Rafael Díaz Santander y Juan Luis González Caballero (R. y J. L respectivamente) se explayan en esta parte de la entrevista mantenida con Fabulantes sobre el tema del que más saben: Valdemar y el mundo editorial. Nos hablan (mal) del libro digital y (bien) de las muchas editoriales que intentan abrirse paso en la jungla literaria; ofrecen pistas sobre su éxito; tienen palabras para sus traductores e ilustradores, para los libros que publican y para su filosofía editorial. Todo sea por dignificar el terror y otros ámbitos de la literatura popular.

Valdemar para Fabulantes

Reinterpretación del logotipo de Valdemar, por cortesía de Fabulantes.

Fabulantes: ¿Cómo estaba editorialmente el género de terror en España antes de que entraseis vosotros a dedicaros a ello?

Rafael Díaz Santander: En España se publicaba bastante literatura de terror, pero abundaban las ediciones cutres. Pretendíamos conseguir dar cierto prestigio a los autores habitualmente asociados al género. Yo creo que nos influyó mucho la línea editorial y la forma de hacer de un sello que no duró mucho tiempo, pero que hacía libros muy hermosos –empleo deliberadamente la palabra “hermoso”– en todos los sentidos: la editorial Nostromo, fundada por Juan Antonio Molina Foix y en la que participaba como traductor Paco Torres, y con diseños de Diego Lara. Joder, eran libros que te apetecía tocar y coleccionar. Yo robaba a mis padres para comprármelos, y habría llegado al asesinato para hacerme con ellos. Eso es lo que nos propusimos, libros que apeteciera coleccionar, que no te avergonzase leer en el metro, de autores como Howard, Matheson o Lovecraft, o los grandes clásicos del género. Puede parecer un poco pedorro hablar de esto ahora que se hacen tan buenas ediciones en España y que los géneros se entremezclan, pero en aquel entonces era cierto. El nivel ha subido muchísimo, ahora hay muy buenos editores.

Juan Luis González Caballero: Una buena edición no sólo lo es por su aspecto material. Es muy importante que, si es una traducción, sea buena y fiel al estilo del autor: a veces, una buena traducción te descubre a un autor que te había pasado desapercibido por estar mal traducido.

R: En efecto, abundaban las traducciones deficientes o incompletas, por la censura, la mala práxis editorial, o porque se pagara poco a los traductores… Quisimos dignificar un poco la literatura de terror. No fuimos los únicos, en aquella época estaba también la editorial Siruela, aunque abandonó el género para centrarse en otras cosas. En España no sé si hay o ha habido alguna otra editorial que haya publicado tantos títulos en una colección, como la Gótica, dedicada a la novela gótica y a los clásicos del terror. Estaba la editorial Acervo, que publicaba amplias antologías de relatos del género, pero una colección específica y cuidada como ésta, si la ha habido, yo no la conozco

Nos propusimos sacar libros que apeteciera coleccionar, que no avergonzase leer en el metro

J. L: Estaban también las numerosas antologías de Bruguera y, más recientemente, una serie dirigida por Juan Tébar, otro veterano especialista: Biblioteca del Terror, que se distribuyó en quioscos e imitaba a las revistas pulp americanas, una serie dedicada a la literatura de terror clásica que no estaba nada mal. Por ahí (señala con la cabeza a la estantería) guardamos unos cuantos números.

F: ¿Y a qué se debe que vosotros hayáis triunfado donde otros han fracasado?

Rafael Diaz Santander cigarro valdemar fabulantes

Rafael Díaz Santander, fuma muy concentrado mientras desgrana alguna de las claves que aportó en nuestra entrevista.
Fotografía de Javier Sauras

R: Seguramente se debe a una suma de circunstancias, algunas tangibles y otras intangibles. Posiblemente había una necesidad de ediciones dignas, como ya hemos hablado. La persistencia, un catálogo atractivo… Hemos intentado mantener el punto de vista del aficionado, puesto que nosotros mismos somos aficionados que no nos diferenciamos demasiado de nuestros lectores, y tenemos un gran respeto por la gente que se gasta un buen dinero para adquirir nuestras publicaciones. Pero triunfar es una palabra un tanto excesiva, hemos hecho lo mejor posible dentro de nuestras limitaciones económicas. Con más dinero o más ventas seguramente lo habríamos hecho aún mejor.

