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Giles of Ham (Egidio, granjero de Ham). Ilustración del maestro del grafito y la acuarela, transmisor del imaginario contemporaneo de Tolkien, Alan Lee.

 

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Las ilustraciones de Roger Garland, respetadas en la edición castellana, reflejan muy bien el espíritu aventurero de esta obra

Cuando se habla de John Ronald Reuel Tolkien (1892- 1973) se tiende a asociarlo indisolublemente con la que es su obra maestra, El señor de los anillos. No es para menos: su legendaria trilogía es uno de los grandes libros del siglo XX, el más impreso tras la Biblia, y el más influyente para toda la fantasía actual. Su visión de criaturas mitológicas tales como elfos o enanos, ciertamente moderna, antropomórfica, sigue siendo el pilar de todo un género que va de Reinos Olvidados a Andrzej Sapkowski. Con lo bueno y malo que ello supone.

El caso es que sus libros ambientados en la Tierra Media han eclipsado a otros muchos (pues Tolkien fue escritor prolífico) que merecen la misma atención que éstos. Además de excelente lingüista –en Oxford, claro- Tolkien fue un buen padre que se preocupó mucho por sus hijos. Para ellos levantó entrañables historias como las del perro Roverandom o las del señor Bliss. Y para ellos compuso baladas como Egidio, granjero de Ham, el cuentecito que hemos seleccionado hoy como protagonista. Egidio, granjero de Ham, fue publicado en 1949 por la editorial a la que Tolkien siempre fue fiel, George Allen & Unwin (cincuenta años después, Minotauro lo trajo a España, en una edición bellamente ilustrada por Roger Garland). La fecha es en este caso importante: es contemporáneo a El Hobbit (de 1937) y anterior al primer volumen de El señor de los anillos (La comunidad del anillo, de 1953). En el cuento se encuentra el germen de alguna idea que será reelaborada en las aventuras de Frodo Bolsón. Para hablar de ellas, es necesario presentar antes a ciertos personajes y ponerlos en relación.

El actor principal se llama Egidio, es un granjero de la comarca de Ham, que como Bilbo, se convertirá en héroe por accidente. Le acompaña Garm, su perro hablador, que hace las veces del personaje cómico y medio bufonesco, el inevitable compañero leal, que precisa toda leyenda. El antagonista es Crisófilax Davies, un dragón temerario. Esta trinidad representa, y representará, a Sam Gamyi, Smaug y Bilbo Bolsón.

En este relato se comprueba no sólo lo buen narrador que era Tolkien, poseedor de un estilo cantarín y directo con el que se ganaba al lector, sino lo divertido que sabía ser. Leer Egidio… es una delicia: su sarcasmo, su picardía (y picaresca), su aconvencionalidad (para las reglas de la literatura “caballeresca” que parece seguir), la convierten en una piececita de orfebrería. Además, tiene en la ventaja de su brevedad su mayor talento: Tolkien sabe lo que escribe, cómo lo escribe y para qué lo escribe.

John-Ronald-Reuel-Tolkien

El padre de toda la fantasía moderna, J. R. R. Tolkien (1892- 1973)

El envío de la espada mágica Caudimordax (o Tajarrabos) por parte del rey a Egidio, tras un afortunado encuentro con un gigante, sirve de puente – e inspiración- de algunos pasajes del imaginario Tolkien. La espada, como el puñal de Bilbo en presencia de los trasgos, actúa ante la cercanía de dragones; además, la búsqueda de una explicación a las rumas de su guarda, en las que se involucra el clérigo del pueblo, anticipa la investigación de Gandalf sobre el Anillo Único en la Comarca. Una Comarca, por cierto, que aquí tiene el aspecto de Ham; o mejor dicho, la Comarca es Ham en la medida en que está basada en los pueblos pretéritos ingleses, cuando aún Inglaterra es un conjunto de tribus dispersas y a medio romanizar. Al haber un dragón, y un trasunto de Bilbo, hay también un enfrentamiento ingenioso entre ambos: el episodio es más breve, más hilarante, por lo que tiene de paródico, y también más ajustado a la lógica de este relato.

Tolkien cantó en Egidio, granjero de Ham sobre la valentía, la frivolidad, y la avaricia (y también sobre otros temas predilectos, tales como la religión, el pacifismo y el ecologismo). Retrató a tipos gárrulos, soñadores y supervivientes. Construyó un mundo superpuesto y paralelo al de la Tierra Media en tan sólo noventa páginas. ¡Qué lección para quienes necesitan de mucho más y cuentan aún menos!