Abe. ‘Me irá bien un chapuzón.’ Me gustaría deciros quién es Abe. Ése no es su verdadero nombre, claro. Abraham Sapien es una broma que le gastaron. Le descubrieron unos fontaneros que, cuando trabajaban en un sótano del hospital St. Trinian en Washington D.C., derribaron una puerta que daba a una cámara secreta. ‘Icthyo Sapien, 14 de Abril de 1865.’ La agencia le puso por nombre uno que figuraba cerca del tubo… el día que asesinaron a Lincoln.” (Mike Mignola, Semilla de destrucción)

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Ilustración de Suso Martín para Fabulantes.

Cuando Mike Mignola (California, 1960) ilustró la primera mini-serie de Hellboy, el simio rojo con pinta de demonio que lucha contra dioses y monstruos neo-lovecraftianos, su compañero Abe Sapien de la Agencia de Investigación y Defensa Paranormal (A.I.D.P.) apenas tuvo protagonismo.

Abe no apareció ni en el 15 por ciento de las viñetas del centenar de páginas que ocuparon esta historia germinal. Liz Sherman, la ardiente compañera de Hellboy, o Rasputín, su némesis, tuvieron mucho más protagonismo. Sin embargo, en los 20 años que han pasado desde que Semilla de destrucción llegara a las librerías de Estados Unidos con Dark Horse Comics (Norma Editorial lo publicó en castellano), el “Icthyo Sapien” ha crecido hasta liderar la A.I.D.P. en ausencia de Hellboy, encabezar sus propios álbumes y ser un favorito de los lectores.

Abraham Sapien tiene algo de investigador victoriano y una pizca de extraterrestre benévolo. En su primera aparición bajo los focos viste una barba falsa, unas gafas redondas oscuras, un sombrero y una gabardina beige. Bajo ellas oculta un cuerpo grisáceo, perlado de azules y verdes, viscoso al tacto, parecido al de un anfibio. Abe acude junto a Hellboy y Liz a una mansión decimonónica para buscar el rastro de tres hermanos, los Cavendish, que desaparecieron en una expedición a los confines helados del globo. El personaje, mitad hombre mitad pez, se adentra en un templo inundado, descubre unos monstruos marinos que arrastran cadáveres, establece un vínculo espiritual con uno de los hermanos desaparecidos, lucha contra un oscuro brujo y conoce de sus labios una profecía que le augura una muerte violenta.

Hellboy tenía razón en cuanto a los cimientos. Me fue fácil encontrar una grieta. Es sorprendente que la mansión siga en pie, pues la base está agujereada. Es el agua más oscura que he visto nunca. Parece como si se me pegara a la piel como tinta o aceite. Y no hay nada vivo aquí abajo. Ni animales, ni peces, ni siquiera algas. Todo está muerto. Muy muerto. Y cuando alcanzo la superficie empiezo a pensar que la muerte pude ser contagiosa...”

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Abe Sapien frente al retrato de Langdon Everett Caul, por Mike Mignola

Hay algo terrible en la escritura de Mignola: por muy turbio que sea el pasado de sus personajes, por muy enigmático, por muy indigno y depravado, todas las predicciones sobre su futuro siempre serán mucho más espeluznantes. Hellboy, que en su brazo lleva la mano derecha del destino, es la bestia del apocalipsis, aunque él rechace continuamente cumplir su papel de portador de la muerte y la plaga. Abe, que al principio parece un espectador casual, se ha revelado en los últimos tomos de la historia como el modelo para una nueva raza de hombres que dominarán la Tierra después de su inevitable hecatombe.

Abraham Sapien. Sin duda me recuerdas al gran hombre a quien mataste. […] De mis asesinos sólo quedas tú sin castigar. No vivirás mucho más. Morirás como yo morí. Las manos en el asta de la lanza serán de otro, pero el corazón que la impulse será el mío.”

En 1865, un hombre llamado Langdon Everett Caul, miembro de una sociedad ocultista secreta, realiza un ritual para despertar a una extraña criatura marina que duerme dentro de un huevo. Cuando el huevo se deshace en las manos de Caul, éste se desvanece, poseído por un espíritu, y comienza a transformarse en un nuevo ser. Sus compañeros le encierran en una tinaja y sellan la habitación. En esa misma cámara encontrarán, un siglo después, a la criatura conocida como Abe Sapien, amnésica, enormemente inteligente y con poderes telepáticos y de percepción extrasensorial.

Quizá Mignola concibiera al anfibio como una broma, como un alivio para los lectores, frente a Hellboy. En las páginas en las que aparece el gran simio demoníaco priman los rojos y los púrpuras, son agresivas, violentas, aceleran la historia y sacian el ímpetu lector; en las de Abe, son los verdes y los azules los que calman la acción, dan un descanso dramático, e invitan a la digestión de golpes, gruñidos, balazos, hechizos y sangre que arrastra Hellboy. Lo cierto es que por contraste con el “negro Mignola”, esa capa de oscuridad absoluta que impregna las obras del californiano, el tono oceánico de Abe adquiere personalidad propia. Y esa personalidad es la que ha trasladado a Abe a los lomos de los libros de Dark Horse.

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Abe Sapien y Hellboy, por Sebastian Fiumara

“Me gusta no saber. Me he pasado 52 años sin saber. Duermo bien sin saber,” sentencia Hellboy. Mientras que el chico rojo se pasa toda su viga renegando de su pasado, sin querer conocer, huyendo y atormentado… Abe llega a entender quién fue y qué hizo, y lo que persigue es su futuro. Y tanto su futuro como su pasado se pueden adquirir ya en tomos. El ahogado y El diablo no bromea y otras historias son las dos primeras que han llegado a España, pero faltan más, como señala Scott Allie, editor de Dark Horse y co-guionista junto a Mignola de estas nuevas aventuras, en una entrevista al portal CBR.

“Él es un gran reflejo de Hellboy,” afirma Alley. “Hellboy es un cruce entre un demonio y un hombre, y en general le gusta no pensar demasiado en su parte demoníaca, ignorarla deliberadamente. Abe es un cruce entre un pez y un hombre, ha puesto mucho esfuerzo en resolver sus cosas, y eso ha agitado sus propósitos como miembro de la A.I.D.P. Quiere la verdad, pero en ocasiones no puede soportarla… De eso tratarán estas nuevas series.”

Si Mignola tenía pensada la historia de Abraham Sapien habrá que reconocerle la enorme virtud de la paciencia. La evolución de Abe puede entenderse, con cierta malicia, como la victoria del marketing, del criterio de los fans por encima del de los autores. El propio Guillermo del Toro, director de las dos películas de la saga (Hellboy, [ídem, 2004]; y Hellboy 2: El ejército dorado, [Hellboy 2: The Golden Army, 2008]), reconoce siempre que le preguntan por él, que el anfibio azulado es su personaje favorito. Y si alguna opinión tiene peso en Dark Horse Comics, en Mike Mignola y en los demás ilustradores y guionistas que han pasado por la serie, ésa debería ser la del realizador mexicano. No en vano, la recaudación combinada de las dos películas de Hellboy suma hasta ahora 260 millones de dólares. Y la historia no está cerrada; tiene un gran cartel de “Continuará”.

Más secundarios:

El capitán Haddock

Rasputín

Julio César