J. L: Un aficionado llegó a decir con humor en nuestro Facebook que había tenido más orgasmos con las novedades de la Gótica que con todas sus novias. Creo que el colega era mexicano…

R: A mí me sorprende y me agrada mucho el cariño con que generalmente nos tratan en los foros de Internet. A los medios nacionales de papel les importamos un carajo. Hace mucho que superamos la fase de sentirnos agraviados por la falta de atención de los suplementos literarios oficiales y, de hecho, hoy en día están más bien muertos. Me siento muy satisfecho cuando la gente te dice cosas como lo de los orgasmos o que mataría por tal libro de la Gótica. Me emocionan más esas opiniones en bruto que las disquisiciones de un crítico que hace la reseña por mero compromiso.

Quisimos dignificar un poco la literatura de terror

F: ¿Y cómo os sentís vosotros como editorial que publica literatura de género en un país donde sólo triunfa la literatura generalista?

J. L: Minoritarios: no perseguidos, pero minoritarios al fin y al cabo. Aunque esto no nos quita el sueño, siempre que nos permita continuar haciendo lo que nos gusta.

R: Cuando ojeas escaparates de grandes librerías, rara vez encuentras allí nuestros libros (me refiero a los de la Gótica, no a los Clásicos). Más bien los encontrarás dentro, en la sección de literatura de terror, y rara vez en las mesas de novedades, a rebosar de novelas contemporáneas mainstream, la mayoría mediocres.

J. L: Esta discriminación tiene sin duda una razón comercial conservadora y algo miope, carente de imaginación o iniciativa. El librero, que es un poco sociólogo, suele poner en lugar destacado aquello que cree que puede convertirse en un éxito de ventas: en España, un rango de entre 10.000 y 20.000 ejemplares. La literatura de género tiene más difícil alcanzar estas cifras, pero lo cierto es que hay escaparates muy grandes, y numerosas mesas, con lo que debería haber espacio para exponer un poco de todo, para ofrecer al comprador de libros un reflejo más fiel de la bibliodiversidad del país.

Un aficionado llegó a decir con humor en nuestro Facebook que había tenido más orgasmos con las novedades de la Gótica que con todas sus novias

F: Cuando alguien monta una editorial nueva en España, ¿entran en contacto con vosotros?, ¿os dicen: ¡yo he leído Valdemar durante años y quiero hacer algo como lo vuestro!?

J. L: Normalmente no. La verdad es que no hacemos mucha vida corporativa. No vamos a reuniones ni a congresos. Cuando nos presentan a algún nuevo editor, en la Feria del Libro o en algún evento, la mayoría dicen conocernos y admirar nuestra trayectoria, pero tal vez sea más por educación y diplomacia. Es posible que hayamos sido un ejemplo para otros, la verdad es que no lo sé.

Nos sentimos minoritarios: no perseguidos, pero minoritarios al fin y al cabo

F: De las nuevas, ¿quién se os ha acercado a hablar en la Feria del Libro de Madrid (de 2012)?

R: Tuvimos un par de charlas con los de Alpha Decay, gente encantadora y muy centrada en lo que hace, con grandísimos aciertos en su catálogo… joder, que esta gente ha editado la epopeya alquímica de Jim Dodge, las memorias de Timothy Leary, Stewart Home… se generó muy buen rollo. Compartían caseta con Blackie Books. Con Sajalín hablamos desde hace un par de años, son dos tipos estupendos que están poniendo toda la carne en el asador para sacar adelante un proyecto editorial de lo más interesante. Capitán Swing tiene una colección de ensayo que me pone los dientes largos, y me gustaría conocerlos. Con JekillandJill, que elaboran libros maravillosos, solemos comer croquetas… Con David M. Copé, de Alfabia,  existe cierta complicidad… A los de Nocturna los vemos allí todos los años, tenemos como común amigo a Paco Torres. En fin, siento gran afinidad por lo que hacen, aunque sea una línea editorial diferente. Luego están Astiberri y Es Pop, pero no cuentan porque somos amigos y quedamos muchos viernes a comer y desbarrar.

