Presentamos a continuación la crítica ganadora de nuestro concurso literario Tim Powers.

Ilustración realizada por Jeff Knight Potter para la edición Subterranean Press de La Última Partida / The Last Call.

Ilustración realizada por Jeff Knight Potter para la edición de Subterranean Press de La Última Partida.

Tim Powers (Buffalo, Nueva York, 1952) ha sido aclamado como un escritor sobresaliente en el género fantástico por su capacidad para crear ficciones en las que la historia secreta del mundo adquiere protagonismo, vinculando hechos y personajes conocidos con la magia y la mitología.

Su obra La última partida (Last Call en el original, referencia a la última jugada del póker en que los jugadores muestran las cartas) merece especial atención por la solidez que logra en este aspecto: puede atraparnos en su narrativa, suspendiendo lo que creemos saber de la realidad. La evidencia del sistema oculto del mundo nos lleva a un terrible cambio de perspectiva, en que los hechos que han sido velados o, directamente, suprimidos de la historia adquieren una relevancia vital. Reconocer estos nuevos significados y su irrupción violenta en la realidad cotidiana es imprescindible para la supervivencia y el triunfo de los personajes que han sido arrastrados a situaciones extrañas.

Con esta novela, publicada en 1992 y merecedora de los premios World Fantasy y Locus a mejor novela en 1993, continúa la línea que estableció en obras anteriores como Las puertas de Anubis y La fuerza de su mirada, cuyas tramas entremezclaban las acciones de los personajes con un sistema mágico perfectamente construido. ¿En qué se distingue entonces La última partida? Sin duda, en su situación en un tiempo casi presente: la trama se ambienta en el año 1990, con algunas pinceladas retrospectivas de 1969 y 1947. De esta manera, se pone en contraste nuestra realidad familiar con aquellos elementos míticos sumergidos en su fondo, del mismo modo en que nuestra consciencia es sólo una isla sobre el océano de la inconsciencia. Powers desarrolla un estilo informal y próximo, con la acción situada en Las Vegas, ciudad en que el estrépito de la llamada al juego de los casinos y la viveza de las luces de neón florecen rodeadas por el desierto, cruel erial en que la muerte danza a la espera de víctimas arruinadas.

Como eje espaciotemporal en que tantas probabilidades se dan cita, Las Vegas es el escenario perfecto para representar el oculto reino místico de Occidente. La magia (o capacidad de cambiar la realidad a voluntad) se basa en los arcanos del tarot, de los cuales los 22 mayores serían los arquetipos establecidos por Carl Gustav Jung como base del inconsciente colectivo. También son figuras divinas para la mitología, pues equivalen a las diferentes páginas del Libro de Thot (Aleister Crowley llegará a escribir un libro con este mismo título en el que estudia la filosofía y el uso del tarot). Sus símbolos son toscamente representados por los palos de la baraja de póker, los números de los dados y el giro de la ruleta de la fortuna: elementos de aleatoriedad que alimentan a las imágenes del caos que residen en este monumental fuerte del azar. La destilación de la esencia de Las Vegas se da en la construcción del casino Flamingo -lugar célebre por ser uno de los casinos más antiguos de la ciudad en funcionamiento, y por haber servido de escenario a Hunter S. Thompson en las vivencias psicotrópicas que más tarde recogería en su obra Miedo y asco en Las Vegas (1971), como baluarte y centro de poder de Bugsy Siegel, gángster de los años 40. De hecho, las numerosas menciones al poema La tierra baldía, de T.S. Elliot, muestran esta región como un castillo inverosímil que surge del erial.

Esta novela consigue el equilibrio entre la familiaridad con el entorno y la acción rápida, sin que confundan la visión del profundo simbolismo que guarda hasta el más mínimo detalle. Las cosas no son lo que parecen en Las Vegas de Tim Powers: Siegel representa la figura del Emperador de Occidente, la continuación de la leyenda del Rey Pescador en la literatura artúrica. Es el rey que, invirtiendo el significado del arcano de la Torre (cuyo sentido original es la obra inacabada, destruida violentamente desde lo alto como en el caso de la Torre de Babel), consiguió hacer estable esta construcción imposible, sustentada por sacrificios a los dioses del azar y del caos. Sin embargo, no todo puede perdurar: el dominio del rey puede ser desafiado una vez cada 21 años, momento en que personas representadas por los “Jacks” (o los valets del tarot) pueden alzarse a reclamar su derecho al trono. Todo este conocimiento está oculto, despedazado entre mitos, leyendas, juegos de probabilidad y geometría fractal. Sólo unas pocas personas son capaces de entrever la verdad en estos conocimientos mundanos y organizar el complejo puzle para subirse al carro del poder. Aquí Powers hace uso de una gran maestría para esclarecer conceptos normalmente complejos y desconocidos, mostrando el vasto trabajo de documentación previo a la creación de su obra.

Ilustración realizada por Jeff Knight Potter para la edición Subterranean Press de La Última Partida / The Last Call.

Ilustración realizada por Jeff Knight Potter para la edición de Subterranean Press de La Última Partida.

