¿Es posible pensar en lo que estás leyendo cuando no paras de reírte por lo que lees? Este dilema me lo planteo constantemente cada vez que cojo un libro de Yasutaka Tsutsui (Osaka, Japón; 1934). Me pasó con Hombres salmonela en el planeta porno (Atalanta, 2009), me pasó otra vez con Estoy desnudo (Atalanta, 2010), y me volvió a pasar con Paprika (Atalanta, 2011). Y fijaos que, aún pasándome tantas veces, todavía soy incapaz de dar una respuesta. Simplemente, no encuentro la explicación.

Incluso, puestos a contarlo todo, confieso que casi muero atragantado con la lectura de El último fumador, increíble relato de acción y aventura, al que su título retrata perfectamente pero del que no cuenta nada en absoluto, contenido en Hombres salmonela en el planeta porno. Circunloquio absurdo, por cierto, muy vinculado al autor que nos ocupa. Y es que Yasutaka Tsutsui, reconocido experto en la creación metaficcional, e inspiración para numerosos mangas y un puñado de cortos y películas, resume su ficción en lo curioso de su personalidad, situada -aunque bien es cierto que para gustos pintan colores- justo en el punto intermedio entre la razonabilidad y la locura.

Dicho esto, no debe extrañar que Paprika sea una novela que se mueve con originalidad, soltura, inteligencia y atrevimiento entre el sueño y la vigilia. Ni que sus protagonistas trabajen en un “Instituto de Investigación Psiquiátrica” donde el tratamiento de los trastornos de la mente se compatibiliza con la enfermedad de sus supuestos sanadores. Ni que Paprika sea una enigmática detective onírica capaz, a través de un artilugio inventado en el Instituto, de introducirse en los sueños de las personas para desentrañar las más enrevesadas averiguaciones y mejorar así la curación de los pacientes más complicados.

Incluso, entre nuestros lectores más nerd, y si nos introducimos de lleno en la relación de la tecnología con el sueño, esta novela guarda un sorprendente parecido con la película de Christopher Nolan Inception (conocida en España como Origen y estrenada en 2010). Sólo que esta novela de Tsutsui es original de 1993, y el anime homónimo que se sirvió de su inspiración, dirigido por Satoshi Kon, se estrenó en 2006. Los tiempos juegan a favor de Tsutsui y de su original mezcla de ciencia-ficción, humor negro, absurdo extremo y surrealismo desmedido, sin que se pierda por ello el sentido de la coherencia.

En este caso Paprika, aún sin perder las esencias humorísticas de su creador, posee un tono más oscuro que sus anteriores obras publicadas en España. Quizás sea, en mi opinión, porque introducirse en el análisis de la línea divisoria más opaca e inaccesible del ser humano -aquella que divide el consciente del inconsciente- le obliga a referirse a una personalidad asediada por los miedos e inseguridades, devorada por la ansiedad de una vida moderna que lo acorrala a cada paso y en permanente lucha contra un lado oscuro inherente a su condición y para el que cualquier cosa es posible.

A partir de este punto resulta evidente que tenemos los mimbres de una gran novela gracias a un escenario muy propicio para el desarrollo argumental, el Instituto de Investigaciones Psiquiátricas; a un artilugio capaz de introducirse en los sueños sin límite de profundidad o posibilidad como el “mini DC”;  a la guerra de egos dentro del Instituto, en la que cualquier error (como el robo de un prototipo experimental) puede cambiar los frágiles equilibrios de poder; a personajes tan bien trazados como la Dra. Atsuko Chiba o los doctores Kosaku Tokita, Torataro Shima, y Morio Osanai.

Tustsui lo vuelve a conseguir. Aunque la primera parte tiene un corte clásico perfectamente reconocible para cualquier lector acostumbrados a los rigores (y sinsabores) del canon literario, la segunda parte nos devuelve a nuestro Yasutaka de siempre: absurdo, ridículo, desvergonzado en extremo, cínico y osado. Dos partes, las de la presentación de los mimbres y su entrelazamiento, que nos permite acceder a una historia de intrigas y pesadillas, en el consciente, en el inconsciente y en el subconsciente. Con situaciones exuberantemente ridículas, humorísticamente exageradas o hipócritamente oscuras. Nada queda oculto a la vista del lector.

Sin embargo, por encima de su posible/aparente clasificación como una novela de ciencia- ficción o de fantasía, a gusto de cada cual, Paprika se nos parece más a una novela moral. Sin ir más lejos, la extraordinaria habilidad de Paprika para el tratamiento de los trastornos mentales agudos surge de su capacidad de comprender la realidad onírica más extrema (el ansia inquietante, el sexo morboso y salvaje, la pesadilla horrible). Los paisajes del sueño cambian sin aviso y, con todo, Paprika percibe coherencia y razón en las bruscas transformaciones carentes de sentido (en apariencia).

Las actitudes de los personajes, las situaciones a las que se enfrentan, los colocan a veces en el dilema moral, y ni siquiera la máquina y la habilidad de Paprika combinadas pueden encontrar una solución definitiva y/o satisfactoria. El dilema no tiene más respuesta que la decisión y, aún así, nunca hay asegurada una opción correcta: percibimos la humanidad en todas sus aristas mediante las elecciones efectuadas por los personajes y sus perspectivas, a través de del retrato y el perfil psicológico precisos construidos por Tsutsui.

Paprika es otra gran obra de Yasutaka Tsutsui, su primera novela publicada en España y, esperemos, un punto y seguido en la traslación de la obra del escritor japonés al castellano. Soy incapaz de explicar por qué me gusta, pero sí sé que no puedo vivir mucho tiempo con semejante síndrome de abstinencia. Seguiremos informando.