J. L: Con algunos editores intercambiamos libros. A menudo cobramos también en libros la cesión puntual de un relato a otra editorial para hacer una antología; aprovechamos la circunstancia para picotear de sus catálogos.

R: Las editoriales nuevas se centran más en la literatura contemporánea o en rescatar obras que se han quedado un poco perdidas porque no fueron editadas en su día por las grandes editoriales. No hay casi ninguna que siga nuestra línea. Y las que lo han intentado han quebrado casi todas.

J. L: (Risa) Dicho así suena terrible, como si fuera una maldición… La verdad es que no hay un público aficionado tan amplio que permita la coexistencia de muchas editoriales como la nuestra.

F: Pero de estas pequeñas que decíais, alguna vez han publicado fantástico…

J. L: Publican de vez en cuando alguna obra de género, pero éstas no definen su línea editorial.

R: Alpha Decay, por ejemplo, va a editar House of Leaves, de Mark Z. Danielewski, un libro mítico entre los aficionados al terror, complicadísimo de traducir y maquetar. Está bien que lo editen ellos, porque seguro que le ponen el mayor entusiasmo.

J. L: Tiene una composición de texto imposible: lleva gran variedad de tipografías, dibujos, caligramas… Ojalá me equivoque, pero tengo mis dudas de que tal esfuerzo se llegue a rentabilizar comercialmente. Otra cosa bien diferente es el disfrute en la elaboración y el cuidado de la edición y la satisfacción personal de dar a conocer la obra en España. A muchas pequeñas editoriales quizás les sobra romanticismo, pero son muy necesarias porque contribuyen a enriquecer la oferta editorial de nuestro país y de nuestra lengua.

En España no hay un público aficionado tan amplio que permita la coexistencia de muchas editoriales como la nuestra

F: Un libro vuestro se agota. ¿Os planteáis habitualmente su reedición?

R: Nuestra filosofía es intentar mantener todo el catálogo más o menos “vivo”, dentro de nuestras posibilidades, porque con tantos títulos es imposible tener todos al día. En la Gótica, por ejemplo, es un objetivo a cumplir. Por desgracia, necesitaríamos un tráiler lleno de dinero para reeditar todo lo que se nos va agotando. Vamos reeditando poco a poco, dentro de lo que nos permite la crisis: los títulos que se van agotando en bolsillo y los que llevan años agotados en Gótica.

J. L: En estos 25 años hemos publicado unos 800 títulos, de los cuales hay desgraciadamente unos 200 agotados y otros 80 más descatalogados. Reeditar esos 200 requiere una gran inversión que tiene un lento retorno. A veces tienes que hacer equilibrios con el presupuesto para dar cabida no sólo a las novedades, sino también a las reediciones.

Necesitaríamos un tráiler lleno de dinero para reeditar todo lo que se nos va agotando

F: ¿Y no habéis pensado en el libro digital?

J. L (Tras un silencio): Hemos pensado “mal” del libro digital (carcajadas de J. L y R).

R: El libro digital tiene todavía muchos problemas. Tal vez esté equivocado, pero uno de ellos es el de la piratería. No creo que ahora mismo el libro digital nos esté haciendo mucho daño -al menos a los pequeños editores en papel- creo que más bien perjudica a las grandes editoriales, porque los libros más pirateados son precisamente los más vendidos. Nosotros tenemos la suerte de tener un público que gusta del libro impreso, que hace colección… Sospecho que muchos de los que se descargan libros gratis no los habrían comprado, porque comprar supone hacer una elección de un libro entre cientos o miles, a no ser que dispongas de fondos ilimitados. En este sentido, Internet te da un cheque en blanco para descargar libros por el morro, no tienes que hacer una dolorosa elección mirando las monedas que tienes en el bolsillo, te bajas lo que te sale del pito.

