Un padre y su hijo peque√Īo luchan por sobrevivir en un eterno invierno post-apocal√≠ptico. La carretera, de Cormac McCarthy, gan√≥ el Pulitzer en la categor√≠a de ficc√≥n por su l√≠rica, seca y directa manera de ense√Īar al monstruo interior que aflora en los l√≠mites de la civilizaci√≥n con salvaje y descarnada brutalidad.

Ilustración de Mariano Henestrosa para Fabulantes.

¬ŅCrees que tus padres est√°n observando? ¬ŅQue te ponderan en su libro mayor? ¬ŅCon relaci√≥n a qu√©? No hay libro ninguno y tus padres est√°n muertos y enterrados.

El a√Īo de 1886, mejor conocido como el A√Īo Sin Verano, registr√≥ una fuerte ca√≠da de las temperaturas en todo el hemisferio norte. Importantes erupciones volc√°nicas suspendieron ceniza y √°cido sulf√ļrico en la atm√≥sfera, obstaculizando los rayos de un sol que, ya de por s√≠, registr√≥ una actividad inusualmente d√©bil. La escasez de alimentos enfrent√≥ a la positiva civilizaci√≥n decimon√≥nica a la √ļltima gran crisis por la supervivencia. Fue en este a√Īo cuando el grupo de Lord Byron, Percy Shelley, John Polidori y Mary Godwin (Mary Shelley, como futura esposa de Percy) pasaron un verano particularmente inclemente en la Villa Diodati, cerca de Ginebra. Las nubes pod√≠an ocultar el sol durante d√≠as. En este l√≥brego ambiente el grupo pens√≥ en contarse historias de terror y la joven Mary ide√≥ la historia de Frankenstein, con la creaci√≥n de un monstruo sin identidad humana, descontrolado por sus pasiones. Seg√ļn Brian Aldiss, de esta joven aburrida por la lluvia y el fr√≠o naci√≥ el g√©nero de la ciencia-ficci√≥n.

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Cartel de la adaptaci√≥n de 2009, con un reparto de lujo: Viggo Mortensen, Robert Duvall, Charlize Theron, Michael Kenneth Williams…

Se puede establecer una conexión imaginaria entre este frío glaciar con el temible invierno nuclear de La carretera (Mondadori, 2007), la novela de entorno post-apocalíptico de Cormac McCarthy. El autor, distinguido como uno de lo de los mejores novelistas norteamericanos del momento, hace uso de un estilo caustico, seco y directo, que puede recordar al de Jim Thompson, el renombrado autor de novela negra. La brutalidad salvaje y descarnada enfrenta al lector a ese monstruo interior que nos esforzamos en ocultar hasta que la mente estalla en los límites de la civilización. Pese a ello, el lirismo y la riqueza del lenguaje con que se describe el mundo en ruinas transmiten una profunda emoción. La carretera fue merecedora del premio Pulitzer 2007 en la categoría de ficción y ha sido brillantemente adaptada al cine por John Hillcoat, en un film que no deja de reflejar el simbolismo entre dos mundos destruidos: el exterior lleno de ceniza y el interior del protagonista, lleno de dolorosos recuerdos de días más felices.

La ciencia-ficci√≥n es la base perfecta para reflejar con toda crueldad y lujo de detalles los riesgos de que la estupidez humana nos enfrente a una cat√°strofe que termine con la vida en la Tierra. Si s√≥lo el m√°s m√≠nimo intercambio at√≥mico podr√≠a recrear el fr√≠o de 1886, los ataques m√°s violentos (como el que podr√≠a darse entre los arsenales ruso y estadounidense) conllevar√≠an un descenso de la temperatura global equivalente a una glaciaci√≥n. Aunque habr√≠a m√°s que fr√≠o: el polvo llenar√≠a la atm√≥sfera, el sol no alcanzar√≠a la superficie y los organismos productores morir√≠an. Con toda la cadena alimenticia destruida, los incendios descontrolados arrasando el territorio, las zonas radiactivas y los grupos de supervivientes peleando por los pocos restos del mundo, ¬Ņqu√© esperanza de supervivencia le quedar√≠a a la humanidad?

La respuesta de Cormac McCarthy es compleja: en principio su descripci√≥n nos impide albergar alguna propuesta de futuro viable. Sin comida, ni refugio, ni sentimiento de humanidad, llegamos al final absoluto, al nihilismo de los valores con el hombre bailando sobre la nada. Es un giro a la m√≠tica de la tecnolog√≠a como salvaci√≥n de la humanidad y al desarrollo pol√≠tico para la mejora de la sociedad. La soberbia de la humanidad frente a la naturaleza nos ha llevado a adaptar el mundo a nosotros en lugar de adaptarnos nosotros al mismo. De este modo se destruye hasta el recurso m√°s b√°sico y se abre el camino a la extinci√≥n completa. Sin mundo no es posible el ser humano‚Ķ ¬Ņo quiz√° s√≠? Esta podr√≠a ser la pregunta a la que La carretera trata de contestar, ya que su historia no sucede en una trinchera en la que los protagonistas ven la vida agotarse. Al contrario: se da en un viaje de fin incierto (inevitable met√°fora de la vida) de un padre y su hijo peque√Īo por las carreteras arrasadas, sobreviviendo a diario y tratando de conservar la moral m√°s b√°sica.

