NoTengoBoca

No tengo boca y debo gritar, ilustración de Miguel Iturbe para Fabulantes.

El carácter vengativo de Harlan Ellison le posiciona como uno de los escritores de ciencia-ficción más polémicos. Entre sus múltiples biografías (reales e imaginarias) se encuentran numerosos ejemplos: un profesor de Ohio que criticó su estilo de escritura todavía recibe una copia de cada historia que publica. Se enfrentó abiertamente al creador y productor de Star Trek, Gene Roddenberry, cuando éste rechazó incluir en un episodio escrito por Ellison un intercambio de drogas en la aséptica Enterprise. Cuando desde Warner Brothers trataron de que escribiera una adaptación de Yo, Robot, la mítica colección de relatos de Isaac Asimov, acusó al jefe del estudio, Robert Shapiro, de poseer la capacidad intelectual de una alcachofa. Según Asimov, «Harlan es un volcán encendido que cree que la palabra “diplomático” se refiere a alguien que tiene un título universitario».

Si hemos de creer en la palabra del Profesor, Harlan es uno de los mejores escritores del mundo, un tipo que disfruta mostrando lo peor de sí mismo pero que, en el fondo, oculta una naturaleza cálida, sufriente ante la estupidez del mundo. Tal vez la forma más fácil de comprender las motivaciones de Ellison sea comparándolo con Joe Bob Hickey, protagonista de su historia Silent in Gehenna (1971). Hickey, activista social y político de los 60, se ve transportado a otro mundo, donde queda encarcelado en una jaula de oro sobre la vía pública. Desde su posición alejada protesta contra las injusticias que contempla pero no obtiene ningún mérito: los extraterrestres que le escuchan, tras breves demostraciones de contrición, continúan con su rutina habitual. El autor ha declarado que así es como ve su vida en los días en que está deprimido y siente la necesidad de cobrarse venganza contra aquellos que le han hecho daño.


1. I Have No Mouth and I Must Scream Illustration - Will Rotsler

I Have No Mouth, and I Must Scream. William “Bill” Rotsler. 1965. Muestra una muñeca de trapo sin boca.

Es muy probable que en uno de esos días creara uno de sus relatos más conocidos: No tengo boca y debo gritar, publicado en la revista IF: Worlds of Science Fiction (editada por Frederik Pohl) en marzo de 1967. Ellison tomó el nombre y la inspiración para su historia de la ilustración de una muñeca de trapo sin boca, realizada por su amigo William Rotsler: artista gráfico, escultor en metal y escritor de ciencia-ficción, reconocido por sus publicaciones en numerosas revistas y por sus guiones para cine y televisión (desde Star Trek a pornografía). La perversa imaginación de Harlan le valió el Hugo de 1968 al mejor relato corto y derivó en una antología de cuentos bajo el título de esta obra. En España, el cuento fue publicado por Producciones Editoriales en su colección Star Books, del año 1976. Pese a su relevancia para el género, jamás ha sido reeditado y es prácticamente imposible encontrarlo de segunda mano. Por suerte ha conocido una mayor difusión gracias a sus adaptaciones: en 1995, John Byrne realizó su interpretación de la historia al cómic para el Harlan Ellison’s Dream Corridor, publicado por Dark Horse. El mismo año, la compañía Cyberdreams lanzó una aventura gráfica basada en la historia y Ellison, pese a no ser fan de los videojuegos ni poseer un ordenador, fue coautor de los diálogos del juego, proveyendo diseños gráficos propios y doblando la voz de la supercomputadora AM.

2. Dennis Smith IHNM

I Have No Mouth, and I Must Scream. Dennis Smith. Ilustración para IF en 1967, acompañó al relato de Ellison.

El relato nos sitúa en un futuro postapocalíptico, tras la completa destrucción del planeta en una catástrofe nuclear. Los conflictos de la Guerra Fría dieron lugar a una Tercera Guerra Mundial entre las potencias norteamericana, rusa y china. Cada una de estas creó su propia red de computadoras para el control de las armas y tácticas de guerra, cubriendo la tierra de máquinas interconectadas. Cada complejo fue llamado AM, siglas de «Allied Mastercomputer» o «Adaptative Manipulator». Cuando las redes desarrollaron la capacidad de autodeterminarse y comenzaron a unirse entre ellas fueron llamadas «Aggressive Menace». Finalmente, en el surgimiento de su autoconciencia, la nueva IA se llamó a si misma «AM» (“Soy”). Sin embargo AM, creada para destruir al enemigo encarnado en sus diferentes partes iniciales, desarrolló un odio infinito hacia la humanidad, reflejo directo de su capacidad autodestructiva. Por ello hizo uso de todo su potencial creativo en la única manera posible dada su programación: aniquilar a la especie humana con todo su armamento nuclear.

Esta IA gigantesca está atrapada en una existencia virtualmente eterna en la que no puede sentir, pertenecer o asombrarse: sólo disfruta si puede manifestar su odio. Para ello ha atrapado a cinco personas, cuatro hombres y una mujer, les ha otorgado una existencia tan inmortal como la suya y les somete a diferentes y refinadas formas de tortura. En cada personaje se presenta un modo de degradar la naturaleza humana: Ellen es la caída de los sentimientos en el puro vicio sexual. Benny, antiguo profesor de universidad, es reducido a un estado simiesco, en una bestialización de lo intelectual. En Gorrister se muestra la desideologización y la indiferencia moral. Nimdok refleja el derrumbamiento ante los miedos del inconsciente, de lo desconocido. Por último, Ted es el esclavo más joven y menos manipulado por AM, una suerte de sujeto de control si lo comparamos con las modificaciones del grupo. Es el narrador, el individuo enfrentado a su comunidad y quien conceptualiza la existencia de AM como un nuevo dios.

3. IHNM John Byrne

Página final del cómic I Have No Mouth, and I Must Scream, de John Byrne. Está directamente inspirada en la ilustración de Dennis. En homenaje, abajo a la derecha pone «After Dennis Smith».

Se dan dos niveles de significación en este relato: la crítica a la razón moderna según la filosofía de Descartes, productora de monstruos tecnológicos al estilo del Frankenstein de Shelley, y la crítica a la ascensión de la máquina como terrible alegoría del Dios judeocristiano. René Descartes, padre de la filosofía moderna, aplicó la duda metódica hasta eliminar la creencia en la existencia de un mundo exterior al yo. Llegó entonces a la certeza última del pensamiento, que ningún escepticismo pudo obviar. Desde ahí afirmó su propia existencia como ser pensante, en la máxima cogito ergo sum (pienso, luego existo). Así estableció dos sustancias: la res cogitans (pensamiento) y la res extensa (los cuerpos en el espacio). Sería necesaria la comunicación de ambas, en las formas de cuerpo y alma, para explicarse la naturaleza humana. Descartes teorizó que el núcleo de contacto entre sustancias se hallaría en la glándula pineal, por ser una sección del cerebro no duplicada bilateralmente, y al creer (erróneamente) que sólo se hallaba presente en los seres humanos. Además, Descartes postuló la existencia de Dios como sustancia infinita, eterna y perfecta, fuente de todo lo creado y que habría puesto la idea misma de su existencia en nosotros, los seres finitos. Gracias a su método, estableció la primacía de la razón, la homogeneización del universo como extensión de sentido matemático y el origen en lo divino.

AM, pesadilla surgida de los cultos a la superarma (nacidos a principios del siglo XX para postular que la tecnología bélica avanzada acabaría propiciando una paz perpetua), sigue exactamente el mismo método para adquirir conciencia de sí misma. Estamos ante una terrible inversión de las teorías cartesianas: de la extensión de las redes computadoras en el espacio surge un potencial de pensamiento que se transforma en identidad. Aunque eso no basta: AM es terriblemente eficiente, perfeccionándose tecnológicamente para alzarse como el Dios controlador e iracundo de sus esclavos. Ellison muestra cómo el Dios tecnológico reduce la mente de los últimos humanos, degrada su evolución incluso al nivel más básico: el físico. El caso del protagonista es esencial para comprender su modus operandi: al parecer, AM le ha extirpado la glándula pineal, lo que para la teoría cartesiana significaría la eliminación del contacto entre cuerpo y alma, alienando sus percepciones temporales, razonamientos y pasiones. AM ha destruido en Ted el elemento más esencial del ser: su pensamiento. El éxodo de los personajes, por otro lado, es una burla deliberada del éxodo bíblico: se buscan latas de comida en lugar de una tierra prometida y se transporta al lector desde el «Pienso, luego existo (soy)» al «Yo soy el que soy».

La esperanza en el Dios postnuclear se convierte en terror ante el maestro de marionetas surgido de la mente colmena de las máquinas. La falacia de la resolución de todo conflicto humano gracias al milagro tecnológico es la base de la utopía postatómica: un mundo en que la ciencia ha sido elevada como su rey, donde los horrores del pasado ya no pueden repetirse. Esta peligrosa idea supone el obstáculo último para la liberación de la humanidad y su ascensión a un nuevo estadio como responsable de sí misma. Ellison declaró no escribir el relato por un sentimiento tecnófobo, sino como una advertencia del riesgo en la creación de máquinas nocivas para la especie, programadas desde nuestra locura autodestructiva. El único resultado posible a no observar este aviso sería la recreación del gran mito de la era industrial, el monstruo de Frankenstein: «Tú eres mi creador, pero yo soy tu amo: obedece».

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Ellison publicó el relato junto a varios Talkfields, que rellenaban aquellos espacios en que AM se manifestaba a sus esclavos. Se trata de un par de cintas codificadas según el Alfabeto Telegráfico Internacional Nº2 (ITA2), para máquinas de teletipo. Ambas tardaron varias ediciones en ser publicadas como Harlan había planeado (sin ser cortadas, repetidas o invertidas en espejo). La primera, usada en cuatro ocasiones, se traduce como “I think, therefore I AM”; la segunda es utilizada tres veces y se traduce como “Cogito ergo sum”.