Hemos pensado “mal” del libro digital

F: Por hacer de abogado del Diablo, esto puede ser la pescadilla que se muerde la cola, porque si nosotros queremos comprar un libro de Valdemar en formato de libro electrónico, no podemos hacerlo…

J. L: Lo más seguro es que lo encontréis gratis (de nuevo, grandes carcajadas de J. L y R). El principal enemigo de la comercialización del libro digital es la gratuidad de Internet. No se puede hacer nada para competir con la gratuidad, y en estas condiciones pagar es algo que depende de la conciencia de cada cual, de si un lector cree honradamente que un autor y un traductor, incluso un editor, deben cobrar por su trabajo o no. Puede ser un tanto impopular decir esto, pero realmente no hay futuro en el comercio del libro electrónico mientras la piratería no deje de ser un fenómeno masivo en nuestro país. El libro tradicional tampoco tendría ningún futuro si uno pudiera entrar en cualquier librería y llevárselo sin pagar. Esto parece una verdad de Perogrullo, aunque ciertamente las cosas son algo más complicadas.

R: Desde luego no me voy a poner en plan moralista con este tema porque sencillamente no lo entiendo. No entiendo por qué se llega a afirmar, como he leído en foros de descarga, que el autor escribe por amor al arte y cosas así de peculiares: sencillamente no sé qué tiene que ver la libertad de expresión en esta historia. No sé de qué coño estamos hablando o discutiendo… Si hablamos de no pagar, pues no paguemos nada; pero todo el mundo paga su tarifa telefónica, religiosamente, cuando las telefónicas son empresas absolutamente despreciables (que contratan como asesores a ex-políticos más o menos corruptos), o se compran los juguetitos de Apple, otra empresa realmente abyecta. Pero, en fin, preguntabas que qué opinábamos del libro electrónico… (risas). Ya se verá.

J. L: Yo creo que habría margen para bajar los precios si se produce un progresivo incremento de las ventas, como consecuencia del descenso de la piratería, y se simplifica la compra. Debe de haber un ajuste de ese mercado si se quiere iniciar una verdadera transición hacia el nuevo soporte. En mi opinión, es posible rebajar el precio actual del libro digital, incluso manteniendo los mismos niveles netos de beneficio editorial y derechos de autor, gracias a la reducción de los costes de producción y de los márgenes de distribución y venta.

R: Es un tema muy complicado. Es muy difícil cambiar la mentalidad de alguien acostumbrado a bajárselo todo gratis. Hace unas semanas quise comprar la versión digital de Victus, porque la edición en papel es muy difícil de manejar, una novela de Albert Sánchez Piñol, un autor que me gusta mucho. Vi que podía descargarla gratis, pero la compré. Como lector mi deseo es que este autor cobre por su trabajo, que siga escribiendo. Me he comprado en digital un par de libros de Javier Calvo que quería releer, y la verdad, no se me ocurriría escamotearle una venta a un tipo tan cojonudo.

No hay futuro en el comercio del libro electrónico mientras la piratería no deje de ser un fenómeno masivo en nuestro país

F: Nosotros compramos muchos libros electrónicos que, a lo mejor, hemos leído en castellano pero que queremos leer en su versión original. Naturalmente, para hacer esto, tienen que estar disponibles en una librería electrónica. Podríamos pedirlos a Amazon, por ejemplo, pero somos incapaces de almacenar millones de libros por un simple problema de espacio.

R: Pues hacéis bien. Yo también me los suelo comprar. En alguna ocasión los he comprado en papel y en digital. Prefiero leer en papel, me resulta más fluida la lectura, pero a mi edad si la tipografía es pequeña tengo que recurrir al digital.

