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Venus Plus X, por Peter Elson.

Perdido en el polvo del tiempo se encuentra Fredric Brown, un escritor de pegada indeleble en muchos autores de mediana edad en la ciencia-ficción, pero al que el reconocimiento le llegó tarde -demasiado tarde- y de forma indirecta. Sin embargo, entre su obra existen piezas de una calidad sublime y algunas, incluso, de una influencia que va más allá de lo que las apariencias dan a entender. Este es el motivo por el que Gigamesh, con su compromiso e inteligencia habituales, ha decidido editar y reeditar su obra para todos nosotros en cuatro excelentes volúmenes del que Ven y enloquece y otros cuentos de marcianos (Gigamesh, 2014) es el primero de ellos, donde se recogen sus relatos publicados en la década de 1940.

Precisamente, el estar ante su obra primera, este volumen resulta ser más un compendio de intenciones y ejercicios de estilo que una antología de calidad. No obstante, hay entre ellos algunos relatos no sólo representativos de la historia de la Ciencia-ficción de la época, sino también de una calidad muy superior a la media de entonces. Brown era un autor capaz de abandonar los espacios comunes del género para apostar, como muy pocos, por un estilo personal donde confluye su marcadísima personalidad –sobresaliendo su referencia constante a la linotipia (su trabajo de juventud)- y su jocoso sentido del humor, aderezado con cierto regusto machista, sus lecturas y pasión por el género policíaco y por el terror, además de por la ciencia-ficción, con los principales fenómenos sociohistóricos del período –el peso intelectual de la psicología freudiana o de la Segunda Guerra Mundial-.

El resultado es un ecléctico conjunto de relatos donde convive la trama detectivesca (“Pesadilla diurna” o “Ven y enloquece”), con la de terror (“Los Geezenstack” o “El principio Yehudi”), las referencias metaliterarias al oficio de escritor (“Llamada” o “Todos los BEM buenos”), aquellas centradas en su profesión de linotipista (“Aún no es el fin” o “Etaoin Shrdlu”) y, por supuesto, aquellas más clásicas dentro del canon de la ciencia-ficción (“El ratón estelar” u “Ocaso”), por poner dos ejemplos de cada tipo entre un catálogo de textos bastante más amplio. El orden cronológico ayuda también a observar la evolución de Brown como autor, desde un comienzo más optimista donde dominan las referencias personales a su vida profesional e intelectual, a un final más pesimista donde gana terreno la reflexión humanista sobre la naturaleza humana y su tendencia a la violencia o al sufrimiento.

Resulta impresionante y conmovedor ver cómo Brown se adentra con audacia en la reflexión intelectual alrededor de la naturaleza humana, haciéndolo desde múltiples puntos de vista y de formas mucho más complejas de lo que su estilo sencillo y directo da idea.

Uno de sus principales puntos de vista en el análisis de la humanidad, y que cruza todos los relatos del volumen, es el de su dualidad. Brown trabaja en no pocos relatos desde dos planos de la realidad: el material por un lado y el de las ideas por otro, el del consciente y el del inconsciente, el de la cordura y el de la locura. Incluso, esta dualidad llega a ser un motor narrativo de máxima potencia, como por ejemplo en los relatos “El recién llegado” o “Pesadilla diurna” o “Ven y enloquece”, hasta el punto de situar a sus personajes principales en la cuerda floja, en la frontera entre ambos planos. Ni la voz narradora ni la mano autoral toman partido por uno u otro porque, desde su punto de vista, todos nos movemos sin excepción por una realidad relativa, reduciendo nuestro estatus evolutivo al de un pedazo de materia simple y frágil.

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Amazing Stories, donde Brown publicó algunos de sus relatos de los años ’40 y ’50: ¡la aristocracia de la ciencia-ficción!

