Lo que diferencia a un buen análisis de uno malo es que uno formula preguntas que necesitas, mientras que el otro te da respuestas que no has pedido.

En la facultad, tuve una profesora de guión que tenía una teoría referente a las películas de Matrix. Decía que los Wachowski articulaban un discurso machista porque “el protagonista masculino tiene que desgarrar el útero materno para poder adquirir poder”. Cuando yo, que como buen friki me sé de memoria los extras del DVD, le expliqué que los autores –uno de ellos, mujer– tenían otra idea al respecto, ella contraatacó citando la Muerte del Autor. “Lo que ellos opinen es irrelevante”, dijo, “porque sólo importa la interpretación del receptor”.

Este episodio tiene un poco que ver con lo que tengo que decir sobre Hijos del átomo (Alpha Decay, 2015). Pero sólo un poco.

Dado que el libro es una colección de ensayos individuales, resulta complicado juzgarlo como un todo. Cada texto es un mundo, cada autor muestra sensibilidades distintas y por lo tanto sólo se puede aspirar a criticar bien la intención general del editor, bien los textos, uno a uno.

Sí podría hablar sobre la retórica empleada, que en general es bastante buena salvo la ocasional pirueta académica que recuerda a esto. En conjunto, diría que el libro es muy recomendable si os gusta la Patrulla X. Lo que más me ha gustado: la precisión de Raimon Fonseca –este tipo Sabe de lo que Habla, con mayúsculas– y la interpretación de Lobezno que lleva a cabo Gerardo Vilches. El resto dependerá de los gustos, pero quiero centrarme en estos dos autores en concreto.

Por ejemplo, Raimon Fonseca, autor del primer artículo, es probablemente el mayor experto en Marvel clásico de España. Cuando digo que sabe de lo que habla digo que sabe la cara que pone el Capitán América en la viñeta X del número Y. Es un historiador de Marvel y puedes dar por sentado que lo que cuenta en su texto no es sólo una verdad, sino un hecho. Abrir el libro con un texto suyo es, quizá, la mejor elección que podría haber tomado Alpha Decay.

Por otro lado, la interpretación que hace Vilches de Lobezno como una figura cercana al “héroe de frontera” americano, el clásico de los western, es magistral. “El sueño pacifista de Charles Xavier le da a Logan algo en lo que creer”, argumenta Vilches, “pero, al mismo tiempo, le exige obrar de tal modo que nunca podría entrar en ese paraíso si una vez llegara a alcanzarse”. Se trata de resaltar la violencia inherente al personaje –y a todos los superhéroes– de manera que conforma un hilo narrativo trágico y con sentido artístico. “Xavier y sus alumnos pueden tender la mano porque detrás Lobezno levanta el puño”. Da mucho que pensar. Por eso digo que es el mejor artículo de todos.

Ningún otro artículo llega al nivel de estos dos, aunque la gran mayoría funciona razonablemente bien. No trascienden, pero sí aportan. El libro, en general, merece la pena[i].

Y ahora, volvamos al bonito tema de la Muerte del Autor.

“¡Te lo tomas demasiado en serio!” Esta frase es el veneno de todos los que nos dedicamos a analizar la ficción de género. El que diga que un tebeo de superhéroes no merece ensayos elaborados con calidad y rigor, se equivoca. Toda narrativa es digna de análisis, por mucho que sus protagonistas tengan este aspecto:

Pero caben matices. Mi primer problema con la anécdota de Matrix es que se trataba de una interpretación que negaba directamente la de los autores y que el texto no apoyaba por ninguna parte. ¿Hay en Hijos del átomo cosas parecidas? No, y ahora veremos por qué, pero sí que hay opiniones y lecturas basadas únicamente en la interpretación del autor. Aquí es donde señalo los ensayos que versan sobre las versiones más viejas de los personajes. Hay análisis sobre la Patrulla X original –los de los trajes chillones y las tramas simples cual mecanismo de botijo– que dudo mucho se basen en declaraciones de los autores o en el propio texto. Francamente, hay casos en los que no hay arroz para tanto pollo. “¡Se lo han tomado demasiado en serio!”

Pero no digo que no se puedan hacer interpretaciones subjetivas. Sí se pueden, pero sólo si abren diálogo. Y es aquí donde los ensayos, todos los ensayos de Hijos del átomo sí valen, porque son bases para espacios de conversación, en vez de baluartes para la opinión del ensayista.

Hijos del átomo merece la pena porque no trata las opiniones como si fueran hechos, sino como base para una futura discusión. Es lo que pretende ser: un espacio de conversación para los que quieren tomarse en serio a la Patrulla X. Así que bravo por Alpha Decay.

“Pero oiga usted”, dice un lector imaginario que por alguna razón me trata de usted, “¿significa esto que una buena interpretación subjetiva es sólo la que expone su caso con buena educación y basándose en evidencias?” No. Eso implicaría que no se podrían analizar las metáforas de un texto y que la semiótica no sirve para nada. Eso que llaman subtexto existe y habrá muchas veces en las que ni el autor ni el texto den pistas para una interpretación válida. También es verdad que hay cosas que los autores transmiten de manera inconsciente y cuyo análisis es tan aceptable como divertido. Y la buena educación está bien para hacer llegar mejor tu mensaje, pero sólo es un truco de retórica. Falta, lo que es falta, no hace.

Pero tampoco es cuestión de decir que Neo quería matar a su madre. Entonces, ¿qué hacemos? Yo propongo –que no impongo– distinguir cada análisis por el sujeto que se pretende analizar. Así, habría tres opciones:

  • El autor y su intención (“¿qué quería decir Fulanita cuando escribió esto?”)
  • El texto y sus símbolos (“¿qué relación guarda este pasaje o esta imagen con todo lo demás?”)
  • La interpretación del lector en sí misma (“¿cómo puedo convencer a todo el mundo de que mi impresión es correcta?”)

Cada análisis será un ejercicio de retórica para explicar una de estas tres cosas. Un ejemplo del primer grupo sería el texto de Gerardo Vilches. Un ejemplo del segundo grupo –a nivel de texto– sería el de Raimon Fonseca, pues no dice nada que no sea demostrable. Un ejemplo del segundo grupo –a nivel de subtexto– sería el de Jordi Costa en su ensayo sobre Magneto como icono camp –algo que dudo pretendieran hacer los autores, pero que sí constituye un análisis válido y lógico por estar lo bastante bien argumentado–. Un ejemplo del tercer grupo sería éste mismo artículo, dado que el discurso que intento articular no se basa directamente en el texto.

Los tres grupos son igualmente válidos, pero deben ceñirse a la única Regla de Hierro: que un análisis es una puerta abierta al diálogo.

Esto es lo que este artículo pretende ser. Así pues, esperamos vuestros comentarios.

NOTAS

[i] Tan sólo tengo una queja real: el libro tiene once artículos, y todos han sido escritos por hombres. Sólo hay dos mujeres involucradas en el libro: la ilustradora y una de las editoras. Choca, sobre todo porque bastantes artículos giran en torno a la feminidad. ¿Tan difícil era encontrar autoras aficionadas a la Patrulla X?