Juan Luis libros Valdemar Fabulantes

Juan Luis González Caballero en plena charla. En primer término, Lovecraft versión integral.
Fotografía de Javier Sauras

J. L: Para obras que ya no se encuentran en las librerías y que es improbable que se reediten, me parece una opción estupenda que estén disponibles gratuitamente en Internet, como lo están en una biblioteca pública, siempre y cuando los autores y traductores estén de acuerdo accediendo a una especie de copyleft de su obra. Nosotros tenemos títulos en el catálogo que, por la lentitud con que se agotaron, es seguro que no vamos a reeditar jamás. Antes de que queden descatalogados definitivamente y se olviden, yo soy partidario, Rafael tiene más reticencias, de tenerlos disponibles en la web, incluso gratis, con el acuerdo de autores y traductores. Aquí realmente no hay lucro cesante, ni para los autores ni para nosotros. Yo creo que, en justa reciprocidad por este gesto generoso, el lector debería abstenerse de descargar gratis los títulos que sí están a la venta, y la legislación debería impedirlo. No conozco a ningún autor que prefiera el olvido a la circulación gratuita de su obra. Infinidad de títulos pasarían a estar disponibles legal y gratuitamente.

F: Ya que tienen tanta importancia para vosotros, ¿cómo trabajáis con los traductores?

R: Nuestra relación con la mayoría de traductores suele ser muy fluida, y casi siempre terminamos siendo amigos, salvo de aquellos que tan solo han hecho una traducción en un momento dado y no han vuelto a hacer otra, por el motivo que sea. Generalmente trabajamos con los mismos traductores desde hace tiempo. A Paco Torres yo le admiro desde que descubrí de joven que era el traductor de Los viajes al otro mundo de Randolph Carter. No sé por qué me fijé entonces en el traductor, sólo sé que su nombre se me quedó grabado. Y a partir de ahí empecé a buscar qué otras obras había traducido, porque me dije: “si este tío ha traducido estos relatos, es posible que tenga otras cosas parecidas, ¿no?” Finalmente, terminamos conociéndole y haciéndonos amigos. Una o dos veces al año nos hace una paella en su casa a las afueras de Madrid. Paco es de Villajoyosa y los arroces le salen de puta madre: son famosas sus paellas… (los ojos le hacen chiribitas). Son jornadas muy amenas, donde también suele asistir Juan Antonio Molina Foix, amigo de Paco desde los tiempos de la editorial Nostromo. A veces van también los de Nocturna. El caso es que ahí nos tienes, personas de cierta edad disfrutando como niños de conversaciones sobre fantasmas, vampiros, etc.

J. L: Paco es todo un referente del género en España. Ha traducido las obras más importantes desde hace más de 40 años. No es frecuente oír hablar a los lectores, ni siquiera a los críticos, de un traductor. La traducción literaria suele ser un trabajo más bien discreto, en el que nadie se fija, pero en nuestro Facebook y entre los aficionados al terror Paco Torres es un personaje muy apreciado y reputado.

No conozco a ningún autor que prefiera el olvido a la circulación gratuita de su obra. Infinidad de títulos pasarían a estar disponibles legal y gratuitamente.

F: Una de las entradas más seguidas en Fabulantes es precisamente la de la entrevista que le hicimos…

R: Tened en cuenta que buena parte de lo que ha traducido Paco en su carrera han sido obras de literatura fantástica y de terror. Por eso los aficionados le adoran.

J. L: Paco ha traducido los grandes clásicos del terror: Drácula, El monje, Frankenstein, Melmoth el errabundo, casi todo Lovecraft, todo M.R. James, etc. Y los aficionados se han ido acostumbrando a su forma de traducir, de redactar… Es casi como un autor secundario, ¿no?

R: Una de nuestras mayores satisfacciones como editores fue cuando nos dieron en 2001 el Premio Nacional a la Mejor Labor Editorial, que otorgaba el antiguo Ministerio de Cultura; fue un año perfecto porque también ganó Paco el Premio Nacional a la Obra de un Traductor, un premio más que merecido a toda su fecunda carrera, y estuvimos en Barcelona con él en la entrega.

J. L: Y mira que es raro que a una editorial de género le den un premio nacional, ¿no? Yo creo que se premió un poco la capacidad para diversificar un catálogo especializado: más allá de valorar la calidad de nuestras ediciones en literatura de terror, en un intento por reivindicar los géneros y la literatura popular, sin duda se tuvo en cuenta nuestra capacidad para abordar con toda solvencia, creo yo, obras clave de la literatura universal como la monumental edición crítica que hicimos en aquellos años junto con Mauro Armiño de A la busca del tiempo perdido de Proust.

