A-Case-of-Conscience-Chris-Foss-Fabulantes

Ilustración de Chris Foss

James Benjamin Blish (East Orange, New Jersey, Estados Unidos, 1921 –Henley-on-Thames, Reino Unido, 1975) pasa desapercibido entre los grandes nombres de la ciencia-ficción. A diferencia de ellos, se movió más cómodo en el relato o la novela breve que en la novela larga.

Tampoco le ayudó el formar parte del aparato crítico; aunque sus textos se escondían ocasionalmente tras el pseudónimo de William Atheling Jr., pronto se supo quién estaba realmente tras él. Ni le ayudó tampoco el hecho de que, cuando la ciencia-ficción apostaba en su mirada al futuro por modelos sociopolíticos aperturistas, anduviese tonteando con las ideas fascistas y las ideas decadentistas. Y eso que, desde muy joven, participó intensamente en la promoción del género como aficionado, autor y editor. No en vano, fue uno de los miembros más activos del conocido grupo The Futurians, donde estaban también otras figuras del género como Isaac Asimov o Frederik Pohl. Precisamente, Pohl editaría sus primeros relatos en 1941 y 1942, además de publicárselos en la entonces conocida revista Super Science Stories.

En su evolución, la apuesta inicial por el relato publicado en revista deja paso con los años a la novela breve. No existe una diferencia excesivamente notable en el tratamiento creativo dispensado por Blish a ambos tipos de textos, sino que se trata más una simple adaptación a los nuevos formatos populares. La decadencia de las revistas pulp -en las que Blish empezaría a publicar- había comenzado a finales de la década de 1940, al mismo tiempo que las novelas breves y largas comenzaban a impulsar la carrera de quienes poco más tarde serían las primeras figuras del género. El estadounidense decidió entonces no seguir el mismo camino, apostando mejor por una transición suave dentro de su estilo breve y directo.

Un ejemplo de esta adaptación resulta ser Un caso de conciencia (Bibliópolis, 2013). Aunque inicialmente publicada en el número de septiembre de 1953 de la revista If, Worlds of Science Fiction, años después Blish decide ampliar el texto y editarlo como novela breve en 1958. Esta última versión es la que Bibliópolis publica en 2013 con una nueva traducción a cargo de Carlos Gardini. La explicación de este cambio está también en la intención del autor de que ésta fuese la primera de una serie de tres novelas independientes que, con el título general de “after such knowledge” (cita un poema de T. S. Eliot de su obra La tierra baldía), se centrase en un análisis filosófico y sociológico de la compleja relación entre el conocimiento y la moral –utilizando para ello esquemas teóricos y marcos conceptuales preeminentemente cristianos-. Una obra magistral reconocida con el Premio Hugo de 1959 en novela breve y, más tarde, con el Hugo Retrospectiva a la mejor novela corta (en este último caso se premió al texto publicado originalmente en 1953 y que se diferencia como “Libro I” en el texto de 1958).

En la elaboración de los pilares de esta novela breve, Blish introdujo aspectos radicales en su forma de ver y entender el mundo. Biólogo por formación y bioquímico por profesión (en la empresa farmacéutica Pfizer), desde joven demuestra intensas inquietudes morales y religiosas. De esta forma, el protagonista de Un caso de conciencia, el biólogo y bioquímico peruano Ramón Ruíz-Sánchez, es jesuita, y se nos aparece como un estupendo portavoz de las inquietudes y dudas de Blish; técnica coherente con quien en otros relatos y novelas ocultaba también sus huellas (morales) de forma bastante poco disimulada. Hasta la elección de una cita de T. S. Eliot para esta serie de novelas tiene una coherencia a considerar: para el autor norteamericano (convertido al cristianismo y nacionalizado británico) la religión y la familia y los mecanismos de transmisión cultural eran imprescindibles para la construcción de una civilización. Estamos por lo tanto ante una novela profundamente personal, ante un reflejo de la ideología de James Blish.

En la primera parte de la novela o “Libro I”, nos situamos en 2049. El padre Ruíz-Sánchez forma parte de una comisión de cuatro científicos responsable de decidir sobre las posibilidades del planeta Litia para formar parte de la federación planetaria liderada por la Tierra. Esta cuestión se nos plantea como un dilema cerrado: nadie excepto el personal de la ONU sabe de la existencia de Litia; de la decisión de la comisión dependerá si otros lo llegarán a saber o no y, por extensión, llegará a afectar o no al resto de la federación. De esta forma, la reflexión se centra alrededor de los cuatro integrantes: el padre Ruíz-Sánchez, un geólogo (Agronski), un físico (Cleaver) y un químico (Michelis). Y ¿entre qué proposiciones gira el dilema de esta primera parte? Nuevamente volvemos a T.S. Eliot y a sus meditaciones alrededor de la religión y la razón, la ética y la moral, la espiritualidad y la ciencia. Los miembros de la comisión deben decidir sobre una población litiana racional y razonable, donde el pensamiento lógico resulta ser lo único válido, y la dualidad ética/moral se suprime en cuanto todos interiorizan y cumplen estrictamente un código no escrito de normas comunes -facilitadoras, sin embargo, de la individualidad-. Si es posible un lugar así, donde los antagonismos morales parecen no existir y la religión resulta ser por tanto inútil, ¿no se trata acaso de un mundo producto del demonio?, ¿un intento de suprimir la validez de las dudas morales y, por tanto, también de las respuestas religiosas como forma de conocimiento de la realidad?

