Laborioso. Saga de Ragnar Calzas Peludas. Relato de los hijos de Ragnar, edici√≥n de Santiago Ib√°√Īez Lluch en Miraguano (2014).