R: Otro de nuestros grandes traductores es precisamente Mauro Armiño, que también cuenta con varios premios nacionales de traducción: tres, si no me equivoco. Ha debido traducir para nosotros en los últimos 18 años cerca de 80 títulos, especialmente clásicos franceses, como Voltaire, Sade, Dumas, Proust, Maupassant, pero también Poe, Wilde o Barrie.

La traducción literaria suele ser un trabajo más bien discreto, en el que nadie se fija, pero en nuestro Facebook y entre los aficionados al terror Paco Torres es un personaje muy apreciado y reputado

F: También dais muchísima importancia al aspecto gráfico de vuestras portadas y tenéis incluso libros ilustrados. ¿Cuál es vuestra relación con los ilustradores, si es que tenéis alguna?

Rafael Diaz Santander leyendo valdemar fabulantes

Rafael lee con deleitación el impresionante índice de Miedo en el cuerpo, al ser preguntado por su relato favorito de la antología.
Fotografía de Javier Sauras

R: Solemos recurrir a grandes fondos de ilustración. Hemos llegado a reunir una amplia colección de libros de arte de gran formato, catálogos de exposiciones, etc. Por el tipo de literatura que publicamos es lógico que abunden los pintores clásicos. A veces, cuando el tema es más moderno o complejo, también recurrimos a algún ilustrador contemporáneo, que los hay muy buenos, como Zdzislaw Beksinski, que nos encanta… Pero vamos, no tenemos una relación permanente con ilustradores. Cuando queremos una ilustración original, se la encargamos a uno de nuestros ilustradores conocidos, y ahí acaba todo.

J. L: Lo que sí es verdad es que a nosotros no nos da igual una cosa que otra, es decir, que a diferencia de otras editoriales que parecen haber encontrado un recurso socorrido y barato en la reciente moda de utilizar como ilustración de cubierta una fotografía en blanco y negro, nosotros damos vueltas a cada cubierta y buscamos una ilustración adecuada al contenido de la obra que acompaña. Yo creo que eso se nota. Buscamos una sensación de conjunto… La verdad es que no vemos nuestros libros con una fotografía, nos chirría. Va mejor con la literatura contemporánea.

F: Tenéis unas ediciones muy cuidadas, y es verdad que no da ninguna vergüenza enseñarlas en el metro.

R: Cuidamos el aspecto exterior del libro e intentamos elegir ilustraciones acordes no sólo con la trama sino también con la atmósfera del libro. A veces nos equivocamos y no quedamos muy satisfechos, pero bueno… las cubiertas no son para nosotros un trámite más de la edición.

Nosotros le damos vueltas a cada cubierta y buscamos una ilustración adecuada al contenido de la obra que acompaña

F: ¿Tenéis contacto directo con los autores vivos a los que publicáis?

J. L: Por lo general se trata con el agente literario del autor y, en el caso de autores españoles, en especial cuando la obra es inédita, suele haber también conversaciones con el autor. Con Stephen King, por ejemplo, nunca hemos hablado. Para Danza Macabra, tratamos con la agencia de Raquel de la Concha, representante en España del agente norteamericano Ralph Vicinanza, que era quien llevaba las cosas de King hasta que murió hace un par de años. En este momento hay un cierto caos, he tratado de averiguar quién lleva sus derechos ahora y parece que su obra estaría en manos de varios agentes.

F: O sea, que la labor del editor es también la de buscar, rastrear, con agentes…

J. L: Nosotros no nos podemos quejar porque la mayor parte de los autores que publica Valdemar están muertos y bien muertos: por lo general un autor pasa al dominio público 70 años después de su muerte; por este motivo no solemos padecer ese obstáculo burocrático de gestionar los derechos, que es a menudo restrictivo. Puede ocurrir que el agente no quiera hacer un contrato con tu editorial, y no sólo porque crea que vas a vender la obra en cuestión menos que otra editorial, también porque hay obras y autores reservados para determinados sellos; normalmente las más grandes juegan con ventaja. A nosotros, cuando queremos publicar algún autor contemporáneo nos toca hacer indagaciones, y a veces van para largo: muchos agentes extranjeros, especialmente cuando no has trabajado previamente con ellos, tardan en contestar o se muestran algo reticentes.