Con el invierno nuclear en pleno apogeo, los √°rboles se desmenuzan y no hay animales supervivientes. La ceniza flota en el ambiente y el fr√≠o cala hasta los huesos. Los incendios devastan las antiguas ciudades. La peque√Īa familia debe huir de los supervivientes salvajes que buscan a otros supervivientes para esclavizarlos y alimentarse de su carne. El aparente horror de sus actos se ve atenuado por la certeza de la extinci√≥n final de la especie y conduce a la cuesti√≥n de aquello que define la humanidad. Padre e hijo siguen las l√≠neas de un desgastado mapa hacia el sur y es f√°cil observar que, m√°s all√° de las agrietadas carreteras, este mapa es un simulacro que ya no se sustenta en el mundo real. La historia se da en dos tiempos: el de la fluidez del viaje y la catarsis en el recuerdo y los sue√Īos del padre. La narrativa de la novela se establece como una carretera, se sigue en una direcci√≥n pero cuenta con todos los giros, paradas y desv√≠os que sean precisos para llegar finalmente a la meta. Como en las carreteras, no hay un principio definido, pues pueden tomarse desde cualquier lugar (si tomamos como referencia la vida del ni√Īo siempre ha habido un viaje). Tampoco hay meta definitiva, s√≥lo destinos temporales desde los que volver a partir.

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Hiroshima tras la bomba: foto de Harbert F. Austin Jr., 1945. Mientras que para Europa y Estados Unidos el invierno nuclear es la distop√≠a que advierte contra el abuso de la tecnolog√≠a b√©lica, para el resto del mundo es o ha sido una realidad. Entonces, ¬Ņqu√© clase de advertencia es? Este tipo de desfases ocurren a menudo en la ciencia-ficci√≥n anglosajona.

La carretera es la nada en todas direcciones y sin embargo el padre se niega a tirar la toalla, buscando motivos para continuar caminando y criar a su hijo seg√ļn un pensamiento moribundo. ¬ŅNos encontramos ante un absurdo? El padre se lo plantea a diario, cuando contempla horrorizado la extrema delgadez de su hijo por la falta de alimentos. Cuando piensa el tiempo que le falta para morir y tener que dejar al ni√Īo solo. Tambi√©n cuando recuerda a la figura ausente de la familia, a la madre que les abandon√≥ tras los primeros a√Īos de supervivencia. Esta es una opci√≥n, aunque el padre lo niegue, tan llena de fr√≠a l√≥gica como la pistola cargada que lleva consigo: el √ļltimo recurso ante la posibilidad de ser capturados y esclavizados. Para el padre es preferible la muerte a la barbarie. Y sin embargo el nivel de supervivencia al que se ve sometido para salvaguardar al ni√Īo le mantiene siempre al filo de perder esa humanidad que trata de transmitirle.

La mirada del ni√Īo, en cambio, revela la situaci√≥n con ins√≥lita naturalidad: la propia de alguien que no ha conocido tiempos mejores. Su √ļnico nexo con la antigua humanidad es su padre, en quien busca la capacidad de distinguir entre el Bien y el Mal. La inocencia queda como un raro lujo para instantes puntuales, ya que el deterioro constante del padre le hace aprender r√°pido. Sin embargo hay algo en que se enfrenta a la figura paterna, en un primer atisbo de independencia: la confianza en su criterio para juzgar a los dem√°s. En coherencia con su propia educaci√≥n y su personalidad, el ni√Īo se aproxima a ciertas personas que encuentra por el camino, siente compasi√≥n por ellas y busca establecer contactos que le otorguen una esperanza en el futuro. En este ni√Īo casi divinizado por su padre hay una semilla para una futura sociedad humana m√°s sabia y amable. La posibilidad de que esto no se pueda desarrollar por la falta de recursos naturales es un tema que pasa a un inc√≥modo segundo plano.

El discurso de la novela va en sentido centr√≠peto, hacia la imaginaci√≥n y el pensamiento del lector, en paralelo al mundo interior que se han formado los protagonistas. La elecci√≥n del l√ļgubre escenario nos plantea la fragilidad de la cultura humana, como algo precioso que puede caer r√°pidamente ante errores muy b√°sicos. Sin embargo es entonces donde aparece la fortaleza de algunas personas para mantener una √©tica aut√≥noma, a contracorriente. La voluntad individual puede alzarse para construir sentido, salvaguardando la barrera entre lo humano y lo inhumano. De hecho, esta voluntad individual se establece en la observaci√≥n de otra ausencia: la de Dios. La supervivencia a cualquier coste o el escape a trav√©s del suicidio implica la p√©rdida de esta entidad superior como gu√≠a. Sin embargo, McCarthy no postula una figura religiosa o un conjunto de creencias como fundamentos para la permanencia de la humanidad. Es el mismo ni√Īo, que conserva el valor de la belleza y de la bondad y que adem√°s crea sus propios valores, quien se posiciona como elemento metaf√≠sico superior: el resultado final a toda la historia humana. Al fin, es el hombre convertido en algo superior a lo que ha sido, el ni√Īo que es met√°fora del hombre del futuro, como en la tercera transformaci√≥n del esp√≠ritu que mencionara Nietzsche en As√≠ habl√≥ Zaratustra: tras la destrucci√≥n de la cultura y el estilo de vida occidental, el ni√Īo se afirma en la lucha por s√≠ mismo y por la conquista de su mundo.

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