Otra perspectiva interesante de Brown está en el análisis de nuestra consistencia ética y moral, donde cobra además todo el sentido ese uso intensivo de un humor irónico y gamberro, jocoso y a veces hasta absurdo. No podría ser sino a través del humor como se pudiese someter a sus personajes principales a situaciones críticas donde quedase patente, sin convertir el relato en un sinsentido, su insuficiencia mental: abundan las referencias a los problemas de raciocinio, a la estupidez a través del engaño de los sentidos, a los nervios desbordados hasta casi la histeria u otros estados de consciencia alterada… Aquí es interesante ver también como la avaricia o la egolatría se relacionan con el estar fuera de sí, en relatos como “Etaoin Shrdlu” o “El principio Yehudi”, e incluso se critica cómo la codicia de las grandes compañías recurre a usos impropios de la realidad para hacernos ver lo que no es, como pasa en “Pi en el cielo” o “La broma”.

Tal es nuestra imperfección como seres de este universo, y tan grandes son nuestros límites, que hasta seres mucho más poderosos que nosotros han tenido problemas para sobrevivir y continuar en este mundo. Este es el mensaje de fondo tras “Ocaso”. Un relato único en el conjunto del libro, sin paralelismo concreto con ningún otro texto, pero que sí mantiene una relación de coherencia con todos ellos en cuanto a sus intenciones. En él se nos relatan los días tristes de uno de los últimos Tyrannosaurus rex, “rey absoluto, encarnación de la máquina de lucha más poderosa y cruel que hubiera dado la evolución” (página 65), feroz y mortífero, pero lento y demasiado grande como para poder capturar y comer a cualquier otro ser.

La reflexión humanista de Fredric Brown nos conmina a ser conscientes de que todo es relativo y de que nada es para siempre, de que somos solamente motas de polvo flotando ahora en el continuo espacio-tiempo, capaces sin duda de las cosas más maravillosas, pero también radicalmente frágiles e inconscientes, estúpidas y limitadas, hasta el punto también de ser capaces de las más monstruosas. La denuncia de la iniquidad humana se abre camino en estos relatos de una forma cada vez más clara y patente, progresando con un tono más pesimista, con unos argumentos más negros, con personajes de corazón a cada relato más oscuro. El protagonista de “La broma” demuestra una total falta de coherencia y escrúpulos, si bien será la ironía del destino quien finalmente acabe poniéndolo en su sitio, y en “Ven y enloquece” una oscura misión lleva a un hombre hasta los límites de la locura; supuestos buenos fines que no son sino muestras de intereses espurios e inmoralidad.

La mayor virtud de Brown como autor en formación es la de ser capaz de mostrar una riqueza reflexiva tan inmensa como la que contienen los textos de Ven y enloquece y otros cuentos de marcianos (Gigamesh, 2014), tan coherente y articulada, de una forma tan aparentemente sencilla. Su estilo sutil y tono jocoso hacen de los relatos, de tramas simples y argumentos sin demasiados elementos de complejidad, donde predomina el diálogo entre personajes y las situaciones directas carentes de toda trampa y cartón, un marco idóneo para articular un mensaje no dentro del texto sino a través del texto. Su obra funciona, de este modo, como un inmenso mosaico con el cual Brown habla con nosotros, de forma más clara cuanto más seamos capaces de mirar en perspectiva, alejándonos del texto concreto y estableciendo relaciones entre ellos mediante una visión de conjunto.

Precisamente por esta inteligencia y habilidad a la hora de articular una obra de fondo compleja a través de formas sencillas, aparentando mucho menos de lo que tras el telón de fondo se esconde, es por lo que durante no poco tiempo Fredric Brown permaneció relativamente olvidado. Por desgracia, pocos supieron ver lo que el conjunto de su obra albergaba agazapado tras esos relatos con los que tanto nos podemos reír y tanto nos hacen soñar. Pero ahora tenemos la oportunidad de reparar esta injusticia, de reconocer el mérito sobresaliente de un hombre que, sin ser un escritor de profesión ni tener los recursos de otros muchos coetáneos suyos, superó sus propios límites para mostrarnos unos relatos diferentes, distintos a todo lo anterior e inspiración posterior para otros.

Aquí comienza el paseo por una de las obras más eclécticas y asombrosamente brillantes de la historia de la ciencia-ficción. Gracias a Gigamesh tenemos la oportunidad de hacernos el recorrido completo. Pasen y disfruten la gran obra de un gran hombre quien, a base de esfuerzo, consiguió llegar a ser el mejor ejemplo de su propio mensaje para todos nosotros.