F: ¿Y tenéis exploradores de libros o sois vosotros mismos los que…?

J. L: Nosotros y nuestro círculo de amigos y colaboradores. Los temas surgen normalmente en charlas informales, en una comida con gente como Jesús Palacios o Alfredo Lara, que tienen gustos afines a los nuestros…

R: Como llevamos muchos años en esto, con el tiempo hemos ido acumulando diversos estudios, guías, libros de referencia, cosas que lees aquí o allá… y todo eso está metido en la cabeza. Dentro de la literatura fantástica sabemos por dónde nos movemos. Ahora bien, si me hablas de crear una colección de literatura infantil o juvenil, por ejemplo, ahí tendría que contar con algún asesor. Pero para el terror y literatura fantástica, en principio no necesitamos ayuda exterior, no necesitamos ningún… ¿cómo se llama ahora la figura de ese colaborador cuya misión es orientarte sobre por dónde van a ir los tiros? Se llama scout… ¿Scouting?

F: Scout. Precisamente nosotros nos preguntábamos cómo funcionaría esto, ¿no? Y si funcionaría a través de scouts o no.

J. L: Es que ya éramos aficionados antes de convertirnos en editores de este tipo de literatura. Nos gusta y nos importa sólo relativamente que tenga o no una salida comercial. Sin duda, hay otras líneas literarias que tienen una mejor circulación por el mercado…, pero la literatura fantástica y de terror nos gusta desde siempre. Llevamos 25 años en esto y ya son pocas las cosas que tengan que ver con el género que nos resulten ajenas. A menudo hacemos estas investigaciones por puro placer, más allá de cualquier cálculo. Lees sobre lo que más te gusta, como cualquier lector, y de vez en cuando descubres a determinados autores. La diferencia es que en ocasiones, si nos gustan mucho, decidimos publicarlos. Así que, en principio, no necesitamos esa figura del scout. Esa figura tiene más sentido en editoriales con estructura y objetivos empresariales, donde los propietarios no tienen por qué entender necesariamente o tener una información detallada de sus productos. Por eso necesitan contratar expertos en la materia: directores de colección, asesores literarios…

R: Esto puede considerarse un lujo, un lujo que a veces tiene su precio, obviamente. De pronto, publicas un libro que te ha fascinado, y “te lo comes”, como se suele decir en el gremio. Estas cosas pasan, por supuesto. Lo único que cambia es que en Valdemar, a diferencia de una gran editorial, no tenemos un director comercial o financiero que nos eche la bronca por el patinazo. Nos la echamos nosotros solos. La nuestra es una editorial personal, en la que editamos lo que a nosotros nos gusta. Evidentemente, tenemos que buscar un equilibrio entre lo comercial y lo no comercial.

J. L: Las propias agencias literarias hacen un poco esa función de sugerir títulos y autores, aunque son parte interesada, claro está. Incluso a nosotros, que saben que nos dedicamos más a los autores clásicos, nos bombardean con listados y catálogos de editoriales extranjeras cuya línea literaria no tiene nada que ver con nosotros: novela rosa americana, por ejemplo…

R: Hace unos años nos ofrecieron (Rafael se levanta, se acerca a una estantería, y busca un libro para enseñarlo)… para que veas lo gilipollas que somos… una novela de vampiros de Charlaine Harris, Dead until dark, cuando todavía era una autora desconocida en España, y nos pareció poco original. Años después, en la Feria del Libro de Madrid, firmaba en una caseta y vimos que tenía una cola interminable… Y nos echamos a reír: parece que no tenemos un gran olfato para los best-sellers… ¡Qué le vamos a hacer!

