El realizador Paco Plaza (Valencia, 1973) debutó en el cómic con Maldito Viernes, una historia de vampiros que le venía rondando de largo por la cabeza y que quiso antes que nada hacer película. De hecho ya había dado un primer paso en esa dirección, cuando en el concurso de falsos tráilers Teaserland, al que acudió en calidad de director invitado, ofreció un pequeño avance de cincuenta segundos de lo que podría ser su filme en caso de llegar a rodarse algún día. La actriz barcelonesa Leticia Dolera, modelo para Pilar, la protagonista del cómic, ponía su voz en off mientras negaba al espectador la existencia de los vampiros.

Plaza explicó a Fabulantes el proceso de gestación del cómic: “La idea surge de Joseph Díaz, el dibujante; él, que trabaja como artista conceptual en cine, tenía ganas de dibujar una historia, y cuando le conté Maldito Viernes, lanzó la posibilidad de adaptarlo. Como amante del cómic, me pareció una gran idea, por trabajar con Joseph, de quien soy admirador, y para insuflarle un nuevo hálito de vida a este proyecto que acaricio desde hace tanto tiempo”. Díaz y Plaza se conocieron en el rodaje de Rec 3: Génesis (2012), el último filme hasta la fecha del director que, junto con Jaume Balagueró, revolucionó las películas de zombis con aquel found footage de 2007 -luego comprado y adaptado a su manera por Hollywood- sobre una pareja de periodistas televisivos que deciden seguir la rutina de una patrulla de bomberos en Barcelona y acaban encerrados en un edificio infestado por una contagiosa enfermedad que va matando a todos los vecinos y haciéndolos resucitar como no-muertos. El pánico de Manuela Velasco intentando comprender lo inexplicable, y buscando sobrevivir desesperadamente en esa ratonera, ha pasado a los anales del cine de género.

Maldito Viernes podría pasar por un storyboard, ya que muchas de sus viñetas son pura sugerencia, puesta en escena. Pero no lo es por su completitud: es menos esquemático de lo que suelen ser estas guías ilustradas que ayudan al director y al equipo técnico a planificar las películas. Joseph Díaz, un artista polivalente, tan pronto ilustrador de carátulas para libros y videojuegos como músico, no puede ocultar que es, principalmente, diseñador conceptual, la persona que plasma y desarrolla visualmente una idea. Porque ideas visuales tiene efectivamente muchas, y a veces logra contar bien en viñetas (como cuando su metabolismo empieza a sufrir cambios o sus sentidos se hiperdesarrollan) la paulatina transformación de una chica corriente en un monstruo. Bastante acertada resulta para tal efecto la común (empleada también por otros dibujantes vampíricos como Pascal Croci) elección de colores muy fríos, complementados por la violenta intrusión del intenso rojo sangre. Esta tonalidad da a las páginas una pátina de misterio y de insalubridad, de enfermedad, aunque también hace que varias escenas resultan difusas, poco comprensibles, casi garabatos.

Pa

co Plaza se declara, en una entrevista con el dibujante publicada como contenido adicional al final de la edición de lujo con la que Editores de Tebeos ha sacado Maldito Viernes, amante de “las aproximaciones poco convencionales y poco vinculadas a la imagen gótica del vampiro”, por lo que reconoce sentirse admirador de Martin (1977), de George A. Romero o del Drácula de Bram Stoker (Dracula, 1992) de Francis Ford Coppola. Su gusto por el filme del emo adolescente que sueña con ser criatura nocturna se refleja en algunas instantáneas de su cómic, como ésa en la que una sedienta Pilar se alimenta oralmente de sangre con una jeringuilla. Plaza ha demostrado plenamente en su filmografía que es amante de las vueltas de tuerca, de modernizar los clásicos. Rec fue una clara muestra de un más allá en el cine de zombis, como lo sería más tarde su escabrosa “película para no dormir” Cuento de Navidad (2005), versión en clave terrorífica de Los Goonies (The Goonies, Richard Donner, 1985), de la carpetovetónica Verano azul, y de otros clichés. A Plaza le gusta transgredir las normas marcadas manteniéndose cercano a ellas, y así hacer que sus muy normales personajes se enfrenten abrupta, dramáticamente, a lo insólito dentro de su cotidianeidad. En este trauma reside el secreto de toda narración fantástica. Y por supuesto de Maldito Viernes.

Pilar, una auxiliar veterinaria sobre la treintena, se despierta confundida tras haber sido mordida por un mendigo que, además, yace muerto a su lado. Este asalto tendrá consecuencias decisivas en su vida, pues la chica irá, poco a poco, mutando, abandonando sus viejos hábitos, para abrazar otros más acordes  su nueva naturaleza. Maldito Viernes es la crónica de una vampirización progresiva con todos los elementos clásicos de las novelas y relatos de vampiros: la fotofobia; el rechazo de una forma de alimentación tradicional; los instintos que quieren reprimirse pero que acaban imponiéndose; la agitación de los animales ante la presencia del monstruo… Tiene sus momentos, sin duda: la involuntaria elección de un lugar de reposo en la oscura sombra del alto de un armario; la adopción del galgo a sacrificar como alimento… Momentos, como diálogos, que se notan muy cinematográficos, que funcionan muy bien en pantalla, pero que llevados a la historieta, quizás por la frialdad de su puesta en escena, pierden la fuerza que deberían de tener, y que se les sabe.

Maldito Viernes es rareza en el panorama de lo repetido mil veces y también objeto de colección. Una curiosidad que se suma al conjunto de curiosidades del inquieto Paco Plaza, uno de los directores más interesantes y también menos mediáticos, menos tradicionalistas, más sentimentales, que se dedica en cuerpo, alma y sangre, al terror fílmico. Cineasta que, sólo por definirse seguidor de Pilar Pedraza y José María Latorre, los dos grandes nombres del género de nuestras letras, ya merece todas las atenciones, y buena parte de los reconocimientos. No queda más que desearle a Maldito Viernes la más cinematográfica de las suertes. Ojalá.