En el “Libro II” nos hallamos en 2050; han pasado varios meses desde que la comisión ha vuelto de su misión en Litia, pero todavía tienen que afrontar importantes consecuencias de su impacto en la Tierra. Esto es posible porque, aunque el “Libro I” nos proponía un dilema cerrado, la introducción de un ser litiano en estado embrionario en la Tierra, a través de un regalo que el habitante de aquel planeta Chtexa le hace a Ruíz-Sánchez antes de su partida –es su hijo; posibilita la apertura social de la reflexión, un fondo menos teórico y más práctico que en la anterior parte-. De hecho, Egtverchi (el hijo de Chtexa) crece aquí hasta convertirse en un telepredicador que, desde la presunta distancia que le daría el pertenecer a una especie distinta a la humana y provenir de un lugar extraño respecto a la federación liderada por la Tierra, es capaz de vender a una parte importante de la humanidad una visión de la realidad presuntamente verdadera y objetiva (en contraposición a otras realidades falsas en cuanto subjetivas). Una posición discursiva capaz de atraer a cada vez más espectadores/seguidores hasta, finalmente, provocar disturbios a nivel global de consecuencias imprevisibles. En esta parte, se vislumbra tanto una crítica tanto a la forma de gestión de la opinión a través de las masas o de las mayorías –crítica a la democracia como forma de decisión y/o gobierno-, como un fondo moral orientado a denunciar la adopción del discurso científico en cuanto discurso moral –por tanto como religioso-. Un núcleo engarzado a otros temas como la teoría darwinista de la evolución –desarrollada a partir de la especie reptiliana a que pertenecen los litianos-, la familia como núcleo para la educación personal y la reproducción social de valores, entre otros temas.

James-Blish

James Blish fotografiado con atuendo de motorista a los mandos de su Vespa, Nueva York, 1960

Ambos planteamientos resultan tremendamente originales, incluso resulta notabilísimo el esfuerzo de Blish por introducir importantes subtemas que adoben o aderecen el motivo de reflexión central; por eso esta obra posee una originalidad digna de la más alta de las consideraciones. Sin embargo, es justo advertir que la percepción de los muchos matices escondidos en esta novela precisa de una lectura atenta y pausada, dificultada a su vez por un estilo narrativo engorroso. Blish persigue con afán una rica superposición de elementos para el debate, pero ha olvidado la necesidad de una lectura fundamentada en la coherencia y la sencillez que haga esos elementos diferenciables, perceptibles e, in fine, debatibles por la comunidad lectora.

De esta forma, aunque el mayor mérito de Un caso de conciencia está en su propuesta intelectual como instrumento para la reflexión y el debate, su mayor demérito está en un estilo literario carente de coherencia, donde lo más habitual son los bandazos entre la descripción de situaciones y los discursos de análisis filosófico o sociológico. En el cóctel de elementos, la percepción clara de los temas se ve obstaculizada por una construcción irregular del texto, una definición difusa de los personajes y una desorganización de las ideas. Un síntoma de estos defectos está en que, para situarnos en el contexto del planeta Litia y sus habitantes, en un evidente reconocimiento de que los márgenes de la novela no han sido suficientes para cumplir con este objetivo, se ha recurrido a un “Apéndice” final.

Como curiosidades últimas, en cuanto al impacto de la novela, es posible percibir dos claros paralelismos con obras de gran popularidad. En primer lugar, el color azul de los litianos o el hecho de que utilicen un árbol como forma principal de pensamiento y comunicación nos ha recordado extraordinariamente a Avatar (ídem, James Cameron, 2009). Mientras que la segunda parte de la novela en general y, en especial, la idea de un extraterrestre que llega a la Tierra para generar un gran impacto en los terrícolas, remite inmediatamente a uno de los hilos argumentales principales de Forastero en tierra extraña (1961, editado por última vez en España por Círculo de Lectores en 1998), el clásico de Robert A. Heinlein que también esperamos ver reeditado algún día. Un impacto posterior que es muestra de su relevancia, originalidad y actualidad todavía en nuestros días.