Dentro de la literatura fantástica sabemos por dónde nos movemos.

F: True Blood: Otra de vampiros adolescentes…

J. L: Aún está dentro del libro la nota de la agencia recomendando su edición: “creemos que esto encajará en vuestra línea”.

R: Seguramente si la hubiésemos leído habríamos pensado que era una mierda (risa).

J. L: Es como cuando algún amigo nos plantea que El código Da Vinci, al ser una novela que mezcla thriller y esoterismo, podría haber encajado perfectamente en nuestra línea editorial. Pero lo cierto es que si nos la hubieran enviado, seguramente nos habría parecido demasiado superficial, de escaso valor literario. Aunque, de haber sospechado la barbaridad que se llegaría a vender, tal vez nuestra opinión habría sido más benévola.

Ya éramos aficionados antes de convertirnos en editores de este tipo de literatura. Nos gusta y nos importa sólo relativamente que tenga o no una salida comercial.

F: ¿Cuántos idiomas debe de conocer un editor para elaborar un catálogo con garantías?

R: Bueno, creo que nosotros conocemos bien el castellano, muy importante, y el suficiente inglés para leer…

J. L: Y francés, que lo hemos estudiado durante años en el instituto.

La nuestra es una editorial personal, en la que editamos lo que a nosotros nos gusta

F: ¿Os habéis sentido obligados a publicar algo que no quisieseis editar y que tuvisteis que hacerlo?

R (Risa): Hay un libro de Khalil Gibran, El profeta, que nos propuso en su día Mauro Armiño y que no lo teníamos muy claro… Pensamos que era algo muy ñoño para Valdemar. Pero nos convenció a regañadientes, y hoy es un título que lleva varias ediciones.

Parece que no tenemos un gran olfato para los best-sellers

F: ¿A vosotros os gusta?

J. L (Con cautela, y titubeando): Bueno, seguramente nos pareció un poco tontamente buenrollista, pero es un libro digno que gusta a mucha gente. De lo contrario no lo habríamos editado.

R: Tiene algunas influencias nietzscheanas, y bueno, por ese lado resulta interesante. Que yo recuerde, no hemos publicado nada más que no nos gustase y que nos convenciesen para que editáramos… No sé, puede que haya algún caso en que tuviéramos muchas dudas sobre algún título, pero no recuerdo en este momento ninguno en particular.

J. L: Otra cosa distinta es que determinadas obras, de gran interés literario pero minoritarias, no te atrevas a publicarlas si no cuentas con alguna ayuda. De todos modos, las subvenciones no nos gustan, por principio: debemos estar entre las editoriales españolas que menos ayudas han solicitado y recibido. En general no nos planteamos nunca publicar obras que no nos interesen, movidos por la suposición de que se pueden vender bien. Creo que, aparte de otras cuestiones, si lo hiciéramos nos equivocaríamos mucho más que de costumbre, pero además sin el consuelo que tienes ahora cuando un libro bueno no funciona.

Rafael Diaz Santander biblioteca valdemar fabulantes

Rafael Diaz Santander rebusca en los Archivos Secretos de Valdemar una de las obras mencionadas en la entrevista. Al final, resultó cierto aquello de que en Valdemar no tienen ojo para los best-sellers.
Fotografía de Javier Sauras

R: Desde el principio quisimos que la editorial fuera una empresa muy personal, centrada en publicar la literatura que nos apeteciera, e ignorando otras líneas que tal vez hubieran sido más rentables. Nunca hemos tenido una especial ambición o motivación económica. Ahora nos vemos obligados por la crisis a mirar la comercialidad y arriesgar menos, la verdad es que la crisis es muy jodida y ya no tenemos el entusiasmo que se tiene a los 30 años.

Las subvenciones no nos gustan, por principio: debemos estar entre las editoriales españolas que menos ayudas han solicitado y recibido

F: Muchísimas gracias por dedicarnos vuestro tiempo.

J. L y R: Encantados.

Para saber más de Valdemar:

Valdemar y el Terror

Colecciones y autores de Valdemar

Historia de la editorial Valdemar