Lo más llamativo es la reelaboración mítica, que alcanza su máximo esplendor de la mano de los distintos personajes. En primer lugar tenemos a Georges León, matemático francés que descubrió en la estadística el verdadero sistema del mundo, logrando destronar al gángster y establecerse como nuevo rey de Las Vegas. Se trata de un rey malvado, un mago oscuro que busca alcanzar la inmortalidad y teme el momento en que los sucesores puedan reclamar el trono. Como el Saturno mitológico trata de devorar la mente de sus hijos, pero el más pequeño, una especie de Júpiter llamado Scott Crane, logra escapar de su control. Este héroe, protagonista al que seguiremos durante cuatro décadas, recibe la marca del ojo tuerto, como un nuevo Odín que podría obtener la sabiduría para gobernar tras el deliberado sacrificio representado por el Ahorcado. La relación entre el padre y el hijo es semejante a la profecía edípica, por lo que el rey será quien establezca los elementos de defensa que serán, sin que él pueda preverlo, herramientas para su destrucción.

El elemento femenino también es de importancia capital para la ecuación, en esa complementación entre opuestos recogida por el andrógino alquímico, el yin y el yang o la carta del Mundo. Diana, hija de la anterior poseedora del papel de Diosa y Reina, es una representación moderna que incluye todas las contrariedades del mundo actual frente a lo que se ha considerado tradicionalmente la esencia de lo femenino. Es una superviviente como el protagonista, y está destinada, por sus genes y vivencias, a ser su compañera en el trono. Todos los elementos que la definen incluyen menciones a Isis, Diana, Hécate o Hera: símbolos lunares, perros que aúllan en la noche, control sobre las aguas y fertilidad, representados en la carta de la Luna. Junto a Nardie Dinh (aspirante a Reina manipulada brutalmente por su hermano, un Jack que desea ser rey) y su fallecida madre Issit (quien no se unió a un rey pero que fue madre de todos modos) nos muestra que lo femenino es una parte ineludible para tomar el poder sobre el mundo; sin embargo no debe forzarse: el mandato ha de compartirse desde su libre voluntad.

No sólo el mito, sino también el conocimiento y la filosofía humana son objeto de estudio desde los personajes de Powers. Arquímedes Mavranos, extraño compañero del protagonista, no le proporciona sólo un vehículo y un apoyo moral. Como su homónimo en la Antigüedad, ha investigado por su cuenta los principios de las matemáticas, de la física y de la ingeniería: busca un punto de apoyo para mover el mundo. Aquí se trata de hallar un momento de cambio de fase en el reino de las probabilidades determinadas y proyectar un elemento que las altere tanto que se vuelvan locas. Haciendo palanca en el flujo del destino, puede crearse un vacío de libertad, un instante de indeterminación absoluto en el que situarse para curar a fuerza de voluntad un linfoma en estado avanzado. No puede dejar de llamarnos la atención, como contrapunto al resto de personajes cuya identidad está delimitada por la genética y el azar de las circunstancias externas. Arky no es un personaje que acepte su destino con resignación, ni siquiera en el sentido de confrontación de los protagonistas: se enfrenta al sistema del mundo apostando el todo por el todo.

A medida que avanza la trama, las pruebas que Powers impone a sus protagonistas se van volviendo más duras, en un proceso de aprendizaje que nos muestra la fragilidad humana frente a aquellas fuerzas desconocidas que definen la realidad. El impulso de muerte aproxima a Scott a su particular Capilla peligrosa en el desierto, que, como en el mito artúrico, es un lugar de transformación mental. Diana sufre la pérdida y la culpabilidad ante una vida imperfecta, Mavranos piensa rendirse en su búsqueda de la Singularidad para pasar sus últimos días en el confort de la cotidianeidad… A su vez, el terrible juego de la asunción, ideado por el rey malvado gracias al poder del tarot Lombardía-Zeroth (baraja ficticia, pero para la que Powers debió inspirarse en los juegos de barajas artísticas italianas) sobrevuela toda la historia, con la amenaza de robar la identidad del protagonista. El autor juega con unos personajes que simbolizan a los héroes casi perfectos de las leyendas pero no lo son: deben enfrentarse desde su humanidad a un poder ominoso, que busca la inmortalidad a cualquier precio. La atmósfera de la historia se va volviendo cada vez más desesperada, hasta culminar en un final correcto, cuya resolución lógica no deja de augurar conflictos futuros, desarrollados en las novelas Expiration Date (1995) y Earthquake Weather (1997), inéditas en castellano y que se relacionan con el universo desarrollado en esta obra.

 La última partida consigue mantener una intensidad entre aventura siniestra y simbolismo pocas veces vista. Es una ventana que ofrece una perspectiva inquietante: que la realidad esté controlada por poderes más allá de nuestra imaginación. Al mismo tiempo, muestra una extraordinaria posibilidad: la de superarnos a nosotros mismos, alzándonos para dominar nuestro destino contra viento y marea. Por ello, merece distinguirse como digna sucesora de todas las leyendas y escritos que usa como fuente. A su vez, puede considerarse una de las mejores novelas de Tim Powers, tanto en su estilo narrativo, que consigue un ritmo muy bueno a la vez que da forma a la historia sin caer en lo superfluo, como en la originalidad de su planteamiento. En España fue editada en 1993 por Martínez Roca y actualmente se encuentra descatalogada.