Wool-espejismo


Ilustración sobre la obra Hugh Howey, por Tom Captcha

Un fenómeno literario de la red. Un ejemplo de cómo las nuevas formas de distribución han transformado la relación del lector con el autor y con el texto (formas como el sistema de publicación directa del Kindle de Amazon, que favorecen, como ha sido el caso, ediciones independientes). Las escuelas de negocio analizarán seguro el crecimiento en cascada de un proyecto creativo que, comenzando con objetivos modestos y un texto fragmentario, atrajo a cada vez más lectores hasta convertirse en todo un fenómeno editorial. Tanto es así que, antes de llegar a imprimirse por primera vez a través de la editorial estadounidense Simon & Schuster, las ventas de Espejismo (Minotauro, 2013) en formato electrónico a través de Amazon ya era de más de 800.000 ejemplares. Un ciclo de vida de producto que alcanzó su cima cuando Ridley Scott ofreció a Hugh Howey (Monroe, Carolina del Norte, Estados Unidos, 1975) la adquisición de los derechos para el cine.

Espejismo ha alcanzado ya el punto más alto de esta ola de la popularidad. A día de hoy, está confirmada la cesión de derechos en papel (los derechos electrónicos los ha querido mantener Howey) a dieciocho países, entre ellos España, donde ha sido Minotauro quien se ha comprometido a dar salida tanto a la primera entrega como a las otras dos de las que se compone esta improvisada trilogía: Desolación y Vestigios llegarán a las librerías en marzo y octubre del año que viene, respectivamente, como exigencias de un éxito inesperado que da la oportunidad de profundizar en una historia de arranque apasionante y final muy excitante y prometedor.

Porque, además de estar ante un fenómenos editorial, también estamos ante una historia vibrante escrita con fuerte intensidad, claro manejo del ritmo narrativo, y una trama diseñada con todos los elementos imprescindibles para garantizar tanto reflexión como entretenimiento. Una distopía postapocalíptica inaudita porque, mientras lo más frecuente es que el argumento se distraiga en las dificultades previsibles de los personajes ante un entorno claramente inhóspito y hostil, aquí se apuesta sin embargo por que el apocalipsis sea más telón de fondo que elemento principal. O, en otras palabras: el apocalipsis genera las condiciones contextuales precisas para que el simbolismo de la trama funcione plenamente y sea capaz de desplegar todas sus muchas posibilidades.

Una catástrofe planetaria ha recluido la vida en un inmenso silo organizado en tres niveles de cuarenta y ocho plantas cada uno. En el nivel superior, se sitúan las oficinas gubernamentales y las de vigilancia y de seguridad. En el intermedio, están los comerciantes y trabajadores operativos, además del departamento de Informática. Por último, en el inferior, además de la maquinaria de extracción de petróleo o de minerales, se hallan los departamentos de Mecánica y de Suministros. Los personajes mantienen una relación con los demás a partir de su función y de su posición en esta “jerarquía”. Evidentemente, un trabajador de Mecánica observará desde la distancia relativa a Informática, y desde la distancia abismal al aparato de gobierno y de vigilancia, mientras que establecerá relaciones más fluidas con Suministros u otros trabajadores de su mismo nivel. El silo se convierte de esta manera en una metáfora válida de la organización social jerárquica, de la sociedad de clases y de castas.

El exterior también tiene una clara función simbólica. Mientras que el espacio interior del silo adquiere una mirada presente, donde las relaciones de poder y la ambición lubrican las conexiones entre los distintos personajes, es en el exterior donde se supera la habitual emoción de frustración ante el pasado, pues la novela comienza muchas generaciones después de que haya tenido lugar la catástrofe, cuando la memoria colectiva se ha distanciado lo suficiente como para transformarse en una esperanza de futuro. Aunque aquel espacio es todavía gris y ocre, inhóspito e indómito, el tiempo de su recuperación resulta ser un tiempo de recuperación. Una ilusión de futuro gestionada por el poder del silo a capricho, a través de un velo de la ignorancia que, cuando se levanta, provoca un profundo malestar y, por supuesto, revueltas y guerras civiles.

Y es que otra de las funciones simbólicas del silo de Espejismo es la de servir de universo temporal en miniatura. En pocos contextos como este es tan viable una gestión simultánea de la visión de pasado, de presente y de futuro; de personajes que miren tan claramente en las tres direcciones y con consecuencias claras con cada una de sus miradas. Hacia el pasado, la catástrofe planetaria ejerce de acicate al miedo para no malograr las condiciones de estabilidad que hagan imposible la vida en el silo; circunstancia cuya única alternativa parece ser la muerte. En el presente, esa misma estabilidad se convierte en un fin en sí mismo capaz de anquilosar las relaciones sociales, de perpetuar las jerarquías, de enquistar las relaciones de poder en la arbitrariedad y la ausencia de libertad. En el futuro, la esperanza de un tiempo mejor representa la ilusión de un tiempo mejor, pero también una amenaza para esa estabilidad. El dilema entre la viabilidad de un mundo mejor y la decadencia de un mundo en putrefacción sale a la luz y protagoniza el núcleo central de la trama en Espejismo.

Con todos estos componentes, los personajes de la novela luchan en un primer momento según su función y ubicación en el silo, casi como si fueran marionetas en un universo social cerrado y determinista. Sin embargo, poco a poco, las emociones humanas se van manifestando y tomando el control de la situación de crisis que atraviesa el silo cuando se desvela el juego de engaños. Los sentimientos compiten con los intereses por articular la lucha entre quienes prefieren mantener la estabilidad y el statu quo, por un lado, y quienes prefieren una vida menos previsible y más adaptada a sus preferencias, aunque sea dentro de un marco estrecho y un espacio angosto, por otro lado. De esta forma, personajes como el comisario Holston o su sustituta, la anteriormente miembro de Mecánica y posteriormente comisaria Juliette, destacan por su uso de la emoción a la hora de tomar importantes decisiones, con consecuencias transcendentales en el futuro inmediato tanto suyo como de quienes los rodean.

Howey-Hugh-fabulantes

Hugh Howey fue capitán de yate, techador y técnico de audio antes de acometer, por el sistema de publicación independiente de Kindle, la publicación de su serie WOOL, a la que pertenece Espejismo.

El éxito de Hugh Howey con Espejismo se debe a que, aunque en apariencia nos presenta una distopía postapocalíptica al uso, realmente da un nuevo sentido a elementos reconocibles para transformar las pautas regulares del subgénero. Trata temas universales de alto valor humano: la falsa dialéctica entre libertad y seguridad, la reflexión sobre cómo la exaltación del orden conduce a la tiranía y a posteriori a la anarquía –presentando el exceso de orden más como un defecto que como una virtud- o la denuncia de lo imposible de la naturaleza humana en contra de todos los intentos por domesticarla o atenuarla.

En el fondo, esta novela esconde un ataque contra los intentos de domesticación a partir de un conjunto de reglas restrictivas y, derivado de aquí, contra los órdenes jerárquicos presuntamente naturales y/o bondadosos. O, a la inversa, defiende una idea de libertad surgida no sólo de la falta de coacción –la elección del gobierno es por elecciones libres, si bien en el silo la verdadera gobernación no se ejerce desde el ejecutivo sino también desde la ausencia de miedo. Aun conociendo los riesgos del cambio, aun sabiendo perfectamente que la inviabilidad del silo muy posiblemente implicaría la muerte, se decide afrontar la vida sin ataduras.

Aquí se ve cómo el contexto apocalíptico no sirve de barrera a la cotidianidad –pues los personajes típicos del subgénero hacen del miedo y la prudencia una forma de defensa ante lo hostil de su entorno- sino exactamente de su contrario: una dificultad extrema a pesar de la cual los personajes son capaces de presentar como viable una vida en libertad, ya que límite no es antónimo de libertad. Howey nos exige afrontar la superación del ser humano a partir de una situación extrema cuyo principal miedo, y alternativa más probable, parece ser la muerte. Así nos recuerda que las apariencias engañan y, cuando nos dejamos engañar al vivir una vida en base a la posibilidad de un miedo, lejos de vivir nuestra vida nos encontramos